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Posts Tagged ‘ornitología’

Esta semana iba a impartirse un curso de introducción a las rapaces nocturnas en en el Centro de Estudios Ambientales de Santa Fe, contando como mentor a mi buen amigo Alberto. El evento se presentaba la mar de interesante, ya que se iban a realizar dos salidas de campo al cercano Parque Periurbano de la Dehesa de Santa Fe donde es posible oír, con algo de suerte, al gran duque reclamando su territorio.

Sin embargo, a causa de las lluvias que se esperan en los próximos días el curso posiblemente se posponga, pero no es ese el motivo de que lo mencione en el blog. La mala noticia que vengo a traer no es otra que la que este lunes nos hacía llegar el presidente de AUCA: un ejemplar de búho real había aparecido electrocutado en una de las mortíferas líneas eléctricas que atraviesan este espacio protegido.

Podéis haceros cargo de nuestra desolación al constatar que nos encontrábamos ante el tercer búho real que aparecía muerto por dicha causa en menos de un año. Lamentablemente, ni son los únicos ejemplares de rapaces que hemos encontrado a los pies de estas líneas, ni esta es la única especie de interés que hace uso de “la Dehesilla”. Al final de la entrada dejo una serie de artículos aparecidos en prensa sobre esta problemática.

Tras conocer la nefasta noticia, publiqué en Twitter un par de fotografías del búho y al día siguiente recibí un mensaje de respuesta del responsable de comunicación de ENDESA, ya que cité el nombre de la compañía al ser el tendido propiedad de esta. En su mensaje me hacía llegar el enlace a un artículo sobre los avances realizados por  la compañía para la adecuación de sus infraestructuras buscando evitar la mortandad de aves, así como unos datos que indicaban que esta se había reducido hasta en un 80 %. Sin restar valor a la noticia (tal y como le dije, en efecto, me alegro de ello), me sentí como la persona que acaba de perder a un familiar, amigo o conocido en un accidente de tráfico (causado por un conductor en estado de embriaguez o que superaba la velocidad permitida) a la que la D. G. T. pretende consolar presentándole las estadísticas de una exitosa campaña de Navidad que se ha saldado con menos muertes que las de los 5 últimos años, por poner un ejemplo.

No solo me congratulo de que las compañías se impliquen y trabajen en pro del entorno natural (si bien muchas veces, y no digo que este sea el caso, no se trata más que de operaciones de “greenwashing” o paraecologismo), sino que lo considero necesario. Entiendo también que haya prioridades, de modo que las líneas con más puntos negros y aquellas que atraviesan entornos protegidos (no es lo mismo un parque nacional que uno periurbano) reciban mayor atención. Pero no hay que olvidar que existen numerosos informes presentados a lo largo de los años por la Agrupación de Voluntariado Ambiental de Santa Fe (AUCA) ante el Ayuntamiento de la localidad y la Delegación de Medio Ambiente en los que se informa de la problemática de estas líneas. Que tanto los agentes de Medio Ambiente como el SEPRONA han sido informados en cada uno de los casos de electrocución y se les ha acompañado al lugar de los hechos para la inspección y recogida de los cadáveres, y que la propia compañía eléctrica estaba al tanto de los mismos.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El Parque Periurbano de la Dehesa de Santa Fe, como ocurre con tantos otros espacios verdes cercanos a núcleos urbanos, está francamente infravalorado. Tanto por sus valores intrínsecos como por la importancia que tienen estos entornos naturales (o naturalizados) para el desplazamiento de muchas especies, ya que en muchos casos vienen a satisfacer las necesidades de ejemplares juveniles de aves que se encuentran en dispersión, de otras que están en plena migración o que los usan como cazaderos y lugares de nidificación y cría.

Por todo lo anterior, me gustaría reivindicar estos espacios cuyos valores son olvidados, consciente o inconscientemente, por las concejalías de medio ambiente, agencias medioambientales, responsables políticos, empresarios, técnicos y por la ciudadanía en general. Porque, como bien sabéis, el valor conjunto de nuestros ecosistemas es mucho más que la suma de cada uno de ellos tomados por separado.

Por eso, y porque por muy bien que vaya la economía global a cualquiera de nosotros nos preocupará estar en paro (volviendo al símil de que el bien de la mayoría no ha de hacernos caer en la autocomplacencia y llevarnos a olvidar que existe el dolor de una gran minoría), hoy he querido volver a recordar al gran duque que tantas buenas noches nos ha regalado acompañándonos con su bronco ululido.

Enlaces relacionados:

Nota: Las fotografías pertenecen a la persona que localizó el ejemplar de búho real y lo notificó a la asociación de voluntariado y a Alberto, el organizador del curso sobre rapaces nocturnas y que ya nos visitó para hablarnos de la mortandad de aves por colisiones.

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La naturaleza nos habla mediante señales, pero no siempre sabemos escucharla, no siempre conocemos cómo interpretarlas. Hay veces que nos habla en alta voz; mediante  la flora y fauna presentes —y ausentes— en un determinado ecosistema o las consecuencias visibles de la contaminación ambiental, por ejemplo. Pero en muchas ocasiones lo hace con mayor sutileza, vemos aquello que no está o, más bien, el rastro que dejó a su paso.

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A todos nos resulta familiar la figura del piel roja postrado sobre el suelo siguiendo la pista a la caza del bisonte, del rastreador blanco tras la del indio o el montaraz Aragorn determinando que los hobbits Pippin y Merry han sido raptados por los orcos en El Señor de los Anillos. Aunque parezca de película, lo cierto es que la figura del rastreador de fauna existe, ya que muchos animales habitualmente son escurridizos y no se dejan ver con facilidad, y saber determinar las especies que existen, aun cuando no podemos verlas, o conocer cómo podemos obtener más información sobre ellas (por ejemplo, mediante el fototrampeo) es una labor que conviene conocer para cualquier zoólogo, naturalista o amante de la naturaleza en general.

Por eso me alegró tanto saber que Alberto (algunas de cuyas andanzas habéis podido leer en este blog en el pasado) se disponía a impartir un curso de rastreo técnico de fauna en la sede de Auca, nuestra querida Asociación de voluntariado ambiental de Santa Fe. Será el próximo fin de semana, 20, 21 y 22 de abril de 2012 en el Centro de Estudios Ambientales de esta granadina localidad, en horario de 17:00 a 20:30 el viernes, 10:00 a 14:00 y 17:00 a 20:30 el sábado, y salida de campo el domingo por la mañana.

Si estáis en Granada ese fin de semana y os animáis a participar, allí nos veremos. Os dejo con el cartel del curso, donde puede encontrarse una información más detallada sobre el mismo.

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Nota: Edito para incluir el enlace al evento del curso en Facebook, por si Alberto incluye allí más información (10/04/2012).

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A menudo el creador alude a la dicha, a la felicidad de la creación, aunque yo debo reconocer que rara vez me siento dichoso escribiendo, bien porque vivo la angustia del tema que desarrollo, bien porque la inadecuación entre lo que quiero expresar y lo que realmente expreso me conduce a la perplejidad y al hastío. Es decir, necesito escribir pero no soy feliz escribiendo, porque inevitablemente no sólo me quedo corto sino que, consciente de mis limitaciones, advierto mi incapacidad para enderezar lo torcido.

Así da comienzo el libro de Miguel Delibes Con la escopeta al hombro, un compendio de artículos sobre caza que vino a publicar a mediados del siglo pasado en El Noticiero Universal y que nos permite retrotraernos a una época en la que buena parte de los carnívoros, mamíferos o alados, eran considerados alimañas y donde la mecanización del campo marcaría un punto de inflexión en la abundancia de especies, cinegéticas o no, que decaería alarmantemente.

Ni que decir tiene que estoy disfrutando con la lectura del libro del vallisoletano, máxime cuando se trata de uno de mis escritores de cabecera, y precisamente por esto, además de porque el comienzo del libro refleja a la perfección mi estado de ánimo respecto a cuanto escribo en los últimos tiempos, he querido que el título de la entrada de hoy rindiese homenaje a don Miguel. Es más, en lo que llevo releído (aproximadamente un tercio del libro), me he encontrado con un par de agradables sorpresas que no recordaba de la primera lectura; los trotacampos y trotapáramos del libro vienen a unirse a la familia de trotamundos y, por supuesto, de trotalomas, así que bienvenidos sean.

Después de semejante desvarío, si has llegado hasta aquí te estarás preguntando de qué va la entrada de hoy. Si bien el título rinde homenaje al libro de Delibes, no es menos cierto que puede ser tomado de forma absolutamente literal. Esta mañana, en lugar de dirigirme como pretendía a la desembocadura del río Guadalhorce, decidí calzarme las botas, coger los prismáticos y echarme al monte caminando. No era el de hoy uno de esos domingos en los que te dices «me voy a pasar el día fuera» y no vuelves a casa hasta el anochecer, pero sí que me apetecía desconectar durante unas horas al menos y, ya que no me apetecía lo más mínimo conducir, la alternativa más viable era subir al monte de El Atabal, barriada del Puerto de la Torre, donde podía llegar a pie.

Resina de almendro

Resina de almendro

Conglomerado

Estrato de conglomerados.

Lo cierto es que tanto el monte como sus alrededores requieren, si se desea disfrutar de ellos, de un ejercicio de observación a corta distancia. Si no es así, posiblemente el naturalista saldrá de allí con una úlcera de estómago por lo descuidado en que se encuentra el lugar y por la fuerte presión a que es sometido por parte de las poblaciones aledañas y la gente que lo recorre habitualmente, ya sea buscando un lugar de esparcimiento, ora sea mediante la realización de actividades inocuas, como pasear con la familia —siempre y cuando no se hable a grito pelado— o recoger espárragos trigueros, bien a través de otras más punibles como la realización de botellones, de barbacoas en lugares y fechas no admisibles o depositando basura de todo tipo en ese entorno.

Así pues, equipado con mis botas de monte y “armado” con mis prismáticos Papilio (cuanto más los uso más los adoro, ¿os lo había dicho?) he salido al campo dispuesto a obviar tanta afrenta a un entorno degradado que, para vergüenza de propios y ajenos, contaba no ha mucho con una población bastante maja de camaleones en grave recesión (si es que a día de hoy queda alguno). Respecto a lo de obviar las afrentas, una cosa es decirlo y otra muy distinta hacerlo, pero lo cierto es que he disfrutado de la salida, si bien he tomado buena nota de algunos detalles para trasladarlos a unas autoridades que se limpiarán salva sea la parte con ellos.

El recorrido de hoy

El recorrido de hoy, de oeste a este. En la parte superior, en el centro, la torre que da nombre al distrito.

Salir con los Papilio al cuello es casi como ir de la mano de Sir David Attenborough cuando está rodando uno de sus documentales sobre la vida de los insectos; como si llevásemos al cuello un microscopio de campo o una lupa capaz de enfocar a media distancia. Así, el caminante se deleita observando el vuelo errático de la libélula que termina por llevarla a una rama seca que le sirve de posadero, o descubre fascinado un asílido posado en una de las ramas superiores de un olivo, invisible a la vista si no fuese por los versátiles binoculares.

El milpiés se esconde presto en una de las oquedades del tronco seco de olivo y un negro almendro rezuma su ambarina trampa mientras las hormigas se afanan agrandando su hogar extrayendo minúsculas porciones de barro de las profundidades. Al levantar una piedra cercana otro miriápodo, calco del anterior, corre a refugiarse en el hormiguero mientras unos tisanuros (Proatelurina pseudolepisma, es posible verlo mejor en el Insectarium Virtual) de varios tamaños corretean inquietos hasta que vuelvo el canto a su posición original.

Proatelurina pseudolepisma

Un borroso, por inquieto, Proatelurina pseudolepisma.

Una laboriosa hormiga.

Una laboriosa hormiga.

Algarrobos de buen porte entre olivos viejos dispersos, un bosquecillo de pino carrasco a cuyos pies comienzan a tomar posiciones plantones de olivo nacidos de las deposiciones de las aves, algún que otro almendro y una buena zona de palmito, cerca ya de la torre, junto a mucha jara, retama, espino negro, marrubio y bufalaga componen un paisaje donde el romero o el jaguarzo también hacen acto de presencia.

Algarrobos

Algarrobos

Flor femenina del algarrobo

Flor femenina del algarrobo

Absorto durante minutos en la observación de un ortóptero que se atusa las alas con los zancos y lanza al aire un excremento, el trotalomas aguza el oído al escuchar el maullido del ratonero que sobrevuela el monte. Está fuera de la vista, pero por si acaso alza al cielo los prismáticos y los ajusta para ver a lo lejos. Ni rastro de la rapaz, pero una abubilla pasa entre los olivos y varios mosquiteros y colirrojos tizones laborean alrededor de sus troncos y ramas buscando la pitanza. Comienza el descenso y, en esto, un mochuelo se arranca y desaparece de la vista en completo silencio.

La basura, que denota la calidad moral de quienes allí la han depositado, no deja por ello de ser útil para algunos y así lo sabe el trotalomas que, ni corto ni perezoso, levanta todo aquello que es susceptible de convertirse en refugio de algún ser vivo. Eso sí, acto seguido lo vuelve a su sitio, si ya le encontraron utilidad, o lo lleva consigo si es posible para depositarlo en un lugar más adecuado: el contenedor. En estos menesteres descubre que las mantis encuentran adecuado para depositar sus ootecas  un artilugio para bebés humanos(hasta tres localizo bajo el mismo) y que una salamanquesa rosada (Hemidactylus turcicus) no hace ascos a unos harapos para refugiarse durante el día.

Ooteca de mantis

Ooteca de mantis

Llamo harapienta a nuestra salamanquesa no solo por la chaqueta bajo la que se encontraba, sino porque, si os fijáis, muestra parte de la cola lisa por haber perdido un trozo durante alguna batalla territorial o huyendo de algún depredador. Al regenerarse se queda lisa, sin mostrar los tubérculos cónicos que sí tiene en la parte que no perdió.

Salamanquesa rosada

Salamanquesa rosada harapienta.

Ya casi al final del camino, tras mirar a lo lejos casi exclusivamente para eludir a otros humanos que han ido apareciendo conforme avanzaba la mañana y el sol comenzaba a calentar (recolectores de espárragos, aficionados al ciclismo, familias de paseo) llega el trotalomas a un cañizal que denota la presencia de agua. El canto de mirlos y el paso de lavanderas le hace pensar que un día tiene que volver allí para observar a la avifauna con detenimiento, ya que la cercana laguna de la Barrera (una laguna artificial, procedente de una zona de extracción de arcilla para la fábrica de ladrillo que hubo en su día en la Colonia de Santa Inés) ofrece a las aves un lugar de refugio y alimentación que no cabe desdeñar.

Hueco de la laguna de la Barrera

Depresión de la laguna de la Barrera, a la derecha de la fotografía, y olivar de la zona visitada. Se ve también la subestación transformadora que hay en la zona. La fotografía es de 1965.

Vuelta al asfalto, a la ciudad que no ha dejado de estar presente más que en la mente del trotalomas, que por unas horas se ha evadido de la misma. De regreso a casa, a por la manduca y a echarle un vistazo a Trotty, el inspirador del blog, que se va recuperando del resfriado que le ha tenido postrado unos días.

Trotty y Darwin

Trotty y Darwin

Nota: La fotografía de 1965 la he tomado de este foro, donde se pueden encontrar otras fotos antiguas de Málaga.

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Una vez finalizado el periodo de exámenes, en un primer cuatrimestre durante el cual he intentado dar un poco más de mí mismo en todos los frentes, queda la mezcla agridulce del trabajo bien hecho y de la sensación de haber podido dar mucho más si las circunstancias lo hubiesen permitido. Esto me ha llevado a poner sobre la mesa la necesidad de definir el límite al que debería llegar el nivel de exigencia que me había autoimpuesto y el objetivo de meramente dejarme llevar y disfrutar sin más de lo que estoy haciendo.

Hermosísimo almendro en flor en un atardecer en la dehesa.

Hermosísimo almendro en flor en un atardecer en la dehesa.

Ya que en cuanto terminé los exámenes pasé directamente a preparar las asignaturas del nuevo cuatrimestre, este último fin de semana, cuando pude ir finalmente a Granada aprovechando el puente del Día de Andalucía, supuso una verdadera desconexión y un hálito de viento fresco para mí. Aunque podría haber sido mejor, ya que en ciertos aspectos habría sido muy mejorable (de algunos de ellos hablaré en una próxima entrada), lo cierto es que ha supuesto una especie de reencuentro conmigo mismo. Y, si bien los “bichejos” que traigo hoy no son particularmente singulares, tal y como hablaba el sábado con mi buen amigo Sergio en nuestra Dehesilla querida, cualquier especie tiene su lugar en la naturaleza, su importancia realmente vital en el equilibrio de los ecosistemas en los que se integra.

Transporte "público" en el olivar. Todo tipo de vehículos lo pueblan.

Como ya he avanzado, el sábado por la tarde anduvimos Sergio y yo por las inmediaciones de la Dehesilla y aprovechamos para mantener una interesante charla con el presidente de la sociedad de cazadores de Santa Fe y con un motorista que nos encontramos en aquella zona. Se quejaban del uso y abuso que del yacimiento de aguas termales y de los olivares aledaños, abandonados tras el fiasco del proyecto de urbanización de FADESA y el Ayuntamiento , hace una serie de mal llamados hippies que acampan en la zona, organizan fiestas rave que se prolongan durante toda la noche y buena parte del día, con el consiguiente perjuicio para la fauna local (pensad que, en una noche tranquila, el golpeteo de la música puede escucharse desde el propio casco urbano del municipio, que dista unos 5 ó 6 kilómetros del manantial). Además, mantienen gran cantidad de perros sueltos que, llegada la primavera, pueden suponer un grave peligro para la viabilidad de las polladas de perdices, los gazapos y las crías de todo tipo de fauna, cinegética o no, siéndolo durante todo el año para los adultos. Teniendo en cuenta todo lo anterior, se entiende la preocupación de nuestros interlocutores que, al fin y al cabo, es la misma que tenemos nosotros, si bien por distintas motivaciones.

La informática es el futuro, como lo fue la televisión...

La informática es el futuro, como lo fue la televisión...

El uso del campo por ciertos individuos como un vertedero, que incluso parecer querer dotar de cierto toque lúdico-artístico a sus desaguisados, es sin duda imperdonable. Como si de un rastro se tratase, su basura nos habla de la nula integridad moral de quienes llevan a cabo tales acciones; la guasa en cuestión podría haber costado la vida a la higuera de la fotografía.

¿Higuera de "Navidad"?

¿Higuera de "Navidad"?

Pero no todo fue malo y, como decía al principio, disfruté de lo lindo de la tarde. Anduvimos charlando, plantando algunas bellotas de coscoja y deambulando por el pinar hasta que el inconfundible ulular del Gran Duque nos hizo callar. Estaba cerca y, durante varios minutos, repitió insistentemente su reclamo. Al poco rato, silencio. Mudez en su voz y mutismo en su vuelo, nos permitió contemplarle durante unos segundos entre las copas de los árboles antes de desaparecer. Tras un minuto que se hizo eterno, volvió a designar como suyo el dominio del bosque-isla que es nuestra dehesa.

Ya de noche, las estrellas iluminaban discretamente nuestro camino (afortunadamente, la contaminación lumínica siempre está ahí para ayudar al paseante) y el del animal poco cuidadoso que se atrevió a pasar cerca de nosotros y no pudimos ver. Contaremos con nuestro buen amigo Otus y sus dotes (y artilugios) montaraces para saber de qué se trataba en una próxima ocasión.

Al día siguiente aproveché la mañana para salir por las choperas, junto a la ribera del Genil. Una pareja de ánade real fue el contrapunto al silencioso vuelo del búho real, con su parpado insistente y continuo que se oía a la legua.

Cuac, cuac.

Cuac, cuac.

Los viejos troncos podridos, junto a las acequias, son el paraíso del entomólogo, y en la medida en que me dejaron mis acompañantes –mi hermano y nuestros tres canes– anduve hurgando en ellos. Aunque bien es sabido, conviene recordar que debemos dejar la naturaleza en el mismo estado en que la encontramos, volviendo a colocar en su lugar las piedras o troncos que levantemos durante nuestro safari entomológico.

Toda una caja de sorpresas ante nosotros.

Toda una caja de sorpresas ante nosotros.

Los tres mosqueperros.

Los tres mosqueperros.

Alguna sorpresa de nuestra "caja" de madera.

Alguna sorpresa de nuestra "caja" de madera.

Y otra...

Y otra...

Y otras más.

Y otras más.

Tras recuperar la cabeza de un ratonero que encontré muerto en su día y que dejé enterrada para que los necrófagos la aprovecharan en lo posible y me aliviaran en parte el trabajo de limpiarla, nos fuimos a tierras más altas, de secano, a localizar en un olivar un par de desplumaderos que había encontrado mi hermano un par de semanas atrás mientras buscaba exquisitos espárragos trigueros. Situados sobre dos olivos adyacentes, las plumas de sendos mochuelos se esparcían en derredor. Ninguna de ellas mostraba los típicos cañones cortados propios de un depredador mamífero, así que quien les había dado muerte y devorado era también un plumífero animal.

Ser o no ser...

Ser o no ser...

Desplumadero.

Desplumadero.

Detalle del plumaje.

Detalle del plumaje.

Tronco del otro olivo, tras los días de lluvia pasados, con las plumas adheridas.

Tronco del otro olivo, tras los días de lluvia pasados, con las plumas adheridas.

Restos de la paloma. Es de reseñar que tenía parte de la cola arrancada de tiempo atrás, mostrando las nuevas plumas que empezaban a crecer.

Restos de la paloma. Es de reseñar que tenía parte de la cola arrancada de tiempo atrás, mostrando las nuevas plumas que empezaban a crecer.

Para quitar el mal sabor de boca.

Para quitar el mal sabor de boca.

Más adelante encontré una paloma torcaz decapitada, muerta recientemente y empezando a ser devorada por las hormigas. También estaba al pie de un olivo, y su abandono tal vez se debió a que algo ahuyentó a su cazador. O cazadora. Por el entorno, un olivar relativamente frondoso (para la habitualmente espaciada distribución suelen presentar estos cultivos), la forma de ser depredados y el tamaño de la última pieza, me vino a la mente el territorio de un gavilán, y posiblemente de una hembra de esta especie por el tamaño de la paloma en cuestión. De todas formas, podríamos estar ante la presencia de varios individuos o tratarse de alguna otra especie. ¿Qué opináis vosotros?

Por último, estuve un buen rato disfrutando del sol en un excelente día, como mis buenas amigas las lagartijas (ibéricas ellas), hasta que las dejé buscándose la pitanza para ir en busca de la mía propia.

Un buen paseo.

Un buen paseo.

El lagarto y la lagarta con delantalitos blancos...

El lagarto y la lagarta con delantalitos blancos...

Vuelta a casa.

Vuelta a casa.

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Cantaban Los Suaves que “hay cosas que solo se dicen/con silencio y yo callándome te las digo” , y con esta entrada callo tantas cosas que decir que bien podréis imaginarlas en mi silencio. Solo me salen gusanos, sapos, lagartos y gusarapos de la boca tras leer, en dos momentos del día, estas dos noticias relacionadas:

Si os atrevéis a leerlos, en los comentarios que acompañan a las noticias encontraréis de todo, incluso los de quienes justifican el hecho o dicen que no es para tanto. Yo solo invito a recordar las palabras de León Felipe:

El hombre que es cruel con los animales, lo será también con los mismos hombres. Pues la crueldad en una cosa única, independiente de su objeto.

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Olivier Messiaen

Olivier Messiaen

Un día como hoy de hace 102 años nacía en Aviñón el compositor y organista francés Olivier Messiaen. Ornitólogo apasionado, quiso llevar a su música el canto de los pájaros, a los que consideraba los mejores músicos, y por esto recogió sus voces durante sus viajes por todo el mundo transcribiéndolas sobre papel pautado y las incorporó a sus composiciones. Las piezas que componen su obra ornitológica, por llamarla de algún modo, no se limitan a incorporar el sonido de las aves sino que prepararan completos y complejos cuadros sonoros en los que toda la naturaleza en la habitan y coexisten las aves queda reflejada.

Por si fuera de poca enjundia tan singular ocupación, Messiaen se interesó siempre por los ritmos de la antigua Grecia y de origen hindú, lo que sumado a su ferviente catolicismo hace que su obra sea perfectamente reconocible entre la de sus contemporáneos. Un episodio especialmente dramático de su vida es el que quedaría plasmado en su obra “Cuarteto para el fin de los tiempos” (Quator pour la fin du Temps). Hecho prisionero por los alemanes en 1940 durante la Batalla de Francia, llevó consigo al campo de concentración varias partituras de Bach, Ravel, Berg, Beethoven y Stravinski que portaba en el momento de ser aprehendido. Tras descubrirlas un guardián, el comandante del campamento, enterado de su condición de músico, ordenó que le proporcionasen papel y una habitación para que compusiese una obra. Esta, que no es otra sino el “Cuarteto para el fin de los tiempos”, fue estrenada ante 5000 personas, prisioneros y guardianes, en el propio campamento, e interpretada con un desvencijado piano, un violín, un clarinete y un chelo con tres cuerdas.

Nos quedamos hoy con una imagen más amable y más en consonancia con los contenidos habituales del blog. Recordamos al Messiaen compositor en su obra dedicada en exclusiva a la ornitología, “Catálogo de pájaros” (Catalogue d’oiseaux), de la que rescatamos el cuadro dedicado al mirlo:

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Estío, tiempo de sequía incluso para el blog. Aunque son varias las entradas que tengo pendientes no he conseguido aún el tiempo (y el ordenador) para escribirlas, de modo que esta espontánea colaboración de Alberto es más que bienvenida, como un reguero que baja fresco de un manantial de montaña. Al igual que en otras ocasiones,  nos invita a conocer más a fondo el peligroso entramado y fuerte impacto que la generación y distribución de la  energía  causa sobre la fauna. Os dejo con él y me dispongo, como vosotros, a escucharle.

Son muchas las entradas que mi amigo Trotalomas ha dedicado a “nuestra dehesilla” en este blog , y son innumerables los momentos que hemos pasado juntos recorriéndola .Debido a la confianza que nos une, de vez en cuando me tomo el privilegio de invadir su blog. Hace unas semanas, después de un largo tiempo en reposo por un esguince que me dejo en K.O. técnico, pase una tarde poniendo a prueba mi pie por la dehesa.

Al poco tiempo de empezar mi ruta me lleve la grata sorpresa de descubrir que este año tres parejas de aguilucho cenizo habían criado en los cultivos cerealistas limítrofes a la dehesa. Me sentí feliz de verlos patrullar el cereal y, sobre todo, al descubrir que sus flamantes pollos les acompañaban y habían sobrevivido a los estragos de la cosechadora.

En esos momentos mi preocupación se centró en otro peligro cercano, una vieja línea eléctrica que atraviesa estos cultivos y parte de la dehesa. Con el temor de que pudiera haber afectado a los aguiluchos, como ocurriera con otras rapaces en fechas pasadas, me dispuse a recorrerla.

Una ominosa torreta

Una ominosa torreta.

Como se suele decir, mi gozo en un pozo. El peor de mis temores se cumplió con creces, ya que en poco menos de 500 m encontré los cadáveres de dos ratoneros, un águila calzada y tres cernícalos vulgares. Tome las coordenadas y regrese a casa porque se echaba la noche encima.

A la mañana siguiente denuncié al SEPRONA (062) la aparición de estos cuerpos bajo el tendido eléctrico y ellos dieron parte a la Delegación de Medio Ambiente. Los Agentes de Medio Ambiente me llamaron para que los acompañara al lugar. Me sorprendió la rápida respuesta que tuvieron, pero más me sorprendió si cabe la decisión que tomaron momentos después. Cuando se aseguraron de yo era capaz de diferenciar un gorrión de un buitre y que la muerte había sido por electrocución y no por veneno, a través de las fotografías que les tome, tomaron la decisión de irse ya que, para llegar al lugar de los hechos, había que andar poco más de un kilómetro y no era posible el acceso con coche .Me dieron a entender que estaba muy lejos y que volverían otro día con un coche que fuera capaz de atravesar el rastrojo del cereal. Que me avisarían. Acojonante…

Como aún estoy esperando a que me llamen, volví a pasar por el lugar, para ver si se habían llevado los restos. Sinceramente, tengo dudas; aunque los restos siguen allí no están igual que los deje y faltan algunos, así que es posible que hayan visitado la zona con posterioridad.

Una belleza herida

Una belleza herida.

Revisando las torretas por segunda vez, encontré la preciosidad que veis en la foto. Una joven hembra de cernícalo primilla, que había chocado con la puñetera línea. Tenía el ala izquierda con un golpe pero volaba relativamente bien. Quedó a buen recaudo en el CREA y tendrá una pronta recuperación.

El tema de las líneas eléctricas es igual de especial que el de los parques eólicos, de los que hable en su día. Así que con el permiso del “Súper”, prefiero dedicarles otro post.

Solamente a modo de conclusión; por aquí por Andalucía se suele decir “tienes más miedo que un gitano a la Guardia Civil”. Parece que llamar a la Guardia Civil impone un poco. Si alguna vez encontráis una situación parecida a esta no lo penséis y llamad al SEPRONA (062). Simplemente os van a preguntar el lugar donde se encuentran el animal o sus restos, no hay que hacer papeleos ni conlleva mayores molestias. Si está vivo podéis salvad un animal y, si está muerto, evitar que vuelva a pasar. La sensación que os queda después de hacerlo os prometo que no tiene precio.

Un cernícalo con menos suerte que el anterior

Un cernícalo con menos suerte que el anterior.

Un saludo,

Alberto.

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