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Atracción natural

Parque Nacional de Bryce Canyon, Utah, EEUU

Parque Nacional de Bryce Canyon, Utah, EEUU. Fotografía de Wikipedia.

Lawrence Gilman, el distinguido crítico musical, afirma en Nature in Music: «… M. Pierre Janet, que sostiene que aquellos que, en diferentes periodos históricos de la civilización del mundo, han expresado una fuerte atracción hacia el mundo natural, siempre han sido personas de un tipo determinado y concreto: emocionales, sometidas a cambios de humor, deseosas de romper con las tradiciones, esencialmente anti-convencionales. Mr. Havelock Ellis, en su estudio sobre la psicología del amor por la Naturaleza, caracteriza a todas estas personas, en mayor o menor grado, “de un temperamento excepcional”. En las manifestaciones más rotundas y simples de este tipo, estos amantes de la naturaleza salvaje han sentido un rechazo instintivo hacia sus entornos habituales… Chateaubriand, que veía poca utilidad en las montañas más allá de ser “las fuentes de ríos, una barrera contra los horrores de la guerra” es contrarrestado por Petrarca, el cual, tras escalar Mont Ventoux, observó que su alma “se elevaba a las más nobles contemplaciones en la cima”. (…) El mayor atractivo de la belleza natural siempre ha sido de suma importancia para aquellos individuos de hábitos emocionales, y especialmente para aquellos que poseen una imaginación libre y tendencia al inconformismo: en otras palabras, para los radicales de mentes poéticas de todos los tiempos y regiones».

En la «Nota al lector» de El trampero, de Vardis Fisher.

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…se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Me siento finalmente frente al ordenador para escribir una entrada para el blog y despedir así el año 2013 que quedó atrás. Han transcurrido más de dos semanas de este nuevo año y casi dos meses desde la última entrada del blog. Con apenas nueve entradas, no puede decirse que me sienta orgulloso del año desde la perspectiva del blog y, sin embargo, posiblemente 2013 pase a mi historia personal como uno de los años más rompedores e interesantes de cuantos he vivido. Y eso, por desgracia, no se ha visto plasmado aquí.

Por eso, aunque mi intención no es ponerme al día con todo lo que ocurrió el año pasado, sí que me veo en cierto modo en deuda con las entradas que no fueron y que me habría gustado que estuvieran. La falta de inspiración a la hora de escribir no desapareció; de hecho, posiblemente, cuando acabe de escribir estas líneas y pulse el botón “Publicar”, no me sentiré muy orgulloso de ellas, pero es posible que contribuyan a romper ese hipotético maleficio que pesa sobre mis blogs, como ya ocurriera con la lectura hace unos meses: mi “temperatura literaria” ha vuelto a la normalidad, teniendo en cuenta, eso sí, la escasez del tiempo de que dispongo.

Una de las primeras entradas omitidas el pasado año tenía que ver con el deporte. Nunca he sido una persona muy deportista. Afirmar esto ya es decir que lo era algo, pero no: me confieso un ratón de biblioteca, de laboratorio, un singular personaje ajeno al ejercicio. Tampoco es que lo rehuyese, ya que nunca se me han caído los anillos por dedicarme a cualquier trabajo físico y, cuando se trataba de ir al campo, me convertía en un trotalomas digno de este nombre. No obstante, crecí siendo un niño enfermizo que no cultivó el placer por el deporte. Siendo así, 2013 fue un año realmente singular: me descubrí a principios de año comenzando a seguir una rutina deportiva no demasiado exigente pero sí constante (de ahí que pueda llamarla así). Y lo más curioso es que: ¡me gustaba! No me atraen los deportes competitivos, así que se trataba de una competición conmigo mismo en la que buscaba mejorar y sentirme mejor. Posiblemente me ayudó a ello el ambiente laboral un tanto viciado, por lo que el deporte me proporcionaba la satisfacción del trabajo realizado, me permitía desconectar y, de paso, dejar atrás el sedentarismo al que me obliga mi profesión.

No llegué a escribir la entrada anterior porque, cuando más animado estaba con mis progresos, comencé a sentir unas molestias en tras la rodilla derecha que se fueron extendiendo por toda la pierna y hasta la espalda. Lo que en principio creí que podría ser una tendinitis resultó ser un pinzamiento del nervio ciático debido a, maldita suerte la mía, una hernia de disco en la región lumbar. Esta ha venido a marcar el resto de 2013, y en cierto modo, vino a sumarse a los problemas que aquejaban mi estado de ánimo, no muy bueno por aquella época.

No puedo decir que el año haya sido el de la recuperación, pues todavía me queda por delante un camino incierto, pero sí que seguí acumulando progresos. Tuve que dejar la actividad física unos tres meses, al menos aquella que impactaba (nunca mejor dicho) sobre la espalda: nada de correr, nada de bicicleta, nada de levantar peso ni hacer una fuerza excesiva. Comencé a andar todo lo posible. Caminar, como pensaba el bueno de Thoreau, es un ejercicio tan bueno para el cuerpo como para el alma.

Creo que no podría mantener la salud ni el ánimo sin dedicar al menos cuatro horas diarias, y habitualmente más a deambular por bosques, colinas y praderas, libre por completo de toda atadura mundana. Podéis decirme, sin riesgo: “Te doy un penique por lo que estás pensando”; o un millar de libras. Cuando recuerdo a veces que los artesanos y los comerciantes se quedan en sus establecimientos no sólo la mañana entera, sino también toda la tarde, sin moverse, tantos de ellos, con las piernas cruzadas, como si las piernas se hubieran hecho para sentarse y no para estar de pie o caminar, pienso que son dignos de admiración por no haberse suicidado hace mucho tiempo.
[…]
Hay quien no camina nada; otros, lo hacen por carretera; unos pocos, atraviesan fincas. Las carreteras se han hecho para los caballos y los hombres de negocios. Yo viajo por ellas relativamente poco, porque no tengo prisa en llegar a ninguna venta, tienda, cuadra de alquiler o almacén al que lleven. Soy buen caballo de viaje, pero no por carretera. El paisajista, para indicar una carretera, usa figuras humanas. La mía no podría utilizarla. Yo me adentro en la Naturaleza, como lo hicieron los profetas y los poetas antiguos, Manu, Moisés, Homero, Chaucer. Podéis llamar a esto América, pero no es América; no la descubrió Américo Vespucio, ni Colón, ni ninguno de los otros. Hay más verdad sobre lo que yo he visto en la mitología que en ninguna de las denominadas historias de América…

En ese intervalo, surgieron diversos y precipitados cambios en el trabajo y tuve que realizar el viaje más largo que he emprendido hasta la fecha: Málaga-Malasia. Unos pocos kilómetros, la verdad, y unas cuantas horas de vuelo para pasarlas con la espalda dolorida en un asiento de avión. Pero bueno, dejando atrás esa parte de la historia, lo cierto es que constituyó una experiencia enriquecedora (más en lo personal que en lo profesional, la verdad sea dicha) e interesante. Aunque dejé algunas fotos en Facebook, la verdad es que quedó pendiente una entrada sobre este tema: no tuve oportunidad de disfrutar demasiado de aquellas pluvisilvas, pero incluso las aves de parques y jardines eran lo suficientemente distintas a aquellas a las que estamos acostumbrados en estas latitudes como para que mereciera la pena observarlas. Tras regresar del viaje, retomé el deporte. Una vez más, opté por las caminatas, pero también por la práctica del Pilates, que me descubrió que ser una alcayata sin flexibilidad es una opción personal.

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El último reto superado en 2013 fue, sin duda, uno bastante personal, también relacionado con el deporte. En octubre cumplí 38 años, que no es moco de pavo, y uno de los regalos me cambió completamente: mi prima me regaló un equipo de natación para lanzarme a practicarla. Posiblemente hayáis pensado antes, cuando os contaba lo del problema de espalda, que la natación era una excelente opción para seguir practicando deporte, desarrollar la musculatura de la espalda y ayudar a mi recuperación. No seré yo quien os quite la razón en eso, pero hace unos meses se daba una particular circunstancia que me lo impedía: no sabía nadar. Posiblemente, a mis años ya debería haber tenido tiempo de aprender, pero a ciertas experiencias desagradables de niño se le sumaba la carga psicológica de un par de ahogados en la familia. El caso es que, con el regalo de mi prima, me despojé de la vergüenza propia y del miedo y me inscribí en un curso de natación para adultos, desde cero. A mi prima Mamen y a mi paciente monitor, Curro, les debo estar como pez en el agua en menos de tres meses. Bueno, en realidad, como me gusta decir a mí, he pasado de roca basáltica a pumita, que no es poco.

Y básicamente ese fue el año pasado, muy a grandes rasgos, muy por encima. Habría mucho más que contar, pero sobre todo ello 2014 ofrecerá oportunidades, a buen seguro. Tan solo quedaría pendiente, para la próxima entrada, un cierre de año realmente sorprendente y divertido. Os emplazo en ella y, a partir de la misma, tendremos un año por completo en el que recuperar (así lo espero) el buen ritmo del blog.

¡Gracias por seguir ahí (tras 210 entradas)!

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Hace unos días hablaba con varios amigos sobre la importancia de la percepción de la realidad y cómo puede ser adulterada, influida o simplemente dada por desaparecida según la busquemos a través de unas u otras fuentes. Además, vivimos en un mundo donde el peligro de saturación por el exceso de información (que, recordemos, no es más que uno de los ingredientes del conocimiento, pues necesita ser procesada, digerida e interiorizada por nuestro intelecto) puede dar lugar a una paradójica sociedad desinformada. Acabo de terminar la lectura de estas «memorias periodísticas» de Iñaki Gabilondo que me han gustado (y que reseñaré en Homo libris en cuanto tenga ocasión), y quería subrayar aquí en el blog algunos fragmentos con los que no podría estar más de acuerdo.

En mi obsesión habitual por el oyente, solía plantear a mi equipo la pregunta «¿qué pasa hoy aquí?», por el hecho mismo de que nuestra profesión se basa en cada momento en contar elementos diferenciales. Inquirir qué pasa equivalía a preguntarse qué porcentaje de lo que ocurre podíamos llegar a explicar al ser nosotros, y no otros, los que estábamos allí. Un ingeniero de la NASA daría una respuesta muy distinta. Cierto día, Luis Miguel Domínguez nos dijo: «Vosotros os habéis creído que contáis todo lo que pasa. Pues sabed que han pasado quinientas mil aves por el cielo de Madrid camino del sur y no las habéis contado». Y tenía razón. Si no hay alguien que observa un determinado ángulo, ese ángulo no se incluye en la versión de la realidad que somos capaces de explicar.

[…]

En CNN+ colaboraba en mi programa Cristina Manzano, directora de la edición española de Foreign Policy, una publicación americana de política exterior. Le pedí que todas las semanas pusiera el dedo, durante cinco minutos, en un hecho de la realidad mundial que no estuviéramos observando. De ese modo hablaba del Congo, de Ruanda, de Burundi… del conflicto del coltán, un mineral cuya explotación en África está ligada a conflictos bélicos. Cinco minutos y hasta la semana próxima. Aun así, en ocasiones tenías que acercarte a aquellos asuntos con sensación de alerta, peligro de muerte, ya que estabas a punto de hablar de algo que no le importa a nadie. Pero a mí me sigue pareciendo trascendental que la gente sepa cómo se están colocando las grandes potencias ante las materias primas en el mundo; que se sepa, por ejemplo, que China está comprando millones y millones de metros cuadrados de tierra en América Latina y en África. Soy consciente de que la población vive otro tipo de preocupaciones vitales, pero es necesario no perder de vista lo que sucede en el mundo, aunque a veces parezca invisible.

[…]

Al mirar hacia atrás compruebo que en los últimos tiempos de mi vida había llegado a caer en un lacerante pesimismo, al asistir a un fenómeno con el que parecía cerrarse para siempre una determinada concepción de las cosas. Por fortuna, he ido modificando esa perspectiva al entender que resulta imposible que se acabe lo que llamamos periodismo de calidad. Y en este momento, cada día que pasa, percibo con más angustia el mundo que se podría llegar a construir si cristalizase ese tipo de inundación informativa basada en la confusión y en la vacuidad. Cuando se produce ese torrente de datos, lo primero que necesitamos es información potable, del mismo modo que ante una inundación lo más urgente es el agua potable. Potabilizar la información será, por tanto, una de las tareas más importantes.

Iñaki Gabilondo, El fin de una época.

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Antes, cuando ganarme la vida honradamente, con libertad para mis propios fines, era una cuestión que me afligía aún más que ahora, ya que por desgracia me he vuelto algo insensible, solía ver una gran caja junto a la vía del tren, de seis pies de largo por tres de ancho, donde los obreros guardaban sus herramientas por la noche, lo que me sugería que cualquier hombre apremiado podría conseguir una por un dólar y, tras taladrar unos pocos agujeros para dejar pasar el aire, meterse en ella cuando lloviera o anocheciera y, ajustada la tapa, tener libertad a su antojo y ser completamente libre. Esto no parecía lo peor, ni una alternativa despreciable en modo alguno. Podríais levantaros tan tarde como quisierais y, a continuación, marcharos sin que el patrón o el casero os persiguieran por la renta. Muchos hombres, acosados hasta la muerte por el pago de una caja más grande y lujosa, no se habrían muerto de frío en una caja como esa. No bromeo. La economía puede tratarse a la ligera, pero no es posible deshacerse de ella.

Henry D. Thoreau, Walden.

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Julio Anguita presentando su nuevo libro

Julio Anguita presentando su libro.

¿Con qué política económica pueden actuar los Estados miembros para combatir el paro si dicha política económica está enajenada en los criterios de convergencia obligatorios para todos los Estados?

El problema que quieren ignorar es que cuando el tipo de cambio sea único e inamovible, los ajustes económicos repercutirán casi exclusivamente en la pérdida de más puestos de trabajo; salvo que cualquier país no esté permanentemente flexibilizando el mercado laboral. Porque lo que de verdad se ha venido cumpliendo en este proceso es el desarrollo de las condiciones que los padres de la idea han concebido: flexibilizar los mercados laborales e incrementos salariales (cuando los haya) por debajo de la productividad. Cuando opere el Pacto de Estabilidad, y por mor de lo que tanto seduce a tantos: la competitividad, nos encontraremos ante una carrera de beneficios al capital (por no haber armonización fiscal) y ante otra carrera de abaratamiento de los salarios. Al final y de manera especial los países periféricos de la Unión, verán cómo no se crea empleo de manera eficaz y el que se cree cada vez será más precario.
[…]
¿Se está construyendo Europa? Se está construyendo algo similar al monstruo de Frankenstein que se volverá contra sus creadores. No hay construcción europea sin unión política. No hay construcción europea sin política exterior y de seguridad común estrictamente europea (la OTAN y la construcción europea son incompatibles). No hay construcción europea si no hay una auténtica unión económica y ello pasa por tres requisitos básicos:

  1. Un presupuesto europeo a la altura de las necesidades: paro, desequilibrios sociales y territoriales, marginación, etc.
  2. Una Hacienda europea que sirva para organizar la convergencia de las economías.
  3. Una Política Fiscal común.

No hay construcción europea si la prioridad de verdad no es la creación de empleo y la aplicación de una Carta Social. No hay unión europea si el Parlamento de Estrasburgo, surgido de las urnas, no marcha en el camino hacia lo que constituye el papel y la importancia de un auténtico Parlamento. No hay construcción europea, sólo un proceso para la moneda única. Y un proceso con economías dispares, en las que los mecanismos políticos de intervención quedan difuminados ante la preeminencia del Sistema de Bancos Centrales Europeos o del futuro Banco Central Europeo, a los cuales, como es natural, el problema del empleo les es indiferente porque su misión es simplemente la estabilidad monetaria. Estabilidad.
Este es el nuevo hallazgo semántico al que nuestros autistas enajenan su capacidad de ver lo que está ocurriendo a su alrededor. Estabilidad. ¿de quién, de quiénes, de qué? No ven los datos de la realidad; no presienten ni quieren presentir a dónde puede conducir el paro y la precariedad crecientes. Estabilidad es la palabra que conforma los acercamientos políticos y los tálamos contra natura. Estabilidad como ausencia de crítica, de cuestionamiento o de lo que es peor, como ausencia de pensamiento. Estabilidad como sinónimo de pensamiento único y de opción única. Estabilidad como narcótico de la libertad y de la exigencia de desarrollar la democracia.

Julio Anguita, “Autistas”. El Mundo, 14 de enero de 1997. En su libro Combates de este tiempo. Ed. El Páramo, 2011.

Nota: La fotografía de la entrada es propiedad del diario Público.

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…tal astilla.

Parece que quisiera seguir con la entrada de ayer sobre la vigencia actual de nuestros refranes populares a la hora de dar explicación a lo inexplicable. A que políticos corruptos y gentes de mala fe sigan dirigiendo un país. Con gente así, el único recorte con el que bajaría la prima de riesgo, me temo, sería con el de cabezas.

Además de saltar a los medios la noticia de la detención del exconsejero de ERC, Jordi Ausàs, por contrabando de tabaco, la diputada del PP Andrea Fabra se ha cubierto de gloria con su “¡que se jodan!” (y el “muy bien, muy bien” que le precede, si leemos sus labios) mientras se anunciaban los recortes (entre otros muchos) en la prestación de desempleo. «De casta le viene al galgo», claro, y así lo viene a demostrar que su padre insultase de igual manera al portavoz socialista de Castellón y que no sea precisamente trigo limpio. A la familia no se la escoge, pero bien cierto es que «Dios les cría y ellos se juntan», porque su marido, Juan José Güemes, también ha dado que hablar.

Como el refranero, nuestro flamenco forma parte de la cultura popular. Una cultura que no es ajena a los desplantes de los poderosos ni a su manifiesta hipocresía (“… y al prójimo, como a ti mismo”). Canta José Domínguez, “El Cabrero”, un fandango que comienza así:

A ti,
que trabajas por dos reales.
Es mi cante para ti
porque al que tiene caudales
no le importa tu sufrir
y se ríe de tus males.

Vaya dedicada a nuestra piara política:

Y si os apetece seguir indignándoos:

También aquí se puede firmar una solicitud para que dimita (en otros países lo haría motu proprio, pero aquí hay que pedirlo, posiblemente no lo haga y si lo hace ya le estarán buscando un puesto digno de su encomiable compromiso con el buen rumbo de la grande y libre España).

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Ahora vemos los comienzos de la censura en nuestra sociedad. Conducidos por la extrema derecha, vigilantes autodesignados se abalanzan sobre las escuelas y las bibliotecas para quitar libros de las estanterías, porque contienen palabras atrevidas, o ideas atrevidas o sencillamente porque van contra alguna creencia de esos vigilantes.

Si estos censores aficionados logran su objetivo, entonces, porque a ellos no les gusta un libro determinado […], primero, no se permitirá su lectura a ningún niño en la escuela, luego, estoy seguro, no se permitirá su lectura a ningún niño en ninguna parte y, finalmente, estoy seguro, no se permitirá su lectura a ninguna persona, cualquiera sea su edad, en ninguna parte y en ningún tiempo.

Y de los libros pasarán a las canciones, al lenguaje, al pensamiento, y crearán una América (si pueden) a su propia imagen.

Imaginemos una América moldeada a esa imagen, la imagen de la Mayoría Moral, superpatriota, superrespetable, definiendo como patrióticosy respetables sólo ciertos puntos de vista estrechos. Imaginemos una sociedad gris y sin sentido del humor, con idénticas ideas de un océano a otro y donde no se permite nada más. Imaginemos una América comprimida, estrecha, de una sola idea, ignorante. Ha habido muchas sociedades semejantes en la historia.

Isaac Asimov, “Censura progresiva” en La mente errabunda.

Leyendo a Asimov y pensando en las noticias que nos llegan día a día, pienso que este texto podría aplicarse dentro de no mucho en España. Con un cantautor ajusticiado juzgado por la difusión de un vídeo humorístico (de mayor o menor gusto según para cada cual, pero perfectamente lícito en ¿democracia?), con un Gobierno que da la palmadita a la  organización religiosa a la que no quiere cobrar impuestos por los edificios que no están en uso para el culto, que salva entretanto a una entidad bancaria mal gestionada (por muchos de sus afines) con el dinero de todos pero no piensa en abrir una rigurosa investigación sobre lo ocurrido y que se dedica a recortar a mansalva en sanidad, ciencia y educación, es difícil pensar de otro modo…

Más, aquí:

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