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La vida de una persona, por muy longevos que podamos llegar a ser hoy día, es apenas un tictac en el reloj geológico. Qué digo, no llega ni al comienzo del trazo de la «t» del «tic». Tal vez sea por eso que el ser humano ha buscado siempre trascender, dejar una huella existencial más duradera que la propia vida biológica. Fue el poeta cubano José Martí quien formuló las tres cosas que cada persona debería hacer antes de morir: «plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro».

El libro permite plasmar nuestras ideas, inquietudes y conocimientos, dejarlos en negro sobre blanco para la posteridad. Para que sepan de nosotros quienes vengan más adelante. Constituye la transmisión de la cultura y su equivalente en sociedades pretéritas era la transmisión oral del conocimiento de los ancianos de la tribu. La cultura nos ha hecho ser lo que somos.

El hijo representa la supervivencia de nuestros genes. Reciben nuestra herencia genética y, para mal o para bien, hacen que nos perpetuemos sobre la Tierra. Además, posiblemente en ellos volquemos también parte de esas ideas que quedarán para la posteridad, tanto si las plasmamos en forma de libro como si no.

El árbol es el tercer componente de la tríada de Martí. Plantar un árbol es un acto de generosidad y respeto hacia el planeta que nos sustenta, así como hacia las generaciones venideras. Es una visión primigenia, visceral y primordial de aquello que ahora denominamos «desarrollo sostenible». Los árboles son necesarios para la vida. Sin ellos no estaríamos aquí. Los árboles posiblemente nos sobrevivan y darán sombra y cobijo a otras vidas: animalillos que encontrarán refugio entre sus ramas, enamorados que se encontrarán bajo ellas y darán la bienvenida a nuevas generaciones, ancianos que huirán bajo ellas de la solana… Todo ello con la condición —o la suerte— de no toparse de bruces con según qué políticos.

Porque cuando hablamos de política, la cosa cambia. La visión cortoplacista de la vida política, obligada a autoinmolarse y renacer de sus cenizas cada cuatro años en este país, hace que cuando se acercan las elecciones veamos las calles de nuestros municipios repletas de obras y calles levantadas que buscan el beneplácito de la población «porque dan trabajo» y dan la impresión de acordarse de ese electorado que pareció no existir más que para pagar impuestos durante el resto de la legislatura. Lo mismo ocurre cuando los ayuntamientos reciben un dinero que quieren ajustar como sea a los presupuestos que han ido forjando meses atrás. Si le sumamos a todo esto la falta de palabra, esa que antaño constituía el honor de cualquier persona y a la que se antojaba imposible faltar sin perder la integridad, vemos por ejemplo al Ayuntamiento de Rincón de la Victoria ignorando su propio «Plan director de arbolado urbano», de 2017, donde indica que entre sus objetivos se encuentra el hecho de «contribuir a crear un paisaje urbano diverso e identitario. Cada calle, cada barrio tiene su singularidad a la que los árboles contribuyen de manera importante: la Avenida del Mediterráneo se asocia a la imagen de la morera, y las palmeras nos ayudan a reconocer el litoral» además de «incrementar la cobertura arbórea del municipio, en el contexto de los Proyectos Climáticos que tienen al árbol como herramienta principal, en cumplimiento de las directrices del Plan Andaluz de Acción por el Clima».

Estando así las cosas, nos encontramos con el Proyecto de obras de mejora en el acerado de la Avda. de Málaga, tramo entre Arroyo Totalán y Avda. Manuel Altolaguirre, en La Cala del Moral donde se indica que pretenden «actuar sobre los elementos vegetales que se encuentran en mal estado de salud vegetal o que interfieren de manera inasumible sobre los servicios y pavimentos públicos, sustituyéndolos por otros compatibles con el espacio público en el que se enclavan». Es decir, se pretende intervenir en los casos en que el arbolado esté en mal estado o interfiera de manera que no sea posible asumir el daño provocado en esos servicios públicos. Sobre el pavimento, un poco antes se menciona que se va a «renovar el pavimento para suprimir las zonas ligeramente sobreelevadas por el efecto de las raíces de los árboles y que, en algunos casos, afectan al normal uso del espacio público, mejorar las condiciones de tránsito peatonal y accesibilidad reformando en trazado y/o planta el acerado de manera localizada». Para ello se llevará a cabo la «demolición de la solera de hormigón en los casos en que sea necesario ampliar el hueco del alcorque, actuar sobre algún servicio urbano preexistente, etc.» y el «tapado de alcorques con bolos tomados con mortero de cemento drenante». Por todo ello, se infiere que el arbolado será respetado, que se actuará puntualmente y que con estos árboles se llevará a cabo la «poda, troceado y extracción de elementos vegetales enfermos, incompatibles con el espacio urbano o con los servicios» y a cambio se llevará a cabo un «suministro y colocación de ejemplares de Koelreuteria paniculata de 20/25 cm de perímetro de tronco». En los planos adjuntos al proyecto, se indican los 30 ejemplares que serán sustituidos, no estando contempladas las moreras que se han talado justo al comienzo de las obras y que han despertado la indignación de la población, llevándonos a manifestarnos en contra de la salvaje tala:


(Puede hacer clic en la imagen para ver el mapa ampliado)

Sin embargo esto no ha sido así, como puede esperar quien lee estas líneas. Se han talado las moreras y varios ficus en ambas aceras durante todo el primer tramo del mapa (margen oeste, marcados con una X) y se han podado en exceso tres de los ficus que también se pretendían arrancar (marcados con O). Otros dos ficus colindantes a estos fueron extraídos tras la presión popular de días anteriores para ser trasplantados en otra parcela municipal, pero habida cuenta de la forma en que fueron tratados y las escasas raíces es posible que no sobrevivan al trasplante.

Mientras todo esto ocurre, desde el Ayuntamiento las palabras que se escuchan (no precisamente del alcalde, que sigue desaparecido, sumido en un maremágnum de inauguraciones de festivales gastronómicos y puentes en Málaga, adscritas en este último caso a su cargo en la Diputación) suponen la afirmación tajante de que no detendrá la tala bajo ningún concepto, que se van a sustituir los árboles por palmeras coco plumoso (Syagrus romanzoffiana), una especie distinta a la propuesta en el proyecto que se adjudicó, el jabonero de la China (Koelreuteria paniculata). Curiosamente, consultando en algunas páginas web de viveros, la nueva propuesta tiene un precio claramente inferior. Habrá que esperar que lo descuenten del presupuesto original, ¿verdad?

Hay políticos no necesitan trascender más allá que cada cuatro años. Luego, la desmemoria proveerá.

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Más información:

Petición del cese de la tala en Change.org

Arrinconados

Andalucía Información

Nota: Todas las imágenes son del autor excepto la comparativa entre La Cala del Moral y La Cala sin moral. No he podido indicar la autoría de la misma por serme desconocida.

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Ha publicado el consistorio municipal de Rincón de la Victoria un comunicado informativo en el que plantea su postura en relación con las obras ya iniciadas sobre el acerado de la Avenida de Málaga en La Cala del Moral. Se encuentra enlazado para su consulta y vamos a centrarnos en la parte que nos preocupa: los árboles de la avenida.

Se enumeran en el comunicado varios motivos que justifican el cambio en el arbolado:

  • Ocultación de señales de tráfico y semáforos que generan problemas de seguridad vial. Afecciones al tráfico, especialmente a vehículos de gran tamaño.
    Esto tiene fácil solución: podado de los árboles. Reubicación, siempre que sea posible, de las señales de tráfico y semáforos. Posiblemente apenas uno o dos metros para salir del espacio ocupado por las copas de los árboles.
  • Ocupación de fachadas y balcones, ocultación de fachadas y rótulos de los comercios, así como obstaculizar la entrada de luz solar en ventanas y balcones. Entrada de plagas y enfermedades a los vecinos.
    La misma solución que en el caso anterior: podado. Respecto a las plagas y enfermedades citadas, cualquier planta es susceptible de sufrir el ataque de insectos. En el caso de las palmeras que se sugieren podemos citar diversos tipos de hongos, el picudo rojo o la araña roja, entre otras.
  • Obstaculización del alumbrado público.
    Al igual que con las señales de tráfico, poda de los árboles y reubicación de la luminaria en los casos en que sea extrictamente necesario.
  • Deterioro del pavimento, suciedad. Caída de hojas y frutos.
    Cualquier árbol arroja hojas al suelo (hasta los de hoja perenne, sorpresa). En el caso del coco plumoso que sugiere el Ayuntamiento también tiene frutos, unas drupas amarillentas que dejan caer cuando están maduras.
  • Invasión de tuberías y alcantarillado.
    Esto es más grave en el caso de los ficus, ya que son especies especialmente persistentes, no así en el de las moreras. En cualquier caso, habría que replantear el trasplante de estos árboles en las debidas condiciones para asegurar el mayor porcentaje de supervivencia y dejar aquellos que no estén causando ningún daño.
  • Aumento de los costes económicos derivados de las podas especificas de estos árboles, así como la limpieza del pavimento.
    Es curioso que se mencione este punto, ya que las podas de los árboles eliminarían buena parte de los anteriores y reducirían la necesidad de limpieza del pavimento.

Habla el comunicado de una mala selección de especies. Sin ánimo de hacer sangre ni de buscar culpables, pero sí haciendo responsables a los distintos equipos de gobierno que han ocupado la alcaldía de Rincón de la Victoria, habría que señalar que ya no solo en la Avenida de Málaga sino en distintos lugares de la localidad podemos encontrar verdaderas barrabasadas que iremos publicando por aquí y que hablan no precisamente bien del trabajo de técnicos, concejales y responsables de urbanismo y medio ambiente que han pasado por el Ayuntamiento. Buena parte de ellos, cabe decirlo, miembros del partido político actualmente en el gobierno de Rincón de la Victoria.

Para finalizar, veamos las bondades con las que se nos vende el coco plumoso, la especie elegida (aunque no en el proyecto adjudicado, sino al parecer en una modificación a posteriori sobre la cual no se ofrecen razones). Transcribo literalmente y comento los aspectos más importantes:

  • No dan fruto que ensucie la calle.
    Su fruto, en forma de drupas ovoides, de color amarillento, cae al pavimento. Por su abundancia puede llegar a ocasionar problemas en el mantenimiento.

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  • Tronco de reducido diámetro que facilita la movilidad en el acerado y con cuatro metros de tronco de altura.
    Que puede crecer hasta más de 15 metros de altura, proyectando una sombra alejada y no cumpliendo la función que se busca de hacer agradable el paseo y proteger del sol.
  • No es especie preferente para las cotorras.
    Su fruto es un alimento aprovechable por las cotorras y no para otras especies, incrementándose su tasa reproductora por la mayor disponibilidad de alimento. Además, es una de las especies identificadas por la SEO (Sociedad Española de Ornitología) como preferente para el anidamiento de la cotorra argentina (Myiopsitta monachus).

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  • Sus hojas pueden tener hasta dos metros generando sombra importante. Dependiendo del tamaño de estas hojas, las palmeras podrían generar hasta una sombra de unos cuatro o cinco metros de diámetro.
    La escasa densidad de su hoja proyecta una sombra de luz apenas tamizada, poco generosa. Puede verse en comparación con un naranjo y un ficus del mismo porte, hoy mismo en el Rincón de la Victoria, a la misma hora y ubicación:

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La palmera coco plumoso ha sido la elegida para su sustitución, incluida en el Plan de Arbolado Municipal y recomendada para viario. 

En el plan de arbolado se incluyen otras especies idóneas para este tipo de vial que, además, son especies con menores exigencias hídricas que esta palmera, como por ejemplo el taraje (Tamarix sp.), la encina (Quercus ilex) o alguna especie equivalente, que son propios de nuestras latitudes y que tienen un menor precio en viveros. Su mantenimiento es mucho menor y sus hojas e inflorescencias son de reducido tamaño.

Por todo lo anterior, no puedo dejar de tener la impresión de que el comunicado es un mero compendio de excusas para tratar de justificar la tala indiscriminada de las moreras y ficus de un modo que no está acorde a lo estipulado en el proyecto que han hecho público. Más le valdría al Ayuntamiento hacer cumplir la legislación y evitar que la empresa adjudicataria utilice la zona de policía del arroyo Totalán como una escombrera:

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Día 22 de septiembre, se celebra el Día Hobbit y también entra el otoño de este extraño y pandémico 2020, al menos en el calendario, aunque cada vez llega más tarde y por menos tiempo debido a ese cambio climático que estamos agravando con nuestro mal hacer. Talar árboles, por tanto, dedicar dinero en plena pandemia a arrasar una avenida y dejarla sin árboles que contribuyen a combatir las altas temperaturas que se espera que alcancemos en un futuro no muy lejano no es una buena idea. La actitud que está tomando el Ayuntamiento de Rincón de la Victoria, en Málaga, con Francisco Salado, alcalde actualmente a su frente, va más allá. Es la de un Saruman al frente de legiones de orcos uniformados. Y si no, recordemos las palabras de Tolkien en Las dos torres:

“Creo entender ahora en qué anda. Está planeando convertirse en un Poder. Tiene una mente de metal y ruedas y no le preocupan las cosas que crecen, excepto cuando puede utilizarlas en el momento. Y ahora está claro que es un malvado traidor. Se ha mezclado con criaturas inmundas, los orcos. ¡Brm, hum! Peor que eso: ha estado haciéndoles algo a esos orcos, algo peligroso. Pues esos Isengardos se parecen sobre todo a hombres de mala entraña. Como otra señal de las maldades que sobrevinieron junto con la Gran Oscuridad, los orcos nunca toleraron la luz del sol; pero estas criaturas de Saruman pueden soportarla, aunque la odien. Me pregunto qué les ha hecho. ¿Son hombres que Saruman ha arruinado, o ha mezclado las razas de los Hombres y los Orcos? ¡Qué negra perversidad!
Bárbol rezongó un momento, como si estuviera recitando una negra y profunda maldición éntica.
—Hace un tiempo me sorprendió que los oreos se atreviesen a pasar con tanta libertad por mis bosques —continuó—. Sólo últimamente empecé a sospechar que todo era obra de Saruman y que había estado espiando mis caminos y descubriendo mis secretos. Él y esas gentes inmundas hacen estragos ahora, derribando árboles allá en la frontera, buenos árboles. Algunos de los árboles los cortan simplemente y dejan que se pudran; maldad propia de un orco, pero otros los desbrozan y los llevan a alimentar las hogueras de Orthanc. Siempre hay un humo que brota en Isengard en estos días.
“¡Maldito sea, por raíces y ramas! Muchos de estos árboles eran mis amigos, criaturas que conocí en la nuez o en el grano; muchos tenían voces propias que se han perdido para siempre. Y ahora hay claros de tocones y zarzas donde antes había avenidas pobladas de cantos. He sido perezoso. He descuidado las cosas. ¡Esto tiene que terminar!
Bárbol se levantó del lecho con una sacudida, se incorporó y golpeó con la mano sobre la mesa. Las vasijas se estremecieron y lanzaron hacia arriba dos chorros luminosos. En los ojos de Bárbol osciló una luz, como un fuego verde, y la barba se le adelantó, tiesa como una escoba de paja.
—¡Yo terminaré con eso! —estalló—. Y vosotros vendréis conmigo. Quizá podáis ayudarme. De ese modo estaréis ayudando también a esos amigos vuestros, pues si no detenemos a Saruman, Rohan y Gondor tendrán un enemigo detrás y no sólo delante. Nuestros caminos van juntos… ¡hacia Isengard!
—Iremos contigo —dijo Merry—. Haremos lo que podamos.

Nosotros, en La Cala del Moral, también lo haremos.

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Cuando unos meses atrás vi que desde el Foro Ambiental de la UNED habían programado en Málaga una charla sobre especies invasoras, en particular sobre las cotorras argentinas (Myiopsitta monachus) que pueblan la ciudad, tomé buena nota en la agenda para seguir el evento. Finalmente, aunque no me fue posible asistir esa tarde a la charla, seguí con interés las noticias que fueron surgiendo a partir de la misma. En ellas se hacía notar que las propuestas de los expertos incluían la eliminación de las cotorras mediante el uso de carabinas de aire comprimido, acordonando zonas de la ciudad y abatiendo a las aves. Las reacciones no se hicieron de esperar: ciertos sectores de la ciudadanía lamentaban esta decisión, especialmente los grupos animalistas. El PACMA anunció una propuesta de controlar a medio plazo las poblaciones de cotorra mediante el uso de piensos esterilizantes. A mí me dio por compartir en Twitter esta medida y lo poco conveniente que resultaba, por desgracia, para controlar las poblaciones de cotorra y evitar los daños a la fauna y a la agricultura y se lió buena:

Todo empezó por aquí y siguió liándose a partir de este tuit.

El caso es que ya días atrás defendía en algún grupo de WhatsApp de pajareros aficionados a la ornitología que, a pesar de lo errado de las propuestas de PACMA, tampoco era cuestión el generalizar y tratar como ignorantes a todos los integrantes de estos grupos de ecologistas/animalistas. Mi experiencia personal me dice que en ellos hay de todo, como en cualquier grupo humano. Yo he colaborado con miembros de agrupaciones ecologistas para tratar de frenar algunos desaguisados y, como bien sabéis quienes me habéis leído desde hace tiempo, soy miembro de una agrupación de voluntariado ambiental. Creo que no es excluyente ser ecologista y ecólogo (el gran González Bernáldez, por ejemplo, lo demostró), es más, lo ideal sería que cualquier ecologista fuese, al menos, escéptico, que tuviese mentalidad crítica, científica, y cuestionase las verdades absolutas tratando de mantener una visión global e informada. (Algo que, por ejemplo, me gusta de Ciencias Ambientales es esa visión general que ofrece sobre nuestro entorno.) Después de la historia de Twitter (y del absoluto silencio en que se ha mantenido el perfil oficial de PACMA tras dos días de intensas discusiones sobre el tema) la verdad es que voy a terminar por dar la razón, aunque sea parcialmente, a quienes cuestionan la seriedad de esta agrupación política y social. Y si no, que me demuestren por qué no debería hacerlo.

Volviendo al tema que nos ocupa, las cotorras en Málaga (algo que sería extrapolable a otras ciudades, como Madrid, Barcelona o Sevilla, y esta última, que es la que nos queda más cerca, como ejemplo a no seguir a la hora de demorar las decisiones que están sufriendo los nóctulos), lo cierto es que es un problema que viene de lejos. Llevo viviendo en la provincia algo más de una década y desde que llegué me llamó la atención la proliferación de nidos de cotorras tanto en la capital como en el resto de la provincia, conforme la iba conociendo mejor, incluyendo parajes protegidos como la Desembocadura del Guadalhorce. Ya antaño, en la época en que vivía en Granada, recuerdo ver una colonia creciente de cotorras argentinas que anidaba en la zona del barrio de Bobadilla, a la entrada de la Chana, y que me sorprendía por su adaptación al clima de Granada capital, ciertamente más exigente que el de Málaga con sus fríos inviernos con temperaturas bajo cero. A lo largo de este tiempo las colonias de cotorra han crecido de una forma espectacular (y aterradora). La ausencia de predadores naturales, su inteligencia y adaptabilidad, han supuesto una ventaja competitiva frente a otras especies autóctonas que ahora sufren la presión de una población creciente de cotorras. No pueden más que venirme a la cabeza nuestros gorriones comunes (cada vez menos, por desgracia) que, por si no tenían bastante con las tórtolas turcas, ahora han de competir por los recursos (alimento, zonas de nidificación…) con las cotorras.

PACMA planteaba el uso de pienso esterilizante para controlar el crecimiento de las colonias de cotorra. Este método conlleva varios problemas que lo hacen inviable. Por un lado, no es posible asegurar que el 100 % de la población de cotorras llegue a ser estéril. Se podría frenar así el crecimiento de sus poblaciones, pero no aseguraríamos su exterminio local a largo plazo. Por otro lado, es un método no selectivo, por lo que nada nos aseguraría que el pienso no pueda ser ingerido por otras especies que no interese controlar, incluyendo aquellas que están en franca regresión a nivel europeo (como los gorriones). También es un método lento: las cotorras pueden vivir en torno a 15 años, por lo que, aunque llegase a frenarse el crecimiento de sus poblaciones, durante ese tiempo seguirían constituyendo un problema para los ecosistemas (incluyendo agroecosistemas) en los que se encontrasen. Y, además, según indica la SEO, los componentes esterilizantes de estos piensos podrían pasar a otras especies depredadoras, como por ejemplo los halcones peregrinos y otras rapaces que se encuentran en la ciudad y su entorno, perjudicando la viabilidad de sus poblaciones locales.

Por otro lado, otros métodos propuestos, como la captura mediante trampas (de dudosa viabilidad, dado el escaso éxito de capturas en estas aves que, por su inteligencia, son difíciles de engañar), mediante el uso de dardos sedantes (resulta difícil calcular la cantidad de anestesia para aves tan pequeñas, aparte del daño que se harían al caer dormidas, golpeándose con las ramas y el suelo), no son demasiado efectivos. Y habría que cuestionarse también lo ético de, una vez capturadas, qué hacer con esas aves: ¿las encerramos y mantenemos en cautividad de por vida, durante varios lustros? ¿Se “repatrian”, siendo especímenes que han nacido aquí en España, que pueden mostrar comportamiento anómalos y más agresivos que en su lugar de origen, que podrían portar parásitos y enfermedades a las poblaciones locales? Independientemente del coste económico de estas medidas, lo fundamental es que no resultan viables y, por desgracia (como decía en Twitter, a ninguno nos gusta que tengan que sacrificar a estos animales), no dan rápida solución a un problema que está afectando a otras especies autóctonas.

En resumen, que a nadie le gusta ver y saber que hay que sacrificar a unos animales que están aquí porque el hombre decidió traer a sus ascendientes para que sirviesen de animales de compañía. Y que, hartos de ellos, de sus ruidos y chismorreos, los dejasen en libertad para quitarse un problema creando uno mayor para nuestro entorno. El hombre aquí es el culpable directo, está claro. Y lo será también, de forma más o menos directa, cuando el cambio climático, por ejemplo, obligue a migrar o facilite el establecimiento de otras especies alóctonas, o expulse (o extinga) a especies autóctonas. Pero, en cualquier caso, lo primero que deberíamos exigirnos es capacidad de realizar una autocrítica informada, poniendo sobre la mesa todas las variables que entran en juego en este tipo de problemas siempre complejos. Para eso es fundamental informar a la población. Días atrás oía una conversación entre dos ciudadanos en la que mantenían que el virus que estaba matando a las tórtolas del parque Huelin de Málaga lo habían introducido los que querían ver el parque libre de tórtolas y que las próximas iban a ser las cotorras. La ignorancia es lo que deberíamos hacernos mirar.

Para saber más:

 

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Con la tinta electrónica fresca aún de la anterior entrada me dispongo a escribir una segunda, una suerte de continuación de aquella, que rompa el encanto de la entrada única y bienintencionada en la que plasmo mis ganas por volver a escribir y que, finalmente, queda en suspenso porque las obligaciones y esa falaz sensación de que el tiempo vuela provocan que siempre haya algo importante que hacer. Aunque guarde siempre la esperanza de que se me permitirá sentarme a escribir en algún momento, las obligaciones fagocitan los buenos propósitos.

Así que, a modo de cuaderno de campo, como hacía antaño, y mientras doy forma en mi cabeza a algunas cosillas que quería compartir con vosotros por aquí, voy a desplegar en forma de álbum de fotos un par de salidas campestres por humedales cercanos con las que di término al año 2017.

El día 29 de diciembre fui a la Desembocadura del Guadalhorce aprovechando que era un día laborable y yo estaba de vacaciones. Últimamente me da la impresión de que este paraje está demasiado masificado, especialmente los fines de semana; familias paseando, gran cantidad de bicicletas de montaña a paso rápido con ciclistas hablando bastante alto o directamente a voces, gente corriendo, paseando al perro o simplemente otros pajareros disfrutando de la ornitología. En suma, mucha gente (entre la que me incluyo, por supuesto, aunque solo sea por el volumen generado) que puede llegar a molestar a los animales que hacen de aquel Paraje Natural su refugio.

Pasé la mañana deambulando de laguna en laguna, disfrutando con la visión de un águila calzada que se buscaba la pitanza de aquel día y parecía seguirme de una a otra haciendo piruetas para sortear el fuerte viento de la jornada, aunque no tuve suerte de ver a ninguna pescadora. A los pequeños alados (alguna lavandera blanca, tarabilla europea, gorrión común…) se les sumaron unos zampullines en la Laguna Grande y una buena cantidad de cormoranes, cigüeñuelas, ánade real y gaviotas en los demás observatorios.

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El 30 fui con el retoño de Aliso (el pequeño trotalomas, al que a partir de ahora llamaremos así, con nombre de árbol, ya que es de rápido crecimiento y viene conmigo de humedal en humedal 😉 ) a la Charca de Suárez de Motril. Un espacio emblemático para el conservacionismo que encontramos en plena ciudad, junto a un hotel, y que supuso un freno frente a la especulación inmobiliaria que iba a sustituir tierra y aguas por cemento en aquella zona y que ha quedado protegido para el disfrute de aves y personas. Allí me encontré con mi querido Alberto y pasamos juntos una deliciosa mañana, mucho menos ventosa que la anterior, realizando un recorrido completo por los senderos, entre lagunas, perdiendo la noción del tiempo hasta el punto de encontrarnos cerrada la puerta de entrada al llegar a ella. Allí nos acompañaron algunas garzas reales, más cormoranes y ánades reales, pato cuchara, zampullines, polla de agua, fochas y una chocha.

Acabamos la jornada en un barecito de la zona donde degustaríamos unas deliciosas gambas «del terreno» y acompañadas de un frío zumo de cebada. Aliso, por supuesto, haciendo gala de su descaro y simpatía, se hizo amigo de un gato que esperaba paciente la caída de alguna raspa o algo más suculento de las mesas del local. Una amistad peligrosa para ambos, ya que Aliso suele aplastar (literalmente) a Lupo, que sufre pacientemente el cariño de aquel, pero dudo mucho que este gato hubiese sido tan pacífico ante semejantes muestras de amor. Una experiencia que habrá que repetir, habida cuenta del disfrute de la pequeña larva y de los imagos.

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