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Posts Tagged ‘energías renovables’

Releyendo La isla misteriosa, de Julio Verne, me topé con este párrafo que me asombró profundamente:

Un día Gedeón Spilett le dijo:
-Pero en fin, querido Ciro, todo este movimiento industrial y comercial que usted predice continuará en progresión constante. ¿No corre peligro de verse detenido tarde o temprano?
-¿Detenido? ¿Por qué?
-Por falta de carbón, que puede llamarse el más precioso de los minerales.
-Es el más precioso -contestó el ingeniero-, y parece que la naturaleza lo ha querido demostrar así haciendo el diamante, que en último análisis no es más que carbón puro cristalizado.
-¿Quiere usted decir, señor Ciro -repuso Pencroff-, que se quemarán diamantes a guisa de hulla en las calderas?
-No, amigo mío -contestó Ciro Smith.
-Sin embargo, insisto en lo que he dicho -añadió Gedeón Spilett-. ¿Negará usted que un día se habrá extinguido completamente la provisión de carbón?
-Los yacimientos de hulla son todavía muy considerables, y los cien mil obreros, que arrancan anualmente cien millones de quintales métricos de mineral, están muy lejos de agotar tan pronto los depósitos.
-Considerando la proporción creciente del consumo de carbón de piedra -repuso Gedeón Spilett-, se puede presumir que esos cien mil obreros serán pronto doscientos mil y que se duplicará la extracción.
-Pero después de los yacimientos de Europa, con el auxilio de nuevas máquinas podrán explorarse más a fondo. Las minas de América y de Australia suministrarán por largo tiempo todavía lo necesario para el consumo de la industria.
-¿Por cuánto tiempo? -preguntó el periodista.
-Al menos por doscientos cincuenta o trescientos años.
-Eso nos debe tranquilizar -intervino Pencroff-, pero es alarmante para nuestros bisnietos.
-Ya se inventará otra cosa -dijo Harbert.
-Esperemos -contestó Spilett-, porque sin carbón no hay máquinas, y sin máquinas no hay trenes, ni vapores, ni fábricas, ni nada de lo que exige el progreso de la vida moderna.
-Pero ¿qué se inventará? -preguntó Pencroff-. ¿Lo imagina usted, señor Ciro?
-Algo, amigo mío.
-¿Y qué se quemará en vez de carbón?
-¡Agua! -respondió Ciro Smith.
-¡Agua! -exclamó Pencroff-. ¡Agua para calentar las calderas de los vapores y de las locomotoras, agua para calentar el agua!
-Sí, amigo mío -repuso Ciro Smith-; agua descompuesta sin duda por la electricidad y que llegará a ser entonces una fuerza poderosa y manejable. Todos los grandes descubrimientos, por una ley inexplicable, parece que se encadenan y se completan en el momento oportuno. Sí, amigos míos, creo que el agua se usará un día como combustible, que el hidrógeno y el oxígeno que la constituyen, utilizados aislada y simultáneamente, producirán una fuente de calor y de luz inagotable y de una intensidad mucho mayor que la de la hulla. Un día el pañol de los vapores y el ténder de las locomotoras en vez de carbón se cargarán de esos dos gases comprimidos, que arderán en los hornos con un enorme poder calorífico. No hay que temer, pues, mientras esta tierra esté habitada, suministrará elementos para satisfacer las necesidades de sus habitantes, los cuales no carecerán jamás de luz ni de calor, como tampoco de las producciones de los reinos vegetal, mineral y animal. Creo que, cuando estén agotados los yacimientos de hulla, se producirá el calor con agua. El agua es el carbón del porvenir.
-Quisiera ver eso -dijo el marino.
-Has madrugado mucho, Pencroff -contestó Nab, que intervino con estas palabras en la conversación.

Este libro fue publicado por Verne entre los años 1874 y 1875 en Magasin d’Education et de Récréation, y todas sus páginas destilan la pasión del autor francés por la ciencia y una visión positiva de los avances tecnológicos de la época. El carbón era la sangre que alimentaba las máquinas de la Revolución Industrial y la posibilidad de agotamiento del mismo era una cuestión sobre la que no merecía la pena gastar mucho tiempo. Sin embargo los náufragos -colonos- de la isla Lincoln se lo plantean, y Cirus (Ciro en algunas traducciones) Smith no duda en responder, como el hombre de ciencia que es. La respuesta de Ciro a sus compañeros no puede resultar más sorprendente. Tal vez usa palabras y conceptos de su época, pero la concepción del agua como fuente inagotable de energía, descomponiéndola en sus elementos y usando estos como combustible se acerca mucho, tal vez demasiado, al de la pila de hidrógeno.

¿Fue Verne un visionario? Realmente usaba como fuente de documentación obras divulgativas de la época, pero su imaginación no parecía tener límite. Sus libros han constituido alimento para los sueños de aventura y bebida para la sed de conocimiento de generaciones de jóvenes, siendo en demasiadas ocasiones menospreciados como lectura adulta, pero qué duda cabe de que el bueno de Jules contribuyó a despertar vocaciones en geógrafos, geólogos, químicos o ingenieros a lo largo y ancho del mundo.

Y ahora, sigo estudiando esta asignatura de Tecnología Energética que cogí pensando en el verano y que, tengo que decirlo, me está resultando bastante menos amena que los descubrimientos de los colonos de la que puede ser (para mí lo ha sido, desde luego, desde que la leí por vez primera hace más de 20 años) la obra maestra de Verne.

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Ahora que llega el verano y quieres ver tu piel bronceada, lucir el moreno veraniego, hacer ver que tus vacaciones fueron de cine o que pasaste cada tarde que pudiste en la playa, bajo el sol, no dejes de ver antes este vídeo.

Disfruta, sí, pero con precaución.

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Porque no queremos esto…

Nuestra energía

Nuestra energía...

... y algunas consecuencias.

... y algunas consecuencias.

Nuestras ciudades,

Nuestras ciudades,

¿nuestros hogares?

¿nuestros hogares?

Lo que nos falta.

Lo que nos falta.

Lo que nos sobra.

Lo que nos sobra.

Nuestras telecomunicaciones.

Nuestras telecomunicaciones.

Día Mundial del Medio Ambiente 2011. Solo con tu implicación es posible celebrarlo de otro modo.

Nota: Las fotografías provienen de:

Si eres el propietario de alguna de ellas y deseas que sea retirada del blog puedes indicármelo  a través del correo electrónico trotalomas (arroba) gmail (punto) com. Gracias.

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El primero de los ejercicios del “Curso de periodismo ambiental” que estoy haciendo proponía un estudio y reflexión del siguiente vídeo, que me encantó:

Hoy es el Día de la Tierra, y la lectura de otra carta debería hacer que nos preguntásemos: ¿deseamos vivir o sobrevivir?

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De una relectura particular del discurso de ingreso de Miguel Delibes en la Real Academia Española he querido extraer un par de fragmentos de plena vigencia, máxime cuando los amos del mundo se vuelven a reunir, esta vez en México, quién sabe si para reírse las gracias como ya ocurriese un año atrás o para hacer su trabajo, algo sobre lo que tristemente tengo mis dudas.

Os dejo con estos fragmentos de sabiduría de uno de nuestros grandes, al que tristemente perdimos no hace mucho y, sin embargo, hace ya tanto…

En la actualidad la abundancia de medios técnicos permite la transformación del mundo a nuestro gusto, posibilidad que ha despertado en el hombre una vehemente pasión dominadora. El hombre de hoy usa y abusa de la Naturaleza como si hubiera de ser el último inquilino de este desgraciado planeta, como si detrás de él no se anunciara un futuro.

La Naturaleza se convierte así en el chivo expiatorio del progreso. El biólogo australiano Macfarlane Burnet, que con tanta atención observa y analiza la marcha del mundo, hace notar en uno de sus libros fundamentales que «siempre que utilicemos nuestros conocimientos para la satisfacción a corto plazo de nuestros deseos de confort, seguridad o poder; encontraremos, a plazo algo más largo, que estamos creando una nueva trampa de la que tendremos que librarnos antes o después».

He aquí, sabiamente sintetizado, el gran error de nuestro tiempo. El hombre se complace en montar su propia carrera de obstáculos. Encandilado por la idea de progreso técnico indefinido, no ha querido advertir que éste no puede lograrse sino a costa de algo. De ese modo hemos caído en la primera trampa: la inmolación de la Naturaleza a la Tecnología. Esto es de una obviedad concluyente. Un principio biológico elemental dice que la demanda interminable y progresiva de la industria no puede ser atendida sin detrimento por la Naturaleza, cuyos recursos son finitos.

Toda idea de futuro basada en el crecimiento ilimitado conduce, pues, al desastre. Paralelamente, otro principio básico incuestionable es que todo complejo industrial de tipo capitalista sin expansión ininterrumpida termina por morir. Consecuentemente con este segundo postulado, observamos que todo país industrializado tiende a crecer; cifrando su desarrollo en un aumento anual que oscila entre el dos y el cuatro por ciento de su producto nacional bruto. Entonces, si la industria, que se nutre de la Naturaleza, no cesa de expansionarse, día llegará en que ésta no pueda atender las exigencias de aquélla ni asumir sus desechos; ese día quedará agotada.

[…]

La pueril idea de un mundo inmenso, inabarcable e inagotable, queacompaña al hombre desde su origen, se esfuma a mediados de este siglo con laaparición de aviones supersónicos que ciñen su cintura -la del mundo- en unashoras y con el primer hombre que pone su pie en la Luna.

Las fotografías tomadas desde los cohetes lunares muestran al planetaTierra como un pequeño punto azul en el firmamento, lo que equivale areconocer que 100.000 millones de otras galaxias pueden albergar, cada una,cientos de miles de sistemas solares semejantes al nuestro. La técnica, quepuede mucho, evidencia que somos poco. Esto supone para el orgullo delhombre, en cierto modo, una humillación, pero también una toma deconciencia: la de estar embarcado en una nave cuya despensa, por abastecidaque quiera estar, siempre será limitada.

Esta convicción destruye la idea peregrina de la infinidad de recursos y presenta, a cambio, de cara al futuro, el posible fantasma de la escasez. Mercedal perfeccionamiento de las técnicas de prospección, el hombre empieza a tocar ya las tristes consecuencias del despilfarro iniciado con la era industrial.

Miguel Delibes, Un mundo que agoniza.

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Como avanzaba en la anterior entrada sobre el Valle del Genal, durante la pasada semana asistí al curso “Caminando hacia la sostenibilidad” organizado por la Asociación de Educación Ambiental y Ecología Social, Aulaga. Desde que resido en Málaga mis actividades con Auca -la Asociación de voluntariado ambiental de Santa Fe, donde desde hace lustros he desarrollado mis principales trabajos de estudio y conservación del entorno natural junto a tantos y tan buenos compañeros- se han visto reducidas a colaboraciones con la redacción de escritos de toda índole y la participación esporádica en actividades presenciales. Por esto, echaba mucho de menos el contacto con gente sensibilizada con las problemáticas ambientales que aquejan a nuestras sociedades y con la conservación de la naturaleza. Aunque durante este tiempo he seguido asistiendo a algunos cursos y charlas cuando me era posible y descubría su existencia, lo cierto es que poder dedicar cuatro tardes a aprender, reflexionar y aportar ideas en torno a un concepto tan usado en los últimos tiempos que corre el riesgo de diluirse, de convertirse en otra palabra huera tan del gusto de paraecologistas (me gusta más este neologismo que el término inglés de greenwash, más centrado en el conjunto de prácticas y mensajes intencionalmente cercanos al ecologismo que únicamente buscan un lavado de cara de quienes los llevan a cabo) como es la sostenibilidad.

Resumir en una entrada que equivaldría a un par de páginas A4 el contenido del curso constituiría un propósito abocado al fracaso desde su concepción. Se habló de desarrollo sostenible desde una perspectiva aglutinadora de los diversos usos de los recursos naturales por parte del hombre, estableciéndose una red tupida entre cada uno de nuestros actos y las repercusiones que tienen sobre nuestro entorno natural y social, desde la contaminación de acuíferos o la sobreexplotación de bosques primarios al empeoramiento de la calidad de vida de las poblaciones humanas del llamado Tercer Mundo. No se trata de no hacer nada, de no vivir, como muchos plantearían, sino de hacerlo con seso y asumiendo la propia responsabilidad, la que nos corresponde a individuos y sociedades. Un camino para ello es el que plantea el decrecimiento, que pasa por la propia decisión voluntaria de cada cual y que apuesta por la búsqueda de la felicidad antes que por la del crecimiento económico. Por cierto, en relación a este tema hace unos días publiqué algo en otro de mis blogs, a medio camino entre este y Lobosoft.

Cubrir las necesidades de una población creciente es otro de los problemas a los que se enfrenta nuestro planeta. Las soluciones biotecnológicas pueden contribuir a mejorar el rendimiento de las cosechas o la salud de las personas, pero tan malo como negar sus beneficios puede resultar confiar ilimitadamente en la capacidad de la ciencia y la tecnología para “sacarnos de problemas” (maltusianos vs cornucopianos). De cualquier modo, el uso de la tecnología sin conocer las repercusiones que tendrá en un futuro –incluso a corto o medio plazo, como ya denunciara Commoner en alguna de sus obras– puede acrecentar los problemas que se intentan resolver o hacer que aparezcan otros nuevos, y es que cuando hablamos de un sistema a gran escala como es el planetario es inevitable que surjan problemas retorcidos difíciles de solventar.

Entre todo este maremágnum de ideas, acciones y repercusiones, se encuentran la naturaleza –lo que nos queda de ella- y el medio ambiente –como suma de naturaleza, sociedad e interacciones entre ambos-, si es que no son una misma cosa, peligrando su conservación a causa de muchas de las acciones del hombre. En el curso pudimos ver casos concretos, como el de la Sierra de Mijas, en Málaga, en los que la preservación del entorno no se está llevando a cabo de una forma del todo adecuada y en la que la aparición de especies introducidas por el hombre (los jabalíes) están alterando el ecosistema permitiendo así la llegada y adaptación de otras especies foráneas que desplazan a las locales, entre las que se encuentran algunos endemismos. Los errores de este tipo se han repetido a lo largo de la historia y en el curso pudimos recordar algunos que podrían ser definidos como crímenes de lesa humanidad, si no de hecatombes ambientales, como el de la “guerra contra los gorriones” en China.

Como es necesario conocer algo para amarlo y protegerlo, el turismo puede ser una herramienta de educación ambiental de inestimable valor. Sin embargo, hoy día se genera muchísima contaminación gracias a la proliferación de vuelos baratos y un incremento del tráfico aéreo que nos permite llegar más lejos e interactuar con los miembros de otras sociedades en todo el mundo. El turismo sostenible debería pasar por una reducción de la polución asociada al mismo y por el respeto a las sociedades que visitamos. Algunas de sus modalidades pasarían por el trabajo y colaboración en actividades propias del lugar de destino, estableciéndose así una relación más estrecha con las poblaciones locales y una contribución a su desarrollo (sostenible, claro está).

 

Parte exterior del salón de actos del OMAU.

Parte exterior del salón de actos del OMAU.

Por último, e independientemente del curso, pude visitar el sábado el edificio del Observatorio de Medio Ambiente Urbano (OMAU) de Málaga (En el blog de Agustín Rivera es posible ver una fotografía de conjunto del edificio y encontrar un enlace interesante a un artículo sobre la nueva educación superior y “Bolonia”). Una visita interesante a un edificio domótico donde el consumo energético está regulado por ordenador, intentando minimizar el impacto que conlleve su mantenimiento. Aunque según nos comentaron se había edificado con material extraído del propio lugar de edificación, no se hacía necesario apenas el sistema de climatización, las plantas eran de zonas mediterráneas y el agua utilizada para su riego procedía en su mayor parte de una balsa situada sobre la terraza que recogía el agua de lluvia, no me cupo en la cabeza que el salón de actos no contase con ninguna ventana que aportase luz natural (máxime cuando está en la parte superior del edificio), evitando así el consumo obligado de energía eléctrica, por más que las placas solares situadas en la terraza produjesen más energía de la necesaria para el edificio. Esto, junto a mencionar lo bien que se adaptan y viven especies invasoras como el periquito o la cotorra argentina, liberadas por algún dueño cansado de estas aves- al vecino Parque Morlaco (con lo que se daba una visión excesivamente bondadosa de un problema ciertamente grave para el medio ambiente, urbano o no), enturbiaron el concepto positivo que podría haber extraído de la visita y me hicieron pensar –mucho- en la relación entre medio ambiente, clase política y greenwashing –o paraecologismo-.

 

Interior del salón de actos del OMAU, escasamente sostenible.

Interior del salón de actos del OMAU, escasamente sostenible.

Os dejo con  un vídeo, para finalizar, sobre el falaz crecimiento ilimitado de la economía con una metáfora simple pero esclarecedora: el hámster imposible.

Salud, y buen fin de semana.

Para saber más:

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Cuarenta y dos es el equivalente en sistema decimal de la notación binaria correspondiente a 101010. Hoy es 10/10/10 (si se permite el juego de reflejar así la fecha, obviando los 2000 años que habría que sumar al año y que romperían así el ensueño de encendidos y apagados, de ceros y de unos, del número en cuestión), lo que la hace una fecha llamativa, singular, interesante para plantear actividades, reivindicaciones o, simplemente, la necesidad de disfrutar de un domingo, día de descanso estemos inmersos en un “puente” festivo o no, al menos en muchos lugares de España.

Hoy pretendo únicamente traeros un vídeo que me ha venido a la memoria tras enterarme de que el pasado viernes la televisión pública de nuestro país emitió en ese espacio particular que constituye La 2 (serían notables los resultados de un estudio “biogeográfico” de las especies que pueblan esta particular isla televisiva) un documental de David Suzuki, el conocido científico y activista medio ambiental  canadiense, de origen nipón, que fuera hace un año galardonado con el “Premio Nobel Alternativo” de la fundación Right Livelihood Award, que ha sido dirigido por Tony Papa en un formato realmente innovador. Se trata de un trabajo que aborda los riesgos medioambientales a los que nuestra especie permanecerá expuesta a corto plazo y que tendrá que afrontar si seguimos el rumbo que nos hemos marcado (o que han querido marcar por nosotros, en muchos casos). Aunque no pude verlo en su momento (no “gasto” de la televisión al uso y, además, me enteré esta misma mañana de la emisión) la verdad es que por lo poco que he podido ver del mismo (el tráiler y algunos fragmentos) lo cierto es que parece de lo más interesante. Su nombre, “David Suzuki Speaks: It’s Not Empty Space”.

De cualquier modo, el vídeo que quería dejar por aquí fue grabado hace 18 años y la protagonista es, precisamente, la hija de Suzuki: Severn Cullis Suzuki. Pronunció su discurso durante la Cumbre de la Tierra de 1992 en Río de Janeiro y,  a día de hoy, sigue estremeciendo escucharla, máxime cuando nos damos cuenta de que los grandes, los poderosos, siguen haciendo oídos sordos al clamor que reivindica un mundo más justo. Ella sigue en la lucha (se licenció  en biología evolutiva y ecología por la Universidad de Yale y sigue siendo una activista medioambiental con fuertes convicciones) aunque sus palabras sonrojaran a un mundo que, aún hoy, ignora a los desheredados de esta Tierra. Naciones Unidas, insisten en llamarse en un aberrante oxímoron. Os dejo con ella.

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