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Posts Tagged ‘sostenibilidad’

Hace unos días se planteaba en un pleno del Ayuntamiento de mi pueblo natal, Santa Fe, una moción de apoyo a la caza y el silvestrismo, a instancias del PSOE y a petición de la Federación Andaluza de Caza. Hasta donde sé, es un movimiento que se está produciendo en numerosos municipios de la comunidad autónoma andaluza y que tiene relación con la postura que en otros territorios se está defendiendo desde distintas corporaciones y a distintos niveles.

Obviamente, esto ha reavivado la histórica lucha entre cazadores, ecologistas y animalistas (como la reciente noticia de la suspensión de la caza en Castilla y León a petición del PACMA), sin que parezca existir ánimo de entendimiento entre las distintas posturas. Algo parecido a lo que ocurrió hace poco con las cotorras en Málaga, sobre lo que escribí una entrada, aunque aquí con la particularidad de que se están mezclando (a mi parecer de forma tendenciosa) actividades legales y reguladas, como es la caza, con otras que están en un inquietante territorio fronterizo y que, a instancias de Europa, deberíamos empezar a olvidar: el silvestrismo.

La caza como actividad económica

La moción indica que la actividad cinegética la practican en nuestra comunidad autónoma un total de 220000 andaluces que, siendo un número considerable, constituyen menos del 2,4 % del total de la población de Andalucía. A continuación, el escrito remitido por la Federación Andaluza de Caza presenta una serie de datos pertenecientes al informe Impacto económico y social de la caza en España, por lo que que cambian el foco del territorio sobre el que estamos hablando (de Andalucía a España), así que hay que tener en cuenta que la magnitud y porcentajes de que están hablando son referentes a la totalidad del territorio español y no solamente del andaluz.

Habría que extrapolar, de ser posible, estos datos a Andalucía o bien contar con un estudio similar centrado en nuestro territorio, ya que los datos que pasan a darse a continuación están basados en unas estimaciones de la Junta de Andalucía de las cuales no se citan fuentes ni los datos del estudio. La ausencia de datos a una escala obliga en ocasiones a buscarlos a otra, pero conviene resaltar este hecho en una exposición como la que están llevando a cabo, especialmente cuando se presentan datos a una y otra de forma tan cercana.
No obstante, de lo expuesto en el escrito resulta evidente a todas luces que la caza como actividad económica posee actualmente una gran vitalidad, por lo que no creo que sea necesaria ninguna moción institucional de apoyo. Hay actividades en las que la Administración podría volcar sus esfuerzos ya que sí que suponen un menoscabo económico y un daño ambiental en nuestra comunidad autónoma. Por citar solo un ejemplo, la existencia de pozos ilegales que están dañando nuestro territorio, privatizando un bien que es de todos como el agua y dañando ecosistemas tan únicos como el del Parque Nacional de Doñana.

Además, convendría no obviar el coste de oportunidad que supone que un territorio se dedique a una actividad como la caza; esto es, cómo optar por desarrollar una actividad así puede reducir, e incluso anular, los beneficios presentes y futuros de actividades que, suponiendo un beneficio económico, sufren menoscabo por incompatibilidades que existirían con el ejercicio de la caza. Por ejemplo, la realización de actividades de turismo de naturaleza podrían verse impedidas durante los periodos de caza, la observación ornitológica sufriría incluso en periodos inhábiles para la caza, por la merma de ejemplares y por la actitud más desconfiada que presentarían. Recordemos que la ornitología mueve actualmente en Europa una importante cantidad de turistas, pues supone ya entre un 10 % y un 15 % del tráfico mundial de viajeros y es la opción con mayor crecimiento anual, con porcentajes superiores al 20 %, siendo, el asociado a la ornitología, el sector con “más pujanza”, y España es el primer país de Europa en observación de aves y el quinto a nivel mundial, por lo que existe un mercado por explotar adecuadamente que puede redundar en amplios beneficios económicos en nuestra región.

Los servicios medioambientales de la caza

Se citan en el escrito algunos servicios que prestaría la caza al entorno natural: conservación de la biodiversidad y de los ecosistemas mediante el control poblacional de especies y el control de plagas y enfermedades, labores de gestión y mantenimiento del monte en periodos no hábiles de caza.
Rebasaría la extensión deseable para una entrada de blog el entrar en detalle en la organización interna de un ecosistema y en cómo las distintas especies que lo componen interaccionan entre ellas y con el ambiente geológico hasta alcanzar un equilibrio. El hombre, siendo parte de estos ecosistemas, ha llegado a alterarlos gravemente: ya no cazamos con armas rudimentarias, sino con escopetas repetidoras; no recolectamos los frutos o cultivamos a pequeña escala, sino que usamos maquinaria, pesticidas y monocultivos en agricultura intensiva. Por todo esto, resulta de vital importancia que la gestión de los ecosistemas a los que se refiere el documento de apoyo se realice por profesionales, no teniendo únicamente en cuenta un objetivo (dotar de especies cinegéticas al coto).

Como escribió Miguel Delibes en Tiempos de desolación: «Mucho me temo que, en no pocos predios, lo único que se nos va a ocurrir para que la perdiz se recupere es lo peor que podía ocurrírsenos: abrir las puertas de las jaulas; sembrar los campos con perdices de granja como se hizo antaño en los ríos con las truchas y los cangrejos». Y esto es algo que he podido oír a cazadores (no el balde soy hijo y hermano de ellos) respecto a cómo se “siembran” los cotos con perdices, codornices o conejos unos días antes del comienzo del periodo de caza. Y cómo esos animales son abatidos con suma facilidad, desorientados como están, sin conocer el terreno, sin haber adquirido las habilidades para la supervivencia en la granja de la que vienen a morir en nuestros campos. Delibes lamentaba esto porque ni se le podía llamar deporte ni mucho menos caza.

Respecto a la biodiversidad, recordemos que por mor de la caza se han introducido en nuestro territorio especies como el arruí, que están produciendo daños insostenibles en sierras donde han sido liberados (por ejemplo, en Sierra Espuña han mermado hasta a siete especies protegidas de flora). En la contrapartida, tenemos el control de especies como el jabalí, que por su voracidad puede llegar a infligir daños en cultivos y depredar sobre otras especies. E incluso que con su orina nitrifica en exceso entornos en los que viven especies de flora endémica que se ven perjudicadas, como me comentó un profesor de la UNED que está ocurriendo en Sierra de Mijas, en Málaga.

Finalmente, en cuanto al control de enfermedades, aunque el control de ciertas poblaciones puede conllevar la reducción de vectores de transmisión de enfermedades (como el conocido caso de la sarna y la cabra montés), en otras el manejo inadecuado de animales, como en el caso de las “siembras” anteriormente mencionadas, puede llevar a expandir por un territorio más amplio alguna enfermedad. Citando la revista online de Club de caza: «En algunos casos, los manejos intensivos de ungulados cinegéticos artificiales enmascaran situaciones reales de sobreabundancia. Por ejemplo, una intensa suplementación artificial de alimento suele concurrir con una elevada difusión de algunas enfermedades, como la tuberculosis en el ciervo y la enfermedad de Aujeszky en el jabalí».

En resumen, ni todo es tan bueno, ni todo es tan malo. Obviamente, una buena gestión, controlada además por técnicos de la Administración, puede dar unos buenos resultados en cuanto a la gestión de nuestros espacios naturales, pero una gestión inadecuada también puede hacer más mal que bien al entorno natural. Por esto, creemos que la caza no debería “mimarse” de más, como piden los grupos políticos. No más, al menos, que otras actividades que notoriamente están contribuyendo a la conservación de nuestra naturaleza y, por supuesto, en todo momento la caza debería estar sometida a lo que dicte la ley.

El silvestrismo

Esta es la parte más delicada de la moción de apoyo y donde se quiere incluir, dentro de una actividad legal y reglada como es la caza, otra práctica que, como decíamos al comienzo de nuestro documento, está vetada por la Comunidad Europea y por cuyo incumplimiento hemos recibido los españoles varios toques de atención. Si bien nadie niega que la avifauna se enfrenta a graves problemas, como la fragmentación de hábitats y la pérdida de los mismos, el uso de pesticidas en agricultura, los cambios de uso de suelo o la caza ilegal, lo cierto es que la práctica del silvestrismo no resulta tan benévola como el PSOE señala en el documento.

La captura de estas aves les provoca una situación de estrés y angustia cuando quedan atrapadas, ya sea mediante el uso de liga, ya en las redes trampa. Su posterior transporte, hacinadas en jaulas, y su encierro en jaulas de reducidísimas dimensiones, no ayudan a estos animales, nacidos libres, de costumbres gregarias. En los anexos pueden verse algunas fotografías realizadas por la Guardia Civil de capturas de individuos por encima de los cupos asignados o por personas sin licencia. En cualquier caso, los métodos de captura y trato dado a las aves son similares.

Con el silvestrismo, España obvia la normativa 2009/147/CE que prohíbe explícitamente en su artículo 5 “matar o capturar de forma intencionada, sea cual sea el método empleado, todas las especies de aves que viven normalmente en estado salvaje en el territorio europeo”. La Comisión Europea ha avisado en varias ocasiones al Estado español de este incumplimiento. De seguir los pasos propuestos por el PSOE en Andalucía (y nos consta que este movimiento por parte del PSOE en Santa Fe es espejo del que se está dando en tantos municipios andaluces), podrían imponerse sanciones por parte de la CE a España. Sanciones que repercutirían en las arcas públicas a las que, recordemos, no contribuyen únicamente los 15000 practicantes del silvestrismo en Andalucía (un 0,178 % de la población andaluza).

La Comisión Europea, en su dictamen a raíz de los reiterados incumplimientos de España en este sentido, destapa las irregularidades que se han cometido y las contradicciones a las que se ha llegado. En Andalucía, por ejemplo, hubo desviaciones al alza de los cupos marcados a partir de 2012. También se alegó posteriormente que las motivaciones para proseguir con las capturas de ejemplares es la creación de una población reproductora para la cría en cautividad y, entre los motivos que se alegan para seguir con esta práctica, las asociaciones de caza indican que hay estudios de que la cría en cautividad de fringílidos no es viable. Esta contradicción entre las motivaciones alegadas para seguir con la práctica, además de la existencia de evidencias de cría en cautividad con éxito en países como Francia o Bélgica, han sido puestas en evidencia por la CE. En su documento:

 

Finalizando, la caza, con sus defensores y detractores, es una actividad con una serie de componentes (económicos, sociales, culturales, antropológicos) que podrán gustarnos más o menos, pero que está regulada y de la que, personalmente, pediría  a las administraciones que velasen por el cumplimiento de la ley y por estudios rigurosos sobre su viabilidad y, sobre todo, por velar por las especies y los ecosistemas. Pero lo que no ha lugar es a un apoyo institucional, entre otras cosas porque no es necesario a la vista de las bondades que defiende el propio colectivo de cazadores y sus asociaciones. Y menos, si pasa por “colar” junto a la caza al silvestrismo. Otra cuestión sobre la que valdría la pena reflexionar son las posibles motivaciones políticas del PSOE por mover ahora este asunto, cómo casa con su estrategia en la actualidad y qué otros agentes sociales han podido determinar el movimiento en estas fechas. Pero, por hoy, dejo la pluma y cojo los prismáticos.

Para saber más:

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…se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Me siento finalmente frente al ordenador para escribir una entrada para el blog y despedir así el año 2013 que quedó atrás. Han transcurrido más de dos semanas de este nuevo año y casi dos meses desde la última entrada del blog. Con apenas nueve entradas, no puede decirse que me sienta orgulloso del año desde la perspectiva del blog y, sin embargo, posiblemente 2013 pase a mi historia personal como uno de los años más rompedores e interesantes de cuantos he vivido. Y eso, por desgracia, no se ha visto plasmado aquí.

Por eso, aunque mi intención no es ponerme al día con todo lo que ocurrió el año pasado, sí que me veo en cierto modo en deuda con las entradas que no fueron y que me habría gustado que estuvieran. La falta de inspiración a la hora de escribir no desapareció; de hecho, posiblemente, cuando acabe de escribir estas líneas y pulse el botón “Publicar”, no me sentiré muy orgulloso de ellas, pero es posible que contribuyan a romper ese hipotético maleficio que pesa sobre mis blogs, como ya ocurriera con la lectura hace unos meses: mi “temperatura literaria” ha vuelto a la normalidad, teniendo en cuenta, eso sí, la escasez del tiempo de que dispongo.

Una de las primeras entradas omitidas el pasado año tenía que ver con el deporte. Nunca he sido una persona muy deportista. Afirmar esto ya es decir que lo era algo, pero no: me confieso un ratón de biblioteca, de laboratorio, un singular personaje ajeno al ejercicio. Tampoco es que lo rehuyese, ya que nunca se me han caído los anillos por dedicarme a cualquier trabajo físico y, cuando se trataba de ir al campo, me convertía en un trotalomas digno de este nombre. No obstante, crecí siendo un niño enfermizo que no cultivó el placer por el deporte. Siendo así, 2013 fue un año realmente singular: me descubrí a principios de año comenzando a seguir una rutina deportiva no demasiado exigente pero sí constante (de ahí que pueda llamarla así). Y lo más curioso es que: ¡me gustaba! No me atraen los deportes competitivos, así que se trataba de una competición conmigo mismo en la que buscaba mejorar y sentirme mejor. Posiblemente me ayudó a ello el ambiente laboral un tanto viciado, por lo que el deporte me proporcionaba la satisfacción del trabajo realizado, me permitía desconectar y, de paso, dejar atrás el sedentarismo al que me obliga mi profesión.

No llegué a escribir la entrada anterior porque, cuando más animado estaba con mis progresos, comencé a sentir unas molestias en tras la rodilla derecha que se fueron extendiendo por toda la pierna y hasta la espalda. Lo que en principio creí que podría ser una tendinitis resultó ser un pinzamiento del nervio ciático debido a, maldita suerte la mía, una hernia de disco en la región lumbar. Esta ha venido a marcar el resto de 2013, y en cierto modo, vino a sumarse a los problemas que aquejaban mi estado de ánimo, no muy bueno por aquella época.

No puedo decir que el año haya sido el de la recuperación, pues todavía me queda por delante un camino incierto, pero sí que seguí acumulando progresos. Tuve que dejar la actividad física unos tres meses, al menos aquella que impactaba (nunca mejor dicho) sobre la espalda: nada de correr, nada de bicicleta, nada de levantar peso ni hacer una fuerza excesiva. Comencé a andar todo lo posible. Caminar, como pensaba el bueno de Thoreau, es un ejercicio tan bueno para el cuerpo como para el alma.

Creo que no podría mantener la salud ni el ánimo sin dedicar al menos cuatro horas diarias, y habitualmente más a deambular por bosques, colinas y praderas, libre por completo de toda atadura mundana. Podéis decirme, sin riesgo: “Te doy un penique por lo que estás pensando”; o un millar de libras. Cuando recuerdo a veces que los artesanos y los comerciantes se quedan en sus establecimientos no sólo la mañana entera, sino también toda la tarde, sin moverse, tantos de ellos, con las piernas cruzadas, como si las piernas se hubieran hecho para sentarse y no para estar de pie o caminar, pienso que son dignos de admiración por no haberse suicidado hace mucho tiempo.
[…]
Hay quien no camina nada; otros, lo hacen por carretera; unos pocos, atraviesan fincas. Las carreteras se han hecho para los caballos y los hombres de negocios. Yo viajo por ellas relativamente poco, porque no tengo prisa en llegar a ninguna venta, tienda, cuadra de alquiler o almacén al que lleven. Soy buen caballo de viaje, pero no por carretera. El paisajista, para indicar una carretera, usa figuras humanas. La mía no podría utilizarla. Yo me adentro en la Naturaleza, como lo hicieron los profetas y los poetas antiguos, Manu, Moisés, Homero, Chaucer. Podéis llamar a esto América, pero no es América; no la descubrió Américo Vespucio, ni Colón, ni ninguno de los otros. Hay más verdad sobre lo que yo he visto en la mitología que en ninguna de las denominadas historias de América…

En ese intervalo, surgieron diversos y precipitados cambios en el trabajo y tuve que realizar el viaje más largo que he emprendido hasta la fecha: Málaga-Malasia. Unos pocos kilómetros, la verdad, y unas cuantas horas de vuelo para pasarlas con la espalda dolorida en un asiento de avión. Pero bueno, dejando atrás esa parte de la historia, lo cierto es que constituyó una experiencia enriquecedora (más en lo personal que en lo profesional, la verdad sea dicha) e interesante. Aunque dejé algunas fotos en Facebook, la verdad es que quedó pendiente una entrada sobre este tema: no tuve oportunidad de disfrutar demasiado de aquellas pluvisilvas, pero incluso las aves de parques y jardines eran lo suficientemente distintas a aquellas a las que estamos acostumbrados en estas latitudes como para que mereciera la pena observarlas. Tras regresar del viaje, retomé el deporte. Una vez más, opté por las caminatas, pero también por la práctica del Pilates, que me descubrió que ser una alcayata sin flexibilidad es una opción personal.

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El último reto superado en 2013 fue, sin duda, uno bastante personal, también relacionado con el deporte. En octubre cumplí 38 años, que no es moco de pavo, y uno de los regalos me cambió completamente: mi prima me regaló un equipo de natación para lanzarme a practicarla. Posiblemente hayáis pensado antes, cuando os contaba lo del problema de espalda, que la natación era una excelente opción para seguir practicando deporte, desarrollar la musculatura de la espalda y ayudar a mi recuperación. No seré yo quien os quite la razón en eso, pero hace unos meses se daba una particular circunstancia que me lo impedía: no sabía nadar. Posiblemente, a mis años ya debería haber tenido tiempo de aprender, pero a ciertas experiencias desagradables de niño se le sumaba la carga psicológica de un par de ahogados en la familia. El caso es que, con el regalo de mi prima, me despojé de la vergüenza propia y del miedo y me inscribí en un curso de natación para adultos, desde cero. A mi prima Mamen y a mi paciente monitor, Curro, les debo estar como pez en el agua en menos de tres meses. Bueno, en realidad, como me gusta decir a mí, he pasado de roca basáltica a pumita, que no es poco.

Y básicamente ese fue el año pasado, muy a grandes rasgos, muy por encima. Habría mucho más que contar, pero sobre todo ello 2014 ofrecerá oportunidades, a buen seguro. Tan solo quedaría pendiente, para la próxima entrada, un cierre de año realmente sorprendente y divertido. Os emplazo en ella y, a partir de la misma, tendremos un año por completo en el que recuperar (así lo espero) el buen ritmo del blog.

¡Gracias por seguir ahí (tras 210 entradas)!

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Antes, cuando ganarme la vida honradamente, con libertad para mis propios fines, era una cuestión que me afligía aún más que ahora, ya que por desgracia me he vuelto algo insensible, solía ver una gran caja junto a la vía del tren, de seis pies de largo por tres de ancho, donde los obreros guardaban sus herramientas por la noche, lo que me sugería que cualquier hombre apremiado podría conseguir una por un dólar y, tras taladrar unos pocos agujeros para dejar pasar el aire, meterse en ella cuando lloviera o anocheciera y, ajustada la tapa, tener libertad a su antojo y ser completamente libre. Esto no parecía lo peor, ni una alternativa despreciable en modo alguno. Podríais levantaros tan tarde como quisierais y, a continuación, marcharos sin que el patrón o el casero os persiguieran por la renta. Muchos hombres, acosados hasta la muerte por el pago de una caja más grande y lujosa, no se habrían muerto de frío en una caja como esa. No bromeo. La economía puede tratarse a la ligera, pero no es posible deshacerse de ella.

Henry D. Thoreau, Walden.

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… han transcurrido desde que le perdimos, y sigue siendo usted, maestro, tan necesario como siempre. Como cuando hace 13 años nos adelantaba una situación que hoy día sigue siendo, desgraciadamente, tan vigente.

La alternativa al neoliberalismo se llama conciencia. Podéis decir: «Pero conciencia no es un sistema económico». No, no es un sistema económico. «Conciencia no es la organización del mercado». Tampoco lo es. Conciencia no es eso. «Y no es un régimen político nuevo». No, no es eso. No lo es. Pero es algo más que todo eso. Es la conciencia que hay que tener, contra todo y contra todos los que precisamente entienden que lo único que no hay que tener es conciencia. Eso es [aquello en] lo que tenemos que formarnos todos los días; en la reflexión, en el debate, en el examen profundo de las cosas y de las circunstancias.

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Ahora vemos los comienzos de la censura en nuestra sociedad. Conducidos por la extrema derecha, vigilantes autodesignados se abalanzan sobre las escuelas y las bibliotecas para quitar libros de las estanterías, porque contienen palabras atrevidas, o ideas atrevidas o sencillamente porque van contra alguna creencia de esos vigilantes.

Si estos censores aficionados logran su objetivo, entonces, porque a ellos no les gusta un libro determinado […], primero, no se permitirá su lectura a ningún niño en la escuela, luego, estoy seguro, no se permitirá su lectura a ningún niño en ninguna parte y, finalmente, estoy seguro, no se permitirá su lectura a ninguna persona, cualquiera sea su edad, en ninguna parte y en ningún tiempo.

Y de los libros pasarán a las canciones, al lenguaje, al pensamiento, y crearán una América (si pueden) a su propia imagen.

Imaginemos una América moldeada a esa imagen, la imagen de la Mayoría Moral, superpatriota, superrespetable, definiendo como patrióticosy respetables sólo ciertos puntos de vista estrechos. Imaginemos una sociedad gris y sin sentido del humor, con idénticas ideas de un océano a otro y donde no se permite nada más. Imaginemos una América comprimida, estrecha, de una sola idea, ignorante. Ha habido muchas sociedades semejantes en la historia.

Isaac Asimov, “Censura progresiva” en La mente errabunda.

Leyendo a Asimov y pensando en las noticias que nos llegan día a día, pienso que este texto podría aplicarse dentro de no mucho en España. Con un cantautor ajusticiado juzgado por la difusión de un vídeo humorístico (de mayor o menor gusto según para cada cual, pero perfectamente lícito en ¿democracia?), con un Gobierno que da la palmadita a la  organización religiosa a la que no quiere cobrar impuestos por los edificios que no están en uso para el culto, que salva entretanto a una entidad bancaria mal gestionada (por muchos de sus afines) con el dinero de todos pero no piensa en abrir una rigurosa investigación sobre lo ocurrido y que se dedica a recortar a mansalva en sanidad, ciencia y educación, es difícil pensar de otro modo…

Más, aquí:

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Tras releer hace unos meses La isla misteriosa, Verne me llevó a Poe y pensé en recuperar de la estantería un par de libros de ambos autores. En concreto, Las aventuras de Arthur Gordon Pym y su “continuación” La esfinge de los hielos. Sobre ambos títulos y lo que les une escribiré algo llegado el momento en Homo libris. Pero, ahora que terminé con la lectura del primero de ellos, no podía resistirme a traer un fragmento del mismo. Con todos ustedes, una muestra de la dispersión de especies por antropocoría y de las malas prácticas que, desde hace siglos, llevan a la proliferación de los más variopintos invasores en los territorios menos esperados.

Las costas de estas islas abundan, en la estación favorable, en leones, elefantes y vacas marinas, focas con pieles y en aves oceánicas de  todas clases. La ballena es también frecuente en sus proximidades. La facilidad con que se pescaban en otros tiempos estos diferentes animales, h izo que el grupo fuese, desde su descubrimiento, muy visitado. Los holandeses y franceses fueron los primeros que las visitaron. El capitán Patten, comandante del Industry, de Filadelfia, hizo en 1790 un viaje de siete meses a Tristán de Acuña, llegando a reunir más de 5600 pieles de vacas marinas, y afirmó a su regreso que, en menos de tres semanas, había podido hacer un cargamento de aceite para una embarcación de gran desplazamiento. A su llegada no encontró ningún cuadrúpedo, a excepción de algunas cabras monteses. Actualmente se encuentran en la isla toda suerte de animales domésticos, introducidos sucesivamente por los navegantes.

Creo que fue algún tiempo después de la expedición del capitán Patten cuando el capitán Colquhoun que mandaba el brick americano Betsey, tocó en la mayor de las islas para hacer provisiones. Plantó cebollas, patatas, coles y otras legumbres que hoy se encuentran en abundancia.

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Hacía tiempo que deseaba escribir algo sobre las especies invasoras, y la conjunción de varios hechos ha propiciado que finalmente me siente a hacerlo. Por un lado, la elaboración del más que cuestionable Catálogo Español de Exóticas Invasoras por parte del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino; por otro, la aparición en diversos medios de la noticia sobre la detención de varios miembros de asociaciones animalistas y, por último, la lectura de un artículo que me hizo llegar hace unas semanas mi buen amigo Otus y que me recordó otros escritos publicados en revistas cinegéticas de todo pelaje.

La presencia de especies exóticas (esto es, foráneas, introducidas en un ambiente ajeno a aquel del que son propias) provoca graves alteraciones en los ecosistemas donde proliferan sin mesura. Introducidas en sus nuevos hábitats y aclimatadas a los mismos, al no estar presentes sus depredadores naturales pueden medrar y constituirse en un grave problema ambiental, por lo que reciben entonces el nombre de especies invasoras. La dispersión de especies fuera de sus áreas de distribución geográfica de origen se produce en multitud de ocasiones por causas relacionadas directamente con nosotros, los humanos (antropocoría), ya sea porque introducimos estas especies de forma intencionada, bien porque su explotación reporta un beneficio económico (caza, pesca, ganadería o agricultura), bien para intentar controlar otra especie invasora mediante el manejo integrado de plagas (introducción del depredador natural, en ocasiones con consecuencias aún más nefastas para el ecosistema), o accidental, porque viajen ocultas en vehículos de transporte o en cargas de alimentos, madera, etc.

De lo anterior es fácil deducir que la presencia de animales exóticos invasores no reporta precisamente beneficios para las poblaciones locales, así como que provoca desde daños económicos hasta la extinción de algunas especies del lugar (de hecho, las invasoras constituyen una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en el planeta). El efecto se agrava en ecosistemas especialmente delicados, como es el caso de las islas y regiones biogeográficas de características similares, aquellas que presentan barreras naturales que las aíslan del exterior, ya que las especies que las habitan suelen estar muy especializadas y son particularmente vulnerables a la introducción de otras del exterior, pues suelen ser mucho más oportunistas y adaptativas, depredando o desplazando a las especies originarias del ecosistema invadido e incluso transmitiéndoles enfermedades ante las que no son inmunes (caso del cangrejo de río americano, que transmite la afanomicosis al autóctono, o del visón americano y el parvovirus que transmite la enfermedad aleutiana entre los europeos, entre otras).

Como viene ocurriendo con buena parte de las problemáticas ambientales que adolece el planeta hoy día, la causa de la proliferación de muchas de estas especies invasoras tiene un origen claro: los humanos. Quienes llevaron conejos a Australia para poder disfrutar de un entretenimiento cinegético; el farero que llevó a su gatito a la isla donde trabajaba para no encontrarse solo (y que podría considerarse “individuo invasor”, como representante único de su especie que dio al traste con la viabilidad del endemismo ornitológico que constituía el Xénico de Lyall), y quienes liberaron aquel galápago de Florida de graciosas “orejas” rojas cuando dejó de medir tres centímetros de largo o permitieron que escapasen de sus jaulas las cotorras argentinas que habían comprado en la pajarería son algunos de los culpables.

No obstante, no siempre la dispersión se lleva a cabo de forma consciente; así, es habitual encontrar especies que han sido trasladadas de un extremo a otro del mundo a través en las bodegas inundadas de los barcos cuando viajan sin carga útil o en cargamentos de madera, plantas afectadas por algún insecto, etc.

Determinar el origen de la propagación de estas especies es importante para evitar que sigan ocurriendo, así como evaluar las posibles medidas que pueden tomarse para controlar su proliferación una vez que han ocupado un nuevo ecosistema. En la mayoría de ocasiones resulta muy complicado erradicarlas, y frecuentemente entran en juego dilemas morales que, si bien siempre cuidan del bienestar del individuo, pocas veces parecen pensar en el de las especies. Poca gente habrá que trate con miramiento la plaga de Periplaneta americana que invade su casa o al picudo rojo que hunde las palmeras de nuestros jardines, pero al Neovison vison, que para nada merece sufrir en una granja peletera hasta que le condenan a muerte para vestir a no-diré-qué-epíteto-aplico-a-ciertos-individuos, se le libera sin más en plena naturaleza, donde campea a sus anchas, llega a nado hasta a las Cíes y desplaza a su paso al visón europeo, en grave peligro y que ha sufrido un retroceso importantísimo en sus áreas de distribución.

Por todo lo anterior, entiendo que se tomen medidas contundentes con aquellas personas y entidades que atenten contra nuestros ecosistemas. Ahora bien, pese a que es cierto que no apoyaría jamás acciones de liberación animal porque, como suele decirse, puede ser peor el remedio que la enfermedad, no lo es menos que contemple con asombro cómo nuestro Gobierno de España plantea en el borrador del Catálogo de Especies Exóticas Invasoras un despropósito como es el permitir como “excepción excepcional” la cría de visón americano en estos pagos. Total, dirán, como ya hay en la naturaleza y dan buenos réditos… Esa forma meramente economicista de concebir el medio natural y, por ende, la vida, da al traste con cualquier intención de hacer las cosas bien. No es el Gobierno el único que peca de interesado: me hierve la sangre cuando leo, como apuntaba al comienzo de la entrada, algún artículo cinegético donde defienden lo idóneo del Arruí como especie de caza mayor y se quiere exterminar cual alimaña a los meloncillos que, de medrar, lo hacen porque los humanos facilitamos las condiciones para que ello ocurra y, no lo olvidemos, constituyen un efectivo aliado para los agricultores, depredando sobre ratas, topillos y otros roedores perjudiciales para la agricultura.

Resumiendo: las especies invasoras constituyen un gravísimo problema para el mantenimiento del equilibrio ecológico de los ecosistemas y la conservación de unos niveles de biodiversidad adecuados. El hombre es responsable en la mayor parte de ocasiones de su aparición, por lo que se hace necesario llevar a cabo una gestión adecuada de dichas especies, evitando su introducción en primer lugar (más vale prevenir que curar) y su proliferación, llegado el caso. Y aunque no apoyo la suelta de animales de las granjas donde son criados, también me opongo, como ciudadano interesado y preocupado, a la instalación de las mismas (por no hablar además del uso de animales para peletería, pero esto es otra batalla de la que hablaremos otro día si os place). Por eso, si se está dando tratamiento de “ecoterroristas” a varias personas miembros de grupos pro-defensa de los derechos de los animales, debería aplicarse un trato similar a promotores de Algarrobicos varios, a ciudadanos europeos que encienden fogatas en verano cuando se “pierden” en el campo, a cazadores que liberan jabalíes en la sierra de Mijas o a políticos que promueven leyes interesadas con agujeros y vacíos por los que se cuela con facilidad un visón, dos o mil.

Para saber más:

Actualización a 02/11/2011:

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