Lectores y amigos, en estas entrañables fechas a Darwin, a Trotty y a mí nos gustaría felicitaros unas fiestas que estaréis pasando, esperamos, en compañía de vuestros seres más cercanos y queridos. Como son tiempos de reencuentros, de compartir y regalar (aunque más nos valdría que fuese así todo el año), no quería aparecer por aquí sin traeros un pequeño gran detalle y mostrar mi agradecimiento.
El día 24 de diciembre aparecía el nº 2 de una revista que nació hace solo un par de meses de la ilusión de mucha gente buena, válida y comprometida: Journal of Feelsynapsis. Aunque unidos por el ánimo de divulgar la ciencia, posiblemente los esfuerzos no se habrían dirigido en una misma dirección si no hubiera sido por el afán de Enrique Royuela, el editor-maquetador-inspirador-animador-y-tantas-cosas-más de la que llamamos cariñosamente “JoF”. A él va dirigido mi agradecimiento por haber contado conmigo (aún me pregunto en qué momento le falló la lucidez a este hombre
) para contribuir siquiera un poquito en el avance de la revista.
En el segundo número de Journal of Feelsynapsis se incluye, como digo, un artículo de un servidor sobre biogeografía. Os recomendaría leerlo cuando llevéis devorada aproximadamente la mitad de JoF. A esas alturas la calidad del resto de los artículos hará imposible que abandonéis la lectura, y la otra mitad restante os ayudará a olvidarlo.
Hasta el momento, y debido a una temporal desconexión de la red, no he leído más que algunos artículos: os recomendaría sin dudar el de “Nativos digitales” de Teresa Ferrer o el de “Imprinting. Amor a primera vista” de Jesús David Tavira, y si no hiciera frío os invitaría a lanzaros al mar ahora mismo para visitar el bosque del que nos habla Santiago Campillo. Pero no puedo recomendaros estos artículos porque aún me quedan por leer muchos y a buen seguro que todos ellos os van a entusiasmar.
Os dejo con la revista, eso sí, sin olvidar a Copépodo y entrechocar con él un rico durián. Ya nos hablaba en su bloj de la durianidad (y si no lo leísteis, os recomiendo salir pitando para allá y disfrutar de su artículo) y tuvo la gentileza de enviarme un par de trocitos del durián empaquetado que le trajo un amigo. Como un servidor es todo un caballero, no me queda otra opción que agradecerle el envío, si bien es cierto que posiblemente no compre tan suculento fruto si me lo encuentro expuesto algún día entre otros. Mucho me temo que ni los colonos de la isla Lincoln tendrían a bien alimentarse de él, y solo Jup haría una excepción según vaticina la propia entrada de nuestro Copépodo preferido.
El durián tiene un olor y sabor peculiares. No está malo… pero tampoco bueno. Ni lo odias ni lo amas, o al menos a mí me ha ocurrido así: no sé si me gusta o lo detesto. A Lycisca (aka Azote ortográfico) sí que le gustó. Es lo que tiene ser menos dubitativa que yo, que al menos tiene claro su parecer sobre el durián.
Lo dicho, os dejo ya con el segundo número de Journal of Feelsynapsis (en línea o para su descarga en PDF) antes de que empiece a divagar. Disfrutadlo, pasadlo bien estos días y sed felices.








