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Archive for the ‘Ciencias Ambientales’ Category

Acabo de escuchar la entrevista que llevaron a cabo hace unos días en Radio Victoria (la radio municipal de Rincón de la Victoria) a una persona en representación del movimiento ciudadano #LaCalaNoSeTala y la réplica de uno de los miembros del equipo de gobierno del Ayuntamiento de dicha localidad, Borja Ortiz. Me llamó mucho la atención una afirmación que llevó a cabo el edil popular (minuto 16:45 del audio) y, sobre todo, la respuesta de los técnicos consultados:

«Yo he escuchado hasta decir que la palmera no era un árbol, que era una planta. Yo la verdad es que cuando lo consultamos a los técnicos especialistas pues se rieron porque por supuesto que la palmera es un árbol».

El concejal afirma también que él pone en cuarentena y consulta cuanto oye por su propio desconocimiento del tema (bien hecho), pero parece que acude después a las fuentes equivocadas, aunque sería de presuponer a unos técnicos municipales cierta formación en estas lides. A veces suponemos de más, y la ignorancia suele ser una mala consejera. Hasta nos podemos reír gracias a ella… o a su costa.

Aunque las palmeras presentan apariencia de árbol, no son árboles en sentido estricto. Ya en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua encontramos ciertos matices que nos podrían hacer dudar. Por ejemplo, esa ramificación de la que habla, que parece algo insignificante, pero veremos más adelante que tiene su relevancia:

Frente a árbol encontramos arborescente, un término que también nos hará entender algunas cosas:

Dirán nuestros técnicos que el diccionario no es un manual de botánica e incluso que algunas definiciones que incorpora tienen su aquel, y tendrán razón en ello. Al fin y al cabo, las palmeras tienen algunas características que podrían ser las de un árbol: son altas, con un tallo principal y duro que se asemeja a un tronco. Pero si las observamos de cerca y especialmente si miramos en su interior, los parecidos se desvanecen.

¿Cómo define un biólogo a un árbol, por tanto?

Los botánicos definen los árboles de manera estricta como plantas leñosas con crecimiento secundario. Las palmeras carecen de ambas: su epidermis es dura, similar a la madera, pero la consiguen a través de gigantismo primario y de lignificación, de modo que no es apropiado considerarlos árboles, sino grandes hierbas leñosas.

Las palmeras son miembros de las arecáceas (familia Arecaceae, única del orden Arecales), plantas monocotiledóneas, algunas de ellas arborescentes, leñosas pero sin crecimiento secundario del tronco, únicamente primario. De hecho, ese tronco en las palmeras es el estítipe, al no dar ramas laterales. En Botánica las palmeras se encuentran agrupadas junto a los pastos, juncos, lirios, orquídeas, … Tienen más en común con una hierba o una planta de maíz que con un roble, por poner un ejemplo, ya que en realidad las palmeras pueden considerarse hierbas gigantes, es decir, son plantas herbáceas megaforbias.

Si observamos cómo crece una palmera veremos que su crecimiento no es como el de los árboles. El dosel está restringido a la corona de las hojas superpuestas que rodean el meristemo apical. Volviendo al detalle de la ramificación que se mencionaba en el DRAE, veremos ahora su importancia. Cuando se lleva a cabo la poda de un árbol o si se desmocha, este continuará creciendo. Pero si lo hacemos con una palmera, ya que su crecimiento se produce únicamente a través del meristemo apical (la yema terminal), la planta muere ya que no puede producir nuevo crecimiento en ninguna otra parte de la planta.

Una de las diferencias que encontramos entre una palmera y un árbol es su sistema vascular. El sistema vascular en las plantas es el que transporta agua y nutrientes desde el suelo, a través de las raíces y por todo el resto de la planta. Mientras que los árboles presentan crecimiento secundario, que provoca que se generen esos anillos de crecimiento que tan familiares nos son cuando queremos conocer la edad de un árbol contándolos, en las palmeras no están presentes. Aquí podemos ver un corte del floema y xilema de una palmera, a la izquierda, y de un árbol, a la derecha:

Corte transversal de una palmera y de un árbol. Pueden observarse las diferencias fisiológicas entre sus haces vasculares y la estructura de ambos.

En los árboles los haces vasculares se disponen en anillo, presentando el floema justo debajo de la corteza y transportando los alimentos desde las hojas hacia el resto de la planta y en xilema, en su interior, con vasos que transportan el agua hacia arriba desde el suelo gracias a la fuerza que provoca la evapotranspiración. En el caso de las palmeras, como monocotiledóneas que son, su sistema vascular está repartido por toda la sección transversal del tallo formando pequeños haces de floema y xilema. No presentan cambium y es por este motivo que las palmeras no aumentan de diámetro con el tiempo: una vez emergen del suelo su diámetro seguirá siendo el mismo durante toda la vida de la palmera. Las células madre que recubren estos vasos producen un crecimiento secundario anómalo para engrosar a las plantas jóvenes, pero una vez alcanzado el diámetro máximo no ocurre más. Es, por ejemplo, lo que ocurre con otra monocotiledónea de gran porte como es el drago. En el caso de las palmeras el crecimiento lo consiguen mediante gigantismo primario y la rigidez con la edad se consigue mediante la lignificación de las paredes celulares. Es decir, aunque presentan diferencias evolutivas con hierbas «menores» o de pequeño tamaño, no llegan a alcanzar el estatus arbóreo al carecer de crecimiento secundario.

Otra implicación de esta distribución es que las lesiones en las palmeras nunca se curan de forma autónoma. Si cortamos o perforamos una palmera, debido a la disposición de sus haces vasculares, no podrá curar sola, por lo que la descomposición se extenderá rápidamente. Un árbol, por el contrario, puede aislar la descomposición para evitar que se propague.

Las hojas de palmera también son diferentes. Al surgir como crecimiento primario del meristemo las hojas más jóvenes están en la parte superior de la corona. A medida que la palma crece más y más, se agregan hojas en la parte superior y las hojas de mayor edad crecen hasta alcanzar su tamaño máximo. Cuando las hojas alcanzan la base de la corona se «desconectan» del sistema vascular (se produce una abscisión de estas formando una pseudocorteza). Algunas especies de palmeras no llegan a dejar que se secciones toda la hoja, quedan colgando esas hojas muertas bajo la copa.

También encontramos diferencias si nos dedicamos a observar sus raíces. Cuando una palmera comienza a crecer no tiene un juego completo de hojas. Las raíces crecen del pequeño tallo de la plántula y cada raíz va agregando nuevos haces vasculares, ensanchando así el mismo y proporcionando más tejido para sostener las hojas. Estas raíces forman una red fibrosa y poco profunda que se asemeja a las raíces de las hierbas, de tubérculos como la cebolla o del bambú, por ejemplo. Son adventicias y generarse las raíces a partir del tallo, las que sean cortadas no se regenerarán, pero surgirá una nueva de aquel. Por esto su cepellón es pequeño, menor que el que pueda tener un árbol. En el caso de este último, salvo que existan daños muy graves, la raíz se regenerará a partir del punto de corte. Además, el crecimiento de la planta también es distinto en este caso: mientras que los árboles van haciendo crecer los sistemas radicular y de brotes al mismo tiempo en el caso de las palmeras las raíces se expanden rápidamente para permitirles crecer a continuación hacia arriba.

Además, es fácil encontrar información incluso de sitios especializados en palmeras donde se indica que no son verdaderos árboles. Por ejemplo, en All about palm trees encontramos:

Y artículos como este sobre «Poda, transplante y plantación de palmeras ejemplares» recogido en el Libro de ponencias y comunicaciones del XXXIV Congreso nacional de parques y jardines públicos, D. Santiago Orts Pérez, biólogo especializado en palmeras y gerente de los viveros «Huertos del Cura de Elche», con numerosas publicaciones en su haber sobre las palmeras, apunta que:

Y en su artículo «Domingo de Ramos, palmeras y ciencia»:

No son, por tanto, diferencias baladíes las que existen entre palmeras y árboles. Más allá de la apariencia de unas y otros por sus similitudes morfológicas, lo cierto es que hay que conocer bien qué caracteriza a cada grupo vegetal, entre otras cosas para aplicar tratamientos y cuidados efectivos cuando hablamos de arbolado urbano. Siendo así y conocida la respuesta de los técnicos del Ayuntamiento de Rincón de la Victoria, me pregunto hasta qué punto sus cuidados serán los más adecuados en las escasas zonas verdes con las que cuenta el municipio…

File:Ornithorhynchus.jpg - Wikimedia Commons
Pato parece, pero… 😉

Más información:

Información sobre palmeras y sus diferencias con los árboles

Petición del cese de la tala en Change.org

El Diario.es

Público

CMR Rincón de la Victoria

Green Way Spain

Arrinconados

Andalucía Información

Nota: Las imágenes de greenwashing son propiedad de sus respectivos autores. Pueden encontrarse en dos interesantes entradas:

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Y en mi caso se trata de uno cargado de contrasentidos. Por un lado, esta estación supone un adelanto de lo que será el invierno y, como tal, invita en cierto modo al recogimiento, tal y como me ocurre a mí. Por otro, también invita a realizar la infinidad de acciones que el verano nos ha hecho dejar de lado. Puede que los largos días del estío y el buen tiempo reinante nos hagan creer que son los idóneos para todo tipo de actividades al aire libre, pero las altas temperaturas de nuestro clima mediterráneo aquí en el sur no son precisamente muy halagüeñas si lo que deseamos es echarnos al monte como buenos trotalomas que somos. Por eso me gusta el otoño, porque todavía no presenta todo el rigor climatológico del invierno, aunque hay que estar precavido siempre ante posibles tormentas (como la que, por cierto, parece que estará sobre nosotros la semana que viene), además de ser una estación que invita a la mesura. Es época de cosecha, de recoger lo trabajado y de ir preparando el terreno para la futura siembra.

Cuando comencé hace tres años Ciencias Ambientales por la UNED escribía por aquí la ilusión con que afrontaba esta nueva etapa. Sabía que no iba a ser un recorrido fácil por más que me apasionase el tema, y que compaginar el estudio de una carrera con una trayectoria profesional dentro de un entorno competitivo y con un trabajo intelectual iba a resultarme costoso. Pero sarna con gusto no pica, como suele decirse, y así fue como inicié la aventura que a lo largo de estos años he venido relatando, muy de cuando en cuando, en el blog: cómo esperaba que fuese cada año y las sensaciones obtenidas al acabar el curso. Este último, muchos lo sabéis, no ha sido particularmente sencillo. Ya lo barruntaba al comienzo del curso y por eso únicamente me matriculé de una asignatura anual que esperaba disfrutar enormemente: Ecología. Pensaba darme un año hasta cierto punto sabático, aprendiendo con esta asignatura y compaginándola con el estudio de inglés y otras competencias que quería reforzar en informática. Iluso de mí, el año ha sido más un camino de cabras que otra cosa. Lo cierto es que la carrera ha sido una víctima más de cuanto me ha venido ocurriendo y de las trabas que, a todos los niveles, se me han ido presentando. Así, acabé dejando la asignatura cuatrimestre tras cuatrimestre por no sentir que la llevaba tan preparada como deseaba, y terminé presentándome en septiembre. El examen fue a principios de mes y, aunque todavía no sé los resultados, lo cierto es que ni tan siquiera la nota más alta posible me satisfaría a día de hoy: siento que no la he disfrutado, que he terminado obsesionado con ella y con los impedimentos que tenía y que me impedían cumplir conmigo mismo los objetivos que me había planteado.

Esta desidia ha alcanzado a otros planos de mi vida. El blog, como habéis visto, ha sufrido mucho (no solo estas Andanzas…, sino Homo libris (y su hermano pequeño bolsilibresco) o Lobosoft), y este es una mera manifestación más de todo esto que os cuento.

Así fue como, al terminar el año académico, tomé una dura decisión: dejar la carrera por este año. Pienso seguir con ella más adelante, pero quiero sentir que la retomo con la ilusión y alegría con la que la comenzaba tres años atrás. No quiero que sea una carga más en un año que, me temo, va a ser más duro que el anterior. He cambiado de empresa y las exigencias se van a multiplicar en un factor importante. El inglés en ella es ya una necesidad, no una opción, y me gustaría mejorar en lo profesional recuperando tecnologías en las que siento que me estoy oxidando y ampliar mis conocimientos en campos que me interesan sobremanera como es el de la inteligencia artificial.

Por otro lado, también ha tenido mucho peso en mí la decisión del actual Gobierno de subir los precios públicos universitarios. Hasta ahora he ido sacando todas las asignaturas adelante en el primer examen, durante la primera convocatoria. Pero los precios para las sucesivas han subido de una forma tremendamente injusta y, en particular, la UNED ha sufrido un incremento abusivo. Si bien estoy contento con la universidad a distancia, he de decir que sus servicios son muy mejorables (especialmente tras disfrutar este año de algunos de los cursos que la Universidad de Stanford, entre otras, ponen a libre disposición de la ciudadanía a través de plataformas como Coursera), y me parece humillante que sus precios superen incluso a los de las universidades presenciales cuando, para qué vamos a engañarnos, flaquea tanto en asuntos como las prácticas de laboratorio o en algunos materiales preparados por los propios equipos docentes. Que luego los hay maravillosos, no lo niego, pero desgraciadamente no son la norma.

Como veis, por lo que decía un par de párrafos más arriba, de todas formas no me va a dar tiempo a aburrirme. En cuanto al medio ambiente, no se va a quedar en nada: por un lado quiero ir haciendo otro tipo de cursos que vayan complementando lo ya aprendido pero que no requieran tanto tiempo (actualmente estoy dentro de uno sobre Educación Ambiental del Plan Andaluz de Formación Ambiental de la Junta de Andalucía), tengo mil lecturas pendientes (de todo tipo, pero también del ámbito científico) y deseo con todas mis ganas que el blog vuelva a resurgir gracias a las salidas al campo que tengo tan abandonadas y con ese aprendizaje continuo que todo naturalista desea vivir.

Hoy es 22 de septiembre de 2012, comienza el otoño y siento que con él lo hace una nueva etapa. Marcada por mi deseo de que así sea, sí, pero también por la necesidad de que esto ocurra. En el cumpleaños de Frodo y Bilbo, en el de mi ya desaparecido perro Lobo, nace el otoño y espero que con él una nueva etapa de mis andanzas. Todo esto me ha recordado la canción que Bilbo canta cuando sale de viaje en El Señor de los Anillos y que me parece la más apropiada en estos momentos:

El camino sigue y sigue
desde la puerta.
El camino ha ido muy lejos,
y si es posible he de seguirlo
recorriéndole con pie decidido
hasta llegar a un camino más ancho
donde se encuentran senderos y cursos.
¿Y de ahí adónde iré? No podría decirlo.

Curiosamente, o puede que no tanto, es la misma con la que comenzaba la entrada donde, tres años atrás, relataba el comienzo de mi andadura como futuro ambientólogo. Acabo de verlo al buscarla para enlazarla más arriba. Que sean estas palabras las que nos guíen.

Feliz caminar. Nos vemos en la próxima encrucijada.

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Tan importante como hacer camino al andar es echar la vista atrás y ver el camino que no se ha de volver a pisar. No, al menos, si no deseamos tropezar dos veces con la misma piedra, y aunque siempre habrá otras que entorpezcan el camino debemos intentar ver lo positivo de los obstáculos: nos fortalecen, hacen nuestro andar menos aburrido y sirven de arma arrojadiza. 😉

Vuelvo una vez más a hacer un alto, a sentarme junto al camino para echarme al gaznate algo que me refresque. Cierro un año más en la UNED y me viene a la memoria la primera entrada que dediqué a estos menesteres. Recuerdo las palabras de Roberto de El Guisante Verde Project y no puedo más que darle una vez más la razón. Rememoro los buenos resultados del año pasado y de este, si bien me queda el sabor amargo de un vaso de achicoria, me consta que no debería quejarme. No ha ido mal —nada mal según opinan quienes cerca me tienen—, si bien he acabado con la sensación de que podría haber dado más de mí y que el esfuerzo dedicado no se correlaciona con los resultados obtenidos.

Tal vez sea demasiado crítico conmigo mismo, no sé, pero lo que sí me consta es que este año pude disfrutar mucho menos de la carrera que el anterior. Diversas obligaciones y retos a superar a varios niveles, así como una indebida orientación hacia la obtención de resultados en las asignaturas, han hecho que me replantee cómo continuar con la carrera este año. Por esto, y porque quiero emprender nuevas aventuras y empezar a atar algunos de los miles de cabos sueltos que he ido acumulando, imagino que me matricularé de menos asignaturas y que las exprimiré al máximo. Pero bueno, de todo esto tal vez os vaya contando algo más adelante. Quería agradecer, eso sí, todo el apoyo recibido durante este tiempo. Los que lo recibís sabéis quienes sois. 🙂

Quedándome con los aspectos positivos, tendría que decir que he descubierto en mí a un sociólogo inesperado. Durante estos dos años he cursado tres asignaturas relacionadas con la sociología (“Medio Ambiente y Sociedad”, “Acción colectiva, poder y medioambiente” y “Técnicas de investigación social para estudios medioambientales”) y no solo me han gustado sino que encima no se me han dado nada mal. Cuando decidí estudiar Ciencias Ambientales sabía que, junto a asignaturas puramente científicas o técnicas, tendría que enfrentarme a otras relacionadas con el derecho —nada nuevo bajo el sol para quien cursó estudios en su día relacionados con la administración y lleva años buceando en legislación medioambiental por mor de los proyectos con impacto negativo sobre el entorno que asfixian nuestro territorio— y otras materias diversas. La sociología no era de las que más me llamaba la atención a priori, si bien la antropología siempre me ha resultado interesante. La carrera ha dispuesto para mí a través de estas asignaturas el marco teórico a tantas horas de trabajo en el pasado, a las movilizaciones, a la resolución del conflicto entre agentes sociales, al análisis del discurso “por dentro” y “por fuera”…

Terminando con esta entrada, una más de las de “pensar desde blog”, os reto a adivinar qué asignatura estoy deseando cursar este año, dando además “el salto de la Licenciatura al Grado”. Os doy una pista:

Lecturas para el año que empieza

Lecturas para el año que empieza

Fácil, ¿verdad?

¡En pie! Prosigamos caminando.

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De cuando en cuando el trotalomas ha de enclaustrarse; cuando la cercanía de los exámenes y el empeño de dar más de sí pueden con él, se ve obligado a reconocer ante uno de sus primeros lectores que el camino está lleno de espinas pero incluso el dolor tiene algo de satisfactorio al alcanzar el final del camino y volver la vista atrás.

De momento estoy en plena subida, camino a la cima, y aunque me consta que el silencio viene siendo la constante del blog durante este periodo estival, y a pesar de que en la mente se me agolpan los temas sobre los que me gustaría tratar, saber vuestra opinión, compartir desde este espacio, lo cierto es que creo que el blog y vosotros merecéis algo más que entradas breves e inconexas. Incluso yo mismo me lo debo. Por eso, y hasta la segunda quincena de septiembre, he decidido dejar aparcada cualquier actividad que esté relacionada con el blog. Prometo volver, eso sí, con las pilas renovadas y con ganas de ponerme al día, de leer vuestros respectivos blogs, de empaparme de naturaleza y de disfrutarla compartiéndola con todos vosotros.

Señoras, señores, esto es un cierre provisional por vacac… exámenes.  «Omnibus mobilibus mobilior sapientia», me recuerdo.

P.S.: Pero como no quería despedirme sin más, aquí va mi último encuentro al llegar a casa un día tras el trabajo. Un hermosísimo ejemplar de Sceliphron spirifex revoloteaba junto a la ventana, sin parar, y de ahí su rapidísimo y errático vuelo la llevaba por la pared, buscando resquicios en la misma, cerniéndose frente a las persianas de los locales cercanos. Puede que me equivoque, pero me dio la sensación de que era una hembra de esta avispa solitaria buscando un lugar propicio en el que construir su nido. En cualquier caso, mucho me temo que a nuestro Rumpelstilskin particular no le haría demasiada gracia encontrársela.

Aunque la fotografía no es muy buena (apenas se había parado cuando ya reemprendía el vuelo), espero que os guste.

Sceliphron spirifex

Sceliphron spirifex

El título de la entrada, por supuesto, por la canción de Triana incluida en su disco —hermosa casualidad— “Un encuentro”. Os dejo con ella. ¡Sed felices!

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Afirma el refranero español, sabio como solo pueden hacerlo el tiempo y la constante observación, que dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición. Puede que no sea así en todo, pero lo cierto es que no imagino a Azote hace unos años llamándome con tanta vehemencia para que capturase al individuo que se nos coló en casa hace unos días. Puede que sí, que para largarlo de casa, pero no con esa nota perceptible de orgulloso descubrimiento. Dejando los libros estar, pues a esa hora de la tarde, con el calor, tampoco es que apeteciese demasiado el estudio, me dirigí a la planta baja de la casa, donde nos miraba con sus ojos alucinantes este ejemplar.

Plexippus paykulli

Plexippus paykulli macho.

Se trata de un macho de Plexippus paykulli que, afortunadamente, no se escabulló con uno de sus prodigiosos saltos. Pude capturarlo y sacarle así un par de fotos antes de ser liberado nuevamente fuera de la casa, junto a un jardín. Originaria del sudeste de Asia, esta araña saltadora (familia Salticidae) es la única de su género –de momento, y si no ando errado– en Europa. Adaptada a vivir en el interior de las viviendas, parece ser que, como tantas otras especies, se ha dispersado a lo largo y ancho del planeta gracias a la antropocoría involuntaria. Como otros saltícidos, es un arácnido pequeño, compacto, y el macho que nos ocupa muestra unos pedipalpos llamativos que son usados durante el cortejo. También puede apreciarse el tamaño ligeramente mayor de las patas delanteras, que usa para atrapar a sus presas tras su salto mortal, ya que estas arañas no usan más tela que la necesaria para construir un pequeño refugio a modo de capullo cuando están en el exterior o descansan por las noches, protegiéndose así de sus depredadores.

En cuanto a su vista, resulta verdaderamente excepcional. La distribución de sus ojos puede apreciarse a continuación, y le permite no solamente ver lo que tiene frente a sí con cuatro de sus ojos, sino también dominar los laterales y completar los 360º de visión con otros tantos que completan los ocho ojos simples (ocelos) pero extremadamente desarrollados.

Esquema del cuerpo de nuestro amigo, con sus ocho ojos representados esquemáticamente.

Esquema del cuerpo de nuestro amigo, con sus ocho ojos representados esquemáticamente.

Un llamativo encuentro, por tanto, que me recordó lo interesante de la fauna hogareña y corroboró lo apropiado de no usar insecticidas en el hogar. Máxime cuando contamos con algunos naturales tan efectivos y hermosos, por más que esta no fuese su ubicación geográfica originaria.

Feliz fin de semana y, para quien dé inicio a sus vacaciones, todo el cuidado del mundo: lo más importante es regresar.

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