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Posts Tagged ‘ecología’

Andaba manteniendo una charla en Twitter sobre la «limpieza» de ríos y montes cuando recordé una vieja entrada que había publicado sobre este tema tras uno de los desbordamientos del arroyo Salado en Santa Fe. Quería enlazarlo y comprobé que no lo había escrito en este blog sino que pertenecía a mi pretérito lugar de encuentro, La Dehesilla News. Como lo desactivé hace un tiempo, he querido recuperar la entrada para estas andanzas mías, ya que creo que sigue plenamente vigente (por desgracia) esa visión sobre que es un monte «limpio» y el supuesto extremismo ecologista.

Apuntaré que la entrada incidía en el ecologismo porque esa era la palabra que, de forma despectiva y, a mi parecer, injustificada, se usaba para atacar al colectivo al que pertenezco. Una asociación de voluntariado ambiental (AUCA) que lleva trabajando en el pueblo más de tres lustros en aras de mejorar las condiciones del entorno y con una trayectoria más que solvente en lo que se refiere a este ámbito.

Sin más dilación, la antigua entrada y el comentario que suscitó. Los enlaces finales están desactivados porque, tras revisarlos, he visto que las páginas dejaron de estar activas.

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Cuando nos vemos desbordados…
Sábado, 29 de septiembre de 2007

El pasado viernes 21 de septiembre, un temporal provocaba el desbordamiento del arroyo Salado en nuestro municipio, provocando numerosos daños. Sin embargo, el más grave de todos no fue provocado directamente por el aluvión, sino por la falta de reflexión y el escaso uso de las meninges, comprensible cuando se estaba en el meollo, pero incomprensible cuando días después se sigue insistiendo en el mismo punto.
Entre la gente que en aquel aciago momento arrimaba el hombro, había voces que proclamaban que la culpa de todo la tenían los ecologistas, que no querían que se limpiase el arroyo. Expresiones tan pensadas y sapientísimas como: “prefieren que vivan los sapos a las personas” o “al río teníamos que echarles ahora” calentaban los ánimos de la población. En momentos de tensión, es obvio que puedan decirse cosas de las que luego debamos, de mutuo acuerdo con nuestra conciencia, retractarnos. Lo peor es que sigamos sumidos en la ignorancia cuando todo ha pasado.
Así, invitamos a los lectores de La Dehesilla News a reflexionar sobre varios aspectos que encuentran su demostración gráfica en las fotografías que presentamos a continuación, tomadas el día de la inundación.
En la primera de ellas, vemos cómo el arroyo Salado ha salido de su cauce inundando campos de cultivo, y un olivar (en el lateral derecho de la fotografía). Puede observarse que, por un lado, la contención del arroyo había quedado mermada por las labores de cultivo que se venían realizando sin respetar el margen de dominio público que tienen todos nuestros ríos a lo largo de todo su cauce. Es más, en esta fotografía los árboles permanecen relativamente alejados, pero en múltiples ocasiones se encuentran árboles recientemente plantados a menos de dos metros del cauce del arroyo… ¿Ecologistas? No los vemos por ningún lado. ¿Agricultores? Nos lo planteamos también.

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En la siguiente foto, vemos a personas trabajando en la encomiable labor de desviar el curso del agua para que no inunde sus casas. Si observamos con atención, vemos con qué se está desviando el agua: con los restos que arrastra. Neveras rotas, ruedas de coche, cajas de fruta… ¿Por qué será que en España, en Andalucía, en SANTA FE, tenemos a los ríos por depósitos de basura? Si los ciudadanos, que somos todos, tiramos basura, colchones, escombros, e incluso reses muertas al cauce de los ríos, al final nos será devuelto multiplicado, como si de una maldición divina (provocada por nuestra inconsciencia) se tratase. Nos comemos la mierda -con perdón, pero no tiene otro nombre- que les arrojamos.
En todo esto, ¿qué papel juegan los ecologistas? Advierten e informan a nuestros políticos, a los dirigentes. Existen denuncias e informes sobre estos hechos, avisando de la necesidad de retirar los vertidos, de LIMPIAR el cauce del arroyo. Si se hace caso omiso a estos informes, ¿quién es el responsable moral del desbordamiento?

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Por tanto, los ecologistas, como se les llamaba de forma general en esas afirmaciones, sólo denunciaban en su momento el desastroso cuidado que se llevaba a cabo en nuestro arroyo. De hecho, se produjo una paralización de las obras de “limpieza” que llevaba a cabo la empresa adjudicataria en su día, por considerar que no era el momento adecuado, ni adecuada era la forma de llevarlo a cabo. El Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil fue quien paralizó la tala de árboles, por no tener en ese momento la empresa los permisos pertinentes.
Pasados dos meses, se volvieron a ejecutar las obras, finalizando la “limpieza” del cauce hasta el término municipal de Chauchina. Y los ecologistas advirtieron que esa “limpieza” no serviría más que para acelerar el paso del agua en caso de avenida, y que eran necesarias otras intervenciones para evitar posibles males.
Pero se hizo caso omiso de ello.

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No son las cañas las que taponan el puente bajo el que pasa el Salado. Es una tubería de una obra situada, originariamente, aguas arriba.
Tuberías, contenedores, material de construcción… en el cauce del río. ¿Propiedad de los ecologistas?

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Y ahora, ¿a quién señalamos con nuestro dedo? Vemos el cañizo en el ojo ecologista, pero no la tubería, el colchón que no sirve o el frigorífico usado en el nuestro.

Hoy, sinceramente, me siento decepcionado de ser santaferino.

ENLACES DE INTERÉS:

Solidaridad del grupo político IU con el colectivo ecologista.
Denuncia, ya en 2003, del estado en que se encontraba el arroyo Salado. Por Ecologistas en Acción.

1 COMENTARIO:

salvandoarboles dijo…
ahora los ecologistas tienen rabo y huelen a azufre y solo se preocupan por los bichos…

cuando los ecologistas trabajan desinteresadamente por la conservacion de la vida la humana incluida, pero haciendo más hincapie en los más débiles: animales y plantas

¿y quien no es ecologista? si el ecologismo quiere decir amor y respeto por la naturaleza, entonces todos lo somos…y si hay quien no respeta la naturaleza…¿no es a ese al que hay que mirar con el dedo acusador?

saludos y ánimo los comentarios ignorantes no ofenden, solo reafirman en la actitud positiva.

08/10/07 16:52

Finalmente, enlazo un par de entradas propias relacionadas con este tema:

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Esta semana iba a impartirse un curso de introducción a las rapaces nocturnas en en el Centro de Estudios Ambientales de Santa Fe, contando como mentor a mi buen amigo Alberto. El evento se presentaba la mar de interesante, ya que se iban a realizar dos salidas de campo al cercano Parque Periurbano de la Dehesa de Santa Fe donde es posible oír, con algo de suerte, al gran duque reclamando su territorio.

Sin embargo, a causa de las lluvias que se esperan en los próximos días el curso posiblemente se posponga, pero no es ese el motivo de que lo mencione en el blog. La mala noticia que vengo a traer no es otra que la que este lunes nos hacía llegar el presidente de AUCA: un ejemplar de búho real había aparecido electrocutado en una de las mortíferas líneas eléctricas que atraviesan este espacio protegido.

Podéis haceros cargo de nuestra desolación al constatar que nos encontrábamos ante el tercer búho real que aparecía muerto por dicha causa en menos de un año. Lamentablemente, ni son los únicos ejemplares de rapaces que hemos encontrado a los pies de estas líneas, ni esta es la única especie de interés que hace uso de “la Dehesilla”. Al final de la entrada dejo una serie de artículos aparecidos en prensa sobre esta problemática.

Tras conocer la nefasta noticia, publiqué en Twitter un par de fotografías del búho y al día siguiente recibí un mensaje de respuesta del responsable de comunicación de ENDESA, ya que cité el nombre de la compañía al ser el tendido propiedad de esta. En su mensaje me hacía llegar el enlace a un artículo sobre los avances realizados por  la compañía para la adecuación de sus infraestructuras buscando evitar la mortandad de aves, así como unos datos que indicaban que esta se había reducido hasta en un 80 %. Sin restar valor a la noticia (tal y como le dije, en efecto, me alegro de ello), me sentí como la persona que acaba de perder a un familiar, amigo o conocido en un accidente de tráfico (causado por un conductor en estado de embriaguez o que superaba la velocidad permitida) a la que la D. G. T. pretende consolar presentándole las estadísticas de una exitosa campaña de Navidad que se ha saldado con menos muertes que las de los 5 últimos años, por poner un ejemplo.

No solo me congratulo de que las compañías se impliquen y trabajen en pro del entorno natural (si bien muchas veces, y no digo que este sea el caso, no se trata más que de operaciones de “greenwashing” o paraecologismo), sino que lo considero necesario. Entiendo también que haya prioridades, de modo que las líneas con más puntos negros y aquellas que atraviesan entornos protegidos (no es lo mismo un parque nacional que uno periurbano) reciban mayor atención. Pero no hay que olvidar que existen numerosos informes presentados a lo largo de los años por la Agrupación de Voluntariado Ambiental de Santa Fe (AUCA) ante el Ayuntamiento de la localidad y la Delegación de Medio Ambiente en los que se informa de la problemática de estas líneas. Que tanto los agentes de Medio Ambiente como el SEPRONA han sido informados en cada uno de los casos de electrocución y se les ha acompañado al lugar de los hechos para la inspección y recogida de los cadáveres, y que la propia compañía eléctrica estaba al tanto de los mismos.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El Parque Periurbano de la Dehesa de Santa Fe, como ocurre con tantos otros espacios verdes cercanos a núcleos urbanos, está francamente infravalorado. Tanto por sus valores intrínsecos como por la importancia que tienen estos entornos naturales (o naturalizados) para el desplazamiento de muchas especies, ya que en muchos casos vienen a satisfacer las necesidades de ejemplares juveniles de aves que se encuentran en dispersión, de otras que están en plena migración o que los usan como cazaderos y lugares de nidificación y cría.

Por todo lo anterior, me gustaría reivindicar estos espacios cuyos valores son olvidados, consciente o inconscientemente, por las concejalías de medio ambiente, agencias medioambientales, responsables políticos, empresarios, técnicos y por la ciudadanía en general. Porque, como bien sabéis, el valor conjunto de nuestros ecosistemas es mucho más que la suma de cada uno de ellos tomados por separado.

Por eso, y porque por muy bien que vaya la economía global a cualquiera de nosotros nos preocupará estar en paro (volviendo al símil de que el bien de la mayoría no ha de hacernos caer en la autocomplacencia y llevarnos a olvidar que existe el dolor de una gran minoría), hoy he querido volver a recordar al gran duque que tantas buenas noches nos ha regalado acompañándonos con su bronco ululido.

Enlaces relacionados:

Nota: Las fotografías pertenecen a la persona que localizó el ejemplar de búho real y lo notificó a la asociación de voluntariado y a Alberto, el organizador del curso sobre rapaces nocturnas y que ya nos visitó para hablarnos de la mortandad de aves por colisiones.

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Aristóteles. Historia de los animales.
La serpiente está en guerra con la comadreja y con el cerdo: con la comadreja en casa, cuando se encuentran juntas ambas, ya que viven de las mismas presas, y, a su vez, el cerdo come a las serpientes. También el esmerejón le hace la guerra a la zorra, pues la golpea y le arranca los pelos y le mata las crías, ya que es un ave de presa. El cuervo y la zorra son mutuos amigos, pues el zorro le tiene declarada la guerra al esmerejón: por esta razón corre en socorro de la zorra cuando es golpeada por le esmerejón. A su vez, el buitre y el esmerejón se tienen declarada la guerra el uno al otro, pues ambos son aves de presa. Al águila la ataca también el buitre, e incluso el cisne, y muchas veces vence el cisne. Los cisnes son, entre las aves, los que se devoran más los unos a los otros.
De entre los animales salvajes unos están permanentemente en guerra entre sí, mientras otros, al igual que ocurre entre los hombres, cuando coincide.
El asno y los jilgueros andan en guerra, pues éstos viven de los cardos, y el asno, cuando los cardos son tiernos, los come. También andan el aguzanieves amarillo, el jilguero y el pardillo. Y se dice que la sangre del pardillo y la del referido aguzanieves no se mezclan la una con la otra formando un todo único.
Aristóteles, Historia de los animales.

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Estos ismaelitas del mundo animal, aunque abundan en las regiones más agrestes de España y Portugal, raras veces se ponen a tiro. Mucho más astuto que el zorro, el lobo jamás olvida el peligro ni a su adversario, el hombre. Cuando se les alerta en una montería, los lobos avanzan lentamente, escudriñando su camino como mariscales en territorio enemigo, y al llegar a algún risco o mancha se echan, esperando la llegada de los ojeadores, que han de pasar a un lado, permitiéndoles retroceder huyendo hacia atrás.
[…]
Demasiado astuto para caer en trampa alguna, ha disminuido, sin embargo, la cifra de lobos en los últimos años, debido al empleo de veneno; creemos, sin embargo, que subsistirán los lobos en España durante siglos.

La España agreste. La caza. Abel Chapman y Walter J. Buck. (1893)

Mi nombre es Trotalomas y soy “naturómano”. Ya, ya sé que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua no incluye esta palabra. Ni tan siquiera existe, a diferencia de naturista, naturalista, naturópata, vengan o no recogidas sus acepciones en el DRAE, pero debería aparecer grabada a fuego, pues tal es la sensación que nos recorre por dentro a quienes caemos en dicha adicción. Mi primer “camello”, junto a mi padre, y a la vez que él, el que posiblemente más me haya marcado, habría cumplido hoy ochenta y cuatro años si no fuese porque en un fatídico día de hace treinta y dos le perdimos. Efectivamente, soy un adicto a la naturaleza y hablo de Félix Rodríguez de la Fuente.

Félix Rodríguez de la Fuente y un terrible lobo feroz. ;)

Félix Rodríguez de la Fuente y un terrible lobo feroz.

Si hoy día Félix levantase la cabeza posiblemente sentiría en su corazón dolor ante el tronar de las armas de fuego y el silencio del aullido del lobo. Él, que fue el precursor en nuestros país de un cambio de mentalidad, él, que hizo que las “alimañas” dejasen de serlo para convertirse en águilas culebreras, en buitres sabios, en bellas matadoras, en linces y en lobos. En animales con nombre propio, científico y poético en la voz del inmortal burgalés. Hacia el lobo, nuestro histórico rival, guardaba Félix una especial devoción, pero ¡ay!, corren tiempos aciagos para nuestro superpredador. La Junta de Castilla y León, la especialista en plagas, cansada de andar a la busca y captura de topillos, ha propuesto a la Comisión Europea que le deje jugar con el futuro de las poblaciones loberas al sur del río Duero. Para ello, el lobo debería pasar de ser considerada especie prioritaria a cinegética. Esto es, pasaríamos de proteger a la especie y su hábitat (lo que redunda en beneficio para otras especies que cohabitan en dicho espacio con el cánido) a permitir su caza.

El lobo pasaba por una situación extrema cuando, como apuntaba algo más arriba, Félix realizó una jugada maestra para salvarlo. La forma de proteger a dicha especie fue pedir, precisamente, que los lobos pudieran ser cazados. Así, la Ley de Caza de 1970 convirtió a una alimaña sin valor en un trofeo cinegético y, como tal, había que protegerlo. No se permitiría su caza salvo en determinados periodos del año y siempre con métodos autorizados. Atrás quedarían el veneno, los cepos y los lazos, al menos oficialmente, sistemas que podrían ser definidos sin pudor como de tortura y muerte. El que fuera nuestro más sagaz competidor desde tiempos ancestrales entraba entonces a nuestro salón a través de la televisión y no parecía tan fiero como lo pintaban las tradiciones orales y escritas.

Pasados los años, los pocos centenares de lobos que quedaban en la península han ido recuperándose. En el norte de España, en Castilla y León y Galicia, fundamentalmente, cuentan con poblaciones viables a pesar de las presiones que sufre la especie; fragmentación de hábitats debido a cambios de uso del suelo y a la construcción de infraestructuras lineales, caza furtiva, rechazo institucional, poco aprecio por parte del sector ganadero, hibridación con perros cimarrones (que son, en realidad, los que anotan en su haber la mayor parte de ataques a rebaños de ganado) y un suma y sigue demasiado extenso como para no preocuparse. En el sur del país la situación es mucho más problemática. En Andalucía la especie está en grave peligro de extinción y nuestro Canis lupus signatus no pasa por el mejor de los momentos. Así las cosas, resulta un despropósito plantearse siquiera que una especie tan emblemática, con tan pocos efectivos, que tanto ha costado proteger hasta llevarla a obtener una figura de protección adecuada, pase a ser un trofeo de caza. Lo que hace cuarenta años fue una visión de iluminado, una bendición de manos de Félix, hoy constituiría un atraso, un paso en falso, el reflejo de una ignorancia supina y un completo error.

Por esto, porque Félix así lo habría querido, por mor de la biofília y de la “naturomanía”, y, en definitiva, porque es parte de nuestro patrimonio natural, hay que recordar que el lobo vivo vale más que el lobo muerto. Luchemos por él, que no nos lo roben.

Para encontrar más información:

Otras entradas relacionadas del día de hoy:

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Si hay un modo verbal en castellano con el que no me llevo bien es, sin duda alguna, el imperativo, máxime si viene en la forma de declamaciones grandiosas, que conminan a actuar con tanto apremio que no dejan lugar a la reflexión. Comprendo —no saben cuánto— que la común pasividad y el adocenamiento de buena parte de la sociedad puedan sacar de quicio a cualquiera que desee ver plasmados cambios que lo hagan acercarse a unos valores de justicia universal, pero la imposición no puede ser en modo alguno parte del camino a seguir para alcanzarlos, ya que esta precisamente es uno de los males a derrocar. Como en el “Canto a la libertad” del nunca suficientemente recordado José Luis Labordeta:

También será posible
que esa hermosa mañana
ni tú, ni yo, ni el otro
la lleguemos a ver,
pero habrá que empujarla
para que pueda ser.

Podré estar más o menos de acuerdo con lo anterior, pero a estas alturas y antes de que sigas divagando, Trotalomas —os diréis—, podrías explicar a qué viene semejante parrafada. Concreto, entonces. Pero tal vez no de inmediato, ya me conocéis, je, je.

Desde que tengo memoria he sentido una irrefrenable curiosidad por la naturaleza, por la ciencia y, en particular, por las ciencias que estudian la naturaleza. Entendiendo también que las actividades que desarrolla el hombre impactan en gran medida sobre ella, un sentimiento conservacionista me acompañó también desde siempre. No es de extrañar, además, siendo parte de una de las generaciones que creció cobijada bajo el ala de uno de los más grandes divulgadores que ha dado este país: Félix Rodríguez de la Fuente. Conforme pasaban los años, y aunque tanto por formación como profesionalmente he terminado siendo informático, seguía observando la naturaleza, sintiéndome vinculado a ella como un naturalista ciertamente aficionado pero no por ello menos apasionado y disciplinado en su estudio. Finalmente, como sabéis quienes seguís el blog, me adentré hace un par de años en una nueva aventura, la de estudiar Ciencias Ambientales por la UNED (ya que compaginar la vida laboral con el estudio de Biología en la universidad presencial se convertía en un reto harto dificultoso). Esta aventura me está deparando muy gratos momentos y ciertamente la estoy disfrutando, a mi parecer, más que si la hubiese emprendido sin haber estado estos años aprendiendo por mi cuenta, vinculado a personas que trabajan en pro de la defensa de la naturaleza y de la mejora de nuestro entorno, participando en asociaciones (muy particularmente en la Agrupación de Voluntariado Ambiental AUCA) donde he tenido oportunidad de aprender de mis compañeros, de trabajar manejando leyes, conocer las entretelas del urbanismo municipal, llevar a cabo actividades de educación ambiental, de anillamiento científico de aves, reforestando zonas degradadas o contribuyendo a extinguir incendios que hacían otro tanto con la vida en los bosques.

Durante estos años se han dado situaciones en las que enfrentados, por ejemplo, a un proyecto urbanístico que impactaría negativamente sobre un área protegida, los argumentos esgrimidos por miembros de otras asociaciones (con una fuerte componente ecologista, en este caso) restaban peso, que no validez, a los propios. Esto es, en un pleno municipal donde se está debatiendo la idoneidad o no del proyecto no es de recibo presentarse con una bolsa de tierra negra y esgrimirla como si de un arma se tratase para argumentar que los terrenos, no por baldíos, han de ser poco productivos: «¡Arena del desierto convertida en tierra fértil por la adición de restos de podas y limpieza de hojarasca! Existen técnicas que convertirían esas tierras de secano en tierra productiva de vega», argüía nuestro acompañante. Después de esta afirmación que no tiene en cuenta el equilibrio de los ecosistemas ni unas mínimas premisas en lo tocante a la edafología, a ver cómo dotas de peso lo que tenías pensado decir acerca de las repercusiones sociales y ambientales del proyecto, con datos correlacionados de proyectos de similares características en otras ubicaciones. Como suele decirse, con amigos así quién necesita enemigos.

A estas alturas habréis comprendido de qué va la entrada. Resulta más que comprensible que, en ocasiones, nos expresemos con vehemencia cuando vemos peligrar algo que amamos, sobre todo cuando ves que mucha gente permanece alienada por un sistema que ha sido diseñado precisamente para manejar con facilidad a las masas. Pero un discurso marcado por el alarmismo y que incita a la acción de forma irreflexiva está abocado al fracaso.

Uno de los colectivos que adolece de este problema es el de los animalistas, es decir, de personas y asociaciones que defienden los derechos de los animales. Obviamente cualquier generalización supone sesgar la verdad y dentro de cualquier agrupación hay personas muy válidas, sensatas y coherentes con sus ideas, pero la percepción que he ido adquiriendo del movimiento, en general, es la de que la histeria ha venido a sustituir a la vehemencia que mencionaba anteriormente. He llegado a darme de baja de listas de distribución de correo y a huir de grupos de este tipo en redes sociales básicamente por lo tremebundo y apremiante de los mensajes que enviaban. Mensajes donde la corrección ortotipográfica y la “netiqueta”, dicho sea de paso, brillaban por su ausencia. Para muestra, un botón (o varios, basados en mensajes reales):

LE SACRIFICAN MAÑANAN !!!! HEMBRITA JOVEN, PERRER MADRID !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Contacto para salvarle: xxxx@xxxmail.com DIFUNDE¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

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ADOPCIÓN O SACRIFICIO!!! OS PEDIMOS AYUDA PARA DIFUNDIR Y ETIQUETAR A ESTA PRECIOSIDAD QUE VAN A MATAR.

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Acabo de recibir este correo, por favor es muy urgente, la sacrifican mañana. Por favor, urgentísimo, confirmado por XXXXXXX hoy XXXXXXX.
Nadie se ha interesado por este pequeñajo. Le queda 1 día como mucho. Es verdad, no es para agilizarlo, es la puta realidad. Por favor ¿hay alguien que pueda ayudar a XXXX a sacarlo hoy de la perrera de XXXX en XXXXXXX? Se lo cargan YA¡¡
Contacto urgentísimo: XXXXXXXX xxxxxx @xxxxxmail.com TELEFONO: XXXXXXXX MUY URGENTE ¡¡¡ Lo sacrifican MAÑANA!!!—HOY

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upps!!! no le deseo el mal a nadie pero el novillero se lo merece!!! Muy machito al principio y luego ????? Creo que solo el Toro le dio una probadita de lo que el siente durante toda su patetica y absurda feria Taurina!!! YO SI LE VOY AL TORO!!!

Aunque la intención sea más que loable, lo cierto es que la forma en que se lleva a cabo la difusión de información no puede ser más nefasta. Posiblemente quienes se encuentran dentro de ese círculo no perciben realmente el impacto que causa la forma en que transmiten las noticias, pero más de una persona puede sentirse intimidada y mostrarse entonces reacia a colaborar o a simpatizar con el mensaje y el mensajero: justo lo contrario de lo que se pretendía. Convendría recordar aquí el concepto de perfil psicográfico y cómo determina el modo en que reaccionamos ante algo novedoso, una propuesta o reto. Os remito, por ejemplo, al artículo de George Marshall en Yes! Magazine sobre las actitudes frente al cambio climático, “Why We Find It So Hard to Act Against Climate Change”.

Otra opción inadmisible es usar la violencia para dar visibilidad a las acciones de protesta o para alcanzar unos fines. Por ejemplo, la quema de campos de transgénicos por parte de activistas de Greenpeace les deslegitima. Uno puede estar más o menos de acuerdo con el uso de los trangénicos o plantear alternativas a su uso. Pero la violencia no engendra más que violencia y rechazo. Una buena argumentación bien documentada convencerá, o no, a una persona para que se sitúe en una postura en contra de los transgénicos, o del modelo de agricultura al que van ligados, o al sistema productivo en general, pero un acto delictivo solo da argumentos a quienes ven en él una muestra de intransigencia y fanatismo. No se trata de una tarea sencilla y no es susceptible de convertirse en simplista (ni por parte de quienes no desean los transgénicos ni por la de quienes los ven absolutamente necesarios para una población creciente): los transgénicos forman parte de un complejo sistema donde entran el modelo de sociedades actuales, el crecimiento poblacional, el incremento en el consumo de recursos per cápita, el modelo productivo… Su producción va ligada a una agricultura industrial que, por otro lado, también existe sin ellos y que forma parte del problema. Esa agricultura existe porque cada vez somos más humanos en el planeta y consumimos mayor cantidad de carne. Cada vez somos más porque se ha mejorado la sanidad, el acceso a los alimentos y a la energía. Pero el planeta es finito y se impone una decisión: dejar de crecer si ese crecimiento hipoteca el de las generaciones venideras o seguir haciéndolo y confiando en unos avances tecnológicos que no sabemos si se producirán o, en el caso de los existentes, qué repercusiones tendrá su uso sobre el entorno.

En definitiva, hay que informar, hay que crear opinión pública, hay que fomentar la crítica (incluyendo la autocrítica, por supuesto) y la formación de una población que sea capaz de entender a los científicos y exigir a sus políticos el cumplimiento de unas medidas que hagan posible la vida sobre el planeta en términos de justicia y equidad intergeneracional e interespecífica. Y para ello se hace necesario el uso de un lenguaje apropiado, sustentado en realidades y que despierte conciencias, no que las ahuyente.

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Hacía tiempo que deseaba escribir algo sobre las especies invasoras, y la conjunción de varios hechos ha propiciado que finalmente me siente a hacerlo. Por un lado, la elaboración del más que cuestionable Catálogo Español de Exóticas Invasoras por parte del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino; por otro, la aparición en diversos medios de la noticia sobre la detención de varios miembros de asociaciones animalistas y, por último, la lectura de un artículo que me hizo llegar hace unas semanas mi buen amigo Otus y que me recordó otros escritos publicados en revistas cinegéticas de todo pelaje.

La presencia de especies exóticas (esto es, foráneas, introducidas en un ambiente ajeno a aquel del que son propias) provoca graves alteraciones en los ecosistemas donde proliferan sin mesura. Introducidas en sus nuevos hábitats y aclimatadas a los mismos, al no estar presentes sus depredadores naturales pueden medrar y constituirse en un grave problema ambiental, por lo que reciben entonces el nombre de especies invasoras. La dispersión de especies fuera de sus áreas de distribución geográfica de origen se produce en multitud de ocasiones por causas relacionadas directamente con nosotros, los humanos (antropocoría), ya sea porque introducimos estas especies de forma intencionada, bien porque su explotación reporta un beneficio económico (caza, pesca, ganadería o agricultura), bien para intentar controlar otra especie invasora mediante el manejo integrado de plagas (introducción del depredador natural, en ocasiones con consecuencias aún más nefastas para el ecosistema), o accidental, porque viajen ocultas en vehículos de transporte o en cargas de alimentos, madera, etc.

De lo anterior es fácil deducir que la presencia de animales exóticos invasores no reporta precisamente beneficios para las poblaciones locales, así como que provoca desde daños económicos hasta la extinción de algunas especies del lugar (de hecho, las invasoras constituyen una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en el planeta). El efecto se agrava en ecosistemas especialmente delicados, como es el caso de las islas y regiones biogeográficas de características similares, aquellas que presentan barreras naturales que las aíslan del exterior, ya que las especies que las habitan suelen estar muy especializadas y son particularmente vulnerables a la introducción de otras del exterior, pues suelen ser mucho más oportunistas y adaptativas, depredando o desplazando a las especies originarias del ecosistema invadido e incluso transmitiéndoles enfermedades ante las que no son inmunes (caso del cangrejo de río americano, que transmite la afanomicosis al autóctono, o del visón americano y el parvovirus que transmite la enfermedad aleutiana entre los europeos, entre otras).

Como viene ocurriendo con buena parte de las problemáticas ambientales que adolece el planeta hoy día, la causa de la proliferación de muchas de estas especies invasoras tiene un origen claro: los humanos. Quienes llevaron conejos a Australia para poder disfrutar de un entretenimiento cinegético; el farero que llevó a su gatito a la isla donde trabajaba para no encontrarse solo (y que podría considerarse “individuo invasor”, como representante único de su especie que dio al traste con la viabilidad del endemismo ornitológico que constituía el Xénico de Lyall), y quienes liberaron aquel galápago de Florida de graciosas “orejas” rojas cuando dejó de medir tres centímetros de largo o permitieron que escapasen de sus jaulas las cotorras argentinas que habían comprado en la pajarería son algunos de los culpables.

No obstante, no siempre la dispersión se lleva a cabo de forma consciente; así, es habitual encontrar especies que han sido trasladadas de un extremo a otro del mundo a través en las bodegas inundadas de los barcos cuando viajan sin carga útil o en cargamentos de madera, plantas afectadas por algún insecto, etc.

Determinar el origen de la propagación de estas especies es importante para evitar que sigan ocurriendo, así como evaluar las posibles medidas que pueden tomarse para controlar su proliferación una vez que han ocupado un nuevo ecosistema. En la mayoría de ocasiones resulta muy complicado erradicarlas, y frecuentemente entran en juego dilemas morales que, si bien siempre cuidan del bienestar del individuo, pocas veces parecen pensar en el de las especies. Poca gente habrá que trate con miramiento la plaga de Periplaneta americana que invade su casa o al picudo rojo que hunde las palmeras de nuestros jardines, pero al Neovison vison, que para nada merece sufrir en una granja peletera hasta que le condenan a muerte para vestir a no-diré-qué-epíteto-aplico-a-ciertos-individuos, se le libera sin más en plena naturaleza, donde campea a sus anchas, llega a nado hasta a las Cíes y desplaza a su paso al visón europeo, en grave peligro y que ha sufrido un retroceso importantísimo en sus áreas de distribución.

Por todo lo anterior, entiendo que se tomen medidas contundentes con aquellas personas y entidades que atenten contra nuestros ecosistemas. Ahora bien, pese a que es cierto que no apoyaría jamás acciones de liberación animal porque, como suele decirse, puede ser peor el remedio que la enfermedad, no lo es menos que contemple con asombro cómo nuestro Gobierno de España plantea en el borrador del Catálogo de Especies Exóticas Invasoras un despropósito como es el permitir como “excepción excepcional” la cría de visón americano en estos pagos. Total, dirán, como ya hay en la naturaleza y dan buenos réditos… Esa forma meramente economicista de concebir el medio natural y, por ende, la vida, da al traste con cualquier intención de hacer las cosas bien. No es el Gobierno el único que peca de interesado: me hierve la sangre cuando leo, como apuntaba al comienzo de la entrada, algún artículo cinegético donde defienden lo idóneo del Arruí como especie de caza mayor y se quiere exterminar cual alimaña a los meloncillos que, de medrar, lo hacen porque los humanos facilitamos las condiciones para que ello ocurra y, no lo olvidemos, constituyen un efectivo aliado para los agricultores, depredando sobre ratas, topillos y otros roedores perjudiciales para la agricultura.

Resumiendo: las especies invasoras constituyen un gravísimo problema para el mantenimiento del equilibrio ecológico de los ecosistemas y la conservación de unos niveles de biodiversidad adecuados. El hombre es responsable en la mayor parte de ocasiones de su aparición, por lo que se hace necesario llevar a cabo una gestión adecuada de dichas especies, evitando su introducción en primer lugar (más vale prevenir que curar) y su proliferación, llegado el caso. Y aunque no apoyo la suelta de animales de las granjas donde son criados, también me opongo, como ciudadano interesado y preocupado, a la instalación de las mismas (por no hablar además del uso de animales para peletería, pero esto es otra batalla de la que hablaremos otro día si os place). Por eso, si se está dando tratamiento de “ecoterroristas” a varias personas miembros de grupos pro-defensa de los derechos de los animales, debería aplicarse un trato similar a promotores de Algarrobicos varios, a ciudadanos europeos que encienden fogatas en verano cuando se “pierden” en el campo, a cazadores que liberan jabalíes en la sierra de Mijas o a políticos que promueven leyes interesadas con agujeros y vacíos por los que se cuela con facilidad un visón, dos o mil.

Para saber más:

Actualización a 02/11/2011:

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Porque no queremos esto…

Nuestra energía

Nuestra energía...

... y algunas consecuencias.

... y algunas consecuencias.

Nuestras ciudades,

Nuestras ciudades,

¿nuestros hogares?

¿nuestros hogares?

Lo que nos falta.

Lo que nos falta.

Lo que nos sobra.

Lo que nos sobra.

Nuestras telecomunicaciones.

Nuestras telecomunicaciones.

Día Mundial del Medio Ambiente 2011. Solo con tu implicación es posible celebrarlo de otro modo.

Nota: Las fotografías provienen de:

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