Arranca agosto, el “mes grande” del verano, y mientras una altísima proporción de españoles permanece, vuelta y vuelta, tostándose en la playa y la mayor parte de la población restante duerme la siesta religiosamente, como diría Cela, “de pijama, Padrenuestro y orinal”, aquí el Trotalomas sale de casa a las cuatro de la tarde a buscar material para una próxima entrada.
No voy lejos, apenas llego al final de la calle, pero el calor sube del asfalto e incluso resulta un alivio adentrarse en el bosquete de eucaliptos; no creáis, apenas podría dársele el nombre de parque y su aspecto descuidado no invita precisamente a retozar por él, pero resulta un lugar idóneo para encontrar aquello que había ido a buscar.
Aprovecho, no obstante, la visita para inspeccionar los árboles, eucaliptos en su mayoría, a cuyos pies intentan medrar pequeños palmitos y retoños de olivos cuyas semillas habrá dispersado algún pájaro, así como alguna que otra jacaranda (árbol también conocido, como otro par de especies, por el nombre común de palisandro). En este caso estamos ante una Jacaranda mimosifoli, árbol muy frecuente en los jardines malagueños, proveniente de Sudamérica, que resulta muy vistoso gracias a sus hermosas flores azul-violáceas y cuyos frutos cuelgan en esta época de sus ramas con su particular forma de castañuela.
Los eucaliptos muestran claros síntomas de estar siendo atacados por psílidos; sus hojas presentan numerosas semiesferas céreas, fabricadas por las ninfas de estos diminutos hemípteros pertenecientes a la especie Glycaspis brimblecombei, el psílido de escudo, y gran cantidad de exuvias ninfales presentes, que permiten imaginar el rápido crecimiento de una población a todas luces fuera de control. Pude observar, además, cómo algunas hormigas trasladaban los blanquecinos conos, los “escudos”, hasta su hormiguero para usarlo como alimento, ya que las ninfas las forman con la sustancia azucarada secretada tras la ingesta de savia.
Por cierto, no he tenido oportunidad de contar por aquí que estoy como un niño con zapatos nuevos desde hace unas semanas con mi última adquisición. Después de mucho pensarlo (quienes me conocen saben de mi ilimitado nivel de incertidumbre) decidí hacerme con unos prismáticos Pentax Papilio, especialmente diseñados para la observación de insectos (fundamentalmente mariposas, si hacemos caso de su nombre) y, en general, de objetos cercanos. Desde que conocí de su existencia hace unos meses, durante una charla sobre herpetología en las Jornadas Zoológicas de Canillas de Aceituno, he estado dándole vueltas a hacerme con unos, ya que hace bastante tiempo que tengo pendiente conseguir unos en condiciones para observar las aves (voy tirando, desde que se rompiesen unos de porro que tenía, heredados de mi padre, con unos compactos que me regalase mi hermano y que, si bien les he sacado buen partido, suelen quedarse cortos en condiciones algo más exigentes). Así, aprovecho de paso para consultaros acerca de los prismáticos que usáis (en principio pensaba en algunos de gama media, tal vez unos Olympus EXWP I, o unos Steiner Merlin o Skyhawk, todos ellos de 10×42) y, volviendo al tema que nos ocupa, hablaros maravillas de los Papilio 8,5×21, de lo más versátiles, con una calidad óptica bastante maja y con los cuales podéis pasar de observar un caballito del diablo a un metro escaso (es capaz de enfocar objetos situados a 50 centímetros de distancia) a disfrutar con las evoluciones canoras de un ruiseñor desde su atalaya. En definitiva, son unos compañeros que no pienso dejar en casa bajo ningún concepto; una verdadera “lupa a distancia”.
En fin, tras este momento de entusiasmo (que casi podríamos tildar de publicitario), tal y como os contaba, saqué los prismáticos buscando mi objetivo. Un ligero brillo llamó mi atención y así fue como encontré, dispuesta para el ataque, la libélula de la fotografía sobre la rama más alta de un árbol seco. Pasé un rato contemplándola, deleitándome en cada detalle (la fotografía no hace justicia a lo que podía observar con los prismáticos), hasta recordar el motivo que me había llevado allí a tan intempestivas horas.
Tardé un rato en localizar una de ellas, refugiadas como todo parecía señalar, en la parte alta de los eucaliptos. Allí había una, pero no era idónea para ilustrar, al menos del modo que deseaba, esa futura entrada del blog.
Finalmente logré la captura que estaba buscando… y volví al refugio del hogar, fuera del alcance del implacable Lorenzo y de los tábanos (Tabanus bovinus) que, al menos por esta vez, permanecieron tranquilos contemplándome con su facetada visión.
















muy interesante lo de los psílidos
Muy buenas, Iliberisnigra.
La verdad es que son un verdadero calvario aquí por Málaga. Posiblemente te los hayas encontrado en varias ocasiones ya que parecen estar muy extendidos en la provincia. En particular estos eucaliptos que menciono, y que habrás ubicado sin problema por la descripción y un detalle de la fotografía, están realmente infestados.
Por cierto, tenemos alguna salida pendiente al campo desde hace ya mucho. Agosto no es ni la mejor época, ni los estudios ni el trabajo me están dando respiro. Pero, ¿qué le parecería a usted principios de septiembre, una vez pasada la vorágine veraniega, marcarnos alguna salida para ver pájaros y lo que se tercie?
Un saludote.
Yo tengo unos Leica de 10 X 50 que compré hace unos años. Son un poco carillos, claro, por eso me ha costado tanto tiempo conseguirlos. Por unos 1500 eurillos de nada creo que tienes unos. También los Swarovski son muy recomendables y creo que algo mejores que los Zeiss, que también son caros los dos. De todos modos, si te has de comprar alguna marca más económica, decídete por unos de 10 X 50, que son la medida más práctica y recomendable para aves cercanas y algo alejadas. Personalmente, así lo llevo haciendo desde que probé todas las medidas, dándome como mejor resultado la medida mencionada.
Saludos.
Muchas gracias, Javier, por tus consejos. Los tendré muy en cuenta cuando finalmente me haga con ellos. A ver si algún día hacemos una maratón ornitológico-bloguera, que hay muchos por aquí y por allí con quienes disfrutar de una salida así, jejeje.
Un saludo.
[...] unas semanas, tal y como anunciaba en Homo libris, no me quería despedir sin esta última entrada que estuve preparando hace tan solo unos días y desde la que os quería realizar unas propuestas de canción del verano que, segurísimo, ya [...]
[...] pues, equipado con mis botas de monte y “armado” con mis prismáticos Papilio (cuanto más los uso más los adoro, ¿os lo había dicho?) he salido al campo dispuesto a obviar [...]