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Archive for 28 febrero 2012

Tras dos meses sin publicar, el periodo más dilatado desde que creé el blog, lo cierto es que lo echo de menos tanto como temo hacerlo.

Echarlo de menos es lo más normal del mundo cuando tanto me ha aportado a todos los niveles. Uno de los más importantes ha sido el de permitirme compartir estas andanzas con todos vosotros, quienes lo leéis siempre, o con cierta frecuencia, o llegasteis por casualidad y os quedasteis a compartir un poco de vuestro tiempo, pero el que más, sin duda alguna, es el aprendizaje que día a día, error o acierto mediante, me ha aportado la escritura de estas entradas y el complemento de vuestros siempre imprescindibles comentarios.

En cuanto al temor, no es otro que el de no estar preparado. En los últimos meses todo a mi alrededor ha sido un no parar, un cúmulo de situaciones que me han impedido estar aquí, no por falta de tiempo (o no solo por eso) sino, sobre todo, por hacerme sentir vacío, sin nada que contar. Poco a poco va cambiando esto, y uno de los síntomas favorables ha sido que he vuelto a leer con regularidad. Aun cuando —bien lo sabéis— otras pasiones me mueven, lo cierto es que la lectura es mi más fiel instrumento de medida anímica. Si no leo apenas, mal vamos. Pero en estos últimos días he devorado cuatro o cinco libros, el runrún del motor de Homo libris se deja notar de nuevo y durante este largo fin de semana, con puente por el Día de Andalucía incluido, he hecho alguna que otra escapada campestre (por áreas cercanas, como en ocasiones las he llamado y que, a este paso, van a requerir de una sección propia en el blog, como «entradas ruderales»). Así que, corriendo el riesgo de seguir descontento con cuanto escribo, de sentir que no plasmo como quisiera lo que veo o siento, voy a lanzarme al vacío. Puede que dentro de dos o tres entradas vuelva a mi agujero por un tiempo indeterminado o que vuelque en el blog cuanto no he hecho en los últimos meses y escriba con desenfreno. Todo puede pasar (ya no me arriesgo a apostar por nada), pero si seguís ahí lo descubriréis en breve.

Por lo pronto, os dejo con un particular adelanto. Ayer estuve en un paraje cercano, de la vega del Guadalhorce, y me encontré, sin buscarlo, con unos tarajes (Tamarix sp.) repletos de ootecas de Mantis religiosa. Algunas, viejas, con muestras de la eclosión de los huevos y salida de estos insectos. Otras, intactas y esperando a la primavera para abrirse a la vida (con estas temperaturas, eso ocurrirá muy pronto). En un trayecto lineal de apenas un kilómetro pude contar más de 20 ootecas, como os digo, sin buscarlas más que barriendo un poco los árboles con la mirada.

Como colofón, al final os dejo una ooteca de Iris oratoria que encontré muy, pero que muy cerquita de casa, el pasado sábado.

Ooteca de Mantis religiosa
Las ootecas se observan a simple vista, en la parte superior de los tarajes.
Ooteca de Mantis religiosa

Con algo más de detalle.

Ooteca de Mantis religiosa

Más aún...

Ooteca de Mantis religiosa

Ooteca ya abandonada.

Ooteca de Mantis religiosa

Ooteca de Mantis religiosa

Ooteca de Mantis religiosa

Ooteca de Mantis religiosa

Ooteca de Mantis religiosa

Ooteca de Mantis religiosa

Ooteca de Mantis religiosa

Ooteca de Mantis religiosa

Ooteca de Mantis religiosa

Ooteca de Mantis religiosa

Ooteca de Mantis religiosa

Ooteca de Mantis religiosa

Ooteca de Mantis religiosa

Ooteca de Iris oratoria

Ooteca de Iris oratoria, prácticamente una extensión de la roca...

Ooteca de Iris oratoria

Ooteca de Iris oratoria, desde otra perspectiva.

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