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Archive for 2/10/09

Con demasiada frecuencia, el camino de la vida no es fácil de recorrer. Se encuentra plagado de numerosos baches, intrincados vericuetos y trampas varias que hacen que se convierta más en lo que suele darse en llamar un camino de cabras que en una ruta donde poder planear un plácido paseo otoñal. Contando siempre con las dificultades que surgen de forma inesperada, así como las que nos vienen impuestas por la extracción social a la que pertenezcamos, lo cierto es que en la mayor parte de casos nadie nos va a regalar nada. Llegarán momentos de incertidumbre en los que no sepamos qué dirección tomar, encrucijadas en las que nos perdamos y, si tenemos la oportunidad, debamos desandar el camino recorrido para volver a orientar nuestros pasos en la dirección correcta. En ocasiones nos faltarán las fuerzas, creeremos que no podemos seguir adelante, pero hemos llegado tan lejos que la derrota no es una opción.

El camino sigue y sigue desde la puerta.
El camino ha ido muy lejos,
y si es posible he de seguirlo,
recorriéndolo con pies fatigados
hasta llegar a un camino más ancho
donde se encuentran senderos y cursos.
¿Y de ahí adónde iré?
No podría decirlo.

El camino lo trazamos nosotros. Aunque, como decía hace un momento, las dificultades se multipliquen, a pesar de que erremos en la elección de la ruta directa o nos creamos perdidos en un laberinto de caminos ya delimitados, lo cierto es que siempre tendremos la opción de rebelarnos, de crear una trocha campo a través, en línea recta, implacable, sin lugar para el desánimo. O, por lo menos, buscar caminos alternativos que nos acerquen hasta ese lugar al que siempre quisimos ir.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar…

Es posible que perdiésemos el rumbo tiempo atrás. Que la imposibilidad de tomarlo viniera por la propia incertidumbre respecto al futuro o porque así lo quiso la vida, que nos instó a tomar el camino más sensato y dejarnos de zarandajas y sentimentalismos, dejando atrás el lastre de los sueños…

Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así. Daniel, el Mochuelo, desde el fondo de sus once años, lamentaba el curso de los acontecimientos, aunque lo acatara como una realidad inevitable y fatal. Después de todo, que su padre aspirara a hacer de él algo más que un quesero era un hecho que honraba a su padre. Pero por lo que a él afectaba…

… hasta que comprendemos que los sueños no son algo que pueda dejarse atrás, porque a diferencia de lo material, su peso es mayor cuando los abandonamos a la orilla del camino. Cuando los llevamos con nosotros pueden doler, tornarse en una obsesión al no verlos cumplidos, pero su ausencia conlleva, única e ineludiblemente, a la muerte en vida.

A veces llega un momento en que
te haces viejo de repente
sin arrugas en la frente,
pero con ganas de morir.
Paseando por las calles,
todo tiene igual color,
siento que algo echo en falta
no sé si será el amor.

Hace treinta y tres años nació un niño que quería ser biólogo, naturalista, trabajar con animales. Se sentía fascinado por el mundo científico, por la física, la química, la astronomía. Jugaba con los números y las matemáticas. Y leía, leía sin parar imaginando que descubría alguna nueva especie en un lugar remoto y olvidado, como ese mundo perdido que imaginara el autor del más celebérrimo detective de todos los tiempos. Junto a un Amigo (así, mayúsculo) construyó en el patio de su colegio un sistema de irrigación que hizo prosperar un pequeño jardín y, juntos, consiguieron que fueran muchos los niños que colaborasen en verlo crecer y crecer… Así fue hasta que llegó un adulto, uno de los profesores, que deshizo el trabajo de tantos meses “limpiando de malas hierbas” aquella zona de recreo. No supo ver la ilusión vertida en aquella parcela de armónico caos dentro de la linealidad generalizada del entorno. Pero ellos no desistieron. Fundaron su propia asociación naturalista, y declararon miembro de honor al ya desaparecido por entonces Dr. Félix Rodriguez de la Fuente, su mayor referente por aquel entonces. Tiempo después, sus caminos se separarían; cada cual comenzaría unos estudios diferentes que les abocarían a convertirse en biólogo el uno e informático el otro. Pero en lo fundamental siguieron juntos: luchando por preservar la Naturaleza, formando parte de colectivos que trabajaban por la mejora y conservación del mundo natural, y consiguieron, hasta el momento, detener los avances de una de las mayores promotoras inmobiliarias del país, que buscaba destruir en su municipio las zonas aledañas a un parque para reconvertirlas en chalés de lujo, piscinas y campos de golf. Por el camino también encontrarían a personas afines, en particular a otro joven con el mismo espíritu combativo y amor por la Naturaleza con quien seguir investigando y protegiendo esa tierra que forma parte de su historia personal, y de la de tantos otros que aún parecen no haberse dado cuenta de ello.

Empecé haciendo carreras
por atajos y veredas muy estrechas para mí,
y decían mis vecinos
que llevaba mal camino apartado del redil.

El niño que quiso ser biólogo no pudo reconducir su camino, porque ciertamente hasta la fecha nada le fue regalado. Pero intentó, en la medida de lo posible, no perder de vista, en lontananza, la vía que deseaba haber tomado. Siguió leyendo, formándose, colaborando en investigaciones con sus amigos, y ahora le llegó el momento de abrir camino. No una vía ancha, pavimentada, hacia el destino elegido, pero sí una que, espera, le acerque un poco más a su objetivo. Una senda que recorrer con esfuerzo y dedicación, pero también con la satisfacción de poder mirar atrás y ver la distancia recorrida, y cómo paso a paso se acerca al lugar donde desea estar y del nunca querría tener que salir.

Algunas ocupaciones para el año entrante

Algunas ocupaciones para el año entrante: Asignaturas de la Licenciatura en Ciencias Ambientales.

Afortunadamente, no está solo. A aquellos que le acompañan, y que bien saben quiénes son (estuvieron siempre junto a él), mil gracias por seguir apoyando los sueños de quien nunca quiso perder la capacidad de sorprenderse tan propia de los niños. Especial consideración merece su compañera, con la que se encontró en una encrucijada cuando ambos habían terminado de recorrer una porción especialmente dura de sus respectivos caminos individuales. Desde entonces, caminan juntos, y gracias a ella sus sueños han dejado de pesar un poco, y comienzan a elevarse poco a poco, paso a paso, verso a verso.

Desde este blog, que es también el de todos vosotros, de quienes lo leéis, comentáis o, simplemente, estáis ahí, espero que disfrutéis con las experiencias que irán surgiendo y os iré contando con esta nueva andadura que da comienzo. Que, trotando de loma en loma (e intentando que la vehemencia que me caracteriza cuando hablo de la Naturaleza no haga que se confunda la pasión con el fanatismo, pues no hay nada más lejos de mi intención que cerrar las puertas a la influencia ajena, a la mezcolanza, al aporte de ideas que nos enriquezcan y hagan mejores), lleguemos a vislumbrar juntos el final de cada etapa, de cada jornada de este viaje.

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