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Posts Tagged ‘Thoreau’

Beatus ille

De vida beata

En un viejo país ineficiente,
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.

Pareciera que, en aras de sobrevivir, he decidido hacer míos los versos de Gil de Biedma (con ese «beata» en su acepción de «feliz», eso sí) y relegar al olvido estas bitácoras mías que tantas alegrías me dieron en el pasado. Llevo un tiempo pensando retomar este blog, pero para ello debía hacerlo antes con las andanzas que lo caracterizaban. Y hoy, esta tarde, mientras me venía a la memoria la versión musical que de La vida que yo veo de Atxaga llevase a cabo Loquillo, recordé que hace tiempo publiqué una entrada por aquí en la que me lamentaba de mi poca productividad en cuanto al hábito de redactar. Cuatro años y medio han transcurrido desde entonces, prácticamente la mitad de la vida del blog, que en sus primeros tiempos mostraba una actividad mucho mayor y que en los últimos años ha permanecido en una suerte de diapausa sin aparente fin. De hecho, respecto al blog, el último par de años ha transcurrido sin pena ni gloria, demasiado ocupado en menesteres laborales y, afortunadamente, también en otros asuntos vitales mucho más satisfactorios. Así, el año y medio largo de edad que tiene mi pequeño, perteneciente a una nueva generación trotalomesca, ha sido apasionante, agotador, divertido, novedoso y sorprendente. Y me ha inspirado para desear volver por aquí, recuperarme a mí mismo, salir de este agujero donde, refugiado ante las inclemencias del día a día, preservo la vida, y despilfarrarla por el mundo, de loma en loma, cual simpar vividor.

El pasado año 2017 acabó felizmente y los últimos meses fueron de reencuentro con mi propio ser; volver a ir de concierto, recuperar el contacto con compañeros de Auca, la Agrupación de voluntariado ambiental de Santa Fe que siento como mi casa espiritual, salir de nuevo al campo sin más fin que el de disfrutar del camino, participar en actividades al aire libre, hasta sentirme de nuevo yo. Alegrarme y que se me ilumine tontamente la cara con una sonrisa al sorprenderme, un viernes por la tarde al salir del trabajo, escuchando en un podcast de «El bosque habitado» que ese texto de Edward O. Wilson que leían había salido de las páginas electrónicas de Andanzas de un Trotalomas. A esta comunidad conmovida le debo también muchas alegrías y de ellos me apetece también hablar por aquí, puesto que me acompañan habitualmente de camino al trabajo ahora que vivimos algo más lejos, por lo que los trayectos de ida y vuelta requieren de un poco más de tiempo.

Pastor de nubes

Eso sí, la nueva morada del Trotalomas invita a soñar. A hacerse, como canta El Cabrero, «Pastor de nubes», a ser un trotalomas saltaolas.

He decidido volver porque, pese a que en ambientes productivistas y buenrollistas las palabras de Beckett se interpreten como algo positivo (ese afán por levantarse y seguir adelante tras cada caída), su «Ever tried. Ever failed. No matter. Try Again. Fail again. Fail better.» puede interpretarse también (o más bien) desde una perspectiva negativa. Pero da igual, porque fallando una y otra vez, incluso haciéndolo de forma estrepitosa, continuamos aprendiendo. Y más nos vale, porque es el camino que estamos siguiendo. A lo mejor suena la flauta o tal vez la comunidad de personas conmovidas, que desean cambiar de rumbo, llega a conformar una masa crítica suficiente como para girar el timón.

Contad conmigo para ello. ¡Arriba las ramas!

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La vida de nuestra ciudad se estancaría si no fuera por los bosques inexplorados y los prados que la rodean. Necesitamos el tónico de lo salvaje, vagar de vez en cuando por los marjales donde acechan el avetoro y la gallineta y oír el estampido de la agachadiza, oler el susurro de la enea donde sólo construyen su nido los pájaros más salvajes y solitarios y el visón se arrastra con el pecho cerca de la tierra. Al mismo tiempo que nos tomamos en serio explorar y aprender todas las cosas, necesitamos que todas las cosas sean misteriosas y no hayan sido exploradas, que la tierra y el mar sean infinitamente salvajes, que no sean investigados ni sondeados por nosotros, porque son insondables. No podemos tener bastante de naturaleza. Hemos de remozarnos con la vista de un vigor inagotable, de rasgos vastos y titánicos, la costa del mar con sus naufragios, la nube de tormenta y la lluvia que dura tres semanas y produce inundaciones. Necesitamos ver nuestros límites superados y cierta vida pastando libremente donde nosotros no llegaremos nunca.

H. D. Thoreau, Walden.

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