Feeds:
Entradas
Comentarios

…se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Me siento finalmente frente al ordenador para escribir una entrada para el blog y despedir así el año 2013 que quedó atrás. Han transcurrido más de dos semanas de este nuevo año y casi dos meses desde la última entrada del blog. Con apenas nueve entradas, no puede decirse que me sienta orgulloso del año desde la perspectiva del blog y, sin embargo, posiblemente 2013 pase a mi historia personal como uno de los años más rompedores e interesantes de cuantos he vivido. Y eso, por desgracia, no se ha visto plasmado aquí.

Por eso, aunque mi intención no es ponerme al día con todo lo que ocurrió el año pasado, sí que me veo en cierto modo en deuda con las entradas que no fueron y que me habría gustado que estuvieran. La falta de inspiración a la hora de escribir no desapareció; de hecho, posiblemente, cuando acabe de escribir estas líneas y pulse el botón “Publicar”, no me sentiré muy orgulloso de ellas, pero es posible que contribuyan a romper ese hipotético maleficio que pesa sobre mis blogs, como ya ocurriera con la lectura hace unos meses: mi “temperatura literaria” ha vuelto a la normalidad, teniendo en cuenta, eso sí, la escasez del tiempo de que dispongo.

Una de las primeras entradas omitidas el pasado año tenía que ver con el deporte. Nunca he sido una persona muy deportista. Afirmar esto ya es decir que lo era algo, pero no: me confieso un ratón de biblioteca, de laboratorio, un singular personaje ajeno al ejercicio. Tampoco es que lo rehuyese, ya que nunca se me han caído los anillos por dedicarme a cualquier trabajo físico y, cuando se trataba de ir al campo, me convertía en un trotalomas digno de este nombre. No obstante, crecí siendo un niño enfermizo que no cultivó el placer por el deporte. Siendo así, 2013 fue un año realmente singular: me descubrí a principios de año comenzando a seguir una rutina deportiva no demasiado exigente pero sí constante (de ahí que pueda llamarla así). Y lo más curioso es que: ¡me gustaba! No me atraen los deportes competitivos, así que se trataba de una competición conmigo mismo en la que buscaba mejorar y sentirme mejor. Posiblemente me ayudó a ello el ambiente laboral un tanto viciado, por lo que el deporte me proporcionaba la satisfacción del trabajo realizado, me permitía desconectar y, de paso, dejar atrás el sedentarismo al que me obliga mi profesión.

No llegué a escribir la entrada anterior porque, cuando más animado estaba con mis progresos, comencé a sentir unas molestias en tras la rodilla derecha que se fueron extendiendo por toda la pierna y hasta la espalda. Lo que en principio creí que podría ser una tendinitis resultó ser un pinzamiento del nervio ciático debido a, maldita suerte la mía, una hernia de disco en la región lumbar. Esta ha venido a marcar el resto de 2013, y en cierto modo, vino a sumarse a los problemas que aquejaban mi estado de ánimo, no muy bueno por aquella época.

No puedo decir que el año haya sido el de la recuperación, pues todavía me queda por delante un camino incierto, pero sí que seguí acumulando progresos. Tuve que dejar la actividad física unos tres meses, al menos aquella que impactaba (nunca mejor dicho) sobre la espalda: nada de correr, nada de bicicleta, nada de levantar peso ni hacer una fuerza excesiva. Comencé a andar todo lo posible. Caminar, como pensaba el bueno de Thoreau, es un ejercicio tan bueno para el cuerpo como para el alma.

Creo que no podría mantener la salud ni el ánimo sin dedicar al menos cuatro horas diarias, y habitualmente más a deambular por bosques, colinas y praderas, libre por completo de toda atadura mundana. Podéis decirme, sin riesgo: “Te doy un penique por lo que estás pensando”; o un millar de libras. Cuando recuerdo a veces que los artesanos y los comerciantes se quedan en sus establecimientos no sólo la mañana entera, sino también toda la tarde, sin moverse, tantos de ellos, con las piernas cruzadas, como si las piernas se hubieran hecho para sentarse y no para estar de pie o caminar, pienso que son dignos de admiración por no haberse suicidado hace mucho tiempo.
[…]
Hay quien no camina nada; otros, lo hacen por carretera; unos pocos, atraviesan fincas. Las carreteras se han hecho para los caballos y los hombres de negocios. Yo viajo por ellas relativamente poco, porque no tengo prisa en llegar a ninguna venta, tienda, cuadra de alquiler o almacén al que lleven. Soy buen caballo de viaje, pero no por carretera. El paisajista, para indicar una carretera, usa figuras humanas. La mía no podría utilizarla. Yo me adentro en la Naturaleza, como lo hicieron los profetas y los poetas antiguos, Manu, Moisés, Homero, Chaucer. Podéis llamar a esto América, pero no es América; no la descubrió Américo Vespucio, ni Colón, ni ninguno de los otros. Hay más verdad sobre lo que yo he visto en la mitología que en ninguna de las denominadas historias de América…

En ese intervalo, surgieron diversos y precipitados cambios en el trabajo y tuve que realizar el viaje más largo que he emprendido hasta la fecha: Málaga-Malasia. Unos pocos kilómetros, la verdad, y unas cuantas horas de vuelo para pasarlas con la espalda dolorida en un asiento de avión. Pero bueno, dejando atrás esa parte de la historia, lo cierto es que constituyó una experiencia enriquecedora (más en lo personal que en lo profesional, la verdad sea dicha) e interesante. Aunque dejé algunas fotos en Facebook, la verdad es que quedó pendiente una entrada sobre este tema: no tuve oportunidad de disfrutar demasiado de aquellas pluvisilvas, pero incluso las aves de parques y jardines eran lo suficientemente distintas a aquellas a las que estamos acostumbrados en estas latitudes como para que mereciera la pena observarlas. Tras regresar del viaje, retomé el deporte. Una vez más, opté por las caminatas, pero también por la práctica del Pilates, que me descubrió que ser una alcayata sin flexibilidad es una opción personal.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El último reto superado en 2013 fue, sin duda, uno bastante personal, también relacionado con el deporte. En octubre cumplí 38 años, que no es moco de pavo, y uno de los regalos me cambió completamente: mi prima me regaló un equipo de natación para lanzarme a practicarla. Posiblemente hayáis pensado antes, cuando os contaba lo del problema de espalda, que la natación era una excelente opción para seguir practicando deporte, desarrollar la musculatura de la espalda y ayudar a mi recuperación. No seré yo quien os quite la razón en eso, pero hace unos meses se daba una particular circunstancia que me lo impedía: no sabía nadar. Posiblemente, a mis años ya debería haber tenido tiempo de aprender, pero a ciertas experiencias desagradables de niño se le sumaba la carga psicológica de un par de ahogados en la familia. El caso es que, con el regalo de mi prima, me despojé de la vergüenza propia y del miedo y me inscribí en un curso de natación para adultos, desde cero. A mi prima Mamen y a mi paciente monitor, Curro, les debo estar como pez en el agua en menos de tres meses. Bueno, en realidad, como me gusta decir a mí, he pasado de roca basáltica a pumita, que no es poco.

Y básicamente ese fue el año pasado, muy a grandes rasgos, muy por encima. Habría mucho más que contar, pero sobre todo ello 2014 ofrecerá oportunidades, a buen seguro. Tan solo quedaría pendiente, para la próxima entrada, un cierre de año realmente sorprendente y divertido. Os emplazo en ella y, a partir de la misma, tendremos un año por completo en el que recuperar (así lo espero) el buen ritmo del blog.

¡Gracias por seguir ahí (tras 210 entradas)!

Hace 97 años, Jack London, que había conocido la fama y el éxito partiendo de la nada, fallecía en unas circunstancias que a día de hoy no han permitido saber si se suicidó o no.

London1905

Posiblemente sea uno de los autores que más me influyó en mi infancia y adolescencia, recorriendo con sus héroes los desiertos helados donde los lobos apenas pueden sobrevivir a los crudos inviernos. Hago referencia a él en el blog porque justamente me encuentra este día leyendo una de las obras a la que no me acerqué años atrás, El lobo de mar. En ella conoceremos a uno de los personajes más carismáticos que creó el autor, Lobo Larsen (Wolf Larsen).  Os dejo con él, barruntando mi regreso.

—Usted posee todas las cualidades necesarias para ser bueno —respondió Maud Brewster.
—¿Lo ven? —exclamó a medias irritado—. Sus palabras suenan a hueco. No hay nada claro, penetrante o definido en lo que acaban de decir. No puedo cogerlo con la mano y examinarlo. No es ni siquiera un pensamiento. Es una impresión, un sentimiento, algo basado en una ilusión pero no un producto del intelecto.
A medida que hablaba su voz se fue suavizando y adquirió una nota de intimidad:
—Saben, a veces también me gustaría estar ciego a las realidades de la vida y conocer tan sólo sus fantasías e ilusiones. Son falsas, por supuesto que son falsas, y contrarias a la razón; pero la razón me dice que, por falsas que sean, soñar y vivir de fantasías siempre proporciona más placer. Al fin y al cabo, el placer es el jornal de la vida. Vivir sin placer es un acto inútil. El trabajo de vivir sin ninguna retribución es peor que la muerte. El que más goza vive más, y sus sueños y fantasías son más gratificantes para ustedes que los hechos para mí.
Meneó la cabeza despacio, meditando.
—A veces tengo dudas sobre el valor de la razón. Los sueños tal vez sean más sustanciosos y placenteros. El placer emocional es más intenso y duradero que el intelectual, porque, además, éste se cobra en depresiones. El hastío de los sentidos que sigue al goce emocional se recupera rápidamente. Les envidio; sí, les envidio.
Se detuvo de pronto y sus labios dibujaron una de sus extrañas, inquisitivas sonrisas, al tiempo que añadía:
—Les envidio con la cabeza pero no con el corazón. Mi razón hace que les envidie. La envidia es un producto intelectual. Soy como el hombre sobrio apesadumbrado que ve a unos borrachos y también quisiera estar borracho.
—O como el cuerdo que contempla a unos locos y desea ser uno de ellos —dije riendo.
—Eso es —dijo—. Ustedes son una maldita y arruinada pareja de locos sin hechos en la cartera.
—Pero gastamos con más generosidad que usted —terció Maud Brewster.
—Porque no les cuesta nada.
—La eternidad nos financia —contestó ella.
—Sea cierto o no, es lo mismo. Gastan lo que no tienen y, a cambio, reciben más gastando lo que no tienen que yo gastando lo que he obtenido con gran esfuerzo.
—¿Por qué no cambia entonces el patrón de su sistema monetario? —bromeó la señorita Brewster.
Él la miró, casi esperanzado, y dijo con pesar:
—Demasiado tarde. Quizá me gustase, pero es demasiado tarde. Tengo la cartera repleta de monedas antiguas y es muy obstinada. Ya no podrá haber otra cosa de curso legal para mí.
Dejó de hablar y su mirada ausente se desvió perdiéndose en el plácido mar. La ancestral melancolía se había apoderado de él. Todo su cuerpo se estremecía. La razón le había puesto melancólico y dentro de pocas horas el demonio de la ira se agitaría en su interior. Me acordé de Charley Furuseth; la tristeza de Lobo Larsen era el castigo con el cual el materialista expía su materialismo.

http://www.youtube.com/watch?v=A-BKyUDr8PE

Otro fragmento del libro en Homo libris.

Andaba manteniendo una charla en Twitter sobre la «limpieza» de ríos y montes cuando recordé una vieja entrada que había publicado sobre este tema tras uno de los desbordamientos del arroyo Salado en Santa Fe. Quería enlazarlo y comprobé que no lo había escrito en este blog sino que pertenecía a mi pretérito lugar de encuentro, La Dehesilla News. Como lo desactivé hace un tiempo, he querido recuperar la entrada para estas andanzas mías, ya que creo que sigue plenamente vigente (por desgracia) esa visión sobre que es un monte «limpio» y el supuesto extremismo ecologista.

Apuntaré que la entrada incidía en el ecologismo porque esa era la palabra que, de forma despectiva y, a mi parecer, injustificada, se usaba para atacar al colectivo al que pertenezco. Una asociación de voluntariado ambiental (AUCA) que lleva trabajando en el pueblo más de tres lustros en aras de mejorar las condiciones del entorno y con una trayectoria más que solvente en lo que se refiere a este ámbito.

Sin más dilación, la antigua entrada y el comentario que suscitó. Los enlaces finales están desactivados porque, tras revisarlos, he visto que las páginas dejaron de estar activas.

gse_multipart45980

Cuando nos vemos desbordados…
Sábado, 29 de septiembre de 2007

El pasado viernes 21 de septiembre, un temporal provocaba el desbordamiento del arroyo Salado en nuestro municipio, provocando numerosos daños. Sin embargo, el más grave de todos no fue provocado directamente por el aluvión, sino por la falta de reflexión y el escaso uso de las meninges, comprensible cuando se estaba en el meollo, pero incomprensible cuando días después se sigue insistiendo en el mismo punto.
Entre la gente que en aquel aciago momento arrimaba el hombro, había voces que proclamaban que la culpa de todo la tenían los ecologistas, que no querían que se limpiase el arroyo. Expresiones tan pensadas y sapientísimas como: “prefieren que vivan los sapos a las personas” o “al río teníamos que echarles ahora” calentaban los ánimos de la población. En momentos de tensión, es obvio que puedan decirse cosas de las que luego debamos, de mutuo acuerdo con nuestra conciencia, retractarnos. Lo peor es que sigamos sumidos en la ignorancia cuando todo ha pasado.
Así, invitamos a los lectores de La Dehesilla News a reflexionar sobre varios aspectos que encuentran su demostración gráfica en las fotografías que presentamos a continuación, tomadas el día de la inundación.
En la primera de ellas, vemos cómo el arroyo Salado ha salido de su cauce inundando campos de cultivo, y un olivar (en el lateral derecho de la fotografía). Puede observarse que, por un lado, la contención del arroyo había quedado mermada por las labores de cultivo que se venían realizando sin respetar el margen de dominio público que tienen todos nuestros ríos a lo largo de todo su cauce. Es más, en esta fotografía los árboles permanecen relativamente alejados, pero en múltiples ocasiones se encuentran árboles recientemente plantados a menos de dos metros del cauce del arroyo… ¿Ecologistas? No los vemos por ningún lado. ¿Agricultores? Nos lo planteamos también.

salado04
En la siguiente foto, vemos a personas trabajando en la encomiable labor de desviar el curso del agua para que no inunde sus casas. Si observamos con atención, vemos con qué se está desviando el agua: con los restos que arrastra. Neveras rotas, ruedas de coche, cajas de fruta… ¿Por qué será que en España, en Andalucía, en SANTA FE, tenemos a los ríos por depósitos de basura? Si los ciudadanos, que somos todos, tiramos basura, colchones, escombros, e incluso reses muertas al cauce de los ríos, al final nos será devuelto multiplicado, como si de una maldición divina (provocada por nuestra inconsciencia) se tratase. Nos comemos la mierda -con perdón, pero no tiene otro nombre- que les arrojamos.
En todo esto, ¿qué papel juegan los ecologistas? Advierten e informan a nuestros políticos, a los dirigentes. Existen denuncias e informes sobre estos hechos, avisando de la necesidad de retirar los vertidos, de LIMPIAR el cauce del arroyo. Si se hace caso omiso a estos informes, ¿quién es el responsable moral del desbordamiento?

salado03
Por tanto, los ecologistas, como se les llamaba de forma general en esas afirmaciones, sólo denunciaban en su momento el desastroso cuidado que se llevaba a cabo en nuestro arroyo. De hecho, se produjo una paralización de las obras de “limpieza” que llevaba a cabo la empresa adjudicataria en su día, por considerar que no era el momento adecuado, ni adecuada era la forma de llevarlo a cabo. El Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil fue quien paralizó la tala de árboles, por no tener en ese momento la empresa los permisos pertinentes.
Pasados dos meses, se volvieron a ejecutar las obras, finalizando la “limpieza” del cauce hasta el término municipal de Chauchina. Y los ecologistas advirtieron que esa “limpieza” no serviría más que para acelerar el paso del agua en caso de avenida, y que eran necesarias otras intervenciones para evitar posibles males.
Pero se hizo caso omiso de ello.

salado01
No son las cañas las que taponan el puente bajo el que pasa el Salado. Es una tubería de una obra situada, originariamente, aguas arriba.
Tuberías, contenedores, material de construcción… en el cauce del río. ¿Propiedad de los ecologistas?

salado02
Y ahora, ¿a quién señalamos con nuestro dedo? Vemos el cañizo en el ojo ecologista, pero no la tubería, el colchón que no sirve o el frigorífico usado en el nuestro.

Hoy, sinceramente, me siento decepcionado de ser santaferino.

ENLACES DE INTERÉS:

Solidaridad del grupo político IU con el colectivo ecologista.
Denuncia, ya en 2003, del estado en que se encontraba el arroyo Salado. Por Ecologistas en Acción.

1 COMENTARIO:

salvandoarboles dijo…
ahora los ecologistas tienen rabo y huelen a azufre y solo se preocupan por los bichos…

cuando los ecologistas trabajan desinteresadamente por la conservacion de la vida la humana incluida, pero haciendo más hincapie en los más débiles: animales y plantas

¿y quien no es ecologista? si el ecologismo quiere decir amor y respeto por la naturaleza, entonces todos lo somos…y si hay quien no respeta la naturaleza…¿no es a ese al que hay que mirar con el dedo acusador?

saludos y ánimo los comentarios ignorantes no ofenden, solo reafirman en la actitud positiva.

08/10/07 16:52

Finalmente, enlazo un par de entradas propias relacionadas con este tema:

El síndrome de la página en blanco. De la entrada no escrita. Del artículo pospuesto. Del día a día que nos consume y del hoy que se convierte en mañana, en un futuro, en nunca. Resulta curioso que me disponga a escribir ahora sobre lo vivido en el pasado con ánimo de no dejarlo para más adelante. Llevo días, semanas, meses con textos que pasan por mi mente. Veo algo y mi cerebro lo redacta para que quede plasmado en el blog, pero después, frente al ordenador, no encuentro el momento de escribirlas. Y no solo me pasa aquí, sino que en Homo libris tengo reseñas de decenas de libros pendientes, y eso que en los últimos tiempos me falta del mismo para leer.

Resulta decepcionante que, de querer sentarme a escribir lo animado que estaba con la actividad física que andaba desarrollando, pasase a no escribir por no expresar el lamento de la lesión de la que ahora me duelo. Y de esto a, posiblemente, narrar un futuro en el que me haya recuperado plenamente (esperemos).

Hace unos días, almorzando en el parque que alguna vez he descrito por aquí y que tengo junto al trabajo (y que muchos habréis visto en alguna que otra foto de cuantas he publicado en Twitter), dejaba volar la imaginación. Andaba allí pensando, mientras roía una zanahoria y contemplaba balancearse movidas por el viento las umbrelas de otras tantas salvajes, lo curioso que resulta en ocasiones dedicarse a saborear algo tan insignificante como una lechuga, un tomate recién cortado o una zanahoria como la que estaba mordisqueando. Lo que tan habitualmente nos parece obvio, tan cercano a nuestra mano como al antojo de nuestros deseos, ha requerido de un largo periodo de adaptación, de aclimatación, de domesticación en el caso de estas especies vegetales. La entrada que estamos leyendo de un blog determinado parece allí puesta para nosotros, depositada sin el menor esfuerzo por su dueño, pero en ocasiones que haya llegado a publicarse habrá supuesto un verdadero y doloroso parto. La canción que escuchamos y que nos reconforta o que nos inflama el pecho supuso, tal vez, el agotamiento, siquiera temporalmente, de la inspiración de su autor.

La vida sencilla, esa que se nos antoja a algunos tan apetecible, también guarda sus secretos. Si resultase fácil alcanzarla posiblemente muchos la estaríamos viviendo. Y sería una vida plena o, cuanto menos, más interesante que ésta en la que nos vemos imbuidos desde que nos levantamos hasta que concluimos el día en nuestro capullo de falsa y engañosa seda.

La vida que yo veo
anhela los extremos confines
el Desierto, la Selva y nada más

Esta entrada, en definitiva, no era la que tenía en mente cuando contemplaba la flor del alcaucil silvestre, de esa alcachofa asilvestrada que orla los caminos en estas fechas con sus flores azules y sus formas de cardo, o las de la zanahoria silvestre, tapete de ganchillo adornado por la estéril flor negruzca de su centro que ayuda más que ninguna a la polinización del resto. Pero da igual; hay ocasiones en las que la mejor forma de romper la maldición de la hoja el blanco es, precisamente, escribir sin ton ni son, dejar fluir el torrente de las palabras y quién sabe si descartar el producto final en aras de que el próximo sea merecedor de que tú, querido lector, hayas llegado a esta última línea.

5 de junio de 1852

Los altramuces están en toda su gloria. Resultan más importantes porque aparecen cubriendo parcelas muy extensas, de casi un acre o más en total, y con una gran variedad de colores (violeta, rosa, lila, blanco), sobre todo cuando les da el sol y la transparencia de sus flores hace que el color cambie constantemente. Pinta toda una colina con su azul, creando un campo (un prado incluso) como el que habría frecuentado Proserpina. Su hoja ha nacido para estar cubierta de gotas de rocío. La perspectiva de estas matas de flores azules, que aparecen en breves intervalos, me entusiasma. Tal profusión del color divino, elíseo, que parecen los Campos Elíseos. Dicen que las semillas tienen la apariencia de caras de bebé, y de ahí el nombre de la flor. No hay flor que exhiba tanto azul. Ese es el valor de los altramuces. La tierra queda tintada de azul a causa de ellos. Y aun así, a un tercio de milla de distancia, no puedo ya detectar su color en la colina. Quizá porque es el color del aire.

 lupinus

7 de junio de 1853

Hice una visita a mi chotacabras en su nido. Casi no podía dar crédito a lo que estaba viendo cuando, apenas a siete pies del nido, me quedé mirando cómo empollaba sus huevos con la cabeza girada hacia mí. Parecía tan dichoso, uno con la tierra, como una esfinge, reliquia del reino de Saturno que Júpiter no logró destruir, un enigma que bien podría provocar al hombre a lanzarse de cabeza contra la piedra. No era, en realidad, una criatura viva, y mucho menos una criatura alada perteneciente al aire, sino una figura de bronce o de piedra, una fantasiosa producción artística como un grifo o un fénix. Suficiente para sobrecoger a uno. Durante todo ese rato, esta esfinge de bronce en apariencia dormida, tan inmóvil como la tierra, me miraba con intensa ansiedad a través de la fisura mínima de sus párpados. Un paso más, y ya había echado a volar, colina abajo, hasta el suelo, balanceándose, como si tocara la tierra, primero con un ala, luego con la otra, a unas diez varas del suelo para surcar los aires por encima de mi cabeza. Una criatura espléndida, que empolla inmóvil sus huevos sobre la colina más desnuda, más expuesta, bajo tormentas, lluvia o granizo, como si se tratara de una roca o de una parte de la misma tierra (la costra del globo), con sus ojos cerrados, sus alas plegadas. Una criatura a la que, después de estos dos días de tormenta —en que pensaríamos que se había convertido en el símbolo adecuado del reumatismo—, vemos remontar el vuelo, como pájaro que es, y convertirse en el ser más aéreo, más elegante y flexible, desprovisto completamente de rigidez en sus alas o en sus articulaciones. Un preludio adecuado para su encuentro con Prometeo, atado a su roca en el Cáucaso.

chota

Henry D. Thoreau. El Diario (1837-1861) Volumen I.

Nota: La fotografía de los altramuces pertenece a Imgur y el chotacabras es de Miguel Vilar, en Mirada Natural.

Han transcurrido casi seis años desde que me senté a escribir el que sería el primero de mis blogs. A lo largo de este tiempo he creado varios, tratando en ellos diversas temáticas, y de estos mantengo actualmente cuatro en un estado vegetativo. Leyendo ayer al genial Copépodo, recordé una conversación que mantuvimos en Madrid hace un tiempo sobre el tiempo de vida de los blogs y, aunque ya estaba de acuerdo con él en lo tocante a cómo en muchas ocasiones fenecen agónicamente pese a que no deseamos que desaparezcan, he querido visualizarlo gráficamente haciendo uso de la estadística más elemental. Para ello me he ceñido a los siete blogs que no quedaron en un mero intento y tuvieron, como mínimo, varios meses de actividad, y al tiempo transcurrido entre el 28 de mayo de 2007, fecha de mi primera entrada, hasta el mes de abril de 2013.

Aunque en nuestro interior sabemos a qué nos enfrentamos, lo cierto es que ver el pronunciado descenso en el número de entradas de unos años a esta parte es desolador. Cierto es que son muchos los factores a tener en cuenta; a lo largo de estos años he vivido varios cambios de trabajo, alguna que otra mudanza y el retorno a la vida académica arrancando los estudios de Ciencias Ambientales (que también han sufrido una parada durante este año), pero lo cierto que el factor que más pesa es el desánimo, las pocas ganas de escribir. Sentir que ya no tiene gancho lo que quieres expresar.

Entradas al mes

Mi primer blog fue la antesala de lo que ha sido hasta la fecha mi «Andanzas de un Trotalomas». «La Dehesilla News» nacía con ánimo crítico y, hasta cierto punto, como vínculo con mi ciudad de origen tras mudarnos a Málaga. Pretendía, con esta bitácora, seguir denunciando abusos sobre el pequeño parque periurbano que localizamos al suroeste de Santa Fe, y aquellos despropósitos que me iba encontrando en esta ciudad de acogida donde llevo viviendo más tiempo del que había esperado en un principio. Decía en aquella entrada inaugural que:

Ahora que estoy “en tierra extraña” siento una vez más la imperiosa necesidad de contar, de narrar, lo que viene ocurriendo dentro de los márgenes de nuestra geografía imaginaria en este pueblo, que no es otro que el mío.

[…]

Así pues, desde hoy, “La Dehesilla News” se propone ser el diario del despropósito que supone vivir y convivir en Santa Fe.

Unos meses después, durante el último de 2007, verían la luz tanto «Lobosoft» como el primer «Andanzas de un Trotalomas» (ya abandonado) que tenía un enfoque completamente distinto a este que leéis hoy día. Se trataba de un blog personal, donde lo mismo comentaba mi parecer sobre un libro que sobre una serie, tanto daba escribir cuatro líneas que subir una foto que me había resultado curiosa. Durante un tiempo incluso llegó a tener dominio propio en Internet y me dediqué a experimentar, desde él y con un proveedor gratuito de hospedaje web, diversos CMS. Otro tanto llevaba a cabo en Lobosoft, el blog que más alegrías me dio en su día a modo de vía de escape profesional, como sofocos, con una escalada progresiva en el número de ataques recibidos por hackers. De este periodo quedan las entradas, ya en Blogger, muchas de ellas sin imágenes por la migración de sistema (venían de un WordPress y posteriormente de un Drupal) que debería subir algún día. «Lobosoft» tiene el (dudoso) honor de ser el blog en el que más entradas he publicado en un mes (julio de 2008, 48 entradas de un total de 59) dentro de un año especialmente prolífico.

Con el tiempo la tendencia fue cambiando. Creé «Homo libris» un año después, en diciembre de 2008, y con él vendría el periodo de socialización. «Lobosoft» era un blog escrito por mí y para mí, y a pesar de no publicitarlo lo más mínimo llegó a tener un PageRank de Google interesante (que no notable) y un número de visitas relativamente elevado. De hecho, durante bastante tiempo me sorprendí a mí mismo encontrándome sin quererlo en los primeros puestos de las búsquedas de Google y recibiendo algún enlace que otro de compañeros con respuestas que habían encontrado allí mismo, sin saber que era mío. Con «Homo libris» mi pasión por los libros me llevó de un blog amigo a otro, tejiendo una red de bitácoras muy queridas para mí que sigo todavía leyendo y amigos que encontré posteriormente en varias redes sociales («Dios los cría y ellos se juntan»).

Finalmente llegó «Andanzas de un Trotalomas». Al menos el que veis ahora. Durante bastante tiempo coexistió con el resto de blogs, y tanto este como «Homo libris» tomaron un papel protagonista. Tanto es así que en varias ocasiones he pensado en una posible fusión de ambos, máxime cuando en ocasiones guardo mis dudas sobre cuál de ellos será el idóneo para albergar una determinada entrada, especialmente cuando se trata de algún fragmento de una lectura o de la reseña de un libro relacionado con el medio ambiente. Y es que, si bien esta temática no es la única del blog (pretendía ser un blog personal, sin más), es cierto que es la que se ha apoderado del mismo en gran medida. La cabra, como no podía ser de otro modo, tira al monte.

En el último año (año y pico, realmente), el número de entradas total no ha superado las 10 al mes. Tan solo en mayo de 2012 llegué a alcanzar las 15, casi todas de «Homo libris», y las de «Lobosoft» no pasan de lo anecdótico desde 2009. Estos últimos años me he centrado mucho en la carrera y lo cierto es que las presiones del trabajo no han ayudado a dejarme mucho tiempo libre. Este año académico 2012-2013 no me he matriculado pero, a cambio, mis previsiones sobre el incremento de trabajo se han cumplido certeramente, con lo cual dispongo del escaso tiempo que preveía, y a duras penas. Sigo leyendo, no al ritmo que querría, pero se me acumulan las entradas en «Homo libris» y no me decido a escribirlas. Quería traer a «Andanzas…» algún viaje y fotos recientes y tampoco lo he hecho (escribirlas, y los viajes casi tampoco). Incluso deseaba insuflar un hálito de vida a «Lobosoft» mezclando alguna temática informática con otras de medio ambiente y mis pretendidos estudios sobre modelos o inteligencia artificial, pero no estoy sacando tiempo para nada.

Entradas totales por mes

¿Es el final de todos mis blogs? ¿Debería reunirlos todos en uno? ¿Dejar que descansen y, cuando esté más inspirado, crear uno nuevo? ¿O simplemente esperar e ir escribiendo conforme me lo pida el cuerpo? La verdad es que no lo sé, no me queda nada claro. En ocasiones ha bastado no tener la oportunidad de escribir para que las entradas se multiplicasen. En otras, con todo el tiempo del mundo, no he sido capaz de hilvanar dos palabras con sentido y elegancia. Ahora que termino esta entrada siento que ni tan siquiera he podido hacer algo amena esta reflexión en torno al tiempo pasado.

Sea como fuere, solo este, el tiempo, tiene la respuesta. Espero seguir leyéndoos y, en algún momento, tener algo que aportar por aquí nuevamente.

¡Salud!

Sin él

sampedrolupi

Tras un prolongado silencio, pretendía irrumpir en el blog con ánimo y buen pie precisamente esta semana. Pero un tremendo tropiezo ha dado al traste con mis intenciones, que quedarán pospuestas unos días. Hoy no puedo más que llorar la pérdida de un verdadero referente para mí en todos los sentidos: literario, político, humano… Se nos ha ido Sampedro, el pensador, la voz disidente, el “abuelo” tan querido para muchos de nosotros. Un verdadero sabio en un mundo que parece haberse olvidado del significado de esa palabra. Se ha marchado, pero no podemos olvidar sus palabras. Su guía es más necesaria que nunca.

El desarrollo sostenible del que hablan es insostenible. La población mundial se ha triplicado desde 1900 hasta hoy y, desde luego, la capacidad de regeneración del planeta no se ha triplicado. Eso no se puede mantener. Imposible.

[...]

En este siglo van a pasar cosas tremendas. Se habla todos los días del desarrollo sostenible. Pensemos sólo que en 1900 la población mundial era de alrededor de dos mil millones y que en 2000 es de más de seis mil millones. Los ecologistas ya estudian la huella ecológica y dicen que la tierra no produce todo lo que se le quita. Ya hablan de que para dar al mundo el nivel de España, no digamos ya el de Escandinavia, harían falta tres planetas. Explíquenme cómo cuadra eso; hagan estadísticas, contabilidad nacional, etc. No cuadra.

[...]

Para mí es una época paralela al derrumbamiento del Imperio romano. Se acabó el Imperio y empezó la barbarie. Lo de Gaza es barbarie, los campos de Hitler y Stalin fueron barbarie, el ataque a Irak es barbarie. Estamos destruyendo el sentido de la justicia. Creo que entramos en una etapa de barbarie que obliga a reconstruir el sistema. Porque el capitalismo no es que sea malo, es que está agotado ya. En el siglo XV era impulsor, constructivo. Ahora está agotado. ¿Cuáles son los planes? Más de lo mismo. Decir que dentro de 15 años acabará la pobreza y repetirlo 15 años después.

[...]

La libertad es como una cometa. Vuela porque está atada y la cuerda es la responsabilidad.

[...]

Yo miro lo sucedido y me pregunto: ¿por qué no se nacionaliza la banca y se acaba con toda esta historia de los bonos de los directores y demás? Eso está excluido de cualquier debate. Y luego se dice que la empresa pública rinde menos: ¿rinde menos para quién? Pues igual es cierto que la cuenta de resultados no es igual, pero el dinero va a manos mucho más interesantes.

[...]

El ser humano ha llegado a un nivel técnico verdaderamente admirable y extraordinario. Pero cuando se progresa es inevitable que el creador se endiose y piense que con la ciencia puede llegar no se sabe hasta dónde. Y siempre se dice “la técnica lo resolverá”. Pero la técnica lo resolverá hasta donde pueda. No creamos que el poder humano es ilimitado.

Descanse en paz.

Más información en:

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 915 seguidores