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Archive for 1/10/09

Desde siempre me he visto sorprendido por la capacidad de oratoria que suelen tener los políticos a la hora de expresarse utilizando el oxímoron como principal figura literaria de sus discursos. No es difícil encontrar en ellos ejemplos de estas absurdas contradicciones, que les hacen afirmar algo para desdecirse al poco tiempo, adornando sus palabras de tal manera que les animaría, el día que abandonen su cargo, a dirigir una compañía de cine especializada en el rodaje de westerns, pues tan hueras resultan muchas de sus palabras como los edificios de cartón piedra que aparecen en esas películas. Así, cuando escuché el pasado verano en la radio unas declaraciones de José Antonio Griñán en las que avanzaba que Málaga se convertiría en una referencia mundial en energías renovables y ahorro, no es de extrañar que tuviera que controlarme para no soltar una amarga carcajada. Pero permitidme que os ponga en antecedentes.

Cuando vine a vivir a Málaga, hace de esto unos tres años, llamaron mi atención unas pintadas en el asfalto de la salida 61 de la autovía A-357, con el lema “TÉRMICA NO”. Poco después, una vez que me instalé en la ciudad, supe de la existencia de un colectivo que se oponía a la construcción de dos nuevas centrales térmicas de ciclo combinado en Málaga; la primera de ellas se instalaría junto al Parque Tecnológico de Andalucía (P.T.A.), en el distrito de Campanillas, y a escasa distancia de los núcleos de población de Santa Rosalía y Maqueda, la segunda se ubicaría junto a la desembocadura del río Guadalhorce, en las proximidades del Paraje Natural de la Desembocadura del Río Guadalhorce, un enclave de gran importancia para las aves que constituye uno de los pocos espacios naturales que se preservan en la zona costera malagueña.

Central térmica de Campanillas (Málaga) - Detalle

Central térmica de Campanillas (Málaga) - Detalle

Esta claro que un territorio debería ser capaz de autoabastecerse en lo posible, sin depender de aportes externos de recursos -entre los que se cuentan los energéticos-, e intentar minimizar el impacto que la actividad humana que desarrollamos en él produce sobre el medio ambiente. Málaga, con su crecimiento urbanístico desmedido, el importante aeropuerto internacional, ahora en fase de ampliación, y el deterioro sistemático de su costa, no puede denominarse a sí misma como adalid de la sostenibilidad. Según los cálculos de Andrés F. Alcántara en 2002 para la documentación de la Agenda 21 Local, la huella ecológica de la provincia, equivale a 3,22 planetas. Es decir, que si en toda la Tierra la población existente en aquel año hubiera consumido como la malacitana, habrían hecho falta más de tres planetas para abastecernos. A todas luces, un despropósito que habría que atajar a la mayor brevedad, si bien me temo que no hace más que acrecentarse conforme pasa el tiempo.

La implantación de la central térmica del P.T.A. proporciona energía a la comarca, recordemos que a costa del gas natural que consume, un recurso que debe importarse. Aclaro esto porque he leído en algunos foros y sitios web de noticias que, mediante las centrales térmicas, Málaga sería capaz de autoabastecerse de energía, lo que constituye un hecho discutible o, cuanto menos, matizable. Por un lado, estas centrales térmicas funcionan mediante la combinación de un ciclo de gas y otro de vapor, es decir, se produce electricidad través de la combustión del gas y se recupera el vapor de agua para mejorar la eficiencia energética de la central. Sin embargo, entre sus desventajas se encuentra la alta emisión de gases contaminantes que se lleva a cabo durante el proceso. Y es que si bien la emisión de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera se intenta controlar mediante la implantación de filtros adecuados, también se dan fugas de metano (CH4), componente casi exclusivo del gas natural cuyo potencial de calentamiento es de 56 veces mayor que el de una cantidad idéntica de CO2.

Ante esto, ¿qué alternativas existen? Ciertamente, ninguna. Si pretendemos combatir de forma efectiva el calentamiento global y el deterioro del medio ambiente deberemos revisar nuestros hábitos de consumo, y es que las palabras manidas, y ya vacías de significado, del “desarrollo sostenible”, no son la panacea. Por desarrollo sostenible entendemos aquél que permite “satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades”. ¿Es esto factible con el modelo socio-económico actual? La respuesta es, querámoslo o no, una rotunda negativa: NO. Se ha querido entender el desarrollo sostenible como que, si contaminamos menos, podremos hacerlo durante más tiempo, algo muy alejado de los principios que se intentaron asentar en la segunda “Cumbre de la Tierra” de Río de Janeiro, allá en 1992.

Pero no seamos negativos. Imaginemos que nos decantamos por buscar el mal menor, que aun disminuyendo nuestras necesidades seguimos siendo dependientes de la energía. ¿Por cual decantarnos? Algunos colectivos propondrían que la nuclear es la única capaz de proporcionar la energía necesaria, y que es la menos contaminante ya que las centrales únicamente expelen vapor de agua. Sintiéndolo mucho, he de disentir con su argumentación, puesto que en tanto no sepamos qué hacer con los residuos radiactivos que genera la fisión del uranio, o sea posible la fusión del átomo de hidrógeno, este tipo de centrales suponen un importante riesgo en el presente, y una concesión sobre la posibilidad de deteriorar el medio ambiente futuro que no deberíamos otorgarnos a nosotros mismos.

Frente a todo lo anterior, tenemos la posibilidad de apostar por las energías renovables, invertir en el aprovechamiento de la energía eólica y, sobre todo, solar. No son el lenitivo para todos los males de nuestro entorno, por supuesto, y presentan numerosos escollos a evitar para que su implantación sea lo más efectiva posible, pero constituyen, a fecha de hoy, uno de esos males menores de que hablábamos.

Llegados a este punto, vuelvo a enlazar con el párrafo inicial de la entrada. La curiosa verborrea política, que gira cual veleta según le interese o no el viento que sople en un momento dado, hacía apología de la sostenibilidad en Málaga al presentar el proyecto Smartcity (el deterioro de nuestra lengua mediante la incorporación de barbarismos podría constituir también motivo de debate), que busca el acercamiento de las energías renovables a la población y a los sectores empresarial e industrial. Así, se pretenden instalar paneles fotovoltaicos en edificios públicos, ubicar en la zona sistemas micro-eólicos, y promover el uso de coches eléctricos. Con todo ello, se pretende conseguir un ahorro energético de un 20% en la zona de estudio, y reducir en 6000 toneladas al año las emisiones de CO2 de la misma.

Que conste que la idea me parece muy interesante, ya que personalmente llevo años insistiendo en la necesidad de ubicar paneles solares en los edificios, no en el campo (donde se produce un importante consumo de suelo, que podría utilizarse para cultivos), y promover las instalaciones locales que eviten la necesidad de infraestructuras auxiliares que también provocan un importante impacto en el medio. Pero lo que no resulta de recibo es que quiera “venderse” la imagen de progreso, de respeto medioambiental, cuando por otro lado se proyecten e instalen centrales térmicas como las ya presentadas, que emitirán a la atmósfera una ingente cantidad de  CO2, y que siga promoviéndose la cultura del consumo y el despilfarro, de la injusticia y la insolidaridad.

Central térmica de Campanillas (Málaga), una mañana de camino al trabajo.

Central térmica de Campanillas (Málaga), una mañana de camino al trabajo.

Entretanto, como cada mañana, disfrutaremos del hermoso paisaje que se avista de camino al trabajo, tal vez por que no nos quejamos lo suficiente. Quizás, porque en el fondo nos lo merecemos. Y si no, vamos a cambiar las cosas, ¿a qué estamos esperando?

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