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Archive for 1/05/11

Primero de mayo

Estos días ando releyendo a Thoreau y no he querido dejar pasar la oportunidad de celebrar este primero de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, sin plantear la necesidad de una reflexión en torno a los logros que llevaron a celebrar este día, al largo camino que aún queda por andar y a todos aquellos trabajadores de cualquier sexo y condición que sobreviven a duras penas en cualquier maquiladora o factoría, fabricando productos que compraremos a muy bajo precio en este nuestro “Primer” mundo. Un documental bastante interesante a este respecto es “China Blue”, del que alguna vez tengo que hablar por aquí pero que desde ya os recomiendo ver, si no lo habéis hecho ya, por supuesto.

Henry D. Thoreau

Henry D. Thoreau

También es un día, a mi parecer, en el que cabría reflexionar sobre la necesidad del trabajo: jornadas maratonianas, horas extras -legales o no, pagadas o no-, altos índices de desempleo… Ganar más para gastar más. El consumismo desmedido. ¿El trabajo dignifica? A veces, que no siempre. Es por ello que quería reproducir en el blog unos fragmentos del artículo-ensayo “Una vida sin principios”, en el que Thoreau exalta una pereza constructiva, priorizando el bienestar personal y social sobre el egoísmo del capital, y donde pide para el hombre un trabajo que le enorgullezca y que vaya más allá del mero aporte material para su subsistencia. Os dejo con él.

Si un hombre pasea por el bosque por placer todos los días, corre el riesgo de que le tomen por un haragán, pero si dedica el día entero a especular cortando bosques y dejando la tierra árida antes de tiempo, se le estima por ser un ciudadano trabajador y emprendedor. ¡Como si una ciudad no tuviera más interés en sus bosques que el de talarlos!
[…]
Los caminos por los que se consigue dinero, casi sin excepción, nos empequeñecen. Haber hecho algo por lo que tan sólo se percibe dinero es haber sido un auténtico holgazán o peor aún. Si un obrero no gana más sueldo que el que le paga su patrón, le están engañando, se engaña a sí mismo.

Pero no se trata de pereza per se, ni de no estar ocupado en nada, sino de una laboriosidad que enriquezca al hombre y no solo su bolsillo.

El propósito del obrero debiera ser, no el ganarse la vida o conseguir “un buen trabajo”, sino realizar bien un determinado trabajo y hasta en un sentido pecuniario sería económico para una ciudad pagar a sus obreros tan bien que no sintieran que estaban trabajando por lo mínimo, para seguir viviendo sin más, sino que trabajaban por fines científicos o morales. No contrates a un hombre que te hace el trabajo por dinero, sino a aquél que lo hace porque le gusta.
[…]
La comunidad carece del soborno capaz de tentar al hombre sabio. Podéis juntar dinero suficiente para perforar una montaña, pero no podréis juntar dinero suficiente para contratar el hombre que está ocupándose de sus asuntos. Un hombre eficiente y valioso hace lo que sabe hacer, tanto si la comunidad le paga por ello como si no le paga. Los ineficaces ofrecen su ineficacia al mejor postor y están siempre esperando que les den un puesto. Como podemos imaginar, raramente se ven contrariados.
[…]
Yo creo que no hay nada, ni tan siquiera el crimen, más opuesto a la poesía, a la filosofía, a la vida misma, que este incesante trabajar.
[…]

y es que las falsas necesidades han constituido ya desde antaño una forma de controlar y mantener ocupada a la población, así,

El teniente Herndon, enviado por nuestro gobierno a explorar el Amazonas y según parece, a extender el área de esclavitud, advirtió que allí hacía falta «una población laboriosa y activa que conozca las comodidades de la vida y que tenga necesidades artificiales que le induzcan a extraer del país sus múltiples recursos. Pero, ¿cuáles son esas «necesidades artificiales», a estimular? No son el amor a los lujos como el tabaco y los esclavos, tan abundantes en su Virginia natal; ni el hielo y el granito y otras riquezas materiales de nuestra Nueva Inglaterra natal. Ni tampoco son «,los grandes recursos de un país la fertilidad o la esterilidad del suelo que los produce. La necesidad básica de todo estado donde he vivido es la elevada y seria ambición de sus habitantes. Esto es lo único que desarrolla «los grandes recursos» de la Naturaleza y que, a la larga, le exige explotarlos por encima de sus posibilidades, porque desde luego el hombre se mueve con el curso natural de las cosas. Cuando preferimos la cultura a las patatas y el entendimiento a las ciruelas, entonces los grandes recursos del mundo se extraen y el resultado o la producción básica no son esclavos ni obreros sino hombres: esos escasos frutos que llamamos héroes, santos, poetas, filósofos y redentores.

En resumen, al igual que se forman los ventisqueros cuando cesa el viento, así mismo cuando cesa la verdad surge una institución. Pero la verdad sigue soplando por las alturas y al final acaba por destruirla.

Así pues, feliz Día Internacional del Trabajador… y que constituya una reflexión sobre el trabajo como actividad moral y mentalmente enriquecedora, como labor que en conjunto une a los hombres y no una ocupación destinada a cubrir necesidades perecederas o ficticias (más allá de las que, obviamente, sean necesarias para la supervivencia)  porque, finalizando ya con Thoreau,

Es sorprendente que haya tan poco o casi nada escrito, que yo recuerde, sobre el tema de ganarse la vida; cómo hacer del ganarse la vida no sólo algo valioso y honorable sino también algo apetecible y glorioso, porque si ganarse la vida no es de ese modo esto no sería vivir.

El adjetivo sabio está, por lo general, mal aplicado. ¿Cómo puede ser sabio el que no sabe mejor que otros cómo se ha de vivir?, ¿no será tan sólo un hombre más astuto y más sutil?, ¿opera la sabiduría como el burro en una noria?, ¿o por el contrario nos enseña cómo tener éxito siguiendo su Ejemplo? ¿Existe algún tipo de sabiduría que no se aplique a la vida?, ¿o es la sabiduría tan sólo el molinero que muele la lógica más fina? Es pertinente preguntarse si Platón se ganó la vida mejor o con mejores resultados que sus contemporáneos, ¿o sucumbía ante las dificultades de la vida como los demás hombres? ¿Sobresalió por encima de algunos por mera indiferencia o asumiendo aires de superioridad?, ¿o le resultó más fácil la vida porque su tía se acordó de él en su testamento? Las formas con las que la mayoría se gana la vida, es decir, viven, son simples tapaderas y un evitar el auténtico quehacer de la vida, y sucede así porque, en primer lugar, no saben; pero en parte también porque no quieren hacer nada por aprender algo mejor.

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Cinco millones

“No tiene importancia si se llega o no a la cifra de cinco millones de parados en España”, ha tenido la osadía de afirmar el actual Ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, y le secunda el vicepresidente Rubalcaba al afirmar que estamos en el peor momento de la crisis y que a partir de hora se empezará a crear empleo. La oposición del PP se ceba en TVE y en Ana Pastor por unas palabras que, a mi parecer, no son tan graves como quieren hacerlas parecer (vamos, que no le dice más que cuatro verdades a Cospedal cuando esta arremete contra los profesionales de los medios de comunicación de la televisión pública evitando así responder a la pregunta que le lanza la periodista: “¿qué modelo de televisión propone usted?”). Los sindicatos, entretanto, temen que esté rozando esa cifra pero muchos seguimos esperando una nueva huelga general que no llega y que no sea “de boquilla” como aquella primera contra una reforma laboral que ya estaba aprobada.

A todos ellos, a quienes parece que únicamente piensan en términos macroeconómicos y del mercado de valores, va dedicada esta canción de Los Suaves, escrita hace casi 30 años para su disco “Esta vida me va a matar”. Su título, “Sin empleo”, y su letra únicamente parece necesitar una actualización en la cifra de parados desde aquel entonces.

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