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Posts Tagged ‘transgénicos’

Si hay un modo verbal en castellano con el que no me llevo bien es, sin duda alguna, el imperativo, máxime si viene en la forma de declamaciones grandiosas, que conminan a actuar con tanto apremio que no dejan lugar a la reflexión. Comprendo —no saben cuánto— que la común pasividad y el adocenamiento de buena parte de la sociedad puedan sacar de quicio a cualquiera que desee ver plasmados cambios que lo hagan acercarse a unos valores de justicia universal, pero la imposición no puede ser en modo alguno parte del camino a seguir para alcanzarlos, ya que esta precisamente es uno de los males a derrocar. Como en el “Canto a la libertad” del nunca suficientemente recordado José Luis Labordeta:

También será posible
que esa hermosa mañana
ni tú, ni yo, ni el otro
la lleguemos a ver,
pero habrá que empujarla
para que pueda ser.

Podré estar más o menos de acuerdo con lo anterior, pero a estas alturas y antes de que sigas divagando, Trotalomas —os diréis—, podrías explicar a qué viene semejante parrafada. Concreto, entonces. Pero tal vez no de inmediato, ya me conocéis, je, je.

Desde que tengo memoria he sentido una irrefrenable curiosidad por la naturaleza, por la ciencia y, en particular, por las ciencias que estudian la naturaleza. Entendiendo también que las actividades que desarrolla el hombre impactan en gran medida sobre ella, un sentimiento conservacionista me acompañó también desde siempre. No es de extrañar, además, siendo parte de una de las generaciones que creció cobijada bajo el ala de uno de los más grandes divulgadores que ha dado este país: Félix Rodríguez de la Fuente. Conforme pasaban los años, y aunque tanto por formación como profesionalmente he terminado siendo informático, seguía observando la naturaleza, sintiéndome vinculado a ella como un naturalista ciertamente aficionado pero no por ello menos apasionado y disciplinado en su estudio. Finalmente, como sabéis quienes seguís el blog, me adentré hace un par de años en una nueva aventura, la de estudiar Ciencias Ambientales por la UNED (ya que compaginar la vida laboral con el estudio de Biología en la universidad presencial se convertía en un reto harto dificultoso). Esta aventura me está deparando muy gratos momentos y ciertamente la estoy disfrutando, a mi parecer, más que si la hubiese emprendido sin haber estado estos años aprendiendo por mi cuenta, vinculado a personas que trabajan en pro de la defensa de la naturaleza y de la mejora de nuestro entorno, participando en asociaciones (muy particularmente en la Agrupación de Voluntariado Ambiental AUCA) donde he tenido oportunidad de aprender de mis compañeros, de trabajar manejando leyes, conocer las entretelas del urbanismo municipal, llevar a cabo actividades de educación ambiental, de anillamiento científico de aves, reforestando zonas degradadas o contribuyendo a extinguir incendios que hacían otro tanto con la vida en los bosques.

Durante estos años se han dado situaciones en las que enfrentados, por ejemplo, a un proyecto urbanístico que impactaría negativamente sobre un área protegida, los argumentos esgrimidos por miembros de otras asociaciones (con una fuerte componente ecologista, en este caso) restaban peso, que no validez, a los propios. Esto es, en un pleno municipal donde se está debatiendo la idoneidad o no del proyecto no es de recibo presentarse con una bolsa de tierra negra y esgrimirla como si de un arma se tratase para argumentar que los terrenos, no por baldíos, han de ser poco productivos: «¡Arena del desierto convertida en tierra fértil por la adición de restos de podas y limpieza de hojarasca! Existen técnicas que convertirían esas tierras de secano en tierra productiva de vega», argüía nuestro acompañante. Después de esta afirmación que no tiene en cuenta el equilibrio de los ecosistemas ni unas mínimas premisas en lo tocante a la edafología, a ver cómo dotas de peso lo que tenías pensado decir acerca de las repercusiones sociales y ambientales del proyecto, con datos correlacionados de proyectos de similares características en otras ubicaciones. Como suele decirse, con amigos así quién necesita enemigos.

A estas alturas habréis comprendido de qué va la entrada. Resulta más que comprensible que, en ocasiones, nos expresemos con vehemencia cuando vemos peligrar algo que amamos, sobre todo cuando ves que mucha gente permanece alienada por un sistema que ha sido diseñado precisamente para manejar con facilidad a las masas. Pero un discurso marcado por el alarmismo y que incita a la acción de forma irreflexiva está abocado al fracaso.

Uno de los colectivos que adolece de este problema es el de los animalistas, es decir, de personas y asociaciones que defienden los derechos de los animales. Obviamente cualquier generalización supone sesgar la verdad y dentro de cualquier agrupación hay personas muy válidas, sensatas y coherentes con sus ideas, pero la percepción que he ido adquiriendo del movimiento, en general, es la de que la histeria ha venido a sustituir a la vehemencia que mencionaba anteriormente. He llegado a darme de baja de listas de distribución de correo y a huir de grupos de este tipo en redes sociales básicamente por lo tremebundo y apremiante de los mensajes que enviaban. Mensajes donde la corrección ortotipográfica y la “netiqueta”, dicho sea de paso, brillaban por su ausencia. Para muestra, un botón (o varios, basados en mensajes reales):

LE SACRIFICAN MAÑANAN !!!! HEMBRITA JOVEN, PERRER MADRID !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Contacto para salvarle: xxxx@xxxmail.com DIFUNDE¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

-oOo-

ADOPCIÓN O SACRIFICIO!!! OS PEDIMOS AYUDA PARA DIFUNDIR Y ETIQUETAR A ESTA PRECIOSIDAD QUE VAN A MATAR.

-oOo-

Acabo de recibir este correo, por favor es muy urgente, la sacrifican mañana. Por favor, urgentísimo, confirmado por XXXXXXX hoy XXXXXXX.
Nadie se ha interesado por este pequeñajo. Le queda 1 día como mucho. Es verdad, no es para agilizarlo, es la puta realidad. Por favor ¿hay alguien que pueda ayudar a XXXX a sacarlo hoy de la perrera de XXXX en XXXXXXX? Se lo cargan YA¡¡
Contacto urgentísimo: XXXXXXXX xxxxxx @xxxxxmail.com TELEFONO: XXXXXXXX MUY URGENTE ¡¡¡ Lo sacrifican MAÑANA!!!—HOY

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upps!!! no le deseo el mal a nadie pero el novillero se lo merece!!! Muy machito al principio y luego ????? Creo que solo el Toro le dio una probadita de lo que el siente durante toda su patetica y absurda feria Taurina!!! YO SI LE VOY AL TORO!!!

Aunque la intención sea más que loable, lo cierto es que la forma en que se lleva a cabo la difusión de información no puede ser más nefasta. Posiblemente quienes se encuentran dentro de ese círculo no perciben realmente el impacto que causa la forma en que transmiten las noticias, pero más de una persona puede sentirse intimidada y mostrarse entonces reacia a colaborar o a simpatizar con el mensaje y el mensajero: justo lo contrario de lo que se pretendía. Convendría recordar aquí el concepto de perfil psicográfico y cómo determina el modo en que reaccionamos ante algo novedoso, una propuesta o reto. Os remito, por ejemplo, al artículo de George Marshall en Yes! Magazine sobre las actitudes frente al cambio climático, “Why We Find It So Hard to Act Against Climate Change”.

Otra opción inadmisible es usar la violencia para dar visibilidad a las acciones de protesta o para alcanzar unos fines. Por ejemplo, la quema de campos de transgénicos por parte de activistas de Greenpeace les deslegitima. Uno puede estar más o menos de acuerdo con el uso de los trangénicos o plantear alternativas a su uso. Pero la violencia no engendra más que violencia y rechazo. Una buena argumentación bien documentada convencerá, o no, a una persona para que se sitúe en una postura en contra de los transgénicos, o del modelo de agricultura al que van ligados, o al sistema productivo en general, pero un acto delictivo solo da argumentos a quienes ven en él una muestra de intransigencia y fanatismo. No se trata de una tarea sencilla y no es susceptible de convertirse en simplista (ni por parte de quienes no desean los transgénicos ni por la de quienes los ven absolutamente necesarios para una población creciente): los transgénicos forman parte de un complejo sistema donde entran el modelo de sociedades actuales, el crecimiento poblacional, el incremento en el consumo de recursos per cápita, el modelo productivo… Su producción va ligada a una agricultura industrial que, por otro lado, también existe sin ellos y que forma parte del problema. Esa agricultura existe porque cada vez somos más humanos en el planeta y consumimos mayor cantidad de carne. Cada vez somos más porque se ha mejorado la sanidad, el acceso a los alimentos y a la energía. Pero el planeta es finito y se impone una decisión: dejar de crecer si ese crecimiento hipoteca el de las generaciones venideras o seguir haciéndolo y confiando en unos avances tecnológicos que no sabemos si se producirán o, en el caso de los existentes, qué repercusiones tendrá su uso sobre el entorno.

En definitiva, hay que informar, hay que crear opinión pública, hay que fomentar la crítica (incluyendo la autocrítica, por supuesto) y la formación de una población que sea capaz de entender a los científicos y exigir a sus políticos el cumplimiento de unas medidas que hagan posible la vida sobre el planeta en términos de justicia y equidad intergeneracional e interespecífica. Y para ello se hace necesario el uso de un lenguaje apropiado, sustentado en realidades y que despierte conciencias, no que las ahuyente.

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Porque no queremos esto…

Nuestra energía

Nuestra energía...

... y algunas consecuencias.

... y algunas consecuencias.

Nuestras ciudades,

Nuestras ciudades,

¿nuestros hogares?

¿nuestros hogares?

Lo que nos falta.

Lo que nos falta.

Lo que nos sobra.

Lo que nos sobra.

Nuestras telecomunicaciones.

Nuestras telecomunicaciones.

Día Mundial del Medio Ambiente 2011. Solo con tu implicación es posible celebrarlo de otro modo.

Nota: Las fotografías provienen de:

Si eres el propietario de alguna de ellas y deseas que sea retirada del blog puedes indicármelo  a través del correo electrónico trotalomas (arroba) gmail (punto) com. Gracias.

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El primero de los ejercicios del “Curso de periodismo ambiental” que estoy haciendo proponía un estudio y reflexión del siguiente vídeo, que me encantó:

Hoy es el Día de la Tierra, y la lectura de otra carta debería hacer que nos preguntásemos: ¿deseamos vivir o sobrevivir?

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De una relectura particular del discurso de ingreso de Miguel Delibes en la Real Academia Española he querido extraer un par de fragmentos de plena vigencia, máxime cuando los amos del mundo se vuelven a reunir, esta vez en México, quién sabe si para reírse las gracias como ya ocurriese un año atrás o para hacer su trabajo, algo sobre lo que tristemente tengo mis dudas.

Os dejo con estos fragmentos de sabiduría de uno de nuestros grandes, al que tristemente perdimos no hace mucho y, sin embargo, hace ya tanto…

En la actualidad la abundancia de medios técnicos permite la transformación del mundo a nuestro gusto, posibilidad que ha despertado en el hombre una vehemente pasión dominadora. El hombre de hoy usa y abusa de la Naturaleza como si hubiera de ser el último inquilino de este desgraciado planeta, como si detrás de él no se anunciara un futuro.

La Naturaleza se convierte así en el chivo expiatorio del progreso. El biólogo australiano Macfarlane Burnet, que con tanta atención observa y analiza la marcha del mundo, hace notar en uno de sus libros fundamentales que «siempre que utilicemos nuestros conocimientos para la satisfacción a corto plazo de nuestros deseos de confort, seguridad o poder; encontraremos, a plazo algo más largo, que estamos creando una nueva trampa de la que tendremos que librarnos antes o después».

He aquí, sabiamente sintetizado, el gran error de nuestro tiempo. El hombre se complace en montar su propia carrera de obstáculos. Encandilado por la idea de progreso técnico indefinido, no ha querido advertir que éste no puede lograrse sino a costa de algo. De ese modo hemos caído en la primera trampa: la inmolación de la Naturaleza a la Tecnología. Esto es de una obviedad concluyente. Un principio biológico elemental dice que la demanda interminable y progresiva de la industria no puede ser atendida sin detrimento por la Naturaleza, cuyos recursos son finitos.

Toda idea de futuro basada en el crecimiento ilimitado conduce, pues, al desastre. Paralelamente, otro principio básico incuestionable es que todo complejo industrial de tipo capitalista sin expansión ininterrumpida termina por morir. Consecuentemente con este segundo postulado, observamos que todo país industrializado tiende a crecer; cifrando su desarrollo en un aumento anual que oscila entre el dos y el cuatro por ciento de su producto nacional bruto. Entonces, si la industria, que se nutre de la Naturaleza, no cesa de expansionarse, día llegará en que ésta no pueda atender las exigencias de aquélla ni asumir sus desechos; ese día quedará agotada.

[…]

La pueril idea de un mundo inmenso, inabarcable e inagotable, queacompaña al hombre desde su origen, se esfuma a mediados de este siglo con laaparición de aviones supersónicos que ciñen su cintura -la del mundo- en unashoras y con el primer hombre que pone su pie en la Luna.

Las fotografías tomadas desde los cohetes lunares muestran al planetaTierra como un pequeño punto azul en el firmamento, lo que equivale areconocer que 100.000 millones de otras galaxias pueden albergar, cada una,cientos de miles de sistemas solares semejantes al nuestro. La técnica, quepuede mucho, evidencia que somos poco. Esto supone para el orgullo delhombre, en cierto modo, una humillación, pero también una toma deconciencia: la de estar embarcado en una nave cuya despensa, por abastecidaque quiera estar, siempre será limitada.

Esta convicción destruye la idea peregrina de la infinidad de recursos y presenta, a cambio, de cara al futuro, el posible fantasma de la escasez. Mercedal perfeccionamiento de las técnicas de prospección, el hombre empieza a tocar ya las tristes consecuencias del despilfarro iniciado con la era industrial.

Miguel Delibes, Un mundo que agoniza.

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Como avanzaba en la anterior entrada sobre el Valle del Genal, durante la pasada semana asistí al curso “Caminando hacia la sostenibilidad” organizado por la Asociación de Educación Ambiental y Ecología Social, Aulaga. Desde que resido en Málaga mis actividades con Auca -la Asociación de voluntariado ambiental de Santa Fe, donde desde hace lustros he desarrollado mis principales trabajos de estudio y conservación del entorno natural junto a tantos y tan buenos compañeros- se han visto reducidas a colaboraciones con la redacción de escritos de toda índole y la participación esporádica en actividades presenciales. Por esto, echaba mucho de menos el contacto con gente sensibilizada con las problemáticas ambientales que aquejan a nuestras sociedades y con la conservación de la naturaleza. Aunque durante este tiempo he seguido asistiendo a algunos cursos y charlas cuando me era posible y descubría su existencia, lo cierto es que poder dedicar cuatro tardes a aprender, reflexionar y aportar ideas en torno a un concepto tan usado en los últimos tiempos que corre el riesgo de diluirse, de convertirse en otra palabra huera tan del gusto de paraecologistas (me gusta más este neologismo que el término inglés de greenwash, más centrado en el conjunto de prácticas y mensajes intencionalmente cercanos al ecologismo que únicamente buscan un lavado de cara de quienes los llevan a cabo) como es la sostenibilidad.

Resumir en una entrada que equivaldría a un par de páginas A4 el contenido del curso constituiría un propósito abocado al fracaso desde su concepción. Se habló de desarrollo sostenible desde una perspectiva aglutinadora de los diversos usos de los recursos naturales por parte del hombre, estableciéndose una red tupida entre cada uno de nuestros actos y las repercusiones que tienen sobre nuestro entorno natural y social, desde la contaminación de acuíferos o la sobreexplotación de bosques primarios al empeoramiento de la calidad de vida de las poblaciones humanas del llamado Tercer Mundo. No se trata de no hacer nada, de no vivir, como muchos plantearían, sino de hacerlo con seso y asumiendo la propia responsabilidad, la que nos corresponde a individuos y sociedades. Un camino para ello es el que plantea el decrecimiento, que pasa por la propia decisión voluntaria de cada cual y que apuesta por la búsqueda de la felicidad antes que por la del crecimiento económico. Por cierto, en relación a este tema hace unos días publiqué algo en otro de mis blogs, a medio camino entre este y Lobosoft.

Cubrir las necesidades de una población creciente es otro de los problemas a los que se enfrenta nuestro planeta. Las soluciones biotecnológicas pueden contribuir a mejorar el rendimiento de las cosechas o la salud de las personas, pero tan malo como negar sus beneficios puede resultar confiar ilimitadamente en la capacidad de la ciencia y la tecnología para “sacarnos de problemas” (maltusianos vs cornucopianos). De cualquier modo, el uso de la tecnología sin conocer las repercusiones que tendrá en un futuro –incluso a corto o medio plazo, como ya denunciara Commoner en alguna de sus obras– puede acrecentar los problemas que se intentan resolver o hacer que aparezcan otros nuevos, y es que cuando hablamos de un sistema a gran escala como es el planetario es inevitable que surjan problemas retorcidos difíciles de solventar.

Entre todo este maremágnum de ideas, acciones y repercusiones, se encuentran la naturaleza –lo que nos queda de ella- y el medio ambiente –como suma de naturaleza, sociedad e interacciones entre ambos-, si es que no son una misma cosa, peligrando su conservación a causa de muchas de las acciones del hombre. En el curso pudimos ver casos concretos, como el de la Sierra de Mijas, en Málaga, en los que la preservación del entorno no se está llevando a cabo de una forma del todo adecuada y en la que la aparición de especies introducidas por el hombre (los jabalíes) están alterando el ecosistema permitiendo así la llegada y adaptación de otras especies foráneas que desplazan a las locales, entre las que se encuentran algunos endemismos. Los errores de este tipo se han repetido a lo largo de la historia y en el curso pudimos recordar algunos que podrían ser definidos como crímenes de lesa humanidad, si no de hecatombes ambientales, como el de la “guerra contra los gorriones” en China.

Como es necesario conocer algo para amarlo y protegerlo, el turismo puede ser una herramienta de educación ambiental de inestimable valor. Sin embargo, hoy día se genera muchísima contaminación gracias a la proliferación de vuelos baratos y un incremento del tráfico aéreo que nos permite llegar más lejos e interactuar con los miembros de otras sociedades en todo el mundo. El turismo sostenible debería pasar por una reducción de la polución asociada al mismo y por el respeto a las sociedades que visitamos. Algunas de sus modalidades pasarían por el trabajo y colaboración en actividades propias del lugar de destino, estableciéndose así una relación más estrecha con las poblaciones locales y una contribución a su desarrollo (sostenible, claro está).

 

Parte exterior del salón de actos del OMAU.

Parte exterior del salón de actos del OMAU.

Por último, e independientemente del curso, pude visitar el sábado el edificio del Observatorio de Medio Ambiente Urbano (OMAU) de Málaga (En el blog de Agustín Rivera es posible ver una fotografía de conjunto del edificio y encontrar un enlace interesante a un artículo sobre la nueva educación superior y “Bolonia”). Una visita interesante a un edificio domótico donde el consumo energético está regulado por ordenador, intentando minimizar el impacto que conlleve su mantenimiento. Aunque según nos comentaron se había edificado con material extraído del propio lugar de edificación, no se hacía necesario apenas el sistema de climatización, las plantas eran de zonas mediterráneas y el agua utilizada para su riego procedía en su mayor parte de una balsa situada sobre la terraza que recogía el agua de lluvia, no me cupo en la cabeza que el salón de actos no contase con ninguna ventana que aportase luz natural (máxime cuando está en la parte superior del edificio), evitando así el consumo obligado de energía eléctrica, por más que las placas solares situadas en la terraza produjesen más energía de la necesaria para el edificio. Esto, junto a mencionar lo bien que se adaptan y viven especies invasoras como el periquito o la cotorra argentina, liberadas por algún dueño cansado de estas aves- al vecino Parque Morlaco (con lo que se daba una visión excesivamente bondadosa de un problema ciertamente grave para el medio ambiente, urbano o no), enturbiaron el concepto positivo que podría haber extraído de la visita y me hicieron pensar –mucho- en la relación entre medio ambiente, clase política y greenwashing –o paraecologismo-.

 

Interior del salón de actos del OMAU, escasamente sostenible.

Interior del salón de actos del OMAU, escasamente sostenible.

Os dejo con  un vídeo, para finalizar, sobre el falaz crecimiento ilimitado de la economía con una metáfora simple pero esclarecedora: el hámster imposible.

Salud, y buen fin de semana.

Para saber más:

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Cuando llegó a clase, el profesor portaba un recipiente de 20 litros con la boca ancha y cuatro bolsas repletas de materiales diversos. Nada más entrar, dejó el gran recipiente de vidrio sobre el escritorio y empezó a llenarlo de grandes piedras que iba cogiendo de una de las bolsas, hasta que el recipiente estuvo lleno de ellas. Tras hacer esto, preguntó a sus alumnos: “¿está lleno el recipiente?” La respuesta unánime fue: “Está lleno; no le cabe nada más”.

El profesor tomó la segunda bolsa, que estaba llena de arena, y fue dejándola caer en el recipiente hasta que quedó lleno de arena. Tras esto, volvió a preguntar: “¿Al recipiente le cabe algo más?”. La respuesta ahora fue que “tal vez sí”.

Sin añadir nada tomó la tercera bolsa, rellena de sal en este caso, y empezó a verterla sacudiendo de vez en vez el recipiente para que la sal llenara los huecos entre los granos de arena y fuera asentándose. Por tercera vez el profesor preguntó: “¿creen que al recipiente le quepa algo más?”. Los alumnos se mantuvieron en silencio.

Finalmente, el profesor tomó la última bolsa, sacó una botella y empezó a verter agua hasta que cubrió totalmente el recipiente…

Si preguntamos a cualquier persona cuánta leche cabe en una botella de un litro nos responderá que precisamente la indicación de la capacidad del recipiente nos da la respuesta: un litro, mil mililitros o cualquier otra medida equivalente. Si intentamos verter más cantidad esta rebosará del recipiente. Jugando con un globo y agua, ahora que llega el verano, esa misma persona podrá decirnos que la capacidad del globo es más variable, que dependerá de la flexibilidad del material y de su resistencia. Pero nadie nos negará que, si llenamos el globo más allá del límite terminará por estallar.

La fábula de las piedras nos enseña muchas cosas, entre otras, que no hay que dar nada por supuesto y que, con ingenio e inventiva, es posible superar ciertos límites, optimizando en este caso la capacidad para acumular materiales de nuestro recipiente. Sin embargo, ¿es posible llegar a hacerlo ad infinitum? Es más, ¿tenemos en cuenta las implicaciones que esto conlleva? Nuestro recipiente lleva ahora piedras, arena, sal y agua. Pero la arena y las piedras estarán mojadas y el agua salada. ¿Qué quiero decir con esto?

En la anterior entrada citaba un fragmento de una entrevista a José Saramago, fallecido el pasado viernes, en la que instaba a los habitantes de los países avanzados, del llamado Primer Mundo, a frenar el ritmo de crecimiento para permitir a los del eufemísticamente llamado Tercer Mundo alcanzar un nivel de vida similar al que disfrutamos hoy día. Sin cuestionar lo deseable de que todo el mundo tenga acceso a los recursos necesarios para vivir y realizarse como personas, así como a una sanidad y alimentación más que dignas, lo cierto es que todos estos buenos deseos no podrán verse cumplidos sin que medie por nuestra parte (ciudadanía y políticos, así como del mercado) el ánimo de cambiar las cosas.

Aprovechaba el descanso del fin de semana para ver un documental que tenía pendiente desde hacía un tiempo: “¿Cuánta gente cabe en el planeta?”, producido por la BBC y presentado por el insigne científico británico David Attenborough. Lo cierto es que el vídeo me ha parecido de lo más interesante, ya que presenta un tema tan delicado como la necesidad de controlar el crecimiento poblacional aportando datos rigurosos y desde una perspectiva totalmente razonable. Los seres humanos somos dependientes del medio y de los recursos que nos ofrece el planeta, especialmente del agua, el alimento y la energía. Así, el documental realiza un recorrido en torno a las problemáticas del abastecimiento de agua potable y las carencias que existen en diversos territorios a este respecto; a la producción de alimentos, que se ha visto incrementada notablemente en el último par de siglos y, en particular, durante este último, con la aparición de fertilizantes químicos y la mecanización de los procesos productivos; finaliza resaltando la necesidad imperiosa que tenemos de energía y la dependencia hacia los combustibles fósiles, no renovables, que estamos dilapidando a un ritmo vertiginoso.

A lo largo de la Historia ha sido frecuente que se intentase estimar el límite del planeta a la hora de albergar nuevos seres humanos. Ha llovido bastante desde que van Leeuwenhoek publicase su comunicado estimando el número máximo de personas que cabrían sobre la superficie de la Tierra, y contamos con datos más fiables sobre las tendencias poblacionales y un mayor conocimiento de las limitaciones de los ecosistemas. En ecología se puede definir la capacidad de carga como la población que puede soportar un entorno determinado. Es posible aplicar dicho concepto al ser humano y a su entorno, la Tierra, intentando estimar la población máxima que esta podría sustentar, una vez calculada la productividad de la misma y las necesidades de la población. Si compartiésemos de forma equitativa la biocapacidad productora de la Tierra (sus aportes de agua, alimento y energía al ser humano) habría dos hectáreas globales para cada persona. Sin embargo, este reparto, como es por todos sabido, no se realiza en igualdad, y así, existen países donde apenas se llega a ese consumo y otros donde se supera con creces. Unido a la emisión de gases y desechos, obtendríamos la huella ecológica de cada habitante del planeta, bastante desigual por otro lado según el lugar donde viva esa persona. Por ejemplo, la mayor parte de África usa poco más de 1,37 hectáreas por persona y la India 0,89 hectáreas por persona mientras que en Europa consumimos 4,45 hectáreas por persona, el Reino Unido 5,33 y EEUU 9,42.

¿A cuánta gente puede mantener la Tierra? Según los cálculos anteriores, si todos los habitantes del planeta se mantuvieran en la media de los hindúes, la población podría llegar a 15.000.000.000 de personas. En cambio, si consumimos al ritmo que lo hacen los estadounidenses, la Tierra únicamente podría albergar a 1.500.000.000 habitantes. Y esto en un hipotético “mejor caso”, ya que habría que tener en cuenta el deterioro del planeta debido a un uso intensivo de sus recursos y la imposibilidad de renovar a corto o medio plazo de muchos de ellos. De ahí que resulte necesario reducir nuestras necesidades, la población o incrementar la productividad. Se trata, ni más ni menos, de los términos de la conocida ecuación “IPAT” de Ehrilch, a saber:

I = P x A x T

donde:

I = Impacto ambiental de la humanidad.
P = Población.
A = Afluencia, nº de productos o servicios consumidos por persona. Un término de consumo como puede ser el PIB si usamos el lenguaje economicista.
T = Impacto Ambiental por unidad de producto o servicio consumidos o, lo que es lo mismo, el factor de eficiencia tecnológica.

Esto es, para poder mantener un nivel de impacto ambiental que permita la subsistencia de vida en nuestro entorno podemos optar entre reducir la población y/o el consumo, o bien mejorar la eficiencia productiva mediante el uso de la ciencia y de la tecnología. Ciertamente, hemos conseguido alcanzar un cierto desacoplamiento entre los materiales necesarios para la producción y los resultados de esta, lo que mejora la tasa de eficiencia tecnológica, pero no basta con esto último en exclusiva (es más, sectores de servicios como el de las telecomunicaciones, que ha imprimido un fuerte avance a la industria en las últimas décadas, suelen ser bastante dependientes de determinados recursos; por ejemplo, para la constante miniaturización de los componentes electrónicos se precisa tantalio, que se extrae de minas de coltán en paupérrimas condiciones de seguridad en países como el Congo).

¿Cómo controlar el crecimiento incesante de la población? Como ya decía, se trata de un tema ciertamente peliagudo. El control estatal, en las ocasiones en que ha sido puesto en práctica, ha sido desde insuficiente (por ejemplo, en India, donde un mal enfoque llevó a que se subvencionaran las vasectomías pero los hombres que acudieron a percibir las ayudas eran, en su mayoría, padres ya de familias numerosas) hasta abominable (como en China, con la represión a las familias y los “efectos colaterales” de las niñas abandonadas, asesinadas o los numerosos abortos cuando ya se tenía un hijo en la familia). En el documental se habla de la educación como motor de cambio, ya que en las sociedades donde la mujer tiene acceso a la educación suele casarse más tarde y sus objetivos en la vida van más allá de tener una familia numerosa. Incrementando el nivel educativo y el de bienestar de las poblaciones se alcanza un equilibrio, con familias de uno, dos o, a lo sumo, tres hijos, con lo que la población tiende a estabilizarse (incrementándose ligeramente posiblemente a causa de la mayor longevidad que permite el acceso a una sanidad de calidad).

Por supuesto, la reducción de la población no es la solución (o no la única) a un problema manifiestamente retorcido como es dar respuesta a la pregunta que plantea el documental. Sería necesaria la aplicación de diversas medidas (educación, sensibilización respecto a la producción/consumo -cuando no consumismo- y sus implicaciones, mejora de la eficiencia tecnológica sin perder de vista una ética social… como afirmara Beck en su obra La sociedad del riesgo, “sin racionalidad social, la racionalidad científica está vacía; sin racionalidad científica, la racionalidad social es ciega”.

Volviendo a la fábula del comienzo de la entrada, la Tierra sería nuestro recipiente. Si el Primer Mundo actúa como las piedras acaparará gran parte del espacio y de los recursos, obligando a los más débiles a seguir siendo arena que haga uso de los intersticios que vaya dejando. Es, por tanto, nuestra responsabilidad decidir en qué tipo de mundo queremos vivir aunque alcanzarlo, posiblemente, no sea fácil. Sin tender hacia visiones apocalípticas como la mítica película de ciencia ficción “Soylent Green”, sí que creo que resulta interesante llevar a cabo un ejercicio de reflexión en torno a este asunto. Os recomiendo, en cualquier caso, ver el documental.

La búsqueda de lo que queremos sólo es racional en la medida en que tenemos razones fundadas para juzgar qué es lo merece-ser querido. La cuestión de si lo que preferimos es preferible, en el sentido de merecer la preferencia, es siempre relevante. Los fines pueden y, en el contexto de la racionalidad, deben ser valorados. No se trata meramente de que las creencias puedan ser estúpidas, desaconsejables e inapropiadas —es decir irracionales— pues los fines también pueden serlo. Nosotros los humanos podemos buscar (y lamentablemente, a menudo lo hacemos) fines que son contraproducentes, autodestructivos o viciosos.

(Razón y valores en la Era científico-tecnológica, Nicholas Rescher)

Para saber más:

Actualización a 2/11/2011:

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Hace tiempo tenía una sección en otro de mis blogs llamada “¡Por fin viernes!”. En ella publicaba, cada viernes (obvio, ¿verdad?), una breve selección de artículos que habían llamado mi atención durante la semana y que creía que podrían interesar a los lectores del blog. Durante la última semana he estado solucionando un problema con un ataque hacker a Lobosoft.es y se me ha ocurrido que, como hasta dentro de casi un mes las andanzas de este trotalomas que escribe se restringirán casi exclusivamente a los trazos de mis apuntes y los libros de texto (ni tan siquiera los reseñables en Homo libris tendrán, por desgracia, un espacio destacado), podía retomar esa buena costumbre y dejar por aquí enlazadas algunas entradas y noticias que me han interesado estos días. Es más, alguna de las temáticas sobre las que tratan quería que llegasen al blog en algún momento, como es el de la Biodiversidad y el discurso “paraecologista” que en torno a esta se está llevando a cabo (me consta que es necesario educar y formar, enseñar a valorar, pero sin dejar de lado la existencia de un problema cada vez más grave sobre el que convendría concienciar. Es lo de siempre: hacer que hacemos sin hacer nada).

En fin, no me enrollo más. Ahí van las entradas de la semana.

  • Keko Bola nos habla sobre biodiversidad y sobre la huella ecológica de nuestra especie en su entrada “¿Valgo más muerto que vivo?”, un artículo de lo más interesante y documentado que invita a la reflexión y la autocrítica.
  • También me he encontrado con una simulación de lo más impactante sobre los niveles que alcanza el tráfico aéreo en nuestros días. Llama la atención en qué regiones (y entre cuales de ellas) se produce un mayor número de vuelos (y, por ende, un mayor aporte de contaminantes a la atmósfera así como en la necesidad de insumos para mantener el nivel del sistema productivo). Este vídeo enlaza a la perfección la entrada anterior con la siguiente de nuestra lista.
  • Cuando el Eyjafjalla entró en erupción se me pasó por la cabeza que sería muy interesante contrastar hasta qué punto su nivel de emisiones era compensado por la reducción que se habría producido por el cierre del espacio aéreo europeo. Poco después comprobé que no era el único que había tenido la idea y que varios sitios webs constataban que el Eyjafjalla emitía menos CO2 a la atmósfera que los aviones paralizados. Está claro que el CO2 no es más que uno de los gases invernadero que entran en juego dentro del problema del cambio climático, pero actualmente es el indicador más usado (y esperemos no tener que vérnosla con el metano, por ejemplo), por lo que la comparación me parece interesante, máxime cuando es uno de los argumentos esgrimidos en contra del cambio climático en el documental “La gran estafa del calentamiento global” (sí, de este verano no pasa que lo traiga al blog junto a “Una verdad incómoda”). Salvando el hecho de que se incrementaron enormemente los transportes por mar y tierra, lo cierto es que este hecho resalta algunos aspectos que me parecen bastante llamativos: la dependencia que tenemos de otras regiones en un mundo tan globalizado como este; lo insignificantes que podemos llegar a ser cuando la Tierra se manifiesta con fenómenos como este, o como los terremotos que, por desgracia, han sufrido algunos países este año. En esta web podemos ver otro vídeo con una simulación del restablecimiento del tráfico aéreo en Europa, también muy impactante.
  • Hoy mismo me encontraba, además, con una noticia bastante llamativa: “España aprueba experimentos con transgénicos en 64 localidades”. Tras ser el primer productor europeo de OMG, seguimos a la cabeza de la experimentación con estos productos que pueden ser uno de los problemas perversos más peligrosos con los que podríamos enfrentarnos si, como denunciara Commoner en su día, permitimos que la tecnología adelante al saber científico.
  • Si nos preguntamos cómo podemos cambiar esto, deberíamos pensar en si hoy deciden los políticos que nos “representan”, o lo hacen por ellos el mercado. Desde hace ya muchos años son las grandes multinacionales y los bancos quienes deciden el rumbo que toman los países. Caemos y pagamos sus crisis pero, ¿quién decide en último término qué comprar? No cabe duda de que el sistema productivo impone al consumidor su criterio (es la cinta sin fin de la producción), pero nosotros, como consumidores, podríamos contribuir a cambiar el sistema con el voto de cada uno de nosotros, no con el que depositamos en las urnas cada cuatro años, sino en la tienda, el supermercado o el centro comercial cada vez que pasamos por la caja. Sobre  esto se reflexiona en Aventuras y desventuras de un Ambientólogo.com.
  • No todo ha sido malo, en cualquier caso. La crisis nos enseña algo que no nos convendría olvidar: “no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita”. Os dejo con el buen sabor de boca de las fotografías de Sekano en “La Habana”, la hermosísima Libellula quadrimaculata de Silvia en “A través de mi visor” y las experiencias de Javier con un pequeño búho real, momentos que nos enriquecen verdaderamente.

Además de todo lo anterior tendría que añadir que este blog recibió un (inmerecido, qué duda cabe, pero muy agradecido) premio que espero replicar pronto aquí. A ver si de este fin de semana no pasa que traiga aquí el Premio Blog de Oro que mi visor tampoco puede dejar escapar. 😉

Disfrutad del campo los que podáis, y los que no, de todo lo bueno que tengáis cerca. ¡Buen fin de semana!

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