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Posts Tagged ‘Dehesilla’

Recupero para el blog tres entradas que escribí hace siete años y medio durante mi primera andadura «blogueril». Mantenía mi primer blog, La Dehesilla News, y en él escribía, entre otras cosas, sobre la interacción de mis conciudadanos con el medio ambiente. Bajo el nombre común de «…buena sombra le cobija» recobía en tres entradas un paseo por el pueblo durante el que me daba por pensar en el (mal)trato que se daba a los árboles de nuestro entorno urbano. Que hoy traiga las entradas aquí no es fortuito. Las recordaba mientras trataba de debatir sobre la última poda y tala que se ha producido de forma masiva en el municipio. Aquí van, tal cual eran (salvo por la foto del peral, que he incluido tras buscarla en Google Street View).

 oOo

… buena sombra le cobija (13/06/2007)

Se dice que, en tiempos inmemoriales, allá por el medioevo, una ardilla habría podido cruzar la Península Ibérica desde los Pirineos hasta Gibraltar sin pisar el suelo, simplemente pasando de árbol a árbol. Ante una afirmación como ésta, cabría preguntarse, en primer lugar, qué motivaría a uno de estos roedores a realizar tal peregrinaje y, en segundo, para qué querría llegar a tierras anglosajonas, o que terminarían siéndolo en un futuro, con lo “bien que se vive” en España o Portugal. Ya que no tenemos posibilidad de dar respuesta a estas preguntas, nos queda al menos el (des)consuelo de una reflexión: antaño, en España, había más árboles que ahora. Tantos que, en comparación con aquél entonces, deberíamos crear una nueva figura de “taxón en peligro de extinción”, dada la escasez de figuras arbóreas que caracteriza nuestra geografía actual.

Para demostrar este hecho, el equipo de La Dehesilla News se ha propuesto llevar a cabo un experimento singular. Dando por sentado que actualmente es imposible cruzar la península de norte a sur, o de este a oeste, saltando de árbol en árbol, y por la más que probable posibilidad de dar al traste con el experimento tras un seguro golpetazo contra el suelo, hemos optado por restringir el campo de acción y desarrollar una prueba significativamente tan válida como la de nuestra amiga la ardilla. Como muestra estadísticamente significativa, hemos elegido el municipio de Santa Fe, y la prueba a realizar será atravesar el pueblo, no emulando al inmortal personaje creado por Burroughs, sino aprovechando el saber popular por aquello de “quien a buen árbol se arrima…”.

Así, dispuestos a recibir cuanta menos influencia maligna de los rayos solares sea posible, nos aprestamos a realizar nuestra hazaña, pertrechados con una botella de agua fría, en el extremo Este del municipio, justo en el acceso más cercano a la capital de provincia. Nuestro objetivo: el horizonte del sol poniente. Hora de inicio: 12:00AM.

Comenzamos nuestra excursión con el ánimo elevado. A nuestra derecha quedan algunas choperas, y las copas oscilando con la ligera brisa nos transmiten sensación de frescor. Ahora bien, en nuestro lado de la carretera sólo algunos árboles espaciados adornan la acera. Bueno, esperemos que sea poco tramo y pronto encontremos más sombra. Caminamos aceleradamente de uno a otro, haciendo ligeras pausas al lado de sus troncos. La acera, reventada por las raíces de algunos de ellos, constituye la muda evidencia de la falta de previsión de nuestros responsables (es un decir) políticos y representantes (otra falacia) ciudadanos, y de cómo prever el crecimiento de los árboles preparándoles un buen alcorque puede evitar futuros quebraderos de cabeza y de pavimento. Uno de los árboles es apenas un escuálido plantón. Le precedieron en su lugar varios ejemplares de su misma especie y, según vox populi, es uno de los vecinos el que, sistemáticamente, los fue asesinando cuando crecieron tanto que le tapaban “las vistas” a la carretera. Sí señor: patetismo bajuno y con denominación de origen. Pero volvamos a nuestro reto. Efectivamente, el tramo a superar inicialmente era corto: apenas media docena de árboles y, tras superarlo, contemplamos con resignación el campo minado que nos espera. La Avenida de la Hispanidad en pleno es una yerma extensión en la que, esporádicamente, encontramos exóticos árboles que, emulando a nuestras entrañables mimbreras, exhiben sus lánguidas ramas como si de sauces llorones se tratasen.

Nos miramos con decisión. ¿Qué incierto desenlace nos deparará el reto que nos hemos impuesto? Lo conoceremos en la próxima entrega, sólo aquí, en La Dehesilla News. Y, entretanto, les dejamos con unos agradables minutos musicales.

[…]

¿Sabrán por fin los cedros libaneses
que su voraz y sádico enemigo
no es el ébano gris de Camerún
ni el arrayán bastardo ni el morisco

ni la palma lineal de Camagüey
sino las hachas de los leñadores
la sierra de las grandes madereras
el rayo como látigo en la noche?

(Mario Benedetti – Joan Manuel Serrat)

 

… buena sombra le cobija (2) (18/06/2007)

En el último episodio:

Tras tomar la determinación de atravesar Santa Fe bajo la sombra de sus árboles, comenzamos nuestra ruta al inicio de la Avenida de la Hispanidad. Recorridos los primeros metros, contemplamos la extensión de la avenida frente a nosotros…

Los árboles que se presentan por delante se encuentran bastante espaciados entre sí, por lo que, emprendida la marcha, ésta se produce, qué remedio, a buen ritmo, intentando huir del implacable sol. Al llegar al primero de ellos nos damos cuenta, con resignación, de que sus bajas ramas nos impiden pasar con facilidad bajo el mismo. Cuentan, además, con agudas espinas en el fino ramaje, y sus pequeñas hojas apenas suponen protección para el viandante. El sol se ríe de ellas, las esquiva, las rodea, y cae a pleno sobre las cabezas de quienes busquen protección bajo ellos. Son bonitos, no cabe duda, e inútiles a nuestro propósito. Seguimos adelante, intentando alcanzar los más frondosos, hasta recorrer un par de centenares de metros. Acabamos de superar el reloj que, suspenso en el tiempo, marca la hora en la que un buen día se detuvo, situado en el centro de la avenida.

La memoria nos invade, recordándonos que, a nuestra diestra, antaño se alzaron los melocotoneros de un generoso huerto, a modo de isla entre el creciente urbanismo santaferino, en el lugar donde ahora se erigen varios bloques de pisos en cuyas entrañas habitarán, crecerán, dormirán, ¿soñarán?, futuros habitantes de Santa Fe, de nacimiento o adopción. Los ojos se humedecen al recordar los paseos alrededor del huerto, la humilde caseta que se erguía en el centro del mismo, su perímetro rodeado de olmos… y las lágrimas afloran al pensar como, no hace mucho, tras arrasar con los árboles y hundir los edificios sus cimientos en la fértil tierra de vega, usaron los olmos a modo de soporte para los andamios, quebrando sus ramas, desgajándolas hasta que caían como lánguidos brazos hasta el suelo, asfixiándolos bajo los balcones, haciéndolos desaparecer bajo la tela metálica que, con abrazo de oso, rodeaba sus indefensos troncos. Hasta que, exhaustos, se dejaron vencer, tornando la verde cabellera, ya rala por la forzada pérdida de hojas y ramas, en el amarillo otoñal que precedería a su invierno más largo. Ahora, quebradizos y escuálidos naranjos les sustituyen. De escasa envergadura y políticamente correctos, su altura no molestará a los habitantes de los pisos más bajos, máxime cuando algunos de ellos han caído ya, víctimas de su exigua fortaleza y del forzoso transplante al que fueron sometidos.

Ante todo lo ocurrido, parece que de nada sirvieron las solicitudes y sugerencias al “excelentísimoayuntamientodesantafe” o las cartas dirigidas a conocidos diarios granadinos. El verde del dinero prima sobre el del follaje de nuestros árboles, máxime cuando el cemento sepulta las buenas intenciones y las mejores palabras; y de nada sirve la nostalgia del recuerdo de la rugosa corteza de uno de esos olmos contra la palma de nuestra mano. Ni tan siquiera les salva el que, echando mano de bolígrafo y papel, nuestros ””’representantes””’ resuelvan un simplísimo problema de primaria:

Tenemos un conjunto de árboles, adquiridos por equis pesetas, hace veinte años, cuyo mantenimiento cuesta, céntimo arriba, céntimo abajo, otros nosecuantos euros/año, incluyendo riegos, podas, abono y cuidados varios. ¿Qué costo habrá supuesto para el bolsillo del contribuyente dicho mantenimiento, en el momento en que el constructor de turno decide que, pongamos, treinta árboles estorban a su planteamiento urbanístico y manda contra ellos a la máquina excavadora?

La solución: e=mc2.

La relatividad se manifiesta en nuestro esquema de ¿valores?.

… buena sombra le cobija (3) (23/07/2007)

Did we abolish Frost
The Summer would not cease;
If seasons perish or prevail
Is optional with us.
Emily Dickinson
(Si abolimos la escarcha
será siempre verano;
que existan estaciones
depende de nosotros.)

Continuamos con nuestro apasionante periplo, que nos está llevando de este a oeste en un recorrido a través del municipio de Santa Fe, buscando las sombras más propicias para dar esquinazo al implacable Lorenzo.

Tras los avances narrados en nuestro último escrito, proseguimos avanzando por la Avenida de la Hispanidad. A nuestra derecha, una impresionante conífera nos trae al recuerdo los tiempos en los que no estaba sola, sino que otros dos impresionantes árboles le acompañaban, hasta que cayeron, tras morir olvidados por la voluble memoria de nuestros gestores municipales, que podrían argüir que no fue así, aunque resulte cuando menos significativo que su muerte se fuese produciendo conforme entraban a formar parte del arbolado municipal.

Una vez más, el peso de los años se manifiesta, haciéndonos recordar que a nuestra izquierda, en su momento, se alzaron numerosos plátanos de sombra, de altura similar a la del último mohicano que se ubica a nuestra diestra. Antes de que la Avenida de la Hispanidad llevase incluso este nombre, y de que fueran construidos los numeros dúplex y bajos comerciales que ahora la conforman, se extendía a siniestra un huerto, y bajo la sombra de los plátanos “maullaban” los pavos reales cada tarde. Cuántos paseos andando o en bicicleta nos llevaron a sus alrededores, y cómo quedaron grabados en nuestra memoria, vinculados por siempre a esas imágenes y sonidos.

Prosigamos. Nuestro rápido avance nos lleva hasta el Arco de Granada, no sin antes dirigir la mirada al sudeste, donde, de adentrarnos, encontraríamos el Paseo de la Salud, que no recibe su nombre, precisamente, por la salud de los árboles centenarios que allí hallaremos, sino por el Cristo que en la ermita allí situada se encuentra. Estos plátanos de sombra, de troncos hendidos y baja altura, han sufrido a lo largo de su existencia de la presencia de hongos, de durísimas podas y todo tipo de daños y abandono. Parece que el dolor reflejado en el rostro del Cristo hubiese marcado para siempre el destino de estos buenos ladrones que le acompañan.
Recordamos también que, según acaba el Paseo, llegando a la ermita, se encuentra el Colegio Reyes Católicos y, más allá, una plaza ofrece la preciosa estampa de un peral indeseado: los vecinos no lo quieren porque en verano ofrece sus frutos que, despreciados, caen al suelo donde se pudren bajo este sol de justicia. En parte para evitarlo, y por otra, porque es ésta la política en cuestiones de jardinería, es podado en primavera, dejándolo mutilado tras seccionarle ramas de hasta treinta centímetros de diámetro.

peral01

Pero no es ésta la ruta que seguiremos hoy. Debemos cruzar el Arco, y seguir avanzando hacia la Plaza de España, centro de la ciudad, y ecuador de nuestro trayecto.

oOo

Y la noticia, más de un lustro después, sigue siendo la falta de consideración con que tratamos a nuestros verdes compañeros, a estos seres vivos que forman parte de nuestro paisaje, nuestra cultura, nuestra historia.

En la noticia en Ahora Granada pueden verse algunas de las fotografías que Auca, la Agrupación de voluntariado ambiental de Santa Fe, hemos tomado de la tala de árboles.

http://www.ahoragranada.com/noticia/denuncian-la-poda-de-arboles-indiscriminada-en-el-casco-urbano-de-santa-fe

Y en el boletín informativo de Otra Granada:

http://www.otragranada.org/spip.php?article763

Seguimos esperando información desde el consistorio municipal que, por otro lado, suspendió el viernes la tala de árboles tras requerirles dicha información. Ya os contaré en qué queda todo, aunque cansa que siempre se funcione a golpe de denuncia, de queja, y no de diálogo y acuerdo.

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Esta semana iba a impartirse un curso de introducción a las rapaces nocturnas en en el Centro de Estudios Ambientales de Santa Fe, contando como mentor a mi buen amigo Alberto. El evento se presentaba la mar de interesante, ya que se iban a realizar dos salidas de campo al cercano Parque Periurbano de la Dehesa de Santa Fe donde es posible oír, con algo de suerte, al gran duque reclamando su territorio.

Sin embargo, a causa de las lluvias que se esperan en los próximos días el curso posiblemente se posponga, pero no es ese el motivo de que lo mencione en el blog. La mala noticia que vengo a traer no es otra que la que este lunes nos hacía llegar el presidente de AUCA: un ejemplar de búho real había aparecido electrocutado en una de las mortíferas líneas eléctricas que atraviesan este espacio protegido.

Podéis haceros cargo de nuestra desolación al constatar que nos encontrábamos ante el tercer búho real que aparecía muerto por dicha causa en menos de un año. Lamentablemente, ni son los únicos ejemplares de rapaces que hemos encontrado a los pies de estas líneas, ni esta es la única especie de interés que hace uso de “la Dehesilla”. Al final de la entrada dejo una serie de artículos aparecidos en prensa sobre esta problemática.

Tras conocer la nefasta noticia, publiqué en Twitter un par de fotografías del búho y al día siguiente recibí un mensaje de respuesta del responsable de comunicación de ENDESA, ya que cité el nombre de la compañía al ser el tendido propiedad de esta. En su mensaje me hacía llegar el enlace a un artículo sobre los avances realizados por  la compañía para la adecuación de sus infraestructuras buscando evitar la mortandad de aves, así como unos datos que indicaban que esta se había reducido hasta en un 80 %. Sin restar valor a la noticia (tal y como le dije, en efecto, me alegro de ello), me sentí como la persona que acaba de perder a un familiar, amigo o conocido en un accidente de tráfico (causado por un conductor en estado de embriaguez o que superaba la velocidad permitida) a la que la D. G. T. pretende consolar presentándole las estadísticas de una exitosa campaña de Navidad que se ha saldado con menos muertes que las de los 5 últimos años, por poner un ejemplo.

No solo me congratulo de que las compañías se impliquen y trabajen en pro del entorno natural (si bien muchas veces, y no digo que este sea el caso, no se trata más que de operaciones de “greenwashing” o paraecologismo), sino que lo considero necesario. Entiendo también que haya prioridades, de modo que las líneas con más puntos negros y aquellas que atraviesan entornos protegidos (no es lo mismo un parque nacional que uno periurbano) reciban mayor atención. Pero no hay que olvidar que existen numerosos informes presentados a lo largo de los años por la Agrupación de Voluntariado Ambiental de Santa Fe (AUCA) ante el Ayuntamiento de la localidad y la Delegación de Medio Ambiente en los que se informa de la problemática de estas líneas. Que tanto los agentes de Medio Ambiente como el SEPRONA han sido informados en cada uno de los casos de electrocución y se les ha acompañado al lugar de los hechos para la inspección y recogida de los cadáveres, y que la propia compañía eléctrica estaba al tanto de los mismos.

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El Parque Periurbano de la Dehesa de Santa Fe, como ocurre con tantos otros espacios verdes cercanos a núcleos urbanos, está francamente infravalorado. Tanto por sus valores intrínsecos como por la importancia que tienen estos entornos naturales (o naturalizados) para el desplazamiento de muchas especies, ya que en muchos casos vienen a satisfacer las necesidades de ejemplares juveniles de aves que se encuentran en dispersión, de otras que están en plena migración o que los usan como cazaderos y lugares de nidificación y cría.

Por todo lo anterior, me gustaría reivindicar estos espacios cuyos valores son olvidados, consciente o inconscientemente, por las concejalías de medio ambiente, agencias medioambientales, responsables políticos, empresarios, técnicos y por la ciudadanía en general. Porque, como bien sabéis, el valor conjunto de nuestros ecosistemas es mucho más que la suma de cada uno de ellos tomados por separado.

Por eso, y porque por muy bien que vaya la economía global a cualquiera de nosotros nos preocupará estar en paro (volviendo al símil de que el bien de la mayoría no ha de hacernos caer en la autocomplacencia y llevarnos a olvidar que existe el dolor de una gran minoría), hoy he querido volver a recordar al gran duque que tantas buenas noches nos ha regalado acompañándonos con su bronco ululido.

Enlaces relacionados:

Nota: Las fotografías pertenecen a la persona que localizó el ejemplar de búho real y lo notificó a la asociación de voluntariado y a Alberto, el organizador del curso sobre rapaces nocturnas y que ya nos visitó para hablarnos de la mortandad de aves por colisiones.

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Aunque espero estar de vuelta dentro de unas semanas, no he podido evitar dejaros unas refrescantes imágenes estivales. Son de mi último par de salidas por el parque periurbano de Santa Fe, y alguna de la huerta (las del abejorro carpintero o abejorro azul de la madera) como suplemento alimenticio.

Espero que, entre incendio e incendio (tanto forestales como anímicos ante tanta estulticia política), estéis disfrutando del verano.

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Saludos trotalomescos.

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La naturaleza nos habla mediante señales, pero no siempre sabemos escucharla, no siempre conocemos cómo interpretarlas. Hay veces que nos habla en alta voz; mediante  la flora y fauna presentes —y ausentes— en un determinado ecosistema o las consecuencias visibles de la contaminación ambiental, por ejemplo. Pero en muchas ocasiones lo hace con mayor sutileza, vemos aquello que no está o, más bien, el rastro que dejó a su paso.

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A todos nos resulta familiar la figura del piel roja postrado sobre el suelo siguiendo la pista a la caza del bisonte, del rastreador blanco tras la del indio o el montaraz Aragorn determinando que los hobbits Pippin y Merry han sido raptados por los orcos en El Señor de los Anillos. Aunque parezca de película, lo cierto es que la figura del rastreador de fauna existe, ya que muchos animales habitualmente son escurridizos y no se dejan ver con facilidad, y saber determinar las especies que existen, aun cuando no podemos verlas, o conocer cómo podemos obtener más información sobre ellas (por ejemplo, mediante el fototrampeo) es una labor que conviene conocer para cualquier zoólogo, naturalista o amante de la naturaleza en general.

Por eso me alegró tanto saber que Alberto (algunas de cuyas andanzas habéis podido leer en este blog en el pasado) se disponía a impartir un curso de rastreo técnico de fauna en la sede de Auca, nuestra querida Asociación de voluntariado ambiental de Santa Fe. Será el próximo fin de semana, 20, 21 y 22 de abril de 2012 en el Centro de Estudios Ambientales de esta granadina localidad, en horario de 17:00 a 20:30 el viernes, 10:00 a 14:00 y 17:00 a 20:30 el sábado, y salida de campo el domingo por la mañana.

Si estáis en Granada ese fin de semana y os animáis a participar, allí nos veremos. Os dejo con el cartel del curso, donde puede encontrarse una información más detallada sobre el mismo.

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Nota: Edito para incluir el enlace al evento del curso en Facebook, por si Alberto incluye allí más información (10/04/2012).

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El título de esta entrada coincide con el que diera la bióloga norteamericana Rachel L. Carson a su libro sobre los efectos de los plaguicidas sobre el organismo, un clásico de la literatura medioambiental publicado en 1962. Esa es la máxima similitud que será posible encontrar a lo largo de la misma, ya que la primavera silenciosa a la que aludo –con cierto grado de irónica tristeza, como se podrá apreciar más adelante– es a la que cada año, desde hace unos pocos, llega a nuestra querida Dehesa a mediados de marzo.

Con el descubrimiento hace ya cerca de dos décadas del yacimiento hidrotermal en Santa Fe se produjo un cambio de rumbo en la gestión del territorio. Las prospecciones realizadas por el Grupo KIO (Kuwait Investments Office) al detectar una inmensa bolsa que se creyó inicialmente de petróleo dieron un resultado inesperado pero interesante para los inversores: aguas termales fuertemente mineralizadas que excitaron la imaginación especulatoria: una gran urbanización con campos de golf, un oasis ya no en el desierto pero sí en una zona esteparia. Una locura, en definitiva.

El proyecto no siguió adelante y el manantial creado por las prospecciones quedó abierto. Aunque en ocasiones se intentó volver a cegarlo, unas veces por la presión del agua, otras por la picaresca ciudadana, el flujo de agua volvía a surgir, creándose unas pozas donde la gente aprovechaba para darse un baño relajante.

Finalmente llegó FADESA, la promotora inmobiliaria gallega, planteando un proyecto del que nuestros gobernantes se enamoraron perdidamente y que intentaron llevar adelante con toda presteza. Ni el temor de los comerciantes locales, ni las reticencias de los otros partidos políticos, ni los informes en contra presentados por las asociaciones o las recomendaciones del Defensor del Pueblo hicieron mella en su voluntariosa resolución. Las trabas legales encontradas por diversas irregularidades frenaron el proyecto una y otra vez hasta que siete años después de dar comienzo tan idílica relación la crisis económica y financiera supuso el fin del proyecto. Algo bueno debía traer.

Pero no acabaron los problemas ahí. Durante este tiempo los habitantes de Santa Fe y de otros municipios no usaron el balneario natural en exclusividad. Poco a poco iban llegando gentes de otros lugares e instalándose en torno a las mismas. Estos asentamientos, en camiones, furgonetas y caravanas llegaron a ser, en ocasiones, tan numerosos que “okuparon” cortijos cercanos, abandonados tras la compra de las tierras por FADESA, alterando el entorno. No habría nada que objetar (o, a lo sumo, debería hacerlo el propietario del terreno) si estas personas actuasen de buena fe y sin dañar el medio natural. Pero no ha sido así. Numerosos perros campan a sus anchas en un parque periurbano que da cobijo a numerosas especies, cazando cuando tienen oportunidad. Las basuras se multiplican alrededor del manantial y todas las lomas que lo rodean presentan asentamientos irregulares, marcas de rodaduras y un aspecto deplorable. Incluso interactúan de una forma poco ética con quienes acceden a la Dehesa buscando tranquilidad, tal y como nos contaba hace unos días nuestro amigo Otus.

Ahora, como cada primavera, llegan a miles a celebrar la llegada de la estación con la llamada “Fiesta del Dragón” que enlaza con otra, la del “Dragoff”, por lo que durante al menos diez días (del 18 al 28 del presente mes, según anuncian) un millar o dos de personas acampará ilegalmente, encenderá fuegos no siempre controlados, consumirá todo tipo de sustancias y alegrará la primavera naciente con su… ¿silencio? Obviamente, no. La música rave que despliegan sus inmensos altavoces inunda el ambiente con sonidos machacones, repetitivos, hirientes. Tanto es así que por la noche es posible oírla desde el núcleo urbano, a más de 5 kilómetros de distancia, llegando incluso a alterar el sueño. Si es así, ¿cómo no va a afectar al parque periurbano, junto al cual se instalan? Los animales están privados de uno de sus sentidos más desarrollados, el oído, o ven mermada su efectividad hasta el punto en que las presas no son capaces de oír a sus depredadores y estos, si dependen de este sentido para cazar, ven dificultada la obtención de alimento. Esto, sin contar con el estrés permanente que debe causarles esta presión de origen antropogénico.

Estos autoproclamados “antisistema” que compran en el pueblo Coca-Cola y otros productos de multinacionales y pagan con tarjeta de crédito despliegan sus banderas anarquistas y llaman capitalistas a quienes simplemente se acercan en vehículo a la Dehesa. Ellos, que conducen vehículos de gran tamaño y, en ocasiones, bastante edad. Ellos, que quieren una fiesta alternativa, fuera de los circuitos comerciales, pero consumen la droga de diseño fabricada en laboratorios industriales. Ellos, que piden respetar el entorno pero acumulan basuras en sus “pistas de baile”, letrinas en el entorno nitrificando el suelo y alterando la vida salvaje de un paraje que pierde su encanto frente a la abominable presencia de quienes no respetan a nada ni nadie que esté fuera de su egoísta concepción de la sociedad que dicen detestar y que no pretenden cambiar. Para ser antisistema no hay que salirse del mismo. Para ser antisistema, a mi parecer, hay que pretender cambiar el mundo, hacerlo más justo, donde todos tengamos cabida, humanos o no, en equilibrio. Un antisistema es el que pretende cambiar el rumbo de aquel al que pertenece. No se puede ser antisistema viviendo del producto del sistema criticado: eso es ser un parásito y a los parásitos les pasa lo que les pasa, que muerto el perro…

Qué decir, por otro lado, de la inane actuación política. Respondiendo siempre con evasivas, en los últimos años nunca existió constancia de la realización de la fiesta, al no haber sido solicitada al Ayuntamiento, a pesar de aparecer convocada la asistencia en multitud de redes sociales y foros de Internet. No hay más ciego que el que no quiere ver, y este año de elecciones la ceguera traspasa la frontera política para llegar a la de los medios de comunicación. Como lazarillos obedientes, a diferencia de pasados años en los que incluso días antes se recogía información sobre la Fiesta del Dragón en Santa Fe, este año no se ha escrito ni una letra. Ni gota de tinta, ni píxel delator. No hay fiesta, porque ojos que no ven… Queda así oculta, tapada bajo la alfombra de la desinformación, la incompetencia de tantos.

Oír, estos días de primavera ruidosa, no oiremos. Pero oler, vaya si huele.

Para conocer más:

Actualización (27/03/2011): Reproducción del artículo en Granada por una Nueva Cultura del Territorio.

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Una vez finalizado el periodo de exámenes, en un primer cuatrimestre durante el cual he intentado dar un poco más de mí mismo en todos los frentes, queda la mezcla agridulce del trabajo bien hecho y de la sensación de haber podido dar mucho más si las circunstancias lo hubiesen permitido. Esto me ha llevado a poner sobre la mesa la necesidad de definir el límite al que debería llegar el nivel de exigencia que me había autoimpuesto y el objetivo de meramente dejarme llevar y disfrutar sin más de lo que estoy haciendo.

Hermosísimo almendro en flor en un atardecer en la dehesa.

Hermosísimo almendro en flor en un atardecer en la dehesa.

Ya que en cuanto terminé los exámenes pasé directamente a preparar las asignaturas del nuevo cuatrimestre, este último fin de semana, cuando pude ir finalmente a Granada aprovechando el puente del Día de Andalucía, supuso una verdadera desconexión y un hálito de viento fresco para mí. Aunque podría haber sido mejor, ya que en ciertos aspectos habría sido muy mejorable (de algunos de ellos hablaré en una próxima entrada), lo cierto es que ha supuesto una especie de reencuentro conmigo mismo. Y, si bien los “bichejos” que traigo hoy no son particularmente singulares, tal y como hablaba el sábado con mi buen amigo Sergio en nuestra Dehesilla querida, cualquier especie tiene su lugar en la naturaleza, su importancia realmente vital en el equilibrio de los ecosistemas en los que se integra.

Transporte "público" en el olivar. Todo tipo de vehículos lo pueblan.

Como ya he avanzado, el sábado por la tarde anduvimos Sergio y yo por las inmediaciones de la Dehesilla y aprovechamos para mantener una interesante charla con el presidente de la sociedad de cazadores de Santa Fe y con un motorista que nos encontramos en aquella zona. Se quejaban del uso y abuso que del yacimiento de aguas termales y de los olivares aledaños, abandonados tras el fiasco del proyecto de urbanización de FADESA y el Ayuntamiento , hace una serie de mal llamados hippies que acampan en la zona, organizan fiestas rave que se prolongan durante toda la noche y buena parte del día, con el consiguiente perjuicio para la fauna local (pensad que, en una noche tranquila, el golpeteo de la música puede escucharse desde el propio casco urbano del municipio, que dista unos 5 ó 6 kilómetros del manantial). Además, mantienen gran cantidad de perros sueltos que, llegada la primavera, pueden suponer un grave peligro para la viabilidad de las polladas de perdices, los gazapos y las crías de todo tipo de fauna, cinegética o no, siéndolo durante todo el año para los adultos. Teniendo en cuenta todo lo anterior, se entiende la preocupación de nuestros interlocutores que, al fin y al cabo, es la misma que tenemos nosotros, si bien por distintas motivaciones.

La informática es el futuro, como lo fue la televisión...

La informática es el futuro, como lo fue la televisión...

El uso del campo por ciertos individuos como un vertedero, que incluso parecer querer dotar de cierto toque lúdico-artístico a sus desaguisados, es sin duda imperdonable. Como si de un rastro se tratase, su basura nos habla de la nula integridad moral de quienes llevan a cabo tales acciones; la guasa en cuestión podría haber costado la vida a la higuera de la fotografía.

¿Higuera de "Navidad"?

¿Higuera de "Navidad"?

Pero no todo fue malo y, como decía al principio, disfruté de lo lindo de la tarde. Anduvimos charlando, plantando algunas bellotas de coscoja y deambulando por el pinar hasta que el inconfundible ulular del Gran Duque nos hizo callar. Estaba cerca y, durante varios minutos, repitió insistentemente su reclamo. Al poco rato, silencio. Mudez en su voz y mutismo en su vuelo, nos permitió contemplarle durante unos segundos entre las copas de los árboles antes de desaparecer. Tras un minuto que se hizo eterno, volvió a designar como suyo el dominio del bosque-isla que es nuestra dehesa.

Ya de noche, las estrellas iluminaban discretamente nuestro camino (afortunadamente, la contaminación lumínica siempre está ahí para ayudar al paseante) y el del animal poco cuidadoso que se atrevió a pasar cerca de nosotros y no pudimos ver. Contaremos con nuestro buen amigo Otus y sus dotes (y artilugios) montaraces para saber de qué se trataba en una próxima ocasión.

Al día siguiente aproveché la mañana para salir por las choperas, junto a la ribera del Genil. Una pareja de ánade real fue el contrapunto al silencioso vuelo del búho real, con su parpado insistente y continuo que se oía a la legua.

Cuac, cuac.

Cuac, cuac.

Los viejos troncos podridos, junto a las acequias, son el paraíso del entomólogo, y en la medida en que me dejaron mis acompañantes –mi hermano y nuestros tres canes– anduve hurgando en ellos. Aunque bien es sabido, conviene recordar que debemos dejar la naturaleza en el mismo estado en que la encontramos, volviendo a colocar en su lugar las piedras o troncos que levantemos durante nuestro safari entomológico.

Toda una caja de sorpresas ante nosotros.

Toda una caja de sorpresas ante nosotros.

Los tres mosqueperros.

Los tres mosqueperros.

Alguna sorpresa de nuestra "caja" de madera.

Alguna sorpresa de nuestra "caja" de madera.

Y otra...

Y otra...

Y otras más.

Y otras más.

Tras recuperar la cabeza de un ratonero que encontré muerto en su día y que dejé enterrada para que los necrófagos la aprovecharan en lo posible y me aliviaran en parte el trabajo de limpiarla, nos fuimos a tierras más altas, de secano, a localizar en un olivar un par de desplumaderos que había encontrado mi hermano un par de semanas atrás mientras buscaba exquisitos espárragos trigueros. Situados sobre dos olivos adyacentes, las plumas de sendos mochuelos se esparcían en derredor. Ninguna de ellas mostraba los típicos cañones cortados propios de un depredador mamífero, así que quien les había dado muerte y devorado era también un plumífero animal.

Ser o no ser...

Ser o no ser...

Desplumadero.

Desplumadero.

Detalle del plumaje.

Detalle del plumaje.

Tronco del otro olivo, tras los días de lluvia pasados, con las plumas adheridas.

Tronco del otro olivo, tras los días de lluvia pasados, con las plumas adheridas.

Restos de la paloma. Es de reseñar que tenía parte de la cola arrancada de tiempo atrás, mostrando las nuevas plumas que empezaban a crecer.

Restos de la paloma. Es de reseñar que tenía parte de la cola arrancada de tiempo atrás, mostrando las nuevas plumas que empezaban a crecer.

Para quitar el mal sabor de boca.

Para quitar el mal sabor de boca.

Más adelante encontré una paloma torcaz decapitada, muerta recientemente y empezando a ser devorada por las hormigas. También estaba al pie de un olivo, y su abandono tal vez se debió a que algo ahuyentó a su cazador. O cazadora. Por el entorno, un olivar relativamente frondoso (para la habitualmente espaciada distribución suelen presentar estos cultivos), la forma de ser depredados y el tamaño de la última pieza, me vino a la mente el territorio de un gavilán, y posiblemente de una hembra de esta especie por el tamaño de la paloma en cuestión. De todas formas, podríamos estar ante la presencia de varios individuos o tratarse de alguna otra especie. ¿Qué opináis vosotros?

Por último, estuve un buen rato disfrutando del sol en un excelente día, como mis buenas amigas las lagartijas (ibéricas ellas), hasta que las dejé buscándose la pitanza para ir en busca de la mía propia.

Un buen paseo.

Un buen paseo.

El lagarto y la lagarta con delantalitos blancos...

El lagarto y la lagarta con delantalitos blancos...

Vuelta a casa.

Vuelta a casa.

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Cuando llegamos al Parque Periurbano de la Dehesa de Santa Fe a través de la zona ocupada años atrás por Cortijo Nuevo nos encontramos situados en el sector más occidental de la masa forestal. Caminando por su cortafuegos perimetral en dirección Este y tomando la primera derivación hacia el sur seremos capaces de llegar a la conocida “Majá de la Pileta” (la majada) , lugar en el cual los pastores que antaño llevaban a cabo un aprovechamiento de los pastos de la dehesa (podían refrescarse gracias al agua de lluvia acumulada en la pileta que, excavada en el suelo, aparecía cubierta por una piedra plana para disminuir la evaporación. Ha transcurrido más de un mes desde mi última subida a la Dehesilla, pero quería traer al blog alguna de las fotos de esa última subida al campo junto a unos amigos así que, para compensar la verborrea de la de ayer, dejo hoy una entrada algo más liviana.

La "majá" de la pileta

La “majá” de la pileta

Tanto en la fotografía anterior como en la siguiente puede observarse la curiosa disposición para la recogida de agua y cómo es llevada hasta la “pileta” donde quedará almacenada para el disfrute del sediento pastor. Desde este lugar, por cierto, escuchamos por vez primera al chotacabras gris (Caprimulgus europaeus) en el entorno del parque periurbano, justamente en un olivar situado al sur de este emplazamiento. Aunque el chotacabras pardo es un visitante estival asiduo a nuestro parque lo cierto es que la presencia de su familiar nos resultó muy llamativa en aquel entonces.

La "majá" de la pileta

La “majá” de la pileta

La verdad es que la salida a que me refiero no fue muy fructífera en cuanto a observaciones ornitológicas. También es cierto que salir al campo con amigos demasiado dicharacheros no es la mejor opción si queremos realizar la más mínima observación de fauna, pero hacía tiempo que no les veía y no quería desaprovechar la oportunidad de dar un paseo campestre. Al menos los insectos no se hicieron de rogar, como estas dos hormigas de diferentes clanes enfrentadas en una lucha titánica (donde, por cierto, llevaba la voz cantante la de menor tamaño). Me acordé entonces de la entrada que dediqué a este tema hace un tiempo gracias a las observaciones del padre Saz.

Colosos

Colosos

Una de las capturas fotográficas más hermosas de ese día es la de una libélula, un macho joven de Orthetrum chrysostigma en pleno cambio de coloración hacia el azul definitivo que podéis encontrar en el n.º 6 de la revista Journal of Feelsynapsis.

Otra cazadora es esta araña cangrejo (Thomisus onustus) que localicé en otra salida campestre (más veraniega, cierto es) con una mariposa del género Euchloe (posiblemente una Blanquiverdosa meridional) entre “manos”.

Thomisus onustus con su querida Pieris brassicae

Thomisus onustus con su querida Euchloe sp.

Aquí viene un pequeño reto de identificación arácnida. El ejemplar de las siguientes fotografías es una araña de aproximadamente 5 mm de longitud que llamó mi atención por el rápido movimiento lateral que llevaba a cabo (parecido al de un cangrejo) y, revisando a posteriori las fotografías, al darme cuenta de que parece faltarle una de las patas anteriores, de color negro. ¿Alguien sabría a qué especie puede pertenecer? ¿Tal vez una Xysticus sp.?

Araña indeterminada

Araña indeterminada

Y otra fotografía de nuestra amiga:

Araña indeterminada

Araña indeterminada

Aunque hubo más encuentros, no quiero extender demasiado la entrada. Espero poder subir dentro de poco algunas más con incursiones naturalistas que, no sé a vosotros, a mí me resultan más amenas.

¡Felices andanzas!

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