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Archive for 30 abril 2011

La gravedad de la crisis nos afecta social y económicamente. Y es mucho más: los cielos y la tierra se han enfermado. La naturaleza, ese arquetipo de toda belleza, se trastornó.

Nuestro planeta se encuentra en estado desolador, y si no se toman medidas urgentes va en camino de ser inhabitable en poco más de tres o cuatro décadas. El oxígeno disminuye de modo irreversible por el ácido carbónico de autos y fábricas, y por la devastación de los bosques. El hombre necesita de los árboles para vivir. Parecen no saberlo o no importarles a quienes están talando las selvas del Amazonas y las grandes reservas del mundo. Los países desarrollados producen cuatrocientos millones de toneladas por año de residuos tóxicos: arsénico, cianuro, mercurio y derivados del cloro, que desembocan en las aguas de los ríos y los mares, afectando no sólo a los peces, sino también a quienes se alimentan de ellos. Sólo unos pocos gramos de intoxicación son mortales para el ser humano.

Corremos el riesgo de consumir vegetales rociados con plaguicidas que dañan al hígado y a los riñones y producen desórdenes sanguíneos, leucemia, tiroidismo; afectan también al sistema nervioso central y a los ojos. Entre esos plaguicidas se encuentra el terrible veneno llamado «agente naranja».

Los científicos aún no nos han explicado de qué manera vamos a sobrevivir a la radiactividad expandida por el efecto de los reactores nucleares. Ocho millones de seres humanos todavía sufren las consecuencias de la tragedia atómica de Chernobil.

[…]

Si bien los optimistas impertérritos arguyen que la humanidad ha sabido siempre sobreponerse a los bárbaros acontecimientos, de ninguna manera estamos en condiciones de poder confiar en esta clase de sofismas. En primer lugar, porque hay civilizaciones enteras que jamás se recuperaron, y en segundo, porque atravesamos una crisis total y planetaria.

Ya hace unos años, la capacidad destructiva del mundo era cinco mil veces superior a la que había en la época de la Segunda Guerra Mundial, el poder de las bombas atómicas en reserva superaba un millón de veces a la bomba que destrozó Hiroshima.

Un chiquito muere de hambre cada dos segundos. Lo criminal es que con el medio por ciento del gasto de armamentos se podría resolver el problema alimentario de todo el mundo. Nada hace pensar que estas cifras estén variando para mejor. Son tiempos en que el hombre y su poder sólo parecen capaces de reincidir en el mal. Hemos puesto en funcionamiento potencias destructoras de tal magnitud que su paso, como señaló Burckhardt, puede llegar a impedir el crecimiento de la hierba para siempre.

Antes del fin (Memorias), Ernesto Sábato.

Y ahora, además, nos quedamos sin ti. Descansa en paz, maestro.

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Pueblo abandonado cerca de Chernóbil.

Pueblo abandonado (Pripyat) cerca de Chernóbil.

O lo que es lo mismo, 25 añitos. Cinco lustros desde que se produjera el mayor accidente nuclear de la historia, que no el único pero sí el que mayor repercusión ha tenido -hasta la llegada de Fukushima, otro gran accidente provocado por la decisión política de ubicar plantas nucleares en regiones de alta actividad sísmica-. Hoy todos los medios se hacen eco del aniversario de tan nefastos acontecimientos y hay numerosas propuestas para quienes deseen profundizar en torno a los hechos que rodearon el triste accidente y sus consecuencias. No quería dejar pasar el día sin traer, al menos, unas palabras para la reflexión. Se trata de unos fragmentos de la conocida obra de Ulrich Beck, La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad. Las cursivas son del propio autor.

[…] en aquel tiempo [se refiere a la primera industrialización], a diferencia de hoy, los peligros atacaban a la nariz o al os ojos, es decir, eran perceptibles mediante los sentidos, mientras que los riesgos civilizatorios hoy se sustraen a la percepción y más bien residen en la esfera de las fórmulas químico-físicas (por ejemplo, los elementos tóxicos en los alimentos, la amenaza nuclear). A ello va unida una diferencia más. Por entonces, se podía atribuir los riesgos a un infraabastecimiento de tecnología higiénica. Hoy tienen su origen en una sobreproducción industrial. Así pues, los riesgos y peligros de hoy se diferencian esencialmente de los de la Edad Media (que a menudo se les parecen exteriormente) por la globalidad de su amenaza (seres humanos, animales, plantas) y por sus causas modernas. Son riesgos de la modernización. Son un producto global de la maquinaria del progreso industrial y son agudizados sistemáticamente con su desarrollo ulterior.

[…] a los riesgos que a continuación figurarán en el centro y que desde hace unos años intranquilizan a la opinión pública les corresponde una nueva cualidad. En las consecuencias que producen ya no están ligados al lugar de su surgimiento; más bien, ponen en peligro a la vida en esta Tierra, y en verdad en todas sus formas de manifestación.

[…]

Estos riesgos causan daños sistemáticos y a menudo irreversibles, suelen permanecer invisibles y se basan en interpretaciones causales, por lo que sólo se establecen en el saber (científico o anticientífico) de ellos, y en el saber pueden ser transformados, ampliados o reducidos, dramatizados o minimizados, por lo que están abiertos en una medida especial a procesos sociales de definición. Con ello, los medios y las posiciones de la definición del riesgo se convierten en posiciones sociopolíticas clave.

[…]

La expansión de los riesgos no rompe en absoluto con la lógica del desarrollo capitalista, sino que más bien la eleva a un nuevo nivel. Los riesgos de la modernización son un big business. Son las necesidades insaciables que buscan los economistas. Se puede calmar el hambre y satisfacer las necesidades, pero los riesgos de la civilización son un barril de necesidades sin fondo, inacabable, infinito, autoinstaurable.

Para saber más:

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El primero de los ejercicios del “Curso de periodismo ambiental” que estoy haciendo proponía un estudio y reflexión del siguiente vídeo, que me encantó:

Hoy es el Día de la Tierra, y la lectura de otra carta debería hacer que nos preguntásemos: ¿deseamos vivir o sobrevivir?

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Estudiando dentro de las materias de la asignatura “Técnicas de investigación social para estudios medioambientales” las metodologías participativas de investigación y planificación del medio ambiente me he encontrado en el libro de texto con el ejemplo de la Agenda 21 Local (A21L), y lo leído en el tema en cuestión no se aleja un ápice de lo que la intuición y mi propia experiencia me han demostrado hasta la fecha. Reproduzco aquí algunos fragmentos que me han parecido bastante ilustrativos:

Las A21L son espacios privilegiados -al menos teóricamente- para poner en marcha procesos participativos en un área de creciente interés ciudadano y político: el desarrollo sostenible. Sin embargo, una mirada general sobre las experiencias de A21L iniciadas en nuestro país [España] nos permite constatar que son muy pocas las A21L que se orientan por criterios de sostenibilidad fuerte, incorporan una auténtica participación ciudadana y, menos aún, llevan a cabo los planes y ejercitan mecanismos de evaluación y seguimiento.

[…]

El riesgo más importante de la metodología que hemos desarrollado en las A21L es que, paradójicamente, pueda convertirse en última instancia en un proceso contradictorio de legitimación de políticas públicas y de comportamientos económicos y ciudadanos insostenibles, así como motivo de frustración y el desencanto de los ciudadanos que participan. Si en lugar de ejecutar, evaluar y hacer el seguimiento de los planes, éstos se reducen a meros documentos que contribuyen al lavado de imagen del gobierno de turno, y si el trabajo voluntario y altruista de las asociaciones y ciudadanos se desperdicia, entonces la oportunidad que suponen las A21L para la consecución del desarrollo sostenible y la profundización de la democracia, no sólo se desaprovecha, sino que se transforma en todo lo contrario.

En buena parte de los casos de A21L nos encontramos con esta negativa situación. El motivo principal se relaciona con la falta de compromiso de la administración pública con los principios de la sostenibilidad que presiden el Programa o Agenda 21, y con el miedo a la pérdida de poder exclusivo de decisión que caracteriza a los gobiernos locales.

Pedro Martín Gutiérrez y Francisco Javier Garrido, “Metodologías participativas de investigación y planificación del medio ambiente”, en Medio Ambiente y Sociedad. Elementos de explicación sociológica, de Luis Camarero et ál.

Real como la vida misma.

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Escrito esta entrada desde la alegría que, de cuando en cuando, nos regala el servicio de Correos. Hoy, al llegar a casa, revisamos el buzón. Recibo pocas, poquísimas cartas (es lo que tiene este mundo 2.0 y cuidarse mucho de hacer respetar la Ley de Protección de Datos), pero había una para mí. De la UNED, del Negociado de Convalidaciones. ¡Huy! ¡Nervios!

He abierto la carta junto al mismo buzón. La he leído con miedo a encontrarme lo que no deseaba, pero no. Ha habido suerte. Las cuatro asignaturas de matemáticas de informática (“Análisis matemático”, “Álgebra”, “Matemática discreta” y “Cálculo Numérico”) y la de estadística han bastado para compensar el mal sabor de boca del notable de este cuatrimestre (Economía, a pesar de la nota de 8,9): me han convalidado “Fundamentos matemáticos para el estudio del medio ambiente” y “Estadística”. Ya estoy 2 asignaturas y 18 créditos más cerca de ser Licenciado Graduado en Ciencias Ambientales. 🙂

Buen fin de semana y, para quien se vaya de vacaciones, cuidado en la carretera y feliz descanso.

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En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos, como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles, y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

El Quijote de nuestros días no habría necesitado de la lectura de libros de caballerías para que el cerebro se le secase. Le bastaría con estar al tanto de la actualidad política para entrar en un estado de enajenación (yo diría que de gracia y de olvido) que le evitase el mal trato de considerarse entre los “cuerdos” dirigentes. Las elecciones, además, son como La Tomatina; todos terminan revolcándose entre la miseria como guarros, con la diferencia de que en la fiesta de Buñol se ríen todos con todos y en las elecciones –triste remedo democrático a día de hoy– son los políticos quienes se ríen de los ciudadanos.

Las últimas semanas han sido pródigas en frases y noticias que permiten otorgar a la clase política algunas de las distintas acepciones que da la Real Academia al sustantivo que detentan. Veamos algunas de ellas.

Ayer mismo los eurodiputados socialistas españoles rectificaban su voto sobre los gastos de viaje. Recordemos que hace un par de días varios grupos políticos votaron en contra de una propuesta de IU-Los Verdes de eliminar los vuelos en primera clase (business class) para los eurodiputados y congelar los salarios. Entre los que se negaron estaban los socialistas retractados que alegan ahora que “se equivocaron” (sí, como la paloma de Alberti) al votar en contra de la propuesta de volar en turista. Me pregunto, ya que parte del trabajo de estos señores, señoras, señoritas y señoritos es la emisión de voto a la hora de tomar decisiones, qué habría pasado si en lugar de estar votándose las comodidades de su viaje se estuviera decidiendo sobre la implicación en una guerra o no. Por ejemplo.

Desde el Partido Popular no se retractan, dicen que no era el momento de someterlo a decisión o afirman, en voz de Vidal-Quadras, que “volar en business es una necesidad”. Nadie niega que viajar en las mejores condiciones posibles sea algo deseable ya que es parte del trabajo de un eurodiputado. Es más, si ahora lo hacen así y se “equivocan” al votar, no quiero ni pensar que ocurriría si lo hicieran en clase turista. ¡Sería una debacle! Es más, pobres de ellos, tienen que descansar durante todo un día antes de volver a casa y volar al siguiente, y nada tiene que ver con el cobro de la dieta de 304 € diarios que denunciaba la eurodiputada Nikki Sinclaire. Si volasen en turista tendrían que “descansar” a la ida y a la vuelta, claro, y al final nos saldría más caro a los contribuyentes. Recordemos que ellos promueven la austeridad hasta en los pequeños detalles. Y el señor Vidal-Quadras, que también lo sabe, vela por nuestros intereses en estos tiempos de crisis y con una tasa de paro de más del 20% (INE dixit).

Entretanto, en Andalucía los socialistas también piden disculpas por “el caso de los ERE”, una serie de irregularidades en expedientes de regulación de empleo incentivados por la Junta. Resulta curioso que, a un día de entregar a la juez las actas de los Consejos de Gobierno (y tras numerosas negativas a hacerlo), cuando aún no han sido ni abiertas, ya se estén excusando. Si sabían que había irregularidades –la petición de perdón así parece confirmarlo– ¿a qué venía, entonces, la negativa de colaborar con la Justicia? Si pretendían cubrir la “equivocación” lo que han conseguido es cubrirse de gloria. Y, cuando se destape todo, posiblemente de algo que no olerá precisamente a la misma.

Por otro lado, se hacen públicas las fotografías de Rajoy subido a un barco perteneciente a unos narcotraficantes gallegos hace un par de años. Obviamente, que aparezcan ahora obedece a medidas electoralistas, a desacreditar al contrario. Con el líder del PP es necesario hacerlo, no porque no meta la pata (que lo hace, metiendo incluso a la familia o a una niña de por medio), sino porque desde su postura facilona no dice nada que no se sepa, ni aporta nada a una oposición innecesaria, por otro lado, vistas las continuas meteduras de pata del Ejecutivo. Así que, como en boca callada no entran moscas, Rajoy se niega a hablar sobre su presencia en el barco mientras que miembros de su partido indican que esa visita no estaba programada. Vamos, que pusieron al hombre en un compromiso y no supo decir que no. Desde aquí, le aconsejaría recibir alguna lección que otra de los europarlamentarios de su partido, a los que no se les caen los anillos por negarse a aceptar las propuestas inesperadas que les hacen. Ah, y a quienes le acusan, preguntarse por qué se produce tanto revuelo en torno a la subida del político al barco y no sobre los motivos de que, sabiendo que es un barco de narcotraficantes, este no ha sido requisado y sus propietarios juzgados.

Para terminar, ya que las nucleares están tristemente de moda (máxime tras el nuevo terremoto en Japón y los problemas que está teniendo la central nuclear de Onagawa, que viene a sumarse a la de Fukushima), os dejo algunas de las afirmaciones que, sobre esta energía, han pronunciado los políticos en los últimos tiempos (tomadas del blog de Greenpeace):

“Temer a la energía nuclear es como tener miedo a los eclipses de luna o de sol”. Miguel Sebastián, ministro de industria, comercio y turismo. 16 de febrero de 2010.

“La energía nuclear es más barata y más limpia a día de hoy”. Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular. 5 de marzo de 2011.

“Yo esperaría que de estas experiencias [Fukushima] todo el mundo dijese: las centrales son capaces de aguantar un terremoto y un tsunami”. María Teresa Domínguez, presidenta del Foro Nuclear.

“Desde que existen las centrales nucleares, el único accidente verdaderamente grave ha sido el de Chernóbil”. Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid. 14 de marzo de 2011.

“Garoña es tan segura como las centrales francesas, suecas o estadounidenses de su mismo diseño”. Carmen Martínez Ten, presidenta del Consejo de Seguridad Nuclear. 9 de junio de 2009.

“Si quieren que todas nuestras centrales [nucleares] sean capaces de aguantar el impacto de un avión Boeing 747, pues tendremos que cerrarlas todas”. Santiago San Antonio, director general de Foratom. 29 de marzo de 2011.

Pues nada, la nuclear es más barata (porque se externalizan sus costes y los de la gestión de sus residuos) y España la necesita para no tener que importarla de Francia. ¡Ah, no, que eso tampoco era del todo así!

En fin, a ver si algún día se hacen realidad las palabras de Luis Miguel Domínguez,

“La naturaleza es un todo. Si no es así, y vamos a crear compartimentos en la gestión de los recursos naturales, estaremos metiéndola en el mismo saco que los yogures, las botellas de vidrio, las bolsas de la basura, las lavadoras, y mis calzoncillos. La naturaleza es otra cosa.
¿Y quién puede dar a entender esto a la sociedad? Lo que saben, y los que saben no son siempre ellos (los políticos, en el contexto). Los últimos problemas medioambientales serios que ha padecido España, me estoy refiriendo al Prestige, o a los incendios forestales, o a la pérdida de iconos vivientes, como el lince ibérico, que se nos extingue… siempre, cuando analizas estas cuestiones, ves que la política lo invade todo y no deja espacio para los que saben. Yo, como ciudadano, no consigo escuchar en un informativo ni tan sólo dos segundos al que sabe: Hola, fulanito de tal, el que sabe de esto, va a contarnos qué hacer con los incendios forestales.

aplicamos el Principio de Precaución,

El principio de precaución puede invocarse cuando es urgente intervenir ante un posible peligro para la salud humana, animal o vegetal, o cuando éste se requiere para proteger el medio ambiente en caso de que los datos científicos no permitan una determinación completa del riesgo. Este principio no puede utilizarse como pretexto para adoptar medidas proteccionistas, sino que se aplica sobre todo en los casos de peligro para la salud pública. Gracias a él es posible, por ejemplo, impedir la distribución de productos que puedan entrañar un peligro para la salud o incluso proceder a su retirada del mercado.

y nos permiten a los ciudadanos, en verdadera democracia (que es únicamente posible desde la cultura, la educación, la comprensión y los valores, y no desde los mercado de valores), decidir sobre el futuro que queremos. Así, tal vez, cuando haya que ir a votar, no nos “equivoquemos” tan fácilmente como los europarlamentarios.

P.S.: Creo que hoy se me ha ido un poco la mano… ¡Disculpad la extensión de la entrada! 😉

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