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Feliz Samhain

“La encrucijada” fue el nombre que mi amigo Sergio y yo dimos al programa de radio que, durante varias temporadas consecutivas, estuvimos presentando de forma conjunta. Allí tratábamos todo tipo de noticias medioambientales, desde las de ámbito local hasta las de alcance global. Tenían cabida las actividades que desarrollábamos desde una asociación de voluntariado ambiental o las problemáticas que iban surgiendo en torno a la gestión e interacción de ciudadanos y gobierno con el medio ambiente. De aquella época guardo gratísimos recuerdos, que abarcan desde el bautizo del programa durante una lúcida charla al atardecer en la Dehesilla, hasta el sobrenombre de “los arremeteores”, apelativo con el que nos designó Encarni, nuestra querida locutora, dado que no dejábamos títere con cabeza cuando de agresiones a la naturaleza se trataba. Todo ello aderezado por días de alborozo ante algún logro conseguido, e incluso la tristeza al denunciar impotentes la degradación de algún entorno natural, y ser partícipes del gran daño que provoca la inconsciencia o negligencia de unos pocos cuando del cuidado de nuestro entorno se trata. Fueron los años del “Prestige”, de la recalificación de terrenos en Santa Fe para permitir la creación de un complejo residencial (campo de golf incluido) en plena zona esteparia, pero también de la lucha constante contra estos varapalos: viajando a Galicia para colaborar con tantos otros voluntarios que se sumaron en una marea blanca que cubrió las tierras galaicas, o deteniendo en repetidas ocasiones el avance del proyecto de macrourbanización, lo que ha llevado a que, con la crisis inmobiliaria y financiera, el proyecto haya caído, esperemos que por mucho tiempo, en saco roto.

La entrada musical del programa siempre fue algún tema folk, habitualmente celta (gallega, irlandesa, bretona…), y en particular durante la primera temporada fue la canción “Way out to Hope Street” del proyecto Skydance del violinista irlandés Alasdair Fraser. Esta tradición musical entronca con el día de hoy, el del año nuevo celta. La noche que le dio entrada es la de Samhain, y con ella se despedía al verano y daba comienzo el invierno (dado que estas eran las dos únicas estaciones contempladas por los celtas), siendo el origen de Halloween. Hoy es Día de Todos los Santos, según la religión católico-romana y, junto al día de mañana (los fieles difuntos), se produce una masiva afluencia a los cementerios, que ven engalanadas las tumbas con una variopinta orquesta floral. Al margen del carácter religioso de estas manifestaciones, no cabe duda de que, para quien sabe ver, estos días también tienen el aliciente del disfrute de la naturaleza. Os contaré un par de anécdotas al respecto.

Hace tiempo, un buen amigo contaba cómo solía pasear por las noches por las zonas aledañas al cementerio municipal, acompañado por una amiga a la que también gustaba la paz que se respira a la sombra de los esbeltos cipreses en estos lugares de recogimiento. Según parece, paseaban sin rumbo fijo por las calles semidesiertas y, llegando al cementerio, lo rodeaban dejando siempre a su lado el muro encalado que delimitaba su perímetro. Pues bien, según parece, una noche decidieron parar allí para descansar. Les imagino charlando animadamente sobre cualquier tema trascendental –son así–, la brisa ligera y húmeda de las choperas refrescando el ambiente y jugueteando con los cipreses del interior del cementerio, mientras la luna recorre plácida un cielo estrellado, pues desde las afueras la contaminación lumínica ya aprieta, pero de momento no ahoga la luz estelar. En estas estaban, prometiéndose una velada tranquila, cuando oyeron un lastimero quejido. Según mi amigo, un susurro creciente, intercalado por una respiración agitada, les estremeció desde la piel hasta el tuétano. Un alma en pena parecía recorrer el interior del cementerio, gimiendo entre las tumbas. Pregunté a mi amigo por el extraño grito, y le insté a reproducírmelo. Más mal que bien, pero perfectamente reconocible, identifiqué al espíritu del gran Tito, y así se lo hice saber. Ese espíritu ha traído de cabeza a generación tras generación, otorgándose la dudosa honra de anunciar muertes y desgracias, traer la mala suerte a las casas y robar el aceite de las mariposas de las iglesias.

Era Tyto alba, y no otra, la bellísima lechuza común, la que con su misterioso a la par que bellísimo reclamo, inquietaba en la noche a este par de amigos.

Lechuza común. Origen: Wikipedia

Lechuza común. Origen: Wikipedia

No son su avistamiento nocturno como una pálida sombra que surca silenciosa los aires, o el reconocer su canto, las únicas formas de saber de la presencia de la lechuza común. Fue precisamente hace unos días, visitando el mismo cementerio protagonista de la historia que relataba más arriba, cuando no pude dejar de observar en una tumba aledaña a la de mis abuelos un signo de la presencia de la lechuza. Tras fotografiarlo, lo retiré del nicho en el que se encontraba para evitar posibles represalias contra esta hermosa rapaz nocturna, tan incomprendida como defenestrada por tanta gente. Se trata de una egagrópila de lechuza, que muestra huesecillos y pelo a resultas de la ingesta de algún roedor. En la parte superior de los nichos, unos ladrillos caídos dejaban un hueco que podría ser el cobijo de tan hermosa ave, y mi último interés es que fuera incomodada.

Egagrópila

Egagrópila de lechuza común.

Egagrópila de lechuza común

Egagrópila de lechuza común, otra vista.

En cualquier caso, y como veis, la naturaleza no deja de sorprendernos día a día, en cualquier lugar en que nos encontremos, y sólo necesitamos avivar un poco nuestros sentidos para disfrutar de cuanto nos ofrece.

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