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Archive for 23 de marzo de 2011

El título de esta entrada coincide con el que diera la bióloga norteamericana Rachel L. Carson a su libro sobre los efectos de los plaguicidas sobre el organismo, un clásico de la literatura medioambiental publicado en 1962. Esa es la máxima similitud que será posible encontrar a lo largo de la misma, ya que la primavera silenciosa a la que aludo –con cierto grado de irónica tristeza, como se podrá apreciar más adelante– es a la que cada año, desde hace unos pocos, llega a nuestra querida Dehesa a mediados de marzo.

Con el descubrimiento hace ya cerca de dos décadas del yacimiento hidrotermal en Santa Fe se produjo un cambio de rumbo en la gestión del territorio. Las prospecciones realizadas por el Grupo KIO (Kuwait Investments Office) al detectar una inmensa bolsa que se creyó inicialmente de petróleo dieron un resultado inesperado pero interesante para los inversores: aguas termales fuertemente mineralizadas que excitaron la imaginación especulatoria: una gran urbanización con campos de golf, un oasis ya no en el desierto pero sí en una zona esteparia. Una locura, en definitiva.

El proyecto no siguió adelante y el manantial creado por las prospecciones quedó abierto. Aunque en ocasiones se intentó volver a cegarlo, unas veces por la presión del agua, otras por la picaresca ciudadana, el flujo de agua volvía a surgir, creándose unas pozas donde la gente aprovechaba para darse un baño relajante.

Finalmente llegó FADESA, la promotora inmobiliaria gallega, planteando un proyecto del que nuestros gobernantes se enamoraron perdidamente y que intentaron llevar adelante con toda presteza. Ni el temor de los comerciantes locales, ni las reticencias de los otros partidos políticos, ni los informes en contra presentados por las asociaciones o las recomendaciones del Defensor del Pueblo hicieron mella en su voluntariosa resolución. Las trabas legales encontradas por diversas irregularidades frenaron el proyecto una y otra vez hasta que siete años después de dar comienzo tan idílica relación la crisis económica y financiera supuso el fin del proyecto. Algo bueno debía traer.

Pero no acabaron los problemas ahí. Durante este tiempo los habitantes de Santa Fe y de otros municipios no usaron el balneario natural en exclusividad. Poco a poco iban llegando gentes de otros lugares e instalándose en torno a las mismas. Estos asentamientos, en camiones, furgonetas y caravanas llegaron a ser, en ocasiones, tan numerosos que “okuparon” cortijos cercanos, abandonados tras la compra de las tierras por FADESA, alterando el entorno. No habría nada que objetar (o, a lo sumo, debería hacerlo el propietario del terreno) si estas personas actuasen de buena fe y sin dañar el medio natural. Pero no ha sido así. Numerosos perros campan a sus anchas en un parque periurbano que da cobijo a numerosas especies, cazando cuando tienen oportunidad. Las basuras se multiplican alrededor del manantial y todas las lomas que lo rodean presentan asentamientos irregulares, marcas de rodaduras y un aspecto deplorable. Incluso interactúan de una forma poco ética con quienes acceden a la Dehesa buscando tranquilidad, tal y como nos contaba hace unos días nuestro amigo Otus.

Ahora, como cada primavera, llegan a miles a celebrar la llegada de la estación con la llamada “Fiesta del Dragón” que enlaza con otra, la del “Dragoff”, por lo que durante al menos diez días (del 18 al 28 del presente mes, según anuncian) un millar o dos de personas acampará ilegalmente, encenderá fuegos no siempre controlados, consumirá todo tipo de sustancias y alegrará la primavera naciente con su… ¿silencio? Obviamente, no. La música rave que despliegan sus inmensos altavoces inunda el ambiente con sonidos machacones, repetitivos, hirientes. Tanto es así que por la noche es posible oírla desde el núcleo urbano, a más de 5 kilómetros de distancia, llegando incluso a alterar el sueño. Si es así, ¿cómo no va a afectar al parque periurbano, junto al cual se instalan? Los animales están privados de uno de sus sentidos más desarrollados, el oído, o ven mermada su efectividad hasta el punto en que las presas no son capaces de oír a sus depredadores y estos, si dependen de este sentido para cazar, ven dificultada la obtención de alimento. Esto, sin contar con el estrés permanente que debe causarles esta presión de origen antropogénico.

Estos autoproclamados “antisistema” que compran en el pueblo Coca-Cola y otros productos de multinacionales y pagan con tarjeta de crédito despliegan sus banderas anarquistas y llaman capitalistas a quienes simplemente se acercan en vehículo a la Dehesa. Ellos, que conducen vehículos de gran tamaño y, en ocasiones, bastante edad. Ellos, que quieren una fiesta alternativa, fuera de los circuitos comerciales, pero consumen la droga de diseño fabricada en laboratorios industriales. Ellos, que piden respetar el entorno pero acumulan basuras en sus “pistas de baile”, letrinas en el entorno nitrificando el suelo y alterando la vida salvaje de un paraje que pierde su encanto frente a la abominable presencia de quienes no respetan a nada ni nadie que esté fuera de su egoísta concepción de la sociedad que dicen detestar y que no pretenden cambiar. Para ser antisistema no hay que salirse del mismo. Para ser antisistema, a mi parecer, hay que pretender cambiar el mundo, hacerlo más justo, donde todos tengamos cabida, humanos o no, en equilibrio. Un antisistema es el que pretende cambiar el rumbo de aquel al que pertenece. No se puede ser antisistema viviendo del producto del sistema criticado: eso es ser un parásito y a los parásitos les pasa lo que les pasa, que muerto el perro…

Qué decir, por otro lado, de la inane actuación política. Respondiendo siempre con evasivas, en los últimos años nunca existió constancia de la realización de la fiesta, al no haber sido solicitada al Ayuntamiento, a pesar de aparecer convocada la asistencia en multitud de redes sociales y foros de Internet. No hay más ciego que el que no quiere ver, y este año de elecciones la ceguera traspasa la frontera política para llegar a la de los medios de comunicación. Como lazarillos obedientes, a diferencia de pasados años en los que incluso días antes se recogía información sobre la Fiesta del Dragón en Santa Fe, este año no se ha escrito ni una letra. Ni gota de tinta, ni píxel delator. No hay fiesta, porque ojos que no ven… Queda así oculta, tapada bajo la alfombra de la desinformación, la incompetencia de tantos.

Oír, estos días de primavera ruidosa, no oiremos. Pero oler, vaya si huele.

Para conocer más:

Actualización (27/03/2011): Reproducción del artículo en Granada por una Nueva Cultura del Territorio.

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