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Posts Tagged ‘plástico’

El primero de los ejercicios del “Curso de periodismo ambiental” que estoy haciendo proponía un estudio y reflexión del siguiente vídeo, que me encantó:

Hoy es el Día de la Tierra, y la lectura de otra carta debería hacer que nos preguntásemos: ¿deseamos vivir o sobrevivir?

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Lo he visto mientras me ponía al día con las entradas de algunos de vuestros blogs y me ha encantado. Txema, en su blog 1/4 de ambiente nos invita a la reflexión en torno a las conocidas “R” (en su versión clásica, “Reducir, reutilizar y reciclar”) y la importancia del orden de los factores en este caso: “La primera R es la que cuenta”.

El vídeo es genial y me permito la licencia de traéroslo en esta brevísima entrada, ya que en su día hablé sobre este tema en un par de ocasiones (sobre las actitudes de la ciudadanía y en torno a una presentación que me llegó por correo eletrónico)

Salud.

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Entrada de la presentación. Promete, ¿verdad?

Entrada de la presentación. Promete, ¿verdad?

Este fin de semana un amigo me remitió un correo con la presentación que traigo ahora al blog, preguntándome qué me parecía. Me puse manos a la obra, contestándole punto a punto sobre lo que afirmaban las diapositivas, y para cuando terminé me di cuenta de dos cosas. La primera fue constatar lo pesado que soy escribiendo, con esta “locuacidad escrita” que estáis a punto de sufrir. La segunda, que el correo de respuesta daba para una entrada en estas andanzas, y ya que hay que reciclar y dado que posiblemente muchos de vosotros recibiréis esta presentación o alguna similar en las próximas semanas, puede que os interese leer lo que escribí y, de paso, entablar un sano y siempre enriquecedor debate en torno a este tema.

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La de las bolsas de plástico no es únicamente una “campaña” publicitaria en contra del uso tremendamente extendido de aquellas, sino que viene respaldada por el Plan Nacional Integrado de Residuos, mediante el que se pretende reducir al 50% el consumo de bolsas de plástico “de un solo uso”, entre otros envases que tienen un fin similar. Se trata pues de una campaña auspiciada por una iniciativa gubernamental, y el que las empresas lo utilicen en beneficio propio es otra cuestión en la que entraremos dentro de poco, pero es básicamente cierta: las grandes superficies y supermercados aprovecharán la ambigüedad de la norma para minorar costes e incrementar, de paso, sus beneficios. Ahora, que sea un engaño… nos engañarán si no nos informamos, si no cuestionamos todo aquello que se nos presente “en bandeja” y listo para consumir. Vamos a evitarlo, pues.

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No se dice que las bolsas de plástico no sean reciclables (al menos yo nunca lo he visto ni afirmado así), sino que no son biodegradables. O, para ser más correctos, que la naturaleza tarda muchísimos años en llegar a degradar sus componentes hasta el punto en que puedan ser descompuestos por los microorganismos en sustancias químicas elementales. Eso sí, las bolsas de plástico no se reciclarán si no son arrojadas a los contenedores adecuados (los amarillos), y ciertamente así ocurre con millones de bolsas al año. Aproximadamente el 90% de las bolsas de plástico no se reciclan, lo que no quiere decir que no se tiren o desechen de otra forma, sino simplemente que no van a parar al contenedor amarillo, que es el paso previo en su camino de convertirse en “lentejitas” de plástico que volverán a ser convertidas en bolsas u otros elementos del mismo material.

Que una bolsa expuesta al sol se descomponga en unos meses no indica que ya no contamine, ni que haya sido “asimilada” por la naturaleza. De hecho, puede ser filtrada a las aguas o terminar contaminando el suelo, ya que la exposición solar provoca únicamente una disgregación de sus componentes (fenómeno físico-químico, por la acción de los rayos solares y el incremento de temperatura), pero no por ello es “asimilada” aún por la naturaleza (fenómeno bioquímico, de descomposición por parte de diversos microorganismos). Es cierto que hay estudios en los que consigue reducirse el tiempo necesario a unos pocos meses (precisamente usando bacterias y otros microorganismos cultivados), y me parecen interesantes en una primera aproximación, aunque habría que ver la viabilidad de los mismos y si no tienen efectos secundarios que causen otros problemas. De no ocurrir así, serían una buena opción para reducir los tiempos de degradación del plástico, aunque no supondría tampoco una solución al VERDADERO problema, el que parece que no queremos ver: nuestra dependencia del petróleo y los combustibles fósiles. Llevaremos únicamente 50 años usando bolsas de plástico, pero es posible estimar el tiempo de descomposición del plástico en la naturaleza. Esto es simplemente cuestión de química y matemáticas.

Respecto a sustituirlas por otras de tela, sería lo mejor que podríamos hacer. Ahora entramos en el tema de la rafia (de la rafia como sustancia plástica, o la inclusión de derivados del petróleo en su manejo, no la rafia auténtica, que sí es una fibra natural). Yo no soy tan mayor (o eso creo 😉 ), y recuerdo perfectamente cuando acompañaba a mi madre a hacer la compra, e íbamos con una bolsa de tela que se lavaba y reutilizaba hasta que no aguantaba más. Nos iba muy bien en aquellos días sin contaminar de forma sistemática (que también se hacía, pero no tantísimo con el plástico) y sin consumir, consumir, consumir…

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Que las grandes compañías ganan con la operación, es algo que está muy claro y somos muchos los que lo hemos denunciado a día de hoy. Deberían descontar de los precios el dinero que ya nos están cobrando, de forma indirecta, por un coste que repercuten sobre el importe de los productos. En pocas palabras: que deberían bajar los precios, o descontar de la compra el importe de las bolsas. Hasta la fecha, el único distribuidor que hará esto -que a mí me conste- es Eroski, que descontará 1 céntimo por cada bolsa ahorrada (lo harán en base a la volumetría de los productos adquiridos). Otros supermercados ya cobran por las bolsas de plástico (Dia, Lidl, Aldi…), por lo que hipotéticamente no incluyen ese importe actualmente en los artículos que compramos allí. Así que, al menos en esto, sí que tiene razón la presentación: se debería obligar a las empresas a descontar ese coste de los precios.

Que las bolsas que venderán ahora suponen un ingreso para ellos, también es cierto. Pero claro, nadie nos obliga a comprarlas, ¿verdad? Todo es acostumbrarse a ir con nuestra bolsa a comprar. Las de “rafia” que venderán también están fabricadas con productos derivados del petróleo, por lo que, por supuesto, contaminan igualmente. La única ventaja que tienen es que son de varios usos y no se rompen con tanta facilidad, pero yo seguiría apostando por bolsas de tela (y por no comprarlas a los hipermercados/supermercados).

El plástico es un subproducto del petróleo, ciertamente. Del mismo, sólo el 5% se destina a bolsas de plástico, pero por el uso que se les da suponen un importante impacto sobre el medio ambiente. A lo que hay que tender es a dejar de consumir petróleo, amigo mío. De todas formas, mientras se siga consumiendo, tranquilos que algún uso le darán a esos “desechos”. En cualquier caso, volvemos al verdadero problema: la dependencia de los combustibles fósiles, el uso excesivo que hacemos del petróleo y de sus derivados. Ahora se sataniza a las bolsas “camiseta” de un solo uso, pero la problemática va más allá: Los envases individuales de los productos de bollería, las bandejas de poliestireno de la carne y la fruta, el envoltorio de plástico de todos ellos, y así con un largo etcétera cuyo uso habría que replantearse. Hay que empezar por algún lado, y el de las bolsas de plástico es un punto de partida, pero no deberíamos quedarnos ahí. A mí no me escandaliza la campaña, ni que las compañías lo aprovechen para ganar dinero (siempre lo hacen, ¿no?). Esos son otros problemas de concepto de una sociedad eminentemente capitalista, en los que también podríamos entrar, pero no es lo que nos ocupa ahora. A mí lo que me indigna (de cara a lo que hablamos, que es el medio ambiente) es que sea el consumidor el que pague los platos rotos de una mala gestión ambiental, y que el Gobierno no ofrezca soluciones efectivas al problema. Si prohíbes, da alternativas, creo yo. Y no dejes en manos de los de siempre la solución, máxime cuando se está manifestando tan insuficiente y controvertida como es el caso.

España es un importante productor de bolsas de plástico, eso es cierto. También éramos líderes en la construcción de casas que se vendían a precios injustificados. Otra actividad en la que destacamos es en la producción de maíz transgénico. Y encima, seremos los últimos en salir de la crisis, al menos respecto a otros países de nuestro entorno. Ante todo esto, va siendo hora de reorientar nuestra forma de hacer las cosas, ¿no te parece? 😉

La alternativa a las bolsas de uno solo uso que nos ofrecen los hipermercados estarán fabricadas en Extremo Oriente… ¿Y? También están fabricados allí los artículos que la gente compra en los “Todo a x euros”, o muchos de los productos que se adquieren habitualmente. No se trata de hacer demagogia con las bolsas de plástico, como parece ser el caso, sino de buscar y fomentar el consumo de productos locales. Si van a traer de allí las bolsas de rafia, ¿por qué no producimos aquí bolsas de cáñamo? Es barato, fácil de producir, no es necesario usar pesticidas y las bolsas serían muy resistentes. Podríamos venderlas a buen precio bajo el lema de ecológicas, pues lo serían, planteando así una verdadera alternativa a las de plástico. ¿Por qué no actuamos (bien) de una vez, en lugar de seguir llorando por las esquinas?

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Me gustaría ver cifras sobre la emisión de CO2 para el reciclado del papel y el plástico, porque la presentación habla con ambigüedad, y he buscado sin éxito información sobre las mismas. De todas formas, el problema del reciclado es que no sólo se genera CO2 (al que parece que quieren convertir en el único demonio de nuestros días). El CO2, como el metano, son gases que contribuyen al efecto invernadero y, por consiguiente, al calentamiento global, pero no son el único problema existente en nuestros procesos productivos. En la fabricación y el reciclado del papel se utilizan (cada vez menos, por fortuna) sustancias contaminantes como el cloro o diversos ácidos, como el clorhídrico, y en los del plástico ocurrirá otro tanto. El reciclado es la “tercera R” (Reducir, Reutilizar, Reciclar), por lo que debería ser la última opción, la que se llevase a cabo únicamente cuando ya hemos puesto en práctica las dos anteriores. Desde luego, con las bolsas de plástico no ocurre esto en la actualidad. Ahora profundizaremos en la cuestión.

Nos hablan de la reutilización de los envase de vidrio. He aquí uno de los caballos de batalla a los que me he referido siempre al hablar del reciclado y por qué debería de llevarse a cabo en último término. Tiempo atrás, los envases de vidrio se reutilizaban. Tú comprabas una botella de refresco, de zumo o de cerveza (por poner algunos ejemplos), e ibas a por ella con el casco de la última que habías consumido, y de no llevarla te veías obligado a pagarla aparte. Después, esas botellas se lavaban y volvían a utilizarse. Deberíamos REUTILIZAR antes que RECICLAR. Es mucho más barato, más óptimo energéticamente y menos agresivo con el medio ambiente llevar a cabo este tipo de gestión de nuestros residuos.

Con todo lo dicho anteriormente, está claro que se debería reutilizar el vidrio, y ahí sí que incidiría respecto a lo que dice la diapositiva. Pero el vidrio es reciclable prácticamente sin límite alguno, y el plástico no. Además, este último proviene del petróleo, con lo cual yo seguiría apostando por envases de vidrio frente a los de plástico, pero eso sí, con la salvedad de que se reutilicen y no se reciclen sistemáticamente. Romper una botella para hacer otra me parece uno de los absurdos más grandes que venimos llevando a cabo desde que el mundo es mundo.

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Completamente de acuerdo en este punto: debemos exigir el reciclado del plástico que se deposita en los contenedores amarillos. Para exigir también sería bueno ser coherentes y depositar en esos contenedores todos los residuos que generemos de envases y demás envoltorios. También habría que exigir alternativas a las bolsas de basura tradicionales, que también son de plástico y de un solo uso, pidiendo alternativas biodegradables.

En cuanto a exigir que las grandes superficies gestionen los residuos de los envases que generan, no me parece una mala idea. Habría que pedirles también que no usen plásticos en otros tipos de embalajes (como apuntaba anteriormente). De paso, que tuvieran que hacerse cargo de estos residuos posiblemente les llevaría a reducir el uso de embalajes. Eso sí, posiblemente subirían en primer lugar los precios de los productos “para acometer este nuevo coste” y, una vez que nos cobrasen por el proceso, comenzarían a reducir la cantidad de envases utilizados para incrementar el beneficio de la operación.

El último punto creo que está mal formulado. Me parece que se refiere a que las autoridades deberían exigir a los supermercados y grandes superficies que asuman el hecho de que están cobrando por nada. Es decir, que si antes incluían el coste de las bolsas en el precio final del productor, ahora deberían descontarlo. Ahí, completamente de acuerdo, como también dije más arriba.

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Bueno, yo mandaría una presentación que fuese más fiel a la verdad, ya que no todo es como lo pintan, y hace demasiado uso de la demagogia. Que se informe a la población me parece genial, pero que se haga adecuadamente ya que no lo hacen los propios medios de comunicación ni el propio Gobierno. También habría que añadirle una propuesta por hacernos responsables de nuestras acciones. Lo que tantas veces hemos hablado, que no todo es blanco o negro, que hay tonos grises, y que todos debemos poner algo de nuestra parte. 🙂

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Hace un rato, al entrar en la panadería, he oído la conversación que mantenía una de las clientas con la panadera. Hablaba muy indignada sobre la supresión de las bolsas de plástico en los comercios y, ya que la medida legal aún no ha trascendido lo suficiente, imagino que se centraba en Carrefour y su campaña “bolsa caca” que tanto ha dado que hablar, lo que me hace pensar en que la publicidad viral de la compañía va a hacer que le salga el tiro por la culata en cuanto a lo de ponerse la medallita de medioambientalmente responsables. Proseguía la vecina con su exposición, indicando que la mayor parte de envases son (o contienen) plástico y que las bandejas de poliestireno expandido son también muy contaminantes, y nadie está hablando de la posibilidad de reducir su uso o retirarlos del mercado. Hasta el momento, chapó por la señora. Pero –y aquí viene el momento en que la conversación ha trascendido de una panadería de cualquiera de nuestras calles a los suburbios de la Internet 2.0-, esta buena mujer ha continuado diciendo que antes ella reciclaba, pero ya no. No, porque tiene que andar dos calles para depositar las bolsas en los distintos contenedores, y no está dispuesta a seguir haciéndolo hasta que pongan varios contenedores como el de residuos orgánicos a la puerta de su casa. Tras esto, ha abonado su compra y ha salido por la puerta. ¿Qué desea, señor?, me ha interpelado la panadera, y he dejado mis reflexiones para unos minutos después. Para ahora.

Vayamos por pasos. Comenzaremos por la pregunta de esta ciudadana sobre los motivos que impelen a Carrefour y al resto de comercios a eliminar las bolsas de plástico que hasta la fecha ofrecían con toda alegría a sus clientes. “Para algo que regalan”, podríamos pensar. Haciendo balance general del altruismo que suele caracterizar a las empresas, no puede uno más que sentir la mosca detrás de la oreja sobre algo que nos dan “gratis”. Por supuesto, el coste de las bolsas de plástico que ofrecen los comercios ya revierte sobre el coste final de los productos que compramos, por lo que ahora que los comercios no las ofrecerán, deberían descontarlas del precio del producto. ¿Creéis que lo harán? Yo tampoco. Por el contrario, se ofrecen al cliente atractivas alternativas, con bolsas de “rafia” sintética, también de origen petroquímico, que son igualmente contaminantes, aunque al ser más resistentes podrán volver a utilizarse en mayor medida que las desechables. Eso sí, en muchos casos se producen en países lejanos, fundamentalmente asiáticos, por lo que los costes medioambientales de la producción, transporte y almacenaje deberían estar también contemplados.

Entonces, ¿es mala ésta medida? Ciertamente no, o al menos no del todo. Es obvio que habrá que examinarla con lupa, y que ofrece vacíos legales que posibilitaran que la picaresca y las malas artes proliferen por doquier. Pero que tenga éxito o no, dependerá más de los consumidores que de las propias empresas. Por supuesto, hay que exigir medidas contundentes con otros tipos de envases de plástico, pero de poco servirán si, como consumidores, no apoyamos otras alternativas. Ir a hacer la compra con bolsas de tela (como antaño hacían nuestras madres o abuelas), y no consumir a destajo las bolsas de plástico que nos ofrecen como alternativa los carrefoures e ikeas de todo nombre y pelaje que, encima, incrementan sus beneficios (venderán directamente donde antes repercutían únicamente costes de fabricación). Comprar antes un producto a granel que otro con envases individuales. Adquirir la carne y otros productos en la carnicería, sin que haya sido envasada al peso. Pero, sobre todo, debemos ser conscientes de la importancia que tiene nuestra decisión individual sobre la industria y el consumo. ¿Esto es así realmente? Yo creo que sí. Vayamos  a por el siguiente paso.

La vecina de la panadería decía muy acertadamente que había que eliminar otro tipo de envases, además de las bolsas de plástico. Pero, ¿estaría ella dispuesta a prescindir de estas “ventajas” del “progreso”? Se quejaba de tener que andar dos calles para llegar a los contenedores de vidrio, papel y envases, y justificaba su decisión de dejar de reciclar en la falta de contenedores. Esto es así en algunos barrios y poblaciones, donde no existen estos contenedores o hay que caminar no dos, sino cinco o diez calles para llegar al contenedor más cercano. Ahí no cabe el dejar de reciclar, sino el exigir a los gobernantes que se ubique un mayor número de contenedores en la zona. En lo que tampoco hay que caer es en la ley del mínimo esfuerzo, y es que tampoco me parece excesivo recorrer dos calles para tirar la basura (al menos, no para una persona sana o que no sea demasiado mayor). Lo que no es de recibo, en todo caso, es que haya lugares donde los contenedores de vidrio, papel o envases, se recojan cada dos semanas, procurando así que la gente deposite sus desechos alrededor de los contenedores y, finalmente, terminen por cansarse de llevarlos allí. Ahí también hay que ser tajantes con la Administración, y exigir que las compañías que han sido contratadas para recoger los residuos lo hagan con eficiencia y presteza. Pero asumamos a cambio nuestra responsabilidad personal: no depositemos pantallas de ordenador que aparecerán rotas para extraerles el cobre y rociaran las calles de cristales rotos, ni muebles viejos, ni saquemos la basura a deshoras. Cumplamos llevándolas al Punto Limpio de la ciudad, o solicitemos su recogida al Ayuntamiento, ya que suelen tener varios días al mes asignados para ello.

Por todo ello, querida vecina, deje usted las bolsas de plástico desde ahora, haga uso de alternativas como las bolsas de tela y su queja sobre los otros envases de plástico tendrá más peso: el de su ejemplo. Y recicle, que tampoco vienen mal unos pasos al final del día, que ya llegarán más contenedores a su zona (eso sí, tenga en cuenta que los contenedores también son de plástico). Por otro lado, no se hizo el mundo en tres días, y habrá que cambiarlo poco a poco, paso a paso, con nuestro ejemplo diario, eso sí, preñado de coherencia.

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