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Archive for 15/06/13

El síndrome de la página en blanco. De la entrada no escrita. Del artículo pospuesto. Del día a día que nos consume y del hoy que se convierte en mañana, en un futuro, en nunca. Resulta curioso que me disponga a escribir ahora sobre lo vivido en el pasado con ánimo de no dejarlo para más adelante. Llevo días, semanas, meses con textos que pasan por mi mente. Veo algo y mi cerebro lo redacta para que quede plasmado en el blog, pero después, frente al ordenador, no encuentro el momento de escribirlas. Y no solo me pasa aquí, sino que en Homo libris tengo reseñas de decenas de libros pendientes, y eso que en los últimos tiempos me falta del mismo para leer.

Resulta decepcionante que, de querer sentarme a escribir lo animado que estaba con la actividad física que andaba desarrollando, pasase a no escribir por no expresar el lamento de la lesión de la que ahora me duelo. Y de esto a, posiblemente, narrar un futuro en el que me haya recuperado plenamente (esperemos).

Hace unos días, almorzando en el parque que alguna vez he descrito por aquí y que tengo junto al trabajo (y que muchos habréis visto en alguna que otra foto de cuantas he publicado en Twitter), dejaba volar la imaginación. Andaba allí pensando, mientras roía una zanahoria y contemplaba balancearse movidas por el viento las umbrelas de otras tantas salvajes, lo curioso que resulta en ocasiones dedicarse a saborear algo tan insignificante como una lechuga, un tomate recién cortado o una zanahoria como la que estaba mordisqueando. Lo que tan habitualmente nos parece obvio, tan cercano a nuestra mano como al antojo de nuestros deseos, ha requerido de un largo periodo de adaptación, de aclimatación, de domesticación en el caso de estas especies vegetales. La entrada que estamos leyendo de un blog determinado parece allí puesta para nosotros, depositada sin el menor esfuerzo por su dueño, pero en ocasiones que haya llegado a publicarse habrá supuesto un verdadero y doloroso parto. La canción que escuchamos y que nos reconforta o que nos inflama el pecho supuso, tal vez, el agotamiento, siquiera temporalmente, de la inspiración de su autor.

La vida sencilla, esa que se nos antoja a algunos tan apetecible, también guarda sus secretos. Si resultase fácil alcanzarla posiblemente muchos la estaríamos viviendo. Y sería una vida plena o, cuanto menos, más interesante que ésta en la que nos vemos imbuidos desde que nos levantamos hasta que concluimos el día en nuestro capullo de falsa y engañosa seda.

La vida que yo veo
anhela los extremos confines
el Desierto, la Selva y nada más

Esta entrada, en definitiva, no era la que tenía en mente cuando contemplaba la flor del alcaucil silvestre, de esa alcachofa asilvestrada que orla los caminos en estas fechas con sus flores azules y sus formas de cardo, o las de la zanahoria silvestre, tapete de ganchillo adornado por la estéril flor negruzca de su centro que ayuda más que ninguna a la polinización del resto. Pero da igual; hay ocasiones en las que la mejor forma de romper la maldición de la hoja el blanco es, precisamente, escribir sin ton ni son, dejar fluir el torrente de las palabras y quién sabe si descartar el producto final en aras de que el próximo sea merecedor de que tú, querido lector, hayas llegado a esta última línea.

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