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Por fin viernes

Llega una vez más el viernes, y ante el fin de semana que se aproxima os dejo con algunas fotografías y con una canción que podría ser himno de naturalistas y, particularmente, de entomólogos. 🙂

 

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Buen fin de semana.

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He pensado incluir semanalmente (o, al menos, de cuando en cuando) entradas como esta, sin texto ni pretexto, con una galería de fotos de lo que he ido viendo a lo largo de la semana en paseos o en esos pequeños momentos de descanso que me estoy dando durante la hora del almuerzo. No serán gran cosa, no descubriremos especies raras, pero creo que pueden imprimirle al blog un poco de ese dinamismo del que últimamente carece, tan necesario para que siga con “vida”.

Espero que las disfrutéis. Vamos con la primera de estas entradas sobre el asueto semanal.

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Encuentro saludable el hallarme solo la mayor parte del tiempo. Estar en compañía, aunque sea la mejor, se convierte pronto en fuente de cansancio y disipación. Me encanta estar solo. Nunca encontré una compañía tan compañera como la soledad. Casi siempre solemos estar más solos cuando estamos entre los hombres que cuando nos quedamos en nuestras habitaciones. Un hombre que piensa o trabaja está siempre solo, encuéntrese donde se encuentre. La soledad no se mide por las millas espaciales que separan a un hombre de sus semejantes.
[…]
Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar solo los hechos esenciales de la vida, y ver si no podía aprender lo que ella tenia que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido.

Henry D. Thoreau, Walden. La vida en los bosques.

Aunque el título podría aludir a un modo de vida francamente menos agradable, que parece ser el que la clase política y sus tecnócratas tienen destinada a los españolitos que no puedan pagar su hipoteca y vean embargada su vivienda y perdido su hogar, lo cierto es que en el Día Internacional de la Biodiversidad y como regreso al blog después de mucho tiempo sin escribir (y que os debía a quienes os preguntabais por mis veladas alusiones a cierto parque en Twitter), no tengo pensada una entrada en modo alguno triste, o eso espero.

Ha transcurrido casi un mes y medio desde que escribí por última vez algo por aquí, y en aquella ocasión simplemente dejé un aviso sobre el curso de rastreo que estaba preparando mi buen amigo Alberto y que, así entre nosotros, estuvo genial. De hecho, si os pica la curiosidad, es posible leer algo más sobre el mismo en el artículo que le dedicó el diario Ideal de Granada y el reportaje que publicaron en su revista sobre naturaleza Waste Magazine.

Issidae (ninfa)

Issidae (ninfa)

A lo largo de este tiempo he pensado en numerosas ocasiones que tenía que contar algo; sobre lo que vi en algún viaje a Córdoba, acerca de las últimas noticias que nos avasallan día a día o respecto a alguna ocurrencia de las mías como trotalomas y un poco trotamundos. Pero finalmente no lo he hecho dejándome llevar, tal vez, por el hastío que se ha ido apoderando de mí últimamente hasta abarcar prácticamente cualquier parcela de mi vida. No sé cuál es el origen, si bien intuyo un par de fuentes posibles, y solo sé que únicamente consigo sentirme bien cuando logro desconectar de mis obligaciones; de Internet, de los ordenadores, de los libros de estudio. Lo consigo cuando salgo al campo y “pierdo” el tiempo mirando cómo transportan comida unas hormigas, me encuentro fortuitamente ante una culebra de escalera que parece querer hipnotizarme con su mirada o estoy, simplemente, en casa tranquilo con mi Azote, volviendo a descubrir el sonido de la risa.

Sea como fuere, no me gusta esta sensación. Solo respiro tranquilo a lo largo del día cuando logro sentir que el tiempo se escurre entre mis dedos en tanto logro fijarlo en instantáneas que me permiten evocar el sueño de ser naturalista.

Entorno forestal en el PTA

Entorno forestal en el PTA

Últimamente me echo al monte cada mediodía. Al parque realmente, he ahí el título de la entrada, y almuerzo entre árboles, disfrutando de las evoluciones de los pájaros entre el rítmico balanceo de las ramas movidas por el viento, solo con mis pensamientos, con un libro (ahora, casualmente, Walden Dos, que está empezando a crearme la necesidad de releer el libro de Thoreau) o con mis queridos odonatos que acudo a contemplar a un estanque cercano siempre que puedo.

Anax parthenope macho

Anax parthenope macho (con caracteres juveniles)

Sympetrum fonscolombii macho

Sympetrum fonscolombii macho

Finalmente la entrada no sé si transmite tristeza, pero sí que me da la sensación que resulta melancólica. No sé cuándo volveré a escribir (tenemos los exámenes a la vuelta de la esquina y lo cierto es que no estoy contento con lo que llevo estudiado ni con lo que he aprendido este año, así que me asaltan continuamente las ganas de dejarlo todo para septiembre y estudiar en verano, tal y como se merece lo que tengo entre manos, si bien esto supondría robar tiempo a lo que quería adelantar para el año próximo) y, si bien no creo que el blog merezca este silencio continuado, tampoco estoy seguro de que estas idas y vueltas esporádicas —sin mucho donde rascar más allá del mero ejercicio de reflexión, de pensar ante el teclado— le ayuden demasiado.

Papilio machaon

Papilio machaon

De cualquier forma, espero que os gusten las fotografías que acompañan a esta entrada. Sin ser realmente buenas, creo que a muchos os resultarán más ilustrativas que mis palabras a la hora de comprender qué diablos hace un informático cuando tuitea a la hora de comer aquello de «acaba de alzarse un alcaraván desde debajo de un algarrobo cercano…».

¡Salud!

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A menudo el creador alude a la dicha, a la felicidad de la creación, aunque yo debo reconocer que rara vez me siento dichoso escribiendo, bien porque vivo la angustia del tema que desarrollo, bien porque la inadecuación entre lo que quiero expresar y lo que realmente expreso me conduce a la perplejidad y al hastío. Es decir, necesito escribir pero no soy feliz escribiendo, porque inevitablemente no sólo me quedo corto sino que, consciente de mis limitaciones, advierto mi incapacidad para enderezar lo torcido.

Así da comienzo el libro de Miguel Delibes Con la escopeta al hombro, un compendio de artículos sobre caza que vino a publicar a mediados del siglo pasado en El Noticiero Universal y que nos permite retrotraernos a una época en la que buena parte de los carnívoros, mamíferos o alados, eran considerados alimañas y donde la mecanización del campo marcaría un punto de inflexión en la abundancia de especies, cinegéticas o no, que decaería alarmantemente.

Ni que decir tiene que estoy disfrutando con la lectura del libro del vallisoletano, máxime cuando se trata de uno de mis escritores de cabecera, y precisamente por esto, además de porque el comienzo del libro refleja a la perfección mi estado de ánimo respecto a cuanto escribo en los últimos tiempos, he querido que el título de la entrada de hoy rindiese homenaje a don Miguel. Es más, en lo que llevo releído (aproximadamente un tercio del libro), me he encontrado con un par de agradables sorpresas que no recordaba de la primera lectura; los trotacampos y trotapáramos del libro vienen a unirse a la familia de trotamundos y, por supuesto, de trotalomas, así que bienvenidos sean.

Después de semejante desvarío, si has llegado hasta aquí te estarás preguntando de qué va la entrada de hoy. Si bien el título rinde homenaje al libro de Delibes, no es menos cierto que puede ser tomado de forma absolutamente literal. Esta mañana, en lugar de dirigirme como pretendía a la desembocadura del río Guadalhorce, decidí calzarme las botas, coger los prismáticos y echarme al monte caminando. No era el de hoy uno de esos domingos en los que te dices «me voy a pasar el día fuera» y no vuelves a casa hasta el anochecer, pero sí que me apetecía desconectar durante unas horas al menos y, ya que no me apetecía lo más mínimo conducir, la alternativa más viable era subir al monte de El Atabal, barriada del Puerto de la Torre, donde podía llegar a pie.

Resina de almendro

Resina de almendro

Conglomerado

Estrato de conglomerados.

Lo cierto es que tanto el monte como sus alrededores requieren, si se desea disfrutar de ellos, de un ejercicio de observación a corta distancia. Si no es así, posiblemente el naturalista saldrá de allí con una úlcera de estómago por lo descuidado en que se encuentra el lugar y por la fuerte presión a que es sometido por parte de las poblaciones aledañas y la gente que lo recorre habitualmente, ya sea buscando un lugar de esparcimiento, ora sea mediante la realización de actividades inocuas, como pasear con la familia —siempre y cuando no se hable a grito pelado— o recoger espárragos trigueros, bien a través de otras más punibles como la realización de botellones, de barbacoas en lugares y fechas no admisibles o depositando basura de todo tipo en ese entorno.

Así pues, equipado con mis botas de monte y “armado” con mis prismáticos Papilio (cuanto más los uso más los adoro, ¿os lo había dicho?) he salido al campo dispuesto a obviar tanta afrenta a un entorno degradado que, para vergüenza de propios y ajenos, contaba no ha mucho con una población bastante maja de camaleones en grave recesión (si es que a día de hoy queda alguno). Respecto a lo de obviar las afrentas, una cosa es decirlo y otra muy distinta hacerlo, pero lo cierto es que he disfrutado de la salida, si bien he tomado buena nota de algunos detalles para trasladarlos a unas autoridades que se limpiarán salva sea la parte con ellos.

El recorrido de hoy

El recorrido de hoy, de oeste a este. En la parte superior, en el centro, la torre que da nombre al distrito.

Salir con los Papilio al cuello es casi como ir de la mano de Sir David Attenborough cuando está rodando uno de sus documentales sobre la vida de los insectos; como si llevásemos al cuello un microscopio de campo o una lupa capaz de enfocar a media distancia. Así, el caminante se deleita observando el vuelo errático de la libélula que termina por llevarla a una rama seca que le sirve de posadero, o descubre fascinado un asílido posado en una de las ramas superiores de un olivo, invisible a la vista si no fuese por los versátiles binoculares.

El milpiés se esconde presto en una de las oquedades del tronco seco de olivo y un negro almendro rezuma su ambarina trampa mientras las hormigas se afanan agrandando su hogar extrayendo minúsculas porciones de barro de las profundidades. Al levantar una piedra cercana otro miriápodo, calco del anterior, corre a refugiarse en el hormiguero mientras unos tisanuros (Proatelurina pseudolepisma, es posible verlo mejor en el Insectarium Virtual) de varios tamaños corretean inquietos hasta que vuelvo el canto a su posición original.

Proatelurina pseudolepisma

Un borroso, por inquieto, Proatelurina pseudolepisma.

Una laboriosa hormiga.

Una laboriosa hormiga.

Algarrobos de buen porte entre olivos viejos dispersos, un bosquecillo de pino carrasco a cuyos pies comienzan a tomar posiciones plantones de olivo nacidos de las deposiciones de las aves, algún que otro almendro y una buena zona de palmito, cerca ya de la torre, junto a mucha jara, retama, espino negro, marrubio y bufalaga componen un paisaje donde el romero o el jaguarzo también hacen acto de presencia.

Algarrobos

Algarrobos

Flor femenina del algarrobo

Flor femenina del algarrobo

Absorto durante minutos en la observación de un ortóptero que se atusa las alas con los zancos y lanza al aire un excremento, el trotalomas aguza el oído al escuchar el maullido del ratonero que sobrevuela el monte. Está fuera de la vista, pero por si acaso alza al cielo los prismáticos y los ajusta para ver a lo lejos. Ni rastro de la rapaz, pero una abubilla pasa entre los olivos y varios mosquiteros y colirrojos tizones laborean alrededor de sus troncos y ramas buscando la pitanza. Comienza el descenso y, en esto, un mochuelo se arranca y desaparece de la vista en completo silencio.

La basura, que denota la calidad moral de quienes allí la han depositado, no deja por ello de ser útil para algunos y así lo sabe el trotalomas que, ni corto ni perezoso, levanta todo aquello que es susceptible de convertirse en refugio de algún ser vivo. Eso sí, acto seguido lo vuelve a su sitio, si ya le encontraron utilidad, o lo lleva consigo si es posible para depositarlo en un lugar más adecuado: el contenedor. En estos menesteres descubre que las mantis encuentran adecuado para depositar sus ootecas  un artilugio para bebés humanos(hasta tres localizo bajo el mismo) y que una salamanquesa rosada (Hemidactylus turcicus) no hace ascos a unos harapos para refugiarse durante el día.

Ooteca de mantis

Ooteca de mantis

Llamo harapienta a nuestra salamanquesa no solo por la chaqueta bajo la que se encontraba, sino porque, si os fijáis, muestra parte de la cola lisa por haber perdido un trozo durante alguna batalla territorial o huyendo de algún depredador. Al regenerarse se queda lisa, sin mostrar los tubérculos cónicos que sí tiene en la parte que no perdió.

Salamanquesa rosada

Salamanquesa rosada harapienta.

Ya casi al final del camino, tras mirar a lo lejos casi exclusivamente para eludir a otros humanos que han ido apareciendo conforme avanzaba la mañana y el sol comenzaba a calentar (recolectores de espárragos, aficionados al ciclismo, familias de paseo) llega el trotalomas a un cañizal que denota la presencia de agua. El canto de mirlos y el paso de lavanderas le hace pensar que un día tiene que volver allí para observar a la avifauna con detenimiento, ya que la cercana laguna de la Barrera (una laguna artificial, procedente de una zona de extracción de arcilla para la fábrica de ladrillo que hubo en su día en la Colonia de Santa Inés) ofrece a las aves un lugar de refugio y alimentación que no cabe desdeñar.

Hueco de la laguna de la Barrera

Depresión de la laguna de la Barrera, a la derecha de la fotografía, y olivar de la zona visitada. Se ve también la subestación transformadora que hay en la zona. La fotografía es de 1965.

Vuelta al asfalto, a la ciudad que no ha dejado de estar presente más que en la mente del trotalomas, que por unas horas se ha evadido de la misma. De regreso a casa, a por la manduca y a echarle un vistazo a Trotty, el inspirador del blog, que se va recuperando del resfriado que le ha tenido postrado unos días.

Trotty y Darwin

Trotty y Darwin

Nota: La fotografía de 1965 la he tomado de este foro, donde se pueden encontrar otras fotos antiguas de Málaga.

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De cuando en cuando el trotalomas ha de enclaustrarse; cuando la cercanía de los exámenes y el empeño de dar más de sí pueden con él, se ve obligado a reconocer ante uno de sus primeros lectores que el camino está lleno de espinas pero incluso el dolor tiene algo de satisfactorio al alcanzar el final del camino y volver la vista atrás.

De momento estoy en plena subida, camino a la cima, y aunque me consta que el silencio viene siendo la constante del blog durante este periodo estival, y a pesar de que en la mente se me agolpan los temas sobre los que me gustaría tratar, saber vuestra opinión, compartir desde este espacio, lo cierto es que creo que el blog y vosotros merecéis algo más que entradas breves e inconexas. Incluso yo mismo me lo debo. Por eso, y hasta la segunda quincena de septiembre, he decidido dejar aparcada cualquier actividad que esté relacionada con el blog. Prometo volver, eso sí, con las pilas renovadas y con ganas de ponerme al día, de leer vuestros respectivos blogs, de empaparme de naturaleza y de disfrutarla compartiéndola con todos vosotros.

Señoras, señores, esto es un cierre provisional por vacac… exámenes.  «Omnibus mobilibus mobilior sapientia», me recuerdo.

P.S.: Pero como no quería despedirme sin más, aquí va mi último encuentro al llegar a casa un día tras el trabajo. Un hermosísimo ejemplar de Sceliphron spirifex revoloteaba junto a la ventana, sin parar, y de ahí su rapidísimo y errático vuelo la llevaba por la pared, buscando resquicios en la misma, cerniéndose frente a las persianas de los locales cercanos. Puede que me equivoque, pero me dio la sensación de que era una hembra de esta avispa solitaria buscando un lugar propicio en el que construir su nido. En cualquier caso, mucho me temo que a nuestro Rumpelstilskin particular no le haría demasiada gracia encontrársela.

Aunque la fotografía no es muy buena (apenas se había parado cuando ya reemprendía el vuelo), espero que os guste.

Sceliphron spirifex

Sceliphron spirifex

El título de la entrada, por supuesto, por la canción de Triana incluida en su disco —hermosa casualidad— “Un encuentro”. Os dejo con ella. ¡Sed felices!

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Afirma el refranero español, sabio como solo pueden hacerlo el tiempo y la constante observación, que dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición. Puede que no sea así en todo, pero lo cierto es que no imagino a Azote hace unos años llamándome con tanta vehemencia para que capturase al individuo que se nos coló en casa hace unos días. Puede que sí, que para largarlo de casa, pero no con esa nota perceptible de orgulloso descubrimiento. Dejando los libros estar, pues a esa hora de la tarde, con el calor, tampoco es que apeteciese demasiado el estudio, me dirigí a la planta baja de la casa, donde nos miraba con sus ojos alucinantes este ejemplar.

Plexippus paykulli

Plexippus paykulli macho.

Se trata de un macho de Plexippus paykulli que, afortunadamente, no se escabulló con uno de sus prodigiosos saltos. Pude capturarlo y sacarle así un par de fotos antes de ser liberado nuevamente fuera de la casa, junto a un jardín. Originaria del sudeste de Asia, esta araña saltadora (familia Salticidae) es la única de su género –de momento, y si no ando errado– en Europa. Adaptada a vivir en el interior de las viviendas, parece ser que, como tantas otras especies, se ha dispersado a lo largo y ancho del planeta gracias a la antropocoría involuntaria. Como otros saltícidos, es un arácnido pequeño, compacto, y el macho que nos ocupa muestra unos pedipalpos llamativos que son usados durante el cortejo. También puede apreciarse el tamaño ligeramente mayor de las patas delanteras, que usa para atrapar a sus presas tras su salto mortal, ya que estas arañas no usan más tela que la necesaria para construir un pequeño refugio a modo de capullo cuando están en el exterior o descansan por las noches, protegiéndose así de sus depredadores.

En cuanto a su vista, resulta verdaderamente excepcional. La distribución de sus ojos puede apreciarse a continuación, y le permite no solamente ver lo que tiene frente a sí con cuatro de sus ojos, sino también dominar los laterales y completar los 360º de visión con otros tantos que completan los ocho ojos simples (ocelos) pero extremadamente desarrollados.

Esquema del cuerpo de nuestro amigo, con sus ocho ojos representados esquemáticamente.

Esquema del cuerpo de nuestro amigo, con sus ocho ojos representados esquemáticamente.

Un llamativo encuentro, por tanto, que me recordó lo interesante de la fauna hogareña y corroboró lo apropiado de no usar insecticidas en el hogar. Máxime cuando contamos con algunos naturales tan efectivos y hermosos, por más que esta no fuese su ubicación geográfica originaria.

Feliz fin de semana y, para quien dé inicio a sus vacaciones, todo el cuidado del mundo: lo más importante es regresar.

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El mayor “problema” de estudiar algo que te apasiona es que te encuentras rodeado del mismo. El medio ambiente lo es todo, no solo nos rodea sino que formamos parte del mismo, y así resulta que puedes contemplar aterrado (máxime cuando tu hermana trabaja allí, en un hospital que se ven obligados a desalojar) cómo en Lorca caen los edificios por la sacudida de un terremoto y su fuerte réplica y maravillarte al encontrar mapas sísmicos de la Península Ibérica y contemplar las fallas que recorren esa región o la de mi queridísima Granada, recordando lo que te gustó la Geología de primero de carrera o reflexionando en torno a la construcción de los edificios y la necesidad de previsión ante los riesgos naturales. Así, si te encuentras estudiando y percibes por el rabillo del ojo un ligero movimiento que no está causado por tus gatos o tu pareja, lo más probable es que seas complaciente contigo mismo (“al fin y al cabo, es parte de nuestro entorno, voy a ver de qué se trata”) y te dediques a distraerte con el vuelo de una mosca… o de una mariposa.

Una de mis últimas distracciones a este respecto ha sido dedicarme a sacarle unas fotos a una polilla pluma (muy probablemente una Emmelina monodactyla) que encontré parada en una pared cercana a casa. Este lepidóptero de la familia Pterophoridae es la polilla pluma más abundante del continente europeo, pero su abundancia no le resta interés por lo curioso de su morfología. Sus alas, a diferencia de las de otros lepidópteros, están divididas en varias secciones, en dos las alas anteriores y en tres las posteriores, permitiéndole plegarlas cuando está en reposo hasta adoptar su característica forma de T. Además, su aspecto plumoso es el que le da nombre vernáculo.

La Emmelina aprendiendo a leer.

La Emmelina aprendiendo a leer.

Cual avioneta lista para el despegue.

Cual avioneta lista para el despegue.

Como puede observarse en la fotografía, otra de las características más llamativas de la polilla pluma son los grandes pares de “espolones” que pueden observarse en sus patas. Es posible encontrar a ejemplares adultos durante todo el año, aunque da lugar a un par de generaciones completas al año entre marzo y septiembre. Las larvas son fitófagas y sus alimentos preferidos incluyen algunas plantas de la familia de las convolvuláceas (como la extendida y conocida correhuela) y las solanáceas (entre las que encontramos al no menos común estramonio).

Atención a los espolones. Ni un gallo, oiga.

Atención a los espolones. Ni los de un gallo, oiga.

No me mires así, que ya terminamos la sesión fotográfica.

No me mires así, que ya terminamos la sesión fotográfica.

Bueno, vuelvo a mis “Técnicas de investigación social para estudios medioambientales”… si bien interesantes, no tan apasionantes. ¡Feliz domingo!

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