Nada escapa a la mirada inquieta del naturalista, a su curiosidad innata, mientras rastrea parajes desconocidos. Pero también permanece alerta cuando pasea, relajado, cerca del pueblo, por los campos de cultivo o, incluso, cuando sus pasos le llevan a algún descampado en plena ciudad, rodeado de árido asfalto. El trotalomas, en la medida de sus capacidades, intenta que nada escape a su atención.
Nuestros ojos suelen elevarse al cielo, especialmente cuando el denominado buen tiempo hace acto de presencia tras estos meses de lluvias infinitas. El invierno ya terminó, con su afán de desnudar los bosques y dejar al descubierto los nidos abandonados del año anterior; los árboles comienzan a cubrirse de follaje y pronto ocultarán los secretos refugios donde las aves sacarán adelante su progenie. A partir de ahora deberemos aguzar el oído, que se deleitará con el canto de paseriformes enamorados, aunque no solo ellos vuelen en el bosque o sobre él.
Así, hace unos días disfrutaba -con mejor vista que mi cámara, ciertamente- del ascenso del águila calzada sobre tierras de labor y de la voz del mirlo entre los zarzales de uno de los antiguos canales de riego que se están viendo afectados por la construcción de una nueva carretera que atraviesa como una lanza el corazón de la vega granadina (algún día entraré en este tema).
Este fin de semana mis andanzas transcurrieron entre la asistencia a unas jornadas zoológicas en Canillas de Aceituno, un bonito pueblo que cuelga de las faldas de la Sierra de Tejeda, y el deambular por las cercanías del lugar donde vivo y en el que aparecieron algunos individuos que van a pasar a ilustrar esta entrada.
Incluso los entornos más degradados, donde la huella del hombre se imprime con especial dureza, es posible encontrar algo de vida y alegría para la vista de quien sabe mirar. Aunque las pulgas tienen merecida la fama de saltadoras, existen otros insectos que les arrebatarían en oro en unas hipotéticas olimpiadas animales. Se trata del cercópido que aparece en la fotografía, una de tantas especies de “cigarras espumadoras” cuyas ninfas se refugian bajo una cubierta de mucílago con aspecto de saliva a la hora de metamorfosearse.
Este ejemplar es un adulto, y aunque por sus rodillas rojas descartaría las especies Cercopis vulnerata y C. sanguinolenta, lo cierto es que el dibujo rojo y negro no se corresponde con el de la C. intermedia, la más común de las especies de la Península Ibérica. Como en tantos otros insectos, esta coloración aposemática constituye una expresión de advertencia, pero ante la audacia del fotógrafo que buscaba el plano más próximo posible nuestra amiga desapareció con uno de sus singulares saltos. Como decía un poco más arriba, habría dejado en evidencia a cualquier pulga, ya que algunas de las especies de cercópidos pueden alcanzar los 70 cm en vertical (unas 100 veces su tamaño) gracias a la arqueada forma de su exoesqueleto que le permite liberar de forma inmediata una energía equivalente a 400 veces su peso corporal según apareciese hace unos años en un estudio del profesor Burrows, de la Universidad de Cambridge.
No iba solo, y en esta ocasión no seguíamos el rastro de tejón de pezuña alguno,
así que fue Alberto quien descubrió esta singular joya alada. La jornada parecía querer ofrecernos insectos de comportamiento singular.
Se trata de un crísidido, también conocidas como “avispas cuco” por su particular adaptación reproductora que le lleva a depositar sus huevos en los nidos de sus huéspedes (generalmente otros himenópteros). Como buenos parasitoides, sus larvas devoran los huevos o las larvas de quienes les hospedan y, posteriormente, consumen el alimento almacenado. En el caso que nos ocupa estamos ante un ejemplar de Chrysis ignita realmente hermoso, ¿verdad? No en balde en inglés se las conoce como ruby-tailed wasps, o “avispas cola de rubí”. Sus tres ocelos llaman poderosamente la atención cuando observamos al insecto de cerca, ya que aparecen muy marcados en la parte superior de la cabeza.

Vista cercana del crisídido, donde pueden apreciarse con claridad sus tres ocelos y la textura cuticular labrada.
Otros simpáticos caminantes deambulaban entre la vegetación, como el milpiés que encabeza la entrada o los pequeños himenópteros (posiblemente algún tipo de tentredínido) que se aferraban a las flores intentando no ser arrastradas por un viento cada vez mayor que hizo que este, vuestro servidor, y sus compañeros buscáramos refugio en un bar cercano cuando comenzó a llover (una de las comodidades del safari urbano, ciertamente).
¡Salud!

















Hola, Trotalomas; últimamente me siento como si fuera un saltamontes o un canguro con la brújula estropeada; saltando de un sitio a otro, sin saber muy bien hacia donde voy, pero bueno…
Dentro de mí debe haber un trotalomas en ciernes -será por la proximidad de una bióloga entusiasta a la que se une ahora un trotalomas con el mismo entusiasmo pero también me fijo en como la naturaleza vuelve a la vida y me sorprendo a veces contemplando casi con deleite a algún insecto o un caracol que parece perdido mientras se despereza al sol.
Las fotos de los “bichos asquerosos” (término acuñado por Isi) me parecen preciosas.
Muy buenas, Lammermoor.
En los últimos tiempos también ando saltando de una cosa a la otra, sin saber muy bien qué fuego apagar antes de que se propague demasiado, jejeje. Por eso tardo tanto, por ejemplo, en publicar en los blogs y en contestar a vuestros comentarios.
Seguro que el trotalomas que hay en ti tiene mucho que ver con esa bióloga que te acompaña y que de tanto oír hablar de ella me apetece leerla… a ver si se anima con un blog; aunque cuidado, que como bien sabemos tú y yo, engancha, jeje.
Los bichejos de hoy son especialmente hermosos, aunque hay algún compañero mío que no comparte esta impresión, jajaja.
Un abrazo.
Estupendo post el que te ha quedado! De lujo. Fotos y texto. Estoy encandilada con el crisídido. No lo conocía, pero parece que se viste de gala para que lo fotografíen.
Los naturalistas ven aquello que otros jamás verán ni apreciarán, y eso les hace grandes.
Un saludo
Silvia, me alegra que te haya gustado la entrada. Viniendo de ti, con el maravilloso blog sobre fotografía y naturaleza que tienes, es todo un honor.
Sin duda, los bichos raros no son los de las fotos, sino nosotros, quienes nos deleitamos en su contemplación. Y anda que no lo disfrutamos, ¿verdad?
Un saludo.
Hola, Trotalomas. Otra vez disfrutamos de otra maravillosa jornada en el campo tanto si salimos al campo realmente como si no. En este caso una gozada la salida virtual, el crisídido es una joya viva, y los cercópidos un descubrimiento.
¡Así da gusto salir, cuando te lo dan todo hecho! Lo único que tenemos que hacer es leer y ver las fotos (muy chulas, por cierto), je,je…
Saludos
Josélez, a mí me ocurre lo mismo al visitar blogs amigos que muestran un gran amor por la vida (por toda ella). Las salidas al campo, reales o virtuales, se disfrutan siempre muchísimo, aunque sin duda alguna las primeras son las que siempre nos apetece hacer por más que, en ocasiones, la falta de tiempo nos lo dificulte un poco.
Un saludo.
Cuando te permites la libertad de homenajearte con salidas de este tipo, haces unas recolectas fotográficas de biodiversidad en todos los aspectos que, colmas a cualquier seguidor con el fruto de tus prospecciones.
Has hecho una selección de insectos realmente selectiva en referencia a la simpatía de su conducta y su carácter.
Un paseillo muy productivo.
Saludos.
Javier, salir conmigo al campo es una tortura, jajajaja. Me maravilla todo, así que voy parándome, pero vamos, que os imagino a todos igual, descubriendo cada pequeña o gran cosa que nos deparan nuestras salidas campestres.
De los insectos, me quedan los microhimenópteros aferrados a la flor. A ver si tengo algo de tiempo e intento corroborar una cosilla y avanzar en su identificación.
Un abrazo.
Hola! Pues tienes un blog entretenido. Me encantó la Chrysis ignita! ¿Y lo que tienes en la foto del título es una emphusa? Mira que me gustan esos bichines. Tuve la suerte de ver una hace años, me la encontré de sopetón, desde entonces creo que no he vuelto a ver ninguna.
Oye muy interesante tu blog. A ver si puedo seguirte (es que ya no doy abasto!) Nos vemos!
Bienvenida, Miazuldemar.
La Chrysis es maravillosa, creo que sus colores brillantes enamorarían a cualquiera. Sí, la fotografía de cabecera es una pequeñísima Emphusa que encontré en una de las primeras andanzas cuando acababa de estrenar prácticamente el blog. Me gustó cómo quedaba parada en la espiga y ahí se quedó. La fotografía es del Parque Periurbano Dehesa de Santa Fe, en Granada, y allí sí que las he visto de cuando en cuando.
Me consta que es complicado seguir tanto blog, jeje, pero lo intentamos en la medida de lo posible, por supuesto.
Un saludo.
Me ha molao tu blog!!
Jejeje, ¡me alegra!
A mí me ha encantado el tuyo. ¡A la saca!
Un saludo.
¿Trotalomas? ¡¡Qué buen nombre¡¡ Buscando microhimenópteros me he tropezado con tu blog que ya me llevo ¡¡pa la saca¡¡.
Entretenido y amigable porque de eso también practico, trotalomas macaronésico algo soy.
Seguiré huroniando por él..¡¡
[...] cierto es que tanto el monte como sus alrededores requieren, si se desea disfrutar de ellos, de un ejercicio de observación a corta distancia. Si no es así, posiblemente el naturalista saldrá de allí con una úlcera de estómago por lo [...]