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Posts Tagged ‘agua’

Aunque espero estar de vuelta dentro de unas semanas, no he podido evitar dejaros unas refrescantes imágenes estivales. Son de mi último par de salidas por el parque periurbano de Santa Fe, y alguna de la huerta (las del abejorro carpintero o abejorro azul de la madera) como suplemento alimenticio.

Espero que, entre incendio e incendio (tanto forestales como anímicos ante tanta estulticia política), estéis disfrutando del verano.

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Saludos trotalomescos.

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Hacía tiempo que deseaba escribir algo sobre las especies invasoras, y la conjunción de varios hechos ha propiciado que finalmente me siente a hacerlo. Por un lado, la elaboración del más que cuestionable Catálogo Español de Exóticas Invasoras por parte del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino; por otro, la aparición en diversos medios de la noticia sobre la detención de varios miembros de asociaciones animalistas y, por último, la lectura de un artículo que me hizo llegar hace unas semanas mi buen amigo Otus y que me recordó otros escritos publicados en revistas cinegéticas de todo pelaje.

La presencia de especies exóticas (esto es, foráneas, introducidas en un ambiente ajeno a aquel del que son propias) provoca graves alteraciones en los ecosistemas donde proliferan sin mesura. Introducidas en sus nuevos hábitats y aclimatadas a los mismos, al no estar presentes sus depredadores naturales pueden medrar y constituirse en un grave problema ambiental, por lo que reciben entonces el nombre de especies invasoras. La dispersión de especies fuera de sus áreas de distribución geográfica de origen se produce en multitud de ocasiones por causas relacionadas directamente con nosotros, los humanos (antropocoría), ya sea porque introducimos estas especies de forma intencionada, bien porque su explotación reporta un beneficio económico (caza, pesca, ganadería o agricultura), bien para intentar controlar otra especie invasora mediante el manejo integrado de plagas (introducción del depredador natural, en ocasiones con consecuencias aún más nefastas para el ecosistema), o accidental, porque viajen ocultas en vehículos de transporte o en cargas de alimentos, madera, etc.

De lo anterior es fácil deducir que la presencia de animales exóticos invasores no reporta precisamente beneficios para las poblaciones locales, así como que provoca desde daños económicos hasta la extinción de algunas especies del lugar (de hecho, las invasoras constituyen una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en el planeta). El efecto se agrava en ecosistemas especialmente delicados, como es el caso de las islas y regiones biogeográficas de características similares, aquellas que presentan barreras naturales que las aíslan del exterior, ya que las especies que las habitan suelen estar muy especializadas y son particularmente vulnerables a la introducción de otras del exterior, pues suelen ser mucho más oportunistas y adaptativas, depredando o desplazando a las especies originarias del ecosistema invadido e incluso transmitiéndoles enfermedades ante las que no son inmunes (caso del cangrejo de río americano, que transmite la afanomicosis al autóctono, o del visón americano y el parvovirus que transmite la enfermedad aleutiana entre los europeos, entre otras).

Como viene ocurriendo con buena parte de las problemáticas ambientales que adolece el planeta hoy día, la causa de la proliferación de muchas de estas especies invasoras tiene un origen claro: los humanos. Quienes llevaron conejos a Australia para poder disfrutar de un entretenimiento cinegético; el farero que llevó a su gatito a la isla donde trabajaba para no encontrarse solo (y que podría considerarse “individuo invasor”, como representante único de su especie que dio al traste con la viabilidad del endemismo ornitológico que constituía el Xénico de Lyall), y quienes liberaron aquel galápago de Florida de graciosas “orejas” rojas cuando dejó de medir tres centímetros de largo o permitieron que escapasen de sus jaulas las cotorras argentinas que habían comprado en la pajarería son algunos de los culpables.

No obstante, no siempre la dispersión se lleva a cabo de forma consciente; así, es habitual encontrar especies que han sido trasladadas de un extremo a otro del mundo a través en las bodegas inundadas de los barcos cuando viajan sin carga útil o en cargamentos de madera, plantas afectadas por algún insecto, etc.

Determinar el origen de la propagación de estas especies es importante para evitar que sigan ocurriendo, así como evaluar las posibles medidas que pueden tomarse para controlar su proliferación una vez que han ocupado un nuevo ecosistema. En la mayoría de ocasiones resulta muy complicado erradicarlas, y frecuentemente entran en juego dilemas morales que, si bien siempre cuidan del bienestar del individuo, pocas veces parecen pensar en el de las especies. Poca gente habrá que trate con miramiento la plaga de Periplaneta americana que invade su casa o al picudo rojo que hunde las palmeras de nuestros jardines, pero al Neovison vison, que para nada merece sufrir en una granja peletera hasta que le condenan a muerte para vestir a no-diré-qué-epíteto-aplico-a-ciertos-individuos, se le libera sin más en plena naturaleza, donde campea a sus anchas, llega a nado hasta a las Cíes y desplaza a su paso al visón europeo, en grave peligro y que ha sufrido un retroceso importantísimo en sus áreas de distribución.

Por todo lo anterior, entiendo que se tomen medidas contundentes con aquellas personas y entidades que atenten contra nuestros ecosistemas. Ahora bien, pese a que es cierto que no apoyaría jamás acciones de liberación animal porque, como suele decirse, puede ser peor el remedio que la enfermedad, no lo es menos que contemple con asombro cómo nuestro Gobierno de España plantea en el borrador del Catálogo de Especies Exóticas Invasoras un despropósito como es el permitir como “excepción excepcional” la cría de visón americano en estos pagos. Total, dirán, como ya hay en la naturaleza y dan buenos réditos… Esa forma meramente economicista de concebir el medio natural y, por ende, la vida, da al traste con cualquier intención de hacer las cosas bien. No es el Gobierno el único que peca de interesado: me hierve la sangre cuando leo, como apuntaba al comienzo de la entrada, algún artículo cinegético donde defienden lo idóneo del Arruí como especie de caza mayor y se quiere exterminar cual alimaña a los meloncillos que, de medrar, lo hacen porque los humanos facilitamos las condiciones para que ello ocurra y, no lo olvidemos, constituyen un efectivo aliado para los agricultores, depredando sobre ratas, topillos y otros roedores perjudiciales para la agricultura.

Resumiendo: las especies invasoras constituyen un gravísimo problema para el mantenimiento del equilibrio ecológico de los ecosistemas y la conservación de unos niveles de biodiversidad adecuados. El hombre es responsable en la mayor parte de ocasiones de su aparición, por lo que se hace necesario llevar a cabo una gestión adecuada de dichas especies, evitando su introducción en primer lugar (más vale prevenir que curar) y su proliferación, llegado el caso. Y aunque no apoyo la suelta de animales de las granjas donde son criados, también me opongo, como ciudadano interesado y preocupado, a la instalación de las mismas (por no hablar además del uso de animales para peletería, pero esto es otra batalla de la que hablaremos otro día si os place). Por eso, si se está dando tratamiento de “ecoterroristas” a varias personas miembros de grupos pro-defensa de los derechos de los animales, debería aplicarse un trato similar a promotores de Algarrobicos varios, a ciudadanos europeos que encienden fogatas en verano cuando se “pierden” en el campo, a cazadores que liberan jabalíes en la sierra de Mijas o a políticos que promueven leyes interesadas con agujeros y vacíos por los que se cuela con facilidad un visón, dos o mil.

Para saber más:

Actualización a 02/11/2011:

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Porque no queremos esto…

Nuestra energía

Nuestra energía...

... y algunas consecuencias.

... y algunas consecuencias.

Nuestras ciudades,

Nuestras ciudades,

¿nuestros hogares?

¿nuestros hogares?

Lo que nos falta.

Lo que nos falta.

Lo que nos sobra.

Lo que nos sobra.

Nuestras telecomunicaciones.

Nuestras telecomunicaciones.

Día Mundial del Medio Ambiente 2011. Solo con tu implicación es posible celebrarlo de otro modo.

Nota: Las fotografías provienen de:

Si eres el propietario de alguna de ellas y deseas que sea retirada del blog puedes indicármelo  a través del correo electrónico trotalomas (arroba) gmail (punto) com. Gracias.

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El primero de los ejercicios del “Curso de periodismo ambiental” que estoy haciendo proponía un estudio y reflexión del siguiente vídeo, que me encantó:

Hoy es el Día de la Tierra, y la lectura de otra carta debería hacer que nos preguntásemos: ¿deseamos vivir o sobrevivir?

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A pesar de lo que su nombre indica, el documental “Sushi global” no trata únicamente de la reciente moda occidental de consumir exóticos alimentos en restaurantes japoneses sino de las graves implicaciones que tiene para el equilibrio de los ecosistemas marinos la sobrepesca a que son sometidos para suministrar las ingentes cantidades de pescado que un nivel de vida cada vez más elevado (más ostentosamente lujoso a la par que esnob, diría yo) viene demandando en determinados países.

El documental hace especial hincapié en la delicadísima situación en que se encuentran los caladeros de pesca del atún rojo, especie que, recordemos, se encuentra en peligro de extinción y pese a lo cual sigue sufriendo el esquilmado de sus poblaciones con la anuencia de la comunidad internacional (especialmente de Europa y Japón). Más que eso, las cuotas establecidas –que de por sí ya son elevadas- son quebrantadas, llegándose hasta duplicar la pesca máxima permitida como ya ocurriese en 2007, llegando a las 60000 toneladas capturadas, provocando que en apenas 10 años se hayan destruido zonas de pesca con más de 7000 años de antigüedad.

Los océanos, en su inmensidad, parecen inabarcables, infinitos. Sin embargo, como todo en nuestro planeta (tal vez excepto la humana avaricia) es un recurso finito, no renovable si se sobreexplota y, además, haciendo un mal juego de palabras, son más continente que contenido. Es decir, que no toda su completitud está repleta de especies con interés económico, y que los peces, como otros seres vivos, tienen su correspondiente distribución geográfica, aclimatándose a determinadas zonas, dependiendo de las corrientes marinas y de los nutrientes que portan, y a regiones marinas generalmente cercanas a la superficie y a los continentes por las necesidades que tienen de luz y alimento. Por esto, lo que parecía imposible de esquilmar se presenta como uno más de los frentes donde el hombre actual está empobreciendo la biodiversidad (malhadado año este 2010 que termina con un fracaso tan rotundo en la preservación de la misma) y mostrando sus miserias.

Jacques-Yves Cousteau

Buscando librerías de viejo en Sevilla me topé con Jacques Cousteau, todo un icono de la defensa de los mares...

“Sushi global” también nos habla del funcionamiento de los mercados, de cómo la sobrepesca bajó los precios hasta niveles en los que hasta el más paupérrimo de los hombres (de un país rico, se entiende) podía comprar productos que hasta entonces le estaban vetados. Los pescadores seguían ganando dinero porque la demanda crecía gracias precisamente a esos precios bajos, pero las poblaciones empezaron a disminuir hasta llegar al borde de la extinción en muchos casos. Es más, el uso de técnicas de pesca ya no prohibidas (que también) sino muy destructivas ha seguido presente, como la pesca de arrastre. Imaginemos que extendemos una fortísima red de varios kilómetros entre dos inmensos camiones en medio de las llanuras del Serengueti. Deseamos cazar gacelas y, para ello, avanzamos con nuestros camiones en paralelo, llevándonos por delante ñus, cebras, chacales, hienas, leones, elefantes, jirafas, acacias, baobabs… incluso el propio suelo es dañado. ¿Por qué esta imagen nos parece abominable y toleramos que esto mismo ocurra en nuestros mares? Algo similar ocurre con las redes de deriva que se dejaban en alta mar durante un tiempo, recogiéndose después las capturas realizadas. Además de que se pesca de forma indiscriminada (y que los peces pueden permanecer un tiempo muertos en la red hasta que esta es recogida). En el Pacífico Norte se estimaba que al año se perdían 1000 km de estas redes, que continúan vagando por el mar apresando peces como una promesa de muerte.

Todo lo anterior, unido a las inmensas cámaras frigoríficas ubicadas en tierra, llevó a los mercados a controlar perfectamente la oferta para ajustarla a la demanda de modo que se obtuviese en todo momento el mayor beneficio, ignorando obviando en todo momento el daño que se está haciendo.

Ante la escasez de pesca en los caladeros tradicionales, muchos países han ido extendiendo sus zonas de pesca a aguas internacionales y llegando a acuerdos con países, las más de las veces ya empobrecidos y en muchas de ellas a manos de gobernantes corruptos, donde los ciudadanos pierden incluso la posibilidad de seguir subsistiendo gracias a la pesca tradicional. Es el caso de África (habría que reflexionar en muchos casos quiénes son los verdaderos piratas) o de Chile, donde se han situado inmensas piscifactorías para la cría de salmón que contaminan las aguas (por los detritos de de los peces, los sobrantes de su alimentación y la disolución de antibióticos para evitar que enfermen debido al hacinamiento al que son sometidos) y no evitan que se siga pescando de forma masiva, ya que los peces de piscifactoría en muchos casos provienen de alevines salvajes y en su mayor parte son depredadores (por lo que requieren de piensos fabricados a base de harina de pescado procedente de la pesca tradicional, arrojando además un balance energético con pérdidas). La población local se ha visto aún más empobrecida, perdiendo en muchos casos sus trabajos tradicionales y viéndose obligada a trabajar en condiciones más que deplorables a cargo de las empresas transnacionales que establecen las reglas de juego.

En definitiva, un documental más que recomendable y sobre el que merece la pena reflexionar. Os lo recomiendo si, como yo, no habíais tenido oportunidad de verlo con anterioridad.

Para saber más:

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