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Posts Tagged ‘agricultura’

Andaba manteniendo una charla en Twitter sobre la «limpieza» de ríos y montes cuando recordé una vieja entrada que había publicado sobre este tema tras uno de los desbordamientos del arroyo Salado en Santa Fe. Quería enlazarlo y comprobé que no lo había escrito en este blog sino que pertenecía a mi pretérito lugar de encuentro, La Dehesilla News. Como lo desactivé hace un tiempo, he querido recuperar la entrada para estas andanzas mías, ya que creo que sigue plenamente vigente (por desgracia) esa visión sobre que es un monte «limpio» y el supuesto extremismo ecologista.

Apuntaré que la entrada incidía en el ecologismo porque esa era la palabra que, de forma despectiva y, a mi parecer, injustificada, se usaba para atacar al colectivo al que pertenezco. Una asociación de voluntariado ambiental (AUCA) que lleva trabajando en el pueblo más de tres lustros en aras de mejorar las condiciones del entorno y con una trayectoria más que solvente en lo que se refiere a este ámbito.

Sin más dilación, la antigua entrada y el comentario que suscitó. Los enlaces finales están desactivados porque, tras revisarlos, he visto que las páginas dejaron de estar activas.

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Cuando nos vemos desbordados…
Sábado, 29 de septiembre de 2007

El pasado viernes 21 de septiembre, un temporal provocaba el desbordamiento del arroyo Salado en nuestro municipio, provocando numerosos daños. Sin embargo, el más grave de todos no fue provocado directamente por el aluvión, sino por la falta de reflexión y el escaso uso de las meninges, comprensible cuando se estaba en el meollo, pero incomprensible cuando días después se sigue insistiendo en el mismo punto.
Entre la gente que en aquel aciago momento arrimaba el hombro, había voces que proclamaban que la culpa de todo la tenían los ecologistas, que no querían que se limpiase el arroyo. Expresiones tan pensadas y sapientísimas como: “prefieren que vivan los sapos a las personas” o “al río teníamos que echarles ahora” calentaban los ánimos de la población. En momentos de tensión, es obvio que puedan decirse cosas de las que luego debamos, de mutuo acuerdo con nuestra conciencia, retractarnos. Lo peor es que sigamos sumidos en la ignorancia cuando todo ha pasado.
Así, invitamos a los lectores de La Dehesilla News a reflexionar sobre varios aspectos que encuentran su demostración gráfica en las fotografías que presentamos a continuación, tomadas el día de la inundación.
En la primera de ellas, vemos cómo el arroyo Salado ha salido de su cauce inundando campos de cultivo, y un olivar (en el lateral derecho de la fotografía). Puede observarse que, por un lado, la contención del arroyo había quedado mermada por las labores de cultivo que se venían realizando sin respetar el margen de dominio público que tienen todos nuestros ríos a lo largo de todo su cauce. Es más, en esta fotografía los árboles permanecen relativamente alejados, pero en múltiples ocasiones se encuentran árboles recientemente plantados a menos de dos metros del cauce del arroyo… ¿Ecologistas? No los vemos por ningún lado. ¿Agricultores? Nos lo planteamos también.

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En la siguiente foto, vemos a personas trabajando en la encomiable labor de desviar el curso del agua para que no inunde sus casas. Si observamos con atención, vemos con qué se está desviando el agua: con los restos que arrastra. Neveras rotas, ruedas de coche, cajas de fruta… ¿Por qué será que en España, en Andalucía, en SANTA FE, tenemos a los ríos por depósitos de basura? Si los ciudadanos, que somos todos, tiramos basura, colchones, escombros, e incluso reses muertas al cauce de los ríos, al final nos será devuelto multiplicado, como si de una maldición divina (provocada por nuestra inconsciencia) se tratase. Nos comemos la mierda -con perdón, pero no tiene otro nombre- que les arrojamos.
En todo esto, ¿qué papel juegan los ecologistas? Advierten e informan a nuestros políticos, a los dirigentes. Existen denuncias e informes sobre estos hechos, avisando de la necesidad de retirar los vertidos, de LIMPIAR el cauce del arroyo. Si se hace caso omiso a estos informes, ¿quién es el responsable moral del desbordamiento?

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Por tanto, los ecologistas, como se les llamaba de forma general en esas afirmaciones, sólo denunciaban en su momento el desastroso cuidado que se llevaba a cabo en nuestro arroyo. De hecho, se produjo una paralización de las obras de “limpieza” que llevaba a cabo la empresa adjudicataria en su día, por considerar que no era el momento adecuado, ni adecuada era la forma de llevarlo a cabo. El Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil fue quien paralizó la tala de árboles, por no tener en ese momento la empresa los permisos pertinentes.
Pasados dos meses, se volvieron a ejecutar las obras, finalizando la “limpieza” del cauce hasta el término municipal de Chauchina. Y los ecologistas advirtieron que esa “limpieza” no serviría más que para acelerar el paso del agua en caso de avenida, y que eran necesarias otras intervenciones para evitar posibles males.
Pero se hizo caso omiso de ello.

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No son las cañas las que taponan el puente bajo el que pasa el Salado. Es una tubería de una obra situada, originariamente, aguas arriba.
Tuberías, contenedores, material de construcción… en el cauce del río. ¿Propiedad de los ecologistas?

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Y ahora, ¿a quién señalamos con nuestro dedo? Vemos el cañizo en el ojo ecologista, pero no la tubería, el colchón que no sirve o el frigorífico usado en el nuestro.

Hoy, sinceramente, me siento decepcionado de ser santaferino.

ENLACES DE INTERÉS:

Solidaridad del grupo político IU con el colectivo ecologista.
Denuncia, ya en 2003, del estado en que se encontraba el arroyo Salado. Por Ecologistas en Acción.

1 COMENTARIO:

salvandoarboles dijo…
ahora los ecologistas tienen rabo y huelen a azufre y solo se preocupan por los bichos…

cuando los ecologistas trabajan desinteresadamente por la conservacion de la vida la humana incluida, pero haciendo más hincapie en los más débiles: animales y plantas

¿y quien no es ecologista? si el ecologismo quiere decir amor y respeto por la naturaleza, entonces todos lo somos…y si hay quien no respeta la naturaleza…¿no es a ese al que hay que mirar con el dedo acusador?

saludos y ánimo los comentarios ignorantes no ofenden, solo reafirman en la actitud positiva.

08/10/07 16:52

Finalmente, enlazo un par de entradas propias relacionadas con este tema:

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A menudo el creador alude a la dicha, a la felicidad de la creación, aunque yo debo reconocer que rara vez me siento dichoso escribiendo, bien porque vivo la angustia del tema que desarrollo, bien porque la inadecuación entre lo que quiero expresar y lo que realmente expreso me conduce a la perplejidad y al hastío. Es decir, necesito escribir pero no soy feliz escribiendo, porque inevitablemente no sólo me quedo corto sino que, consciente de mis limitaciones, advierto mi incapacidad para enderezar lo torcido.

Así da comienzo el libro de Miguel Delibes Con la escopeta al hombro, un compendio de artículos sobre caza que vino a publicar a mediados del siglo pasado en El Noticiero Universal y que nos permite retrotraernos a una época en la que buena parte de los carnívoros, mamíferos o alados, eran considerados alimañas y donde la mecanización del campo marcaría un punto de inflexión en la abundancia de especies, cinegéticas o no, que decaería alarmantemente.

Ni que decir tiene que estoy disfrutando con la lectura del libro del vallisoletano, máxime cuando se trata de uno de mis escritores de cabecera, y precisamente por esto, además de porque el comienzo del libro refleja a la perfección mi estado de ánimo respecto a cuanto escribo en los últimos tiempos, he querido que el título de la entrada de hoy rindiese homenaje a don Miguel. Es más, en lo que llevo releído (aproximadamente un tercio del libro), me he encontrado con un par de agradables sorpresas que no recordaba de la primera lectura; los trotacampos y trotapáramos del libro vienen a unirse a la familia de trotamundos y, por supuesto, de trotalomas, así que bienvenidos sean.

Después de semejante desvarío, si has llegado hasta aquí te estarás preguntando de qué va la entrada de hoy. Si bien el título rinde homenaje al libro de Delibes, no es menos cierto que puede ser tomado de forma absolutamente literal. Esta mañana, en lugar de dirigirme como pretendía a la desembocadura del río Guadalhorce, decidí calzarme las botas, coger los prismáticos y echarme al monte caminando. No era el de hoy uno de esos domingos en los que te dices «me voy a pasar el día fuera» y no vuelves a casa hasta el anochecer, pero sí que me apetecía desconectar durante unas horas al menos y, ya que no me apetecía lo más mínimo conducir, la alternativa más viable era subir al monte de El Atabal, barriada del Puerto de la Torre, donde podía llegar a pie.

Resina de almendro

Resina de almendro

Conglomerado

Estrato de conglomerados.

Lo cierto es que tanto el monte como sus alrededores requieren, si se desea disfrutar de ellos, de un ejercicio de observación a corta distancia. Si no es así, posiblemente el naturalista saldrá de allí con una úlcera de estómago por lo descuidado en que se encuentra el lugar y por la fuerte presión a que es sometido por parte de las poblaciones aledañas y la gente que lo recorre habitualmente, ya sea buscando un lugar de esparcimiento, ora sea mediante la realización de actividades inocuas, como pasear con la familia —siempre y cuando no se hable a grito pelado— o recoger espárragos trigueros, bien a través de otras más punibles como la realización de botellones, de barbacoas en lugares y fechas no admisibles o depositando basura de todo tipo en ese entorno.

Así pues, equipado con mis botas de monte y “armado” con mis prismáticos Papilio (cuanto más los uso más los adoro, ¿os lo había dicho?) he salido al campo dispuesto a obviar tanta afrenta a un entorno degradado que, para vergüenza de propios y ajenos, contaba no ha mucho con una población bastante maja de camaleones en grave recesión (si es que a día de hoy queda alguno). Respecto a lo de obviar las afrentas, una cosa es decirlo y otra muy distinta hacerlo, pero lo cierto es que he disfrutado de la salida, si bien he tomado buena nota de algunos detalles para trasladarlos a unas autoridades que se limpiarán salva sea la parte con ellos.

El recorrido de hoy

El recorrido de hoy, de oeste a este. En la parte superior, en el centro, la torre que da nombre al distrito.

Salir con los Papilio al cuello es casi como ir de la mano de Sir David Attenborough cuando está rodando uno de sus documentales sobre la vida de los insectos; como si llevásemos al cuello un microscopio de campo o una lupa capaz de enfocar a media distancia. Así, el caminante se deleita observando el vuelo errático de la libélula que termina por llevarla a una rama seca que le sirve de posadero, o descubre fascinado un asílido posado en una de las ramas superiores de un olivo, invisible a la vista si no fuese por los versátiles binoculares.

El milpiés se esconde presto en una de las oquedades del tronco seco de olivo y un negro almendro rezuma su ambarina trampa mientras las hormigas se afanan agrandando su hogar extrayendo minúsculas porciones de barro de las profundidades. Al levantar una piedra cercana otro miriápodo, calco del anterior, corre a refugiarse en el hormiguero mientras unos tisanuros (Proatelurina pseudolepisma, es posible verlo mejor en el Insectarium Virtual) de varios tamaños corretean inquietos hasta que vuelvo el canto a su posición original.

Proatelurina pseudolepisma

Un borroso, por inquieto, Proatelurina pseudolepisma.

Una laboriosa hormiga.

Una laboriosa hormiga.

Algarrobos de buen porte entre olivos viejos dispersos, un bosquecillo de pino carrasco a cuyos pies comienzan a tomar posiciones plantones de olivo nacidos de las deposiciones de las aves, algún que otro almendro y una buena zona de palmito, cerca ya de la torre, junto a mucha jara, retama, espino negro, marrubio y bufalaga componen un paisaje donde el romero o el jaguarzo también hacen acto de presencia.

Algarrobos

Algarrobos

Flor femenina del algarrobo

Flor femenina del algarrobo

Absorto durante minutos en la observación de un ortóptero que se atusa las alas con los zancos y lanza al aire un excremento, el trotalomas aguza el oído al escuchar el maullido del ratonero que sobrevuela el monte. Está fuera de la vista, pero por si acaso alza al cielo los prismáticos y los ajusta para ver a lo lejos. Ni rastro de la rapaz, pero una abubilla pasa entre los olivos y varios mosquiteros y colirrojos tizones laborean alrededor de sus troncos y ramas buscando la pitanza. Comienza el descenso y, en esto, un mochuelo se arranca y desaparece de la vista en completo silencio.

La basura, que denota la calidad moral de quienes allí la han depositado, no deja por ello de ser útil para algunos y así lo sabe el trotalomas que, ni corto ni perezoso, levanta todo aquello que es susceptible de convertirse en refugio de algún ser vivo. Eso sí, acto seguido lo vuelve a su sitio, si ya le encontraron utilidad, o lo lleva consigo si es posible para depositarlo en un lugar más adecuado: el contenedor. En estos menesteres descubre que las mantis encuentran adecuado para depositar sus ootecas  un artilugio para bebés humanos(hasta tres localizo bajo el mismo) y que una salamanquesa rosada (Hemidactylus turcicus) no hace ascos a unos harapos para refugiarse durante el día.

Ooteca de mantis

Ooteca de mantis

Llamo harapienta a nuestra salamanquesa no solo por la chaqueta bajo la que se encontraba, sino porque, si os fijáis, muestra parte de la cola lisa por haber perdido un trozo durante alguna batalla territorial o huyendo de algún depredador. Al regenerarse se queda lisa, sin mostrar los tubérculos cónicos que sí tiene en la parte que no perdió.

Salamanquesa rosada

Salamanquesa rosada harapienta.

Ya casi al final del camino, tras mirar a lo lejos casi exclusivamente para eludir a otros humanos que han ido apareciendo conforme avanzaba la mañana y el sol comenzaba a calentar (recolectores de espárragos, aficionados al ciclismo, familias de paseo) llega el trotalomas a un cañizal que denota la presencia de agua. El canto de mirlos y el paso de lavanderas le hace pensar que un día tiene que volver allí para observar a la avifauna con detenimiento, ya que la cercana laguna de la Barrera (una laguna artificial, procedente de una zona de extracción de arcilla para la fábrica de ladrillo que hubo en su día en la Colonia de Santa Inés) ofrece a las aves un lugar de refugio y alimentación que no cabe desdeñar.

Hueco de la laguna de la Barrera

Depresión de la laguna de la Barrera, a la derecha de la fotografía, y olivar de la zona visitada. Se ve también la subestación transformadora que hay en la zona. La fotografía es de 1965.

Vuelta al asfalto, a la ciudad que no ha dejado de estar presente más que en la mente del trotalomas, que por unas horas se ha evadido de la misma. De regreso a casa, a por la manduca y a echarle un vistazo a Trotty, el inspirador del blog, que se va recuperando del resfriado que le ha tenido postrado unos días.

Trotty y Darwin

Trotty y Darwin

Nota: La fotografía de 1965 la he tomado de este foro, donde se pueden encontrar otras fotos antiguas de Málaga.

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Ir por mi pueblo y cruzarse con mala gente es todo una misma cosa. Posiblemente quienes con un servidor se encuentran por la calle desarrollarán pensamientos similares, pero eso es ya otro cantar. No os asustéis, no hablo de personas, ni tan siquiera de los políticos que habría sido fácil calificar con aquel apelativo, sino de esa gente minúscula dotada de seis patas que tanto me chifla, por otro lado.

Hace unos días iba al encuentro de un amigo acompañado por mi pareja cuando esta, que me conoce como si me hubiese parido, lanzó una exclamación y señaló al suelo. Allí, panza arriba, un enlutado coleóptero permanecía quieto y con las patas pegadas al cuerpo. En un principio pensé que el escarabajo estaría muerto, pero no, no lo estaba. Algo atontado, desplegó una de sus extremidades al ser tocado, y mirando en derredor mía busqué algo que me sirviese para llevarlo conmigo; quería sacarle un par de fotos para el blog como “inicio de temporada” tras los exámenes de septiembre. Encontré cerca una bolsa pequeña, tirada en el suelo, y con ella y una segunda “R” preparé un recipiente para transportarlo. No sé si llegaré a aspirante de entomólogo, pero recursos no me faltan, je, je.

Supercoco te lo REcuerda: "¡Reduce, Reutiliza y Recicla!"

Supercoco te lo REcuerda: "¡Reduce, Reutiliza y Recicla!"

Y aquí lo tenéis. Un hermoso ejemplar de Capnodis tenebrionis, un bupréstido también conocido como gusano cabezudo por la curiosa forma que tiene su larva. Aunque no se trata de la cabeza en sí, lo cierto es que posee un protórax llamativo por su gran tamaño.

 Capnodis tenebrionis

Capnodis tenebrionis

El individuo en cuestión cuenta una buena ficha policial: plaga de las rosáceas, ataca fundamentalmente a frutales de hueso, como ciruelos, cerezos o melocotoneros, entre otros. Las larvas horadan galerías debajo de las cortezas de los árboles y en sus raíces, llegando a secarlos por completo en casos de invasión extrema. Los adultos se alimentan de las hojas, llegando a provocar la caída de gran numero de estas al cortarles el peciolo… una joya, vamos.

 Capnodis tenebrionis

Capnodis tenebrionis

Un delincuente juvenil en potencia. Su mirada se dirige al pecunio, como la vuestra: que a todos nos ha asomado una lagrimilla al ver la moneda de “20 duros”. 😉  Larva, cortesía de Pasarlascanutas.

Un delincuente juvenil en potencia. Su mirada se dirige al pecunio, como la vuestra: que a todos nos ha asomado una lagrimilla al ver la moneda de "20 duros". ;)

Un delincuente juvenil en potencia. Su mirada se dirige al pecunio, como la vuestra: que a todos nos ha asomado una lagrimilla al ver la moneda de "20 duros". 😉

Y poco más por hoy. Vuelta “al cole” y al blog. Un regreso que espero sea para quedarme y en plenitud. Nos seguimos leyendo y, por supuesto, aquí sigo aprendiendo de vuestros comentarios y artículos.

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Hacía tiempo que deseaba escribir algo sobre las especies invasoras, y la conjunción de varios hechos ha propiciado que finalmente me siente a hacerlo. Por un lado, la elaboración del más que cuestionable Catálogo Español de Exóticas Invasoras por parte del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino; por otro, la aparición en diversos medios de la noticia sobre la detención de varios miembros de asociaciones animalistas y, por último, la lectura de un artículo que me hizo llegar hace unas semanas mi buen amigo Otus y que me recordó otros escritos publicados en revistas cinegéticas de todo pelaje.

La presencia de especies exóticas (esto es, foráneas, introducidas en un ambiente ajeno a aquel del que son propias) provoca graves alteraciones en los ecosistemas donde proliferan sin mesura. Introducidas en sus nuevos hábitats y aclimatadas a los mismos, al no estar presentes sus depredadores naturales pueden medrar y constituirse en un grave problema ambiental, por lo que reciben entonces el nombre de especies invasoras. La dispersión de especies fuera de sus áreas de distribución geográfica de origen se produce en multitud de ocasiones por causas relacionadas directamente con nosotros, los humanos (antropocoría), ya sea porque introducimos estas especies de forma intencionada, bien porque su explotación reporta un beneficio económico (caza, pesca, ganadería o agricultura), bien para intentar controlar otra especie invasora mediante el manejo integrado de plagas (introducción del depredador natural, en ocasiones con consecuencias aún más nefastas para el ecosistema), o accidental, porque viajen ocultas en vehículos de transporte o en cargas de alimentos, madera, etc.

De lo anterior es fácil deducir que la presencia de animales exóticos invasores no reporta precisamente beneficios para las poblaciones locales, así como que provoca desde daños económicos hasta la extinción de algunas especies del lugar (de hecho, las invasoras constituyen una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en el planeta). El efecto se agrava en ecosistemas especialmente delicados, como es el caso de las islas y regiones biogeográficas de características similares, aquellas que presentan barreras naturales que las aíslan del exterior, ya que las especies que las habitan suelen estar muy especializadas y son particularmente vulnerables a la introducción de otras del exterior, pues suelen ser mucho más oportunistas y adaptativas, depredando o desplazando a las especies originarias del ecosistema invadido e incluso transmitiéndoles enfermedades ante las que no son inmunes (caso del cangrejo de río americano, que transmite la afanomicosis al autóctono, o del visón americano y el parvovirus que transmite la enfermedad aleutiana entre los europeos, entre otras).

Como viene ocurriendo con buena parte de las problemáticas ambientales que adolece el planeta hoy día, la causa de la proliferación de muchas de estas especies invasoras tiene un origen claro: los humanos. Quienes llevaron conejos a Australia para poder disfrutar de un entretenimiento cinegético; el farero que llevó a su gatito a la isla donde trabajaba para no encontrarse solo (y que podría considerarse “individuo invasor”, como representante único de su especie que dio al traste con la viabilidad del endemismo ornitológico que constituía el Xénico de Lyall), y quienes liberaron aquel galápago de Florida de graciosas “orejas” rojas cuando dejó de medir tres centímetros de largo o permitieron que escapasen de sus jaulas las cotorras argentinas que habían comprado en la pajarería son algunos de los culpables.

No obstante, no siempre la dispersión se lleva a cabo de forma consciente; así, es habitual encontrar especies que han sido trasladadas de un extremo a otro del mundo a través en las bodegas inundadas de los barcos cuando viajan sin carga útil o en cargamentos de madera, plantas afectadas por algún insecto, etc.

Determinar el origen de la propagación de estas especies es importante para evitar que sigan ocurriendo, así como evaluar las posibles medidas que pueden tomarse para controlar su proliferación una vez que han ocupado un nuevo ecosistema. En la mayoría de ocasiones resulta muy complicado erradicarlas, y frecuentemente entran en juego dilemas morales que, si bien siempre cuidan del bienestar del individuo, pocas veces parecen pensar en el de las especies. Poca gente habrá que trate con miramiento la plaga de Periplaneta americana que invade su casa o al picudo rojo que hunde las palmeras de nuestros jardines, pero al Neovison vison, que para nada merece sufrir en una granja peletera hasta que le condenan a muerte para vestir a no-diré-qué-epíteto-aplico-a-ciertos-individuos, se le libera sin más en plena naturaleza, donde campea a sus anchas, llega a nado hasta a las Cíes y desplaza a su paso al visón europeo, en grave peligro y que ha sufrido un retroceso importantísimo en sus áreas de distribución.

Por todo lo anterior, entiendo que se tomen medidas contundentes con aquellas personas y entidades que atenten contra nuestros ecosistemas. Ahora bien, pese a que es cierto que no apoyaría jamás acciones de liberación animal porque, como suele decirse, puede ser peor el remedio que la enfermedad, no lo es menos que contemple con asombro cómo nuestro Gobierno de España plantea en el borrador del Catálogo de Especies Exóticas Invasoras un despropósito como es el permitir como “excepción excepcional” la cría de visón americano en estos pagos. Total, dirán, como ya hay en la naturaleza y dan buenos réditos… Esa forma meramente economicista de concebir el medio natural y, por ende, la vida, da al traste con cualquier intención de hacer las cosas bien. No es el Gobierno el único que peca de interesado: me hierve la sangre cuando leo, como apuntaba al comienzo de la entrada, algún artículo cinegético donde defienden lo idóneo del Arruí como especie de caza mayor y se quiere exterminar cual alimaña a los meloncillos que, de medrar, lo hacen porque los humanos facilitamos las condiciones para que ello ocurra y, no lo olvidemos, constituyen un efectivo aliado para los agricultores, depredando sobre ratas, topillos y otros roedores perjudiciales para la agricultura.

Resumiendo: las especies invasoras constituyen un gravísimo problema para el mantenimiento del equilibrio ecológico de los ecosistemas y la conservación de unos niveles de biodiversidad adecuados. El hombre es responsable en la mayor parte de ocasiones de su aparición, por lo que se hace necesario llevar a cabo una gestión adecuada de dichas especies, evitando su introducción en primer lugar (más vale prevenir que curar) y su proliferación, llegado el caso. Y aunque no apoyo la suelta de animales de las granjas donde son criados, también me opongo, como ciudadano interesado y preocupado, a la instalación de las mismas (por no hablar además del uso de animales para peletería, pero esto es otra batalla de la que hablaremos otro día si os place). Por eso, si se está dando tratamiento de “ecoterroristas” a varias personas miembros de grupos pro-defensa de los derechos de los animales, debería aplicarse un trato similar a promotores de Algarrobicos varios, a ciudadanos europeos que encienden fogatas en verano cuando se “pierden” en el campo, a cazadores que liberan jabalíes en la sierra de Mijas o a políticos que promueven leyes interesadas con agujeros y vacíos por los que se cuela con facilidad un visón, dos o mil.

Para saber más:

Actualización a 02/11/2011:

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Porque no queremos esto…

Nuestra energía

Nuestra energía...

... y algunas consecuencias.

... y algunas consecuencias.

Nuestras ciudades,

Nuestras ciudades,

¿nuestros hogares?

¿nuestros hogares?

Lo que nos falta.

Lo que nos falta.

Lo que nos sobra.

Lo que nos sobra.

Nuestras telecomunicaciones.

Nuestras telecomunicaciones.

Día Mundial del Medio Ambiente 2011. Solo con tu implicación es posible celebrarlo de otro modo.

Nota: Las fotografías provienen de:

Si eres el propietario de alguna de ellas y deseas que sea retirada del blog puedes indicármelo  a través del correo electrónico trotalomas (arroba) gmail (punto) com. Gracias.

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El primero de los ejercicios del “Curso de periodismo ambiental” que estoy haciendo proponía un estudio y reflexión del siguiente vídeo, que me encantó:

Hoy es el Día de la Tierra, y la lectura de otra carta debería hacer que nos preguntásemos: ¿deseamos vivir o sobrevivir?

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De una relectura particular del discurso de ingreso de Miguel Delibes en la Real Academia Española he querido extraer un par de fragmentos de plena vigencia, máxime cuando los amos del mundo se vuelven a reunir, esta vez en México, quién sabe si para reírse las gracias como ya ocurriese un año atrás o para hacer su trabajo, algo sobre lo que tristemente tengo mis dudas.

Os dejo con estos fragmentos de sabiduría de uno de nuestros grandes, al que tristemente perdimos no hace mucho y, sin embargo, hace ya tanto…

En la actualidad la abundancia de medios técnicos permite la transformación del mundo a nuestro gusto, posibilidad que ha despertado en el hombre una vehemente pasión dominadora. El hombre de hoy usa y abusa de la Naturaleza como si hubiera de ser el último inquilino de este desgraciado planeta, como si detrás de él no se anunciara un futuro.

La Naturaleza se convierte así en el chivo expiatorio del progreso. El biólogo australiano Macfarlane Burnet, que con tanta atención observa y analiza la marcha del mundo, hace notar en uno de sus libros fundamentales que «siempre que utilicemos nuestros conocimientos para la satisfacción a corto plazo de nuestros deseos de confort, seguridad o poder; encontraremos, a plazo algo más largo, que estamos creando una nueva trampa de la que tendremos que librarnos antes o después».

He aquí, sabiamente sintetizado, el gran error de nuestro tiempo. El hombre se complace en montar su propia carrera de obstáculos. Encandilado por la idea de progreso técnico indefinido, no ha querido advertir que éste no puede lograrse sino a costa de algo. De ese modo hemos caído en la primera trampa: la inmolación de la Naturaleza a la Tecnología. Esto es de una obviedad concluyente. Un principio biológico elemental dice que la demanda interminable y progresiva de la industria no puede ser atendida sin detrimento por la Naturaleza, cuyos recursos son finitos.

Toda idea de futuro basada en el crecimiento ilimitado conduce, pues, al desastre. Paralelamente, otro principio básico incuestionable es que todo complejo industrial de tipo capitalista sin expansión ininterrumpida termina por morir. Consecuentemente con este segundo postulado, observamos que todo país industrializado tiende a crecer; cifrando su desarrollo en un aumento anual que oscila entre el dos y el cuatro por ciento de su producto nacional bruto. Entonces, si la industria, que se nutre de la Naturaleza, no cesa de expansionarse, día llegará en que ésta no pueda atender las exigencias de aquélla ni asumir sus desechos; ese día quedará agotada.

[…]

La pueril idea de un mundo inmenso, inabarcable e inagotable, queacompaña al hombre desde su origen, se esfuma a mediados de este siglo con laaparición de aviones supersónicos que ciñen su cintura -la del mundo- en unashoras y con el primer hombre que pone su pie en la Luna.

Las fotografías tomadas desde los cohetes lunares muestran al planetaTierra como un pequeño punto azul en el firmamento, lo que equivale areconocer que 100.000 millones de otras galaxias pueden albergar, cada una,cientos de miles de sistemas solares semejantes al nuestro. La técnica, quepuede mucho, evidencia que somos poco. Esto supone para el orgullo delhombre, en cierto modo, una humillación, pero también una toma deconciencia: la de estar embarcado en una nave cuya despensa, por abastecidaque quiera estar, siempre será limitada.

Esta convicción destruye la idea peregrina de la infinidad de recursos y presenta, a cambio, de cara al futuro, el posible fantasma de la escasez. Mercedal perfeccionamiento de las técnicas de prospección, el hombre empieza a tocar ya las tristes consecuencias del despilfarro iniciado con la era industrial.

Miguel Delibes, Un mundo que agoniza.

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